La mejor temporada del Palencia, en el filo de la navaja

Resumen

En la temporada 1982-1983 el Palencia estuvo muy cerca del ascenso a Primera División, pero también rozó la desaparición por sus problemas económicos.
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El fútbol en la ciudad de Palencia alcanzó su punto más alto en las cuatro temporadas que el Palencia C.F. estuvo en Segunda División A, entre 1979 y 1984. En ellas sumó dos descensos a Segunda B (en 1981 y 1984), una permanencia lograda en la última jornada (en 1980) y una brillante campaña en la que perdió sus opciones matemáticas de ascenso a Primera en el penúltimo partido (en 1983), pero estuvo a punto de perder la categoría unos meses más tarde por su difícil situación económica, arrastrada de varios años antes.

En la temporada 1981-1982, el club castellano, entrenado por segundo año consecutivo por Miguel Ángel Montes, conseguía retornar a Segunda A tras vencer al Zamora por 2-0 cuando aún quedaba una jornada más por disputarse. Sin embargo, la escasa calidad del fútbol desplegado por los morados a lo largo de todo el año había enfrentado a la afición con el técnico, que decidió no seguir en el banquillo a pesar del éxito conseguido.

El 5 de Junio se celebró la Asamblea General de socios y en ella la Directiva, encabezada por Leandro Palacios, informó de que el déficit acumulado de la entidad ascendía a más de 82 millones de pesetas, 59 de ellos procedentes de temporadas anteriores a los que había que sumar 23 de la actual. Además, había que reunir 32 millones antes de Agosto para saldar las deudas con los jugadores y evitar así el descenso de categoría. Se aprobó un presupuesto de 70 millones, con el objetivo de llegar a los 3.000 socios, prácticamente el doble de los que había el año en curso.

A pesar de las dificultades, la Directiva empezó a trabajar en la confección de la nueva plantilla, empezando con la contratación de Luis Costa, procedente del Huesca, para el puesto de entrenador. Aprovechando la presencia de sus selecciones para disputar el Mundial de España, el Palencia negoció con el salvadoreño Huezo y el hondureño Bethancourt, llegando finalmente a un acuerdo con el primero para que vistiera la camiseta morada la temporada siguiente. El 22 de Julio, ante 3.000 personas, tuvo lugar la presentación del primer equipo en el estadio de La Balastera, presentando las novedades de Zubeldia, procedente del Zaragoza, Prados, del Almería, Merayo, del Athletic y López Murga, del Athletic B, además de los ya citados Huezo y Luis Costa. A lo largo de la pretemporada se sumarían también Belanche, del Zaragoza, Luna, del Valladolid y Módigo, del Recreativo de Huelva, aunque también se registró la baja del paraguayo Chaparro, que había sido el jugador más destacado de las últimas temporadas, fichado por el Racing de Santander.

Pero entretanto había que resolver también la situación económica, y para ello el primer paso fue pedir a los jugadores que continuaban en el equipo que retirasen sus denuncias a cambio de cobrar sus deudas a lo largo de la temporada que iba a empezar. Se llegó a un acuerdo con todos ellos excepto el palentino Sambade y se redujo la necesidad inmediata de dinero a un total de 15 millones de pesetas, según el club morado, 25 millones según la AFE. El Palencia se presentó ante la Federación con diez millones y medio, alegando que los otros cuatro y medio correspondían a la deuda que mantenía la propia Federación con el club por el reparto de las quinielas. Pese a la oposición inicial de la AFE, finalmente la Federación dio el visto bueno y el Palencia consiguió mantener la categoría que había conseguido unos meses antes.

La pretemporada ya fue un anuncio de lo que se iba a ver en el campeonato de Liga, con fáciles goleadas ante diversos equipos de la provincia, y buenos partidos ante rivales más serios, con victorias por 2-0 ante el Oviedo en La Balastera y por 2-1 ante el Atlético Madrileño en la semifinal del Trofeo Ciudad de Zamora, así como un empate a uno frente al Racing de Santander en el último partido de pretemporada. El único lunar fue la derrota por 2-0 en la prórroga ante el Racing Portuense en la final del trofeo zamorano, después de un polémico partido en el que fueron expulsados los morados Cano, Maldonado y Chaparro, que supuso para los dos primeros una sanción de tres semanas sin poder disputar competición oficial.

Llegó así el 5 de Septiembre, fecha en que el Palencia debía desplazarse a Sabadell para disputar el primer partido de Liga. Pero dos días antes, cuando la Directiva fue a formalizar las fichas de los nuevos jugadores, se encontró con que la Federación no las admitió, alegando que habían aparecido deudas con ex-jugadores después de que el club hubiera presentado la documentación que evitó el descenso de categoría. Estas deudas correspondían a casos que estaban aún en el juzgado, pero los directivos no tuvieron tiempo material de demostrarlo antes del partido, así que hubo que realizar el primer desplazamiento con jugadores del Cristo Olímpico, filial entonces del Palencia, más el portero Llacer y el delantero Mediavilla, que tenían contrato en vigor desde la temporada anterior. Aún así, los morados fueron capaces de plantar cara en el primer tiempo a los locales, que se fueron al descanso con un raquítico 1-0, aunque acabaron hundiéndose en la reanudación hasta llegar al definitivo 5-0.

Tres días después, con el problema con las fichas ya resuelto, el Palencia debutó en la Copa del Rey con una mínima victoria por 0-1 frente a la Toresana, con la única baja del salvadoreño Huezo, que aún no había recibido el “transfer” internacional. El mes de Septiembre transcurrió con dos meritorias victorias locales ante el Rayo y el Deportivo, ambas por 1-0, una derrota en Castellón por 2-0, y una fuerte goleada por 7-1 en la vuelta de la Copa. Después del primer punto que se escapó de La Balastera, en un empate a cero contra el Mallorca, el 6 de Octubre volvieron a aparecer los problemas económicos, al denunciar los jugadores que seguían de la temporada anterior que se han ido agotando los plazos prometidos por la Directiva y aún no han cobrado ni una peseta de las cantidades que se les adeudaban de dicha temporada. El presidente alegó que el número de socios es escaso (sólo 1.500, frente a los 3.000 esperados) y que las taquillas también están siendo flojas.

Después de empatar a dos en el difícil campo del Elche, y sólo dos días antes de recibir al líder, el Real Murcia, en La Balastera, los jugadores que seguían de la temporada anterior, decidieron encerrarse en el domicilio del club, de donde sólo saldrían para disputar los partidos oficiales. A continuación siguió un intenso cruce de declaraciones entre ambas partes en los diferentes medios de comunicación, tanto locales como nacionales, que produjo un claro enfrentamiento del que no parecía haber solución. Aún así, el domingo los jugadores convocados se desplazaron a La Balastera, hicieron un gran partido, y consiguieron vencer por 1-0 al todopoderoso Murcia, con un gol del debutante Huezo, que por fin había recibido su “transfer”.

La Directiva, sobrepasada por la situación, decidió convocar una Asamblea Extraordinaria de socios, para tratar de encontrar soluciones. Esta se celebró el lunes día 25, un día después de perder en el Vicente Calderón por 1-0 contra el filial colchonero, desperdiciando numerosas oportunidades de gol para conseguir un resultado mejor. La presencia de socios en la Asamblea fue masiva y sirvió para que los directivos expusieran la difícil situación económica y plantearan la posibilidad de dimitir si no se presentaban al menos 20 voluntarios que les ayudasen a generar ingresos y a negociar con los jugadores, ya que el enfrentamiento personal impedía llegar a ningún tipo de acuerdos con ellos. Una a una se fueron presentando 21 personas dispuestas a llevar a cabo esta función, creándose así lo que se llamó la Comisión de los 21. Los jugadores, presentes en la Asamblea, anunciaron que abandonaban su encierro que duraba ya 10 días, como gesto de buena voluntad, a la espera de negociar con la recién creada Comisión.

Mientras el Palencia derrotaba al Xerez por 4-2 y al Recreativo en su campo por 0-1, y eliminaba en la Copa a la Arandina venciendo por 0-2 en El Montecillo y por 2-1 en La Balastera, la Comisión de los 21 empezó a hacer su trabajo. En una nueva Asamblea Extraordinaria expuso sus ideas para mejorar ingresos (rifas al descanso de los partidos, sorteo de un coche en combinación con la Lotería del Niño, fijar media jornada de ayuda al club cada mes…) al tiempo que los socios rechazaban el intento de dimisión de la Junta Directiva de Leandro Palacios.

Tras una derrota en La Balastera por 0-1 ante el Linares, el Palencia encadenó una racha de cuatro victorias consecutivas, 1-4 en Mendizorroza, 4-0 al Oviedo, 1-3 en Córdoba y 1-0 al Cartagena y se aupó a la tercera posición en la clasificación, que daba el ascenso directo en Primera. Entre medias, el Deportivo de La Coruña eliminó a los morados de la Copa, venciendo por 2-3 en La Balastera y 3-0 en Riazor. Tras un empate a uno en el Rico Pérez ante el Hércules llegó una derrota por 0-2 ante el Cádiz en La Balastera, seguida por un 3-1 adverso en el Bernabeu ante el Castilla el día de Reyes. Tres días después, los morados se reencontraron con la victoria al conseguir un 2-1 ante el Barcelona Atlético, pero un penalti pitado por el colegiado Jiménez Muñoz de Morales, que significó el momentáneo empate de los catalanes, provocó las iras del público produciéndose el lanzamiento de algunos objetos desde la grada, uno de los cuales impactó en el árbitro. El Comité de Competición decretó la clausura de La Balastera por dos partidos, que tuvieron que jugarse en Burgos, al no aceptar la Federación que se disputasen en Valladolid por estar a menos de 50 kilómetros de Palencia. Los partidos del exilio se saldaron con una victoria por 2-0 sobre el Sabadell y un empate a uno frente al Castellón. Entre ambos, se cosechó una derrota por 2-0 en Vallecas ante el Rayo.

Mientras tanto, los jugadores acusaron a la Directiva de un intento de engaño, al haberles pagado con unos talones que no se pudieron hacer efectivos. Tras un amago de dimisión de la Comisión de los 21 y de plante por parte de los jugadores, al final no se produjo ninguna de las dos cosas, aceptando los miembros de la Comisión ejercer la labor de mediadores entre las partes enfrentadas. Una vez resuelto el conflicto, el Palencia consiguió llegar al subliderato en la clasificación, el puesto más alto en su historia, tras vencer por 0-2 en un gran partido a un Deportivo que acabó con ocho jugadores. A continuación llegaron tres partidos con idéntico resultado, 1-0, adverso en Mallorca y Murcia y, en medio, favorable contra el Elche en La Balastera, en un partido con historia, ya que los jugadores morados denunciaron un intento de compra por parte de personas ligadas al club alicantino. Pero en una nueva vuelta de tuerca, la situación se volvió a complicar, al solicitar los jugadores Llacer, Joaquín y Baquero a la Federación que les concediese la baja ante el impago de sus salarios por parte del club, y aceptar esta dicha solicitud.

Sólo tres días después del fallo federativo, el Palencia recibió al Atlético Madrileño, y nuevamente saltó la polémica, al lograr el filial rojiblanco el definitivo empate a uno en los minutos de descuento, después de una jugada muy discutida por los locales. Los ánimos se encresparon y algunos aficionados trataron de agredir al árbitro, Mazorra Freire, que tuvo que abandonar el campo varias horas más tarde disfrazado de policía nacional. Nuevamente, la Federación clausuró La Balastera por dos partidos, aunque esta vez sí permitió que se disputaran en el Nuevo Zorrilla de Valladolid.

Después de una victoria por 0-1 en Xerez, el Palencia empató a cero con el Recreativo en el primer partido del “exilio”, para luego caer por 2-0 en Linares y empatar a uno frente al Alavés nuevamente en Valladolid. A estas alturas, y en vista de la precaria situación económica, la mayoría de los jugadores estaban negociando con otros equipos, de Primera y Segunda División, para jugar en ellos la siguiente temporada. Aún así, realizaron un último esfuerzo para tratar de conseguir el ascenso de categoría, con un épico empate a cero en Oviedo en un partido pasado por agua, seguido de una victoria por 4-0 ante el Córdoba, otro empate sin goles en Cartagena y una brillante victoria por 2-0 sobre el Hércules.

Se llegó así al momento decisivo de la temporada. Faltando tres jornadas, Cádiz y Palencia estaban empatados en la cuarta plaza, a sólo dos puntos de la tercera, ocupada por el Deportivo. Por delante, sólo estaban el Murcia, ya ascendido, y el Mallorca, con tres puntos más que los gallegos. Gaditanos y palentinos se enfrentaron en el Ramón de Carranza, para decidir quién de ellos se convertía en la alternativa para disputar la plaza de ascenso a los deportivistas. Los jugadores morados echaron el resto, jugaron un gran partido y se lo pusieron realmente difícil a los locales, pero les falló la puntería y acabaron encajando el único gol del partido cuando sólo quedaba un cuarto de hora. El ascenso se puso prácticamente imposible, al ser necesaria una carambola a tres bandas que difícilmente se iba a producir. La penúltima jornada tuvo sabor a despedida, ya que la afición era consciente de que la mayoría de los jugadores no estarían en el club la temporada siguiente, si es que el Palencia conseguía evitar la desaparición. Los morados vencieron por 1-0 al Castilla a base de coraje, y perdieron las opciones matemáticas de ascenso. En este partido, además, se produjo una grave lesión del delantero morado Mediavilla, de quien se decía que tenía apalabrado su fichaje por el Betis, y que tardó más de un año en recuperarse, perdiendo la oportunidad de jugar en Primera División.

Antes de la última jornada, una vez perdidas las opciones de ascenso, la mayoría de jugadores solicitó a la Federación Oeste la rescisión de sus contratos por impagos, siendo aceptada su petición. Ante esta situación, la Directiva, de acuerdo con la Comisión de los 21 (que ya contaba con menos miembros ante el abandono de algunos de ellos), decidió acudir al Miniestadi sin ninguno de los integrantes de la primera plantilla. Acabó así la Liga de la misma manera que empezó, presentando una formación basada en jugadores del Cristo Olímpico que, como en la primera jornada, plantaron cara pero acabaron perdiendo por 2-0 frente al filial azulgrana.

Quedaba aún un último coletazo de la temporada, al tener que disputarse la Copa de la Liga, en la que los morados debían enfrentarse a doble partido al Deportivo de la Coruña. Pero, al no poder presentar el Palencia un once mayoritariamente compuesto por jugadores de la primera plantilla, los gallegos reclamaron ante la Federación, y esta les dio la razón, clasificándoles automáticamente para la siguiente ronda sin necesidad de disputar el partido.

A partir de este momento, en Palencia se vivió un verano frenético en lo futbolístico, ante la dificultad de mantener el club en la categoría e incluso de garantizar su supervivencia. La Directiva encargó una auditoría de cuentas, cuyo resultado se plasmó en Asamblea General. El resultado fue mucho más favorable de lo esperado, ya que la última temporada acabó con un leve superávit de 4 millones de pesetas, a pesar de contar con sólo 2.054 socios. La Directiva presentó su dimisión irrevocable y en la misma Asamblea se formó una Comisión Gestora, presidida por Carlos Herrero, que puso la condición de recaudar al menos 12 millones de pesetas en la campaña de socios antes del 30 de Julio. El objetivo se cumplió con creces, ya la Comisión informó de que intentaría negociar con los jugadores para que perdonasen la mitad de las cantidades que se les adeudaban, usando como argumento la imposibilidad de pagarlo todo y la total seguridad de que lo que cobrarían en caso de desaparición del club sería mucho menos. Esta negociación recibió el visto bueno de una nueva Asamblea de Socios, que puso como condición que sólo se siguiera adelante si todos los jugadores aceptaban la rebaja.

Siguieron días de reuniones, viajes y negociaciones, hasta que, faltando 24 horas para que se cerrase el plazo dado por la AFE, Joaquín, recién fichado por el Deportivo de la Coruña, se convirtió en el último jugador que aceptó perdonar la deuda. Al día siguiente, el Palencia depositó poco más de 15 millones en la Federación y, de este modo, evitó el descenso de categoría y garantizó su supervivencia. Era el 19 de Agosto de 1983 y, a falta de poco más de dos semanas para que empezase la Liga, el club morado no tenía entrenador y contaba con unos pocos jugadores. A marchas forzadas se hizo una nueva plantilla y se contrató a Juan Carlos Touriño para que ocupase el banquillo. El 4 de Septiembre, el nuevo Palencia debutó en Balaídos con una derrota por 2-1, pero esto ya es el principio de otra historia.

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Publicado en: Historias de Clubes

Nº 5

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