Matthias Sindelar, el Mozart del fútbol.

Resumen

Matthias Sindelar está considerado por muchos como el futbolista austriaco más grande de todos los tiempos. Nació el 10 de febrero de 1903 en la región de Moravia, que actualmente se encuentra integrada en la República Checa, y a los dos años de edad su familia se trasladó a Viena con la esperanza...
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Matthias Sindelar está considerado por muchos como el futbolista austriaco más grande de todos los tiempos. Nació el 10 de febrero de 1903 en la región de Moravia, que actualmente se encuentra integrada en la República Checa, y a los dos años de edad su familia se trasladó a Viena con la esperanza de encontrar en la capital del imperio Austro-húngaro un futuro más próspero del que les esperaba en su tierra natal. Sin embargo la pérdida de su padre durante la Primera Guerra Mundial, le obligó a trabajar como aprendiz de cerrajero para ajudar económicamente a su familia.

 Fue en las calles y plazas vienesas donde el joven Matthias comenzó a dar muestras de sus facultades futbolísticas y allí, jugando con sus amigos, fue descubierto por Karl Wiemann, quien fascinado por sus habilidades hizo todo lo posible por incorporarlo a la plantilla del filial del Hertha de Viena, cuando aún no había cumplido los dieciseis años. Con un adecuado entrenamiento y su talento futbolístico pronto comenzó a destacar entre sus compañeros por su habilidad y rapidez. Su metro setenta y nueve de estatura y su poca corpulencia (63 kilos) le daban un aspecto frágil, cosa que propició fuera prontamente conocido como Hombre de papel. Debutó en el primer equipo a los diciocho años convirtiéndose en un jugador de referencia, aunque una grave lesión de menisco estuvo a punto de truncar su ambicioso futuro.

 Las dificultades económicas del club obligaron a desprenderse de algunos de sus mejores jugadores y Matthias Sindelar fue traspasado al Austria de Viena, que por aquella epoca se denominaba Wienner Amateure Sport Verein. Como delantero centro de este equipo y con la inconfundible camiseta de color lila vivió sus mejores momentos deportivos. Fue campeón de la Copa de Austria en 1925 ante el Firts de Viena y repitió título al año siguiente frente al mismo rival, además de proclamarse campeón de Liga en la temporada 1925-26. Este mismo año debutó con la selección austriaca, siendo el autor del gol de la victoria por 2 a 1 frente a Checoslovaquia.

 Poco a poco la estrella de Sindelar empezó a lucir por toda Europa y en la temporada 1926-27 el conjunto austriaco visitó España y debutó en San Mamés frente al Athletic, devolviendo la visita que el equipo vasco había realizado a la capital vienesa en septiembre, donde los austriacos ganaron por 3-1. Fue el día de Navidad, con el campo totalmente nevado, donde volvieron a imponerse por 1-2, marcando Sindelar el gol de la victoria en el segundo tiempo. Al día siguiente se repitió el partido y por tercera vez el triunfo se inclinó del lado austriaco por 2-3, aunque quien deslumbró en esta ocasión fue el portero vienés.

Una semana después jugó en Les Corts frente al Barcelona. El primer día del año 1927, con un campo en mejores condiciones, Sindelar maravilló por su destreza y eficacia, marcando un gol en el primer tiempo y otro a poco del final, tras driblar a la defensa azulgrana, que supuso la victoria de su equipo por 2-3. Sin embargo al dia siguiente, el FC Barcelona tomó cumplida revancha y arrolló a su rival venciendole por 5 a 0. El férreo marcaje de Walter a Sindelar, el cansancio de los austriacos y la gran actuación azulgrana propiciaron el resultado. Pese al varapalo, la actuación de Sindelar mereció la portada y destacados comentarios del diario L’Esport Català.

 El SK Rapid impidió el cuarto título consecutivo del equipo de Sindelar -ya con el nombre de FK Austria- en la competición copera y en años posteriores fueron el Firts FC y el Wienner AC quienes se impusieron en la final. No fue hasta 1933 que el Austria de Viena volvió a proclamarse campeón, derrotando por 1-0 al Brigitenauer AC. Dos años después repitió titulo ante el Wienner SC con un contundente 5-1 y dos de ellos a cargo de Sindelar, y al año siguiente fue de nuevo campeón, esta vez ante el First de Viena, ganando por 3-0 en la final, contribuyendo de nuevo Sindelar con el segundo gol.

 La trayectoria del FK Austria en la competición de Liga durante estos últimos años resultó más bien discreta. Sin embargo el equipo lila también destacó en la Copa de Europa Central, conocida como Mitropa Cup, competición que ganó en 1933 ante los italianos de la Ambrosiana Inter y repitió en 1936, esta vez frente al Sparta de Praga. Y en 1935 y 1937 cayó a las puertas de la final.

 La trayectoria deportiva de Matthias Sindelar va estrechamente ligada a la selección austriaca, en la cual jugó cuarenta y tres partidos y con la que se ganó con todo merecimiento el sobrenombre de Mozart del fútbol por su virtuosismo con el balón en los pies. Él fue director de juego del Wunderteam, el equipo entrenado por Hugo Meisl que, como su nombre indica, maravilló a toda Europa durante casi un lustro y fue orgullo de todo el país por su estilo de juego, gran técnica, exquisita corrección y su victoriosa racha, ya que entre 1931 y 1935 de los treinta y cinco partidos jugados ganaron veintidós, empataron ocho y perdieron solo cinco, marcando ciento ocho goles y encajaron cuarenta y nueve, proclamándose campeones de la II edición de la Copa Internacional -Dr. Gerö Cup- el año 1933.

 Eran, por tanto, favoritos para adjudicarse el Campeonato del Mundo de 1934 que se disputó en tierras italianas, pero después de derrotar a Francia y Hungría, el equipo capitaneado por Matthias Sindelar se encontró con el anfitrión, en lo que se llamó la final anticipada. Lo sucedido en la eliminatoria anterior frente a España había puesto las cartas sobre la mesa de las posibilidades italianas, que además de contar con unos árbitros prestos a echar una mano en caso necesario, tenían a jugadores como Monti, Monzeglio, Ferraris o Meazza dispuestos a sembrar el terror en el refinado sistena austriaco, que indudablemente no iba a responder tan duramente como los españoles. Cuentan las crónicas que el equipo austriaco saltó al campo ligeramente acomplejado, notó la ausencia de algunos titulares y que el partido le llegó demasiado tarde. Aún así planto cara y cayó con un solitario gol de Guaita, tan ilegal como el que Meazza le marcó a Nogués y eliminó a España. Cuatro días después Alemania también venció a los austriacos en el partido para el tercer puesto y firmó la sentencia del Wunderteam.

 La trayectoria futbolística de Matthias Sindelar iniciaba también el declive aunque con su club todavía iba a tener ocasión de saborear algún título, como se ha expuesto con anterioridad. Sin embargo los acontecimientos políticos iban a influir notoriamente en su vida y en la de todos sus compatriotas. Muchos de ellos miraban con preocupación el ascenso del nazismo en el país vecino y las pretensiones expansionistas de su Führer, que se consumaron el 12 de marzo de 1938 con el Anschluss, o sea la invasión alemana i la anexión del territoro austriaco. De esta manera, Austria desapareció del mapa de paises europeos y se convirtió en una provincia más de Tercer Raich con el nombre de Ostmark, como se le conocía en la epoca medieval. La selección de Austria dejó de existir y Matthias Sindelar, como todos los austriacos, se convirtió en ciudadano alemán.

 Las autoridades nazis eran conscientes de la importancia propagandística del deporte y emplearon el fútbol como medio político. El Campeonato mundial que se iba a celebrar proximamente en Francia era la oportunidad para presentar al mundo una Alemania unida y victoriosa. La anexión ofrecía la posibilidad de hacer un gran equipo alemán incluyendo a la fuerza a los mejores jugadores austriacos e incorporando a su estrella legendaria, el mítico Sindi, que era el idolo de la afición. De esta manera se pretendía borrar el fracaso frente a Noruega en los recientes Juegos Olímpicos de Berlín, donde el equipo amateur austriaco ganó de forma polémica la medalla de plata, y la humillación sufrida por Adolf Hitler en el Estadio Olímpico ante la gesta del atleta norteamericano Jessie Owens. Pero esto tenía un inconveniente ya que Sindelar despreciaba a los nazis, deploraba la anexión de su país, y detestaba la política que había acabado con la expulsión de todos los funcionarios judíos de su club.

 Sabedores de la trascendencia  que tenía la desaparición de la selección austriaca, las autoridades nazis organizaron para el 3 de abril de 1938 un último partido en Viena entre las dos selecciones que acto seguido se iban a refundir en una sola y presentaron el acontecimiento como una fiesta de unión entre ambos pueblos. Pero antes de comenzar el choque las autoridades ya aconsejaron la conveniencia de una victoria de Alemania. Quizás por ello en la primera parte los locales fallaron claras ocasiones de gol y sorprendentemente Sindelar fue quien más destacó en este aspecto, sin ocultar su resignación. Después del descanso las cosas tomaron un giro radical y en la primera ocasión que tuvo el capitán austriaco metió el balón en el marco alemán. Acto seguido se situó frente al palco repleto de autoridades nazis y en lugar de hacer el saludo protocolario se puso a festejar el gol bailando una danza humillatoria y ridiculizante. Poco después llegó un segundo gol de Karl Sesta que sentenció la victoria de Austria.

El gesto de desafío del idolatrado Sindi fue muy apreciado por sus amigos de la resistencia pasiva y quienes le consideraban un símbolo del patriotismo austriaco, pero los nazis nunca se lo perdonaron, y en los siguientes meses tendría funestas consecuencias. Sindelar siempre rehusó integrar la selección de Alemania en los partidos de preparación para el Mundial, alegando diversas lesiones y por tanto tampoco acudió a la cita mundialista que se celebró dos meses después, y donde los germanos cayeron en la primera eliminatoria ante Suiza. Por otro lado, el regimen nazi prohibió a los jugadrores cobrar un sueldo por jugar y convirtió a todos los clubs en amateurs, persiguiendo al mismo tiempo a todas las asociaciones y deportistas sospechosos de estar vinculados al judaísmo. Síndelar tuvo que buscarse una ocupación para obtener ingresos y durante unos meses regentó un café vienés.

 El 23 de enero de 1939 en la cama del apartamento que compartía con su novia, la italiana Camila Castagnola, se encontró el cadaver de Sindelar, fallecido mientras dormía. Su compañera estaba en coma del cual nunca salió. Según señaló la partida de defunción el incidente se produjo por intoxicación de monóxido de carbono procedente de una estufa. Alguien añadió que la muerte se debió a un accidente, y nunca se supo si fue un suicidio o un asesinato. De haber sido de esta manera no podría haber tenido el funeral de estado que se le tributó, al cual acudieron unas quince mil personas quienes se atrevieron a salir a la calle para presentar sus respetos a uno de los símbolos más carismáticos de la resistencia antifascista

 Sindelar murió a los treinta y seis años y los rumores sobre su muerte todavía no se han aclarado. En un documental de la BBC inglesa, emitido el año 2003, se dice que el informe oficial se extravió durante la ocupación, y se incluye una entrevista con Egon Ulbrich, secretario del Austria de Viena, que declara haber acordado con el alcalde de la ciudad y el inspector del distrito, certificar que la muerte fue accidental y así poder asegurar el funeral que tuvo. También se dice que la policia secreta estuvo investigando a Matthias Sindelar y su hermana, y que existe un informe de la gestapo donde se asegura que toda su familia era de origen checo, projudía y socialdemócrata. Esta declaración equivalía a una sentencia de muerte. No obstante, algunos investigadores, como su biógrafo Wolfang Maderthaler, apoyan la tesis del suicidio ya que al sentirse acosado y sin poder jugar al fùtbol, tampoco tenía sentido seguir viviendo.

 Cada 29 de enero, su tumba en el Cementerio Central de Viena es rodeada de flores por parte de aficionados, compatriotas y gente diversa, en recuerdo del mejor futbolista austriaco.

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Algunos datos de este relato están recogidos del libro Història amb pilotes, de Xavier Carmaniu Mainadé, previo permiso de su autor.

  

                                                                                                      

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Publicado en: General

Nº 15

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