El penalti más largo del mundo

Resumen

La Liga tuvo su penalti más largo en la temporada 1976/77: 352 km de distancia y 71 horas y 20 minutos desde que se señaló hasta que se lanzó. Penalti, en España, penal en el resto del mundo de habla hispana. Una de las jugadas que más comentarios suscita es el penalti. Desde que la
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La Liga tuvo su penalti más largo en la temporada 1976/77: 352 km de distancia y 71 horas y 20 minutos desde que se señaló hasta que se lanzó.

Penalti, en España, penal en el resto del mundo de habla hispana. Una de las jugadas que más comentarios suscita es el penalti. Desde que la International FA Board lo introdujo en el reglamento en 1891 para compensar la gravedad de una falta con la peligrosidad de una jugada, esta sanción ha sido punto de fijación de deportistas, aficionados, periodistas y escritores.

Lo cierto es que se ha convertido en una suerte dentro del ritual futbolístico. Es anhelado recurso de los malos ganadores -vencer de penalti injusto en el último minuto- o descrédito de la puntería de un equipo -no marcar ni de penalti-. Hay penaltis de toda clase: rigurosos, clarísimos, inventados, provocados, de libro, sólo vistos por el árbitro… Y también hay mil maneras de tratar de transformarlo: fuerte y colocado -al hierro de la red, decía un veterano entrenador-, por el centro -confiando en que el portero se iba a mover-, engañando al portero, con paradiña, a lo “Panenka”… E incluso se discute eternamente si se falla o lo para el portero. Lo que todo aficionado tiene claro es que todo supuesto penalti no señalado es contabilizado como gol cuando se perjudica a su equipo, olvidándose de que en la estadística oscila entre el 70% y el 80% la efectividad de los delanteros.

Y ¿cuánto dura un penalti? Hasta en eso la máxima sanción tiene una naturaleza especial dentro del reglamento, pues permite prolongar el juego con tiempo acabado si en el instante final el árbitro castigó con penalti al bando defensor. Entonces, es el juez quien decide, al otorgar o no el tanto tras el lanzamiento de la máxima pena, cuando finaliza el encuentro. Ninguna otra jugada tiene este tratamiento, pese al enfado de público o jugadores cuando, teniendo el balón en posesión, escuchan el final del partido. Propiamente un penalti es un punto en el tiempo. No tiene duración. Se sanciona y se ejecuta de manera inmediata.

Pero no es tan sencillo. El penalti es la única jugada que huele a gol en su propia definición. Y el gol es lo más importante del fútbol. Con él se deciden partidos, clasificaciones, campeonatos… Con un penalti se alcanza la gloria. El lanzador si lo transforma; el portero si lo detiene. Los dos, solos, frente a frente, sí, y detrás de ellos los compañeros, el público, el éxito, la historia si cabe.

Osvaldo Soriano, escritor argentino fallecido en 1997 a los 54 años, aportó una precisosa experiencia sobre el penalti narrando un breve cuento. El penal más largo del mundo. Todos los protagonistas son desconocidos: ni fama, ni dinero. Sólo la pasión por el fútbol. ¿Sólo? Un penalti injusto, señalado ya sobre la hora va a decidir el título del campeonato regional. El árbitro es noqueado por un jugador del equipo sancionado y no se puede lanzar el castigo. Los incidentes se suceden y finalmente habrá que esperar una semana entera para poder saber quién será el campeón. Invito a los lectores a disfrutar con el relato completo en esta dirección http://www.elortiba.org/pasorian.html. Este cuento inspiró al director de cine Roberto Santiago para registrar la película El penalti más largo del mundo. En ella el popular actor Fernando Tejero encarna al guardameta suplente de un modesto equipo regional que podría lograr el ascenso de categoría si detiene el penalti. Una adaptación en clave de comedia, ambientada en un equipo de barrio de Madrid y estimulada por la naturaleza de perdedor del protagonista: ¿será capaz de deterner el penalti?

Curiosamente, en nuestra Primera División española también tuvimos un penalti más largo. Temporada 1976/77, jornada 33, partido Valencia CF-Real Zaragoza. Estadio Luis Casanova -como entonces se llamaba Mestalla-, con muy buena entrada, casi lleno. El Valencia CF, en sexta posición, luchaba por entrar en la Copa de la UEFA, si bien el público acababa de recibir un revés: esa semana habían sido eliminados por el Hércules CF en octavos de final de la Copa. En frente el Real Zaragoza, en situación crítica, empatado con el RC Celta y Racing de Santander, sólo se salvará del descenso uno de los tres.

La afición valencianista abroncó a su equipo para recibirlo, a la eliminación copera había que añadir el mal resultado en Burgos. Tras un comienzo de alternancias, al cuarto de hora el árbitro andaluz Sánchez Ríos señala penalti contra los visitantes en un forcejeo entre Cerveró y Rubial y el matador Kempes adelanta al Valencia CF. No acertó el colegiado, lo que no le importó mucho al público. Entonces el Zaragoza, más necesitado, tomó la iniciativa, tratando el Valencia de sorprender con algún contragolpe. Así se terminó la primera parte y así continuó la segunda, con un 1-0 inquietante, inestable. Hasta que llegó el minuto 84. ¡Penalti! Penalti contra el Valencia. Carrete y Juanjo disputan un balón por alto y finalmente cae el zaragocista. Penalti. Sólo lo ha visto el árbitro. El público protesta ruidosamente y lanza almohadillas al césped. Unos cuantos tratan de llegar al terreno de juego pero son detenidos por los propios jugadores. Parece que se calman los ánimos. Los empleados del club logran despejar el área para que se lance el castigo. Han pasado unos diez minutos, pero de nuevo hay lanzamiento masivo de almohadillas y ahora son más lo exaltados que quieren alcanzar al árbitro. La fuerza pública interviene. El trío arbitral se refugia ya en los vestuarios y desde allí se anuncia la suspensión del partido. Más protestas. Desalojado el estadio ahora son las calles colindantes donde la policía dispersa al público. Mientras, el Racing ya ha dado la vuelta al marcador y junto a la victoria celtiña coloca al Zaragoza antepenúltimo. Ese penalti es puro oxígeno para los aragoneses.

Ante estos hechos la directiva del Valencia se reunió con carácter de urgencia y facilitó el siguiente comunicado:”Primero: lamentar la parcial y desafortunada actuación de Sánchez Ríos. Segundo: sentir y comprender la reacción de nuestra afición, que siempre ha dado pruebas de madurez deportiva a través de su larga historia. Dicha reacción sólo ha podido producirse con la insólita actuación arbitral. Tercero: de conformidad con la reglamentación vigente, la Directiva hará uso de cuantos derechos y acciones correspondan en defensa de los intereses del club“.

Impresionante ejercicio de inmadurez e irresponsabilidad de la directiva valencianista que en ningún momento pide perdón por los hechos. En cambio, el Comité de Competición, el martes siguiente, decidió imponer multa de doscientas mil pesetas al Valencia por incidentes del público de especial gravedad, que determinaron la suspensión del encuentro antes de su normal terminación, apercibiéndole con una clausura de su terreno de juego si se reiteran los hechos de análoga naturaleza. Disponer que prosiga el encuentro en el estadio Santiago Bernabéu, a puerta cerrada, este próximo miércoles, día 18 del actual, a las 18,00 horas, lanzándose el penalty decretado por el árbitro contra el Valencia que no pudo ejecutarse como consecuencia de aquella suspensión.

Además se anunció que la continuación del partido sería dirigida por José Antonio Balsa Ron, del Colegio Oeste, que sustituía al titular, el andaluz Antonio Sánchez Ríos, que la noche del domingo realizó unas molestas declaraciones por televisión. Antonio Sánchez Ríos se retiró del arbitraje ese año.

Las reacciones fueron bastante curiosas. Por un lado la directiva valencianista acató con deportividad la sanción aunque un sector de los aficionados la consideraron dura. El Valencia desplazó a Madrid 12 jugadores, pues ya había utilizado los dos recambios reglamentarios. Por su parte en Zaragoza, desencantados porque esperaban que se les diese ganadores del partido, la incógnita giraba en torno a quién iba a lanzar el penalti. Llamaba la atención el hecho de que durante el entrenamiento del martes no se ensayó la jugada. El entrenador, el francés Lucien Müller, comentó que indicaría qué jugador tomaría tal responsabilidad en los mismos vestuarios del Santiago Bernabeu para evitar la persión psicológica. Todos sabían que iba a ser José González, el especialista del equipo.

Y así, tal y como estaba previsto, saltaron los dos equipos al terreno de juego. Había en torno a un millar de espectadores que se saltaron el a puerta cerrada preceptivo. Lo pudo ver toda España porque, además, el fragmento de partido se televisó en directo. El sorteo de campo dio el fondo norte al Valencia CF y a esa portería se dirigieron Pereira y José González, no hubo sorpresa. José González coloca el balón y echa unos pasos hacia atrás. Pereira en el centro del arco. Balsa da la señal. Pepe se adelanta, da unos pasos, amaga una paradiña y dispara. Pereira adivina la dirección y ataja el balón. Lo ha parado. No. El árbitro señala que Pereira se ha movido antes de que saliera el balón impulsado. Hay que repetir. 352 km de distancia y 71 horas y 20 minutos para lanzar el penalti y hay que repetirlo. Y a la segunda fue gol. Empató el Zaragoza. Luego se llegaron a correr hasta poco más de ocho minutos, pero no se movió el marcador.

Esta es la ficha técnica de tan extraño partido:

VALENCIA CF – REAL ZARAGOZA                       1-1

Fecha: 15 de mayo de 1977. Suspendido en el minuto 84′ se continuó el 18 de mayo de 1977.                         

Estadio: Luis Casanova (35000) – Madrid: Santiago Bernabéu (1000) al 84′.

Arbitro: Sánchez Ríos (Balsa Ron 84′).

Goles: 1-0 (15′) Kempes de penalti. 1-1 (84′) José González de penalti.

Valencia CF: Pereira; Carrete, Castellanos, Cerveró; Arias, Tirapu; Rep (Saura 84′), Teca (Eloy 46′), Kempes, Adorno (Juan Carlos 81′), Valdez <Mestre>.

Real Zaragoza: Nieves; Heredia, José Manuel González, Royo; Blanco, Violeta; Rubial, García Castany, Jordao, José González, Juanjo <L Müller>.

El Valencia CF ya había realizado sus dos cambios, pero según el reglamento, en el caso de que se trate de la reanudación de un partido un equipo puede alinear jugadores diferentes a los que estaban sobre el terreno de juego. Ese fue el caso de Saura que ocupó el puesto de Rep. El Real Zaragoza repitió la misma alienación y no efectuó cambios.

El resultado perjudicaba a ambos equipos. El Valencia aprovechó su desplazamiento a Madrid porque cerraba el campeonato en el Vicente Calderón. El Atlético había cantado su octavo título liguero la semana anterior y se reunía con su afición para festejar el éxito. Los valencianos tenían algunas opciones, aunque remotas para conseguir el cuarto puesto. Al final el Valencia ganó al Atlético, pero sólo celebraron el éxito de Kempes que se proclamó máximo goleador, pues se quedaron fueran de Europa. Por contra, el Real Zaragoza que no dependía de sí mismo, pese a que derrotó al RC Celta en La Romareda, tuvo que acompañarle a Segunda División porque el Racing ganó a la UD Salamanca en El Helmántico.

Finalmente un dato curioso más. Esa misma temporada en Tercera División se produjo un antecedente en el partido CD Laredo-CD Guecho del 23 de enero de 1977. Se disputaba en El Sardinero pues el equipo local tenía clausurado su terreno de juego cuando en el último minuto el árbitro, el Sr. Garagorri, señaló penalti en su contra y expulsó a un defensa por protestar. El marcador iba 1-0. Gonzalo del CD Guecho lo lanzó fuera pero el colegiado ordenó su repetición porque los defensores habían entrado en el área antes de que se moviese el balón. Entonces el público se avalanzó sobre el juez, que salió huyendo a los vestuarios tras recibir varios golpes. La Guardia Civil no le daba garantías para que se pudiese lanzar de nuevo el penalti. En definitiva, el partido se suspendió y el Comité de Competición mandó que se lanzara en San Mamés a puerta cerrada. El CD Guecho consiguió así el empate.

 

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