El fútbol no nació en China

Resumen

El pasado día 2 de diciembre el presidente de la FIFA Joseph Blatter dio a conocer los países organizadores de los Mundiales 2018 y 2022. Lo hizo tras una relativamente larga exposición previa que se hizo desde luego mucho más larga para los que ansiábamos ver cómo se asignaba a la llamada Candidatura Ibérica el
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El pasado día 2 de diciembre el presidente de la FIFA Joseph Blatter dio a conocer los países organizadores de los Mundiales 2018 y 2022. Lo hizo tras una relativamente larga exposición previa que se hizo desde luego mucho más larga para los que ansiábamos ver cómo se asignaba a la llamada Candidatura Ibérica el Mundial 2018. Como es bien sabido al final Blatter leyó el nombre de Rusia.

En medio de la alocución previa Blatter afirmó entre otras cosas algo así como que “este maravilloso deporte nació en China [...]“. Pues bien, es precisamente contra esas palabras del presidente de la FIFA contra las que escribo este breve artículo. Porque el fútbol no nació en China.

Leí en cierta ocasión que fue el propio Jules Rimet mientras era presidente de la FIFA el que decidió aceptar el tsu khu chino y otros juegos japoneses, griegos o americanos como precedentes del fútbol. Ignoro si es cierto que fue apuesta personal de Rimet, pero en cualquier caso nadie tenía autoridad para dar tinte oficial a tal afirmación. O es precedente o no lo es, pero en absoluto es cuestión sobre la que la FIFA tenga autoridad para decidir nada.

Sea como fuere el caso es que parece ser que la FIFA admite estos precedentes remotos como parte de la “historia oficial” del fútbol, y así en su página web aparece un apartado titulado “los orígenes” en que habla de estos lejanos precedentes llegando ni más ni menos que al tercer milenio antes de Cristo. La afirmación no tiene desperdicio: “la más temprana forma del juego de la que hay pruebas científicas era un ejercicio militar manual que data del segundo y tercer milenio antes de Cristo” (http://www.fifa.com/classicfootball/history/game/historygame1.html). Lo de las pruebas científicas ya parece excesivo.

Siguiendo a la FIFA muchísimos libros de historia del fútbol empiezan citando a los chinos, japoneses y demás como precedentes del fútbol, y es precisamente por la influencia de esta idea por lo que se hace necesario explicar la cuestión. En esta ocasión lo voy a hacer de forma brevísima, si bien quiero destacar que el tema daría para varios artículos sobre puntos concretos de primerísimo interés y que quedan en esta exposición incluso sin ni siquiera ser citados. Volveremos pues en próximos números sobre el asunto.

Para desenmarañar la cuestión hemos de definir en primer lugar con precisión qué designamos con el término “fútbol”, para poder precisar posteriormente cuándo nació aquello a lo que designamos con tal nombre. Porque aquí es donde surge precisamente la confusión de la FIFA y de los que la siguen.

En España llamamos “fútbol” a un deporte creado el 26 de octubre de 1863 en Londres, concretamente en la Taberna de los Masones (Freemasons’ Tavern). Lo llamamos “fútbol” por abreviación del sintagma “fútbol de la asociación”, siendo la “asociación” a la que se refiere el nombre precisamente la que habían previamente creado los reunidos en la taberna y que no es sino la federación inglesa de fútbol. En inglés los nombres de la federación y del nuevo deporte eran respectivamente “Football Association” y “Association Football”, cuya apariencia tan similar ha provocado dificultades hasta el punto de que creo que nunca en España se ha traducido bien el nombre del deporte: lo de “fútbol asociación” es simplemente una mala traducción que, entre otras cosas, en español no significa absolutamente nada.

Así pues cuando hablamos coloquialmente de “fútbol” nos referimos al “fútbol de la asociación”. Quienes lo llamaron “soccer” lo hicieron porque a lo que daban más importancia era al sustantivo que restringía el concepto de “football” (a-socc-iation). Y es que en efecto los “football games” eran en Inglaterra simplemente “juegos de pelota” que se jugaban con reglas diferentes en cada colegio, en cada universidad y hasta en cada pueblo. Decir “football” (por reducción del sintagma “football game”) era decir muy poco, y por eso los ingleses usaron el nombre de “soccer” (frente al “rugger”, nombre que se le dio popularmente al football de Rugby).

Nuestro fútbol de la asociación deriva fundamentalmente del football al que jugaban en Cambridge, si bien con algunas modificaciones. Hasta ahí se puede establecer un hilo histórico claro, aunque no cabe duda de que la universidad de Cambridge debió de adaptar un juego popular previo al que le dotó de reglas.

¿Y qué relación tiene históricamente el football de Cambridge (el posterior fútbol de la asociación) con los chinos, los aztecas o los griegos? Pues absolutamente ninguna.

El error, deliberado o no, empieza al confundir los dos conceptos principales que designa el término inglés “football”. Si lo tomamos en el sentido genérico de “juego de pelota” sí se puede establecer una relación con otros juegos de pelota chinos o hasta prehistóricos si se quiere (lanzamientos de piedras, etc.), pero entendiendo esa relación como la mera constatación de que diferentes pueblos en momentos históricos diferentes han tenido juegos de pelota.

Pero entender que existe una línea histórica evolutiva que habría empezado hace cinco mil años en China y que se hubiera desarrollado hasta los diversos fútboles ingleses y al fútbol de la asociación en particular es gratuito, carente de toda prueba.

Remontar la historia de algo a lo que se quiere dar prestigio es completamente habitual en todos los ámbitos, políticos entre otros. Y eso le pasa a la FIFA, que no solo imagina una “historia oficial” sino que la cita en un acto de tanta importancia como la designación de los organizadores de los próximos Mundiales. Pero como digo no existe ninguna prueba que permita establecer una línea evolutiva entre los diversos juegos de pelota, siendo lo único que podemos afirmar al respecto es la mera constatación de que diferentes culturas han tenido juegos de pelota. Mezclarlos y aceptarlos como precedentes de uno solo de esos juegos (el fútbol) es desde luego una confusión notable. Y a la manera de otras fantasías políticas, quizá interesada.

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Publicado en: General

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