El fichaje de Herrerita por el Real Oviedo

Resumen

En no pocas aproximaciones históricas y artículos periodísticos se considera el pase del sportinguista Herrerita al Oviedo, en el verano de 1933, como uno de los grandes traspasos del fútbol español de la época. En realidad no fue tal. Sirvan estas líneas como explicación de lo sucedido. Para comprender las circunstancias que precipitaron los hechos
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En no pocas aproximaciones históricas y artículos periodísticos se considera el pase del sportinguista Herrerita al Oviedo, en el verano de 1933, como uno de los grandes traspasos del fútbol español de la época. En realidad no fue tal. Sirvan estas líneas como explicación de lo sucedido.

Para comprender las circunstancias que precipitaron los hechos y, de paso, presenciar la eclosión y crecimiento de uno de los grandes fenómenos del fútbol español, conviene remontarse al comienzo de la temporada 1930-31.

Lo primero que hay que señalar es que desde finales de la campaña anterior el Sporting había cedido a un grupo de socios la dirección económica y administrativa de la entidad, al mismo tiempo que emitía acciones por un total de cien mil pesetas para sanear las finanzas de la institución, y poder hacer frente a la adquisición de nuevos jugadores para el futuro. La acertada labor del G.A.S. (Grupo Auxiliar del Sporting) se presumía vital para el futuro ya que la economía del club venía lastrada por la construcción de la tribuna cubierta en 1928 y por la realidad del profesionalismo que, de acuerdo con lo señalado por la directiva: “aún dentro de los modestísimos límites a que puede reducirlo el Sporting, agota nuestros ingresos normales.”

A mediados de agosto se habían recaudado ya más de 80.000 pesetas entre los miembros de la Ponencia y los socios del club. Buena parte de este dinero fue empleado por los integrantes del G.A.S. en la adquisición de nuevos elementos, entre los que destacaban con luz propia Ramón Herrera y Abdón (éste, procedente del Oviedo, fichaje que levantaría una gran polvareda en la capital, asunto éste que convendría tratar en otro artículo).

Ramón se había ido al Athletic de Madrid hacía tres campañas como una figura en ciernes del fútbol español y regresaba como Herrera I «El Sabio», apelativo con el que Rienzi, cronista deportivo madrileño, había pretendido sintetizar la enorme clase y personalidad del ariete gijonés, un verdadero artista con el balón. Lamentablemente, una seria enfermedad había mermado sus facultades, y apenas había jugado en la campaña anterior, en el Betis, donde había sido cedido por el conjunto colchonero mientras recuperaba la forma.

El jugador había mostrado sus deseos de volver a Gijón, junto a su familia, para intentar restablecerse completamente, lo que facilitó en buena medida su fichaje por el Sporting.

En una entrevista publicada en el diario El Comercio el 15 de agosto de 1930 el ariete daba sus impresiones acerca de la plantilla rojiblanca. En la conversación salía a colación la figura de su joven hermano Eduardo, que mostraba unas cualidades más que notables para su edad:

 

-Creo que tienes un hermano que sigue muy de cerca tus huellas…

-Es cierto. Tiene características análogas a las mías. Le veo a veces desenvolverse por entre los chavales que forman su Club -el Sporting Cifuentino- y pienso que soy yo el que está jugando. Con siete años menos, desde luego.

-Naturalmente, le augurarás buen porvenir…

-Si no se malogra, sí. Voy a ver si le llevo conmigo a los entrenamientos. Allí con el míster y a mi lado podrá salir algo muy bueno. ¡Si no se malogra!

-Dios quiera que no, hombre.

 

No tardó mucho tiempo antes de que los diarios se hicieran eco del talento del joven Herrera. A comienzos de enero de 1931 el Sporting disputó un par de amistosos para observar los progresos de los equipiers reservas, y probar jugadores jóvenes de cara al futuro. En el primer encuentro se impuso al Nacional de Madrid por un contundente 9-3, destacando sobremanera la figura de Herrerita:

Herrera II maravilló al público. Hizo un tanto de factura brillantísima que fue ovacionado larga e intensamente. En él se pudo apreciar con claridad la gran cantidad de jugador que el chico arrastra consigo. Su dribling, hábil y perfecto, su serenidad, y, sobre todo, su inteligencia para resolver las jugadas más difíciles, hacen creer que tenemos en este muchacho la continuación de las glorias del otro. De Ramón, el Sabio“.

Conviene señalar que durante esta campaña Ramón apenas participó con sus compañeros, ya que había decidido descansar para intentar reponerse definitivamente. Mientras, su hermano continuaría fogueándose con el cuadro reserva.

El Sporting logró el título regional de 1930-31 pero no paso del cuarto puesto en la Liga de Segunda División, siendo eliminado por el Unión de Irún en la Copa en Octavos de Final.

La temporada se saldaba pues con un fracaso en toda regla, y no sólo en el aspecto deportivo. Éste era el balance que hacía el cronista José Riera en El Comercio:

Cambió todo en el intervalo de las tres competiciones. Todo. Todo. Se acabó el entusiasmo, se acabó el dinero. El G.A.S., que todos los días se reunía, terminó por no reunirse nunca. Primero el directivo don Fulano dejó de asistir al local. Después don Mengano hizo lo propio. Y más tarde don Zutano repitió la suerte de los anteriores. Sólo uno o dos señores aguantaron hasta el final realizando verdaderas heroicidades para mantener a flote la nave. Y cuando a veces esos señores abandonaban momentáneamente el club para atender a sus asuntos particulares, los jugadores habían de atisbar al cobrador de los recibos para pedirle cantidades a cuenta. Delicioso…

Ahora… proyectos y más proyectos. Todo a base de economías, circulares a los clubs ofreciendo los jugadores que se compraron a precio de oro. Rebajas de sueldos, licenciamientos…

Efectivamente. Al final de la campaña se concedería la carta de libertad a diversos jugadores: Pachu, Castro, Paco Quirós… También el entrenador, Mr. Galloway, abandonaría la disciplina del club, lo mismo que Abdón, que había firmado por un año, y el recién llegado Travieso. La delicadísima situación económica obligaba a la entidad a desprenderse de la mayoría de los futbolistas «importados» al inicio de la temporada, y así Chicote, Villagrá y Pepín cambiaron de aires.

Tocaba empezar de nuevo.

 

Tras los desembolsos realizados el año anterior en la adquisición de jugadores, esta vez los integrantes del G.A.S. volvieron la vista a la cantera regional para reforzar el equipo. No se trataba de una nueva estrategia o un regreso a las «raíces», las circunstancias económicas mandaban. Y con el profesionalismo imperante, incluso los futbolistas locales pedían «argumentos» de peso para fichar.

Para cubrir el puesto de entrenador se volvió a ofrecer el cargo a Manolo Meana, quien únicamente puso como condición que Domingo, el gran extremo derecho de la década de los veinte, fuera nombrado su ayudante. Meana seguiría prestando sus servicios al club de forma desinteresada. En estos tiempos de exigencias económicas desorbitadas el concurso del experimentado jugador era todo un lujo.

Un jovencísimo Herrerita, recién cumplidos los diecisiete años, formaba parte ya de la primera plantilla, haciendo su debut en competición oficial el 13 de septiembre de 1931 en la victoria rojiblanca sobre el Club Eclipse de Santander por 1-2, en el partido inaugural del torneo mancomunado con Cantabria. Poco tardó en mostrar su clase, pues a los dos minutos de juego inauguraba el marcador. Así daba cuenta del debut Pepito Pedal en La Prensa:

Herrera «junior» se universalizará, que tal clase superior lleva dentro de su caparazón de atleta en ciernes. Herrera «junior» nos recordó en muchos momentos algunos de aquellos gloriosos detalles del Sporting de Bango, Meana y Corsino…

Una semana después, tras el triunfo sobre el Club Gijón, Refala daba sus impresiones sobre el joven Eduardo desde las páginas de El Noroeste:

(…) Su hermanillo tiene cosas de gran jugador, de jugador fino, y lleva en su juego el sello de la familia. Cuando le llega la pelota a los pies, sabe bien qué es lo que va a hacer con ella, aunque la retiene en exceso; pero no sube, no ayuda, no se disputa una pelota, y eso es cosa indispensable en un interior. Herrerita será un magnífico equipier a poco que corrija estos defectos“.

El Sporting acabaría en segunda posición del superregional, a un punto del Oviedo, y por encima del Racing de Santander, reciente subcampeón de la Primera División. El juego de los gijoneses fue de menos a más, aunque seguía faltando cohesión en un conjunto que resolvía sus encuentros gracias a la calidad individual de sus jugadores.

En el Campeonato de Liga, y después de un comienzo titubeante, el Sporting se afianzó en las primeras posiciones de la tabla. Buena parte del mérito de la situación del equipo correspondía a las exhibiciones de Ramón Herrera quien, tras un año apático, en esta campaña volvía por sus fueros, realizando jugadas espectaculares y marcando goles prodigiosos. La recuperación del jugador fue acogida con entusiasmo en la prensa gijonesa. Para comprender la influencia que el delantero tenía en el juego sportinguista basta leer el siguiente extracto de una crónica del diario El Comercio:

 

Giró todo lo concerniente al match alrededor de una figura, Ramón Herrera. Ramón Herrera, el recuperado, vuelve a ser el maestro de antes, el Sabio de Rienzi. Herrera, como en aquellos memorables tiempos de hace un lustro, explicó ayer su cátedra de nuevo. Hizo cosas geniales, lindantes a un paso de lo maravilloso.

El arte de Herrera es único. A nadie sino a él lo hemos visto. Porque ni siquiera entra en los campos del malabarismo. Este vocablo parece indicado para quien hace exhibición superflua de facultades hábiles. Pero en Herrera no hay nada superfluo. Para llegar al goal contrario debe emplear ni uno más ni uno menos de los procedimientos que emplea. Todo lo mide con la serenidad del matemático, que espera, seguro de sí, el resultado de una complicada ecuación…

Le veis frente a la meta adversa dar la cara a un grupo de rivales. Y, como por ensalmo, separarse de ellos para lanzar el shoot libremente. ¿Cómo se arregla para burlarlos?

Nos entusiasma el gran jugador. Si sigue por la vía del entrenamiento metódico, de higiénica vida que se ha impuesto, ha de darnos aún grandes tardes. Y a su club muchos triunfos. ¿No querrás Ramón?“.

 

Tras la disputa de la primera jornada de la segunda vuelta, el cuadro sportinguista encabezaba la clasificación igualado a puntos con el Betis, por delante del Oviedo. A partir de entonces estos tres conjuntos se alternarían en el liderato de la competición, en dura pugna por hacerse con la plaza de ascenso a 1ª División.

Los rojiblancos aguantaron el tipo casi hasta el final de la misma, a pesar de sufrir una plaga de lesiones que afectó a elementos básicos del equipo como Pin, Luisín, Tronchu o el propio Herrera. En el penúltimo choque liguero, con azules y verdiblancos optando al título, el Sporting venció a domicilio a los carbayones, devolviéndoles la moneda de lo ocurrido hacía dos temporadas (entonces el triunfo ovetense en El Molinón permitió el ascenso del Deportivo Alavés), y dejando el camino expedito para el triunfo sevillano. El equipo gijonés ocupó finalmente la tercera posición del campeonato.

Herrera había sido el segundo máximo goleador del torneo con 17 tantos, lejos no obstante del oviedista Lángara, que encabezó la lista de artilleros en Segunda con 23 dianas.

Por lo que se refiere al Campeonato de España, los gijoneses alcanzaron los Cuartos de Final, siendo apeados de la competición por el Celta de Vigo, verdadera bestia negra de los rojiblancos, a quienes tenía tomada la medida.

La participación de Herrerita durante esta campaña fue, lógicamente, modesta. Disputó cuatro partidos del torneo superregional, tres en la Liga, y un único choque copero, precisamente en la devolución de visita en Balaídos. El joven talento fue alineado indistintamente en cualquiera de los puestos de la tripleta central del ataque. Fue un año de aprendizaje, al lado de su hermano mayor. Pronto habrían de verse los resultados.

 En el apartado económico al Sporting seguían sin salirle las cuentas. Por un lado la fatalidad se cebó con el club al producirse un incendió que arrasó la magnífica tribuna cubierta construida en 1928 para el choque internacional frente a Italia, lo que ocasionó numerosos quebraderos de cabeza. Por otro, paradojas del destino, se quedó sin cobrar la segunda parte del anticipo reintegrable, consistente en 62.500 ptas., que el Ayuntamiento tenía pendiente con el club tras el acuerdo firmado en 1928, al que se había llegado mediante la intercesión del Gobernador Civil, para evitar la bancarrota de la entidad tras la remodelación del estadio y la construcción de esa misma tribuna. En febrero de 1932 el consistorio declaró lesivo dicho acuerdo para las arcas municipales y decidió no hacer frente al pago de la cantidad restante del préstamo.

Así pues, y ante la imposibilidad de realizar desembolsos importantes, el G.A.S continuó centrando sus objetivos en la cantera local, que seguiría nutriendo las filas rojiblancas de cara a la campaña 1932-33.

En esta temporada volvió a disputarse el Campeonato Regional tras el paréntesis del año anterior. Un torneo que iba a convertirse en un mano a mano entre los dos conjuntos representativos de la región. En el cuadro gijonés llamaba la atención la titularidad de Herrerita, que junto a su hermano en el vértice y a Pin en la izquierda formaban un trío temible en la vanguardia. Por su parte el Oviedo estaba terminando de conformar un equipo sensacional y se presentaba como un formidable adversario.

El Sporting no pudo pasar del empate ante su eterno rival en El Molinón, resultado que complicaba el camino a los rojiblancos, que ahora se veían obligados a ganar en Buenavista para hacerse con el título. Para ello era imprescindible mejorar el nivel de juego exhibido hasta el momento. Los gijoneses pusieron toda la carne en el asador y saldaron sus siguientes confrontaciones con goleadas, de la mano de los hermanos Herrera, que llevaban en volandas al equipo. Su actuación en el choque anterior al decisivo derbi en la capital fue reflejada de la siguiente manera por Refala en las páginas de El Noroeste:

Si el mayor nos deleitó con sus jugadas geniales, que hicieron levantar al público en un aplauso cerrado en más de una ocasión, calcúlese que habrá hecho el pequeño de los Herrera para brillar esplendorosamente. Ramón fue el artista, el sabio, el inimitable; pero su hermano tuvo una actuación más completa, más igual. Ayudó a los medios, pasó, chutó; lo intentó todo, y todo lo realizó. Paso a un jugadorazo“.

En el esperado duelo cumbre del campeonato, ambos conjuntos despacharon un fenomenal partido, imponiéndose el cuadro carbayón por cinco goles a tres, en el que fue considerado uno de los mejores encuentros de rivalidad jamás disputados.

Pese a la derrota, en el seno del club gijonés se albergaban muchas esperanzas de cara a la competición liguera vistas las prestaciones de Herrerita, cuya influencia en el juego sportinguista empezaba a ser incluso mayor que la de su hermano, tanto como para que el joven jugador empezara a ser considerado el hombre clave en el fútbol de los gijoneses.

Tras unos inicios vacilantes el Sporting enlazó una gran racha de juego y resultados. Disputada la octava jornada de Liga el conjunto rojiblanco parecía embalado, empatado en cabeza de la tabla con el Unión de Irún y el Oviedo después de cuatro victorias consecutivas en las que había anotado 23 goles y recibido sólo 7. Además, Ramón Herrera figuraba en cabeza de los goleadores con 20 dianas, lejos de sus perseguidores. Todo debía ser satisfacción para los gijoneses, y sin embargo una sombra oscurecía un tanto el panorama. La lesión de Herrerita.

Las radiografías mostraban que tenía los ligamentos afectados por el golpe recibido ante el Castellón en una rodilla, complicado además con un pequeño derrame sinovial. El médico Sr. Alvargonzález estimaba que el jugador estaría en el dique seco más de un mes y medio.

Para intentar cubrir la baja de Herrerita el Sporting reforzó sus líneas con la llegada de Rubiera (Reconquista), y el regreso de Quico Campomanes. Posteriormente se ficharía a Cuestita, del Athletic de Madrid.

No sirvió de nada. El conjunto gijonés notó la ausencia del joven talento y a pesar de la fantástica campaña de su hermano Ramón, que con 29 goles se quedaría a solo dos tantos de Elícegui (Unión de Irún) en la tabla de goleadores, el cuadro sportinguista se hundió en la mediocridad, terminando el torneo en un discreto sexto puesto. Mientras, el Oviedo se hacía con el título de campeón de forma brillante, logrando el ansiado ascenso a Primera.

Quedaba echar el resto en el Campeonato de España.

 El Sporting eliminó al Donostia, de Primera División, y se deshizo después del Castellón, que acababa de descender a Tercera. En Cuartos de Final el sorteó emparejó a los gijoneses con los recientes campeones de Liga, el Madrid de los Zamora, Ciriaco, Quincoces, Luis Regueiro, Samitier…. Ante el choque de ida las lesiones, enfermedades y contratiempos diezmaron al cuadro rojiblanco. El portero Sión, con una clavícula rota, Manfredo enfermo, Herrerita también (aunque jugaría) y Luisín, de guardia en la Prevención hasta las ocho de la mañana del día del partido, teniendo que viajar hasta Madrid sin haber dormido. Éste era el comentario aparecido en El Comercio el día anterior al viaje del grueso de la expedición sportinguista:

(…) Pena, de medio centro. No es la primera vez que actúa en ese puesto. Y en Madrid, precisamente.

Y el lector se preguntará: ¿Y si Amador se lesiona? Pues si Amador se lesiona se recurrirá a Meana para suplir su puesto. Es lo único que le faltaba ya al entrenador del Sporting para completar la gama de sacrificios por su Club“.

Efectivamente, Amador se lesionó.

El Sporting, caído en desgracia, sucumbió por ocho goles a cero. Ésta es la columna escrita por José Riera en El Comercio al respecto:

 SOLO PEDIMOS UN POCO DE COMPRENSIÓN

 El Sporting ha sido vencido en Madrid por elevado tanteo. Un tanteo exagerado, catastrófico. Muchos años ha que el equipo gijonés no sucumbe de manera tan lamentable. ¿Qué no jugó en esos años con conjuntos de la categoría del Madrid? No. No es eso. El Madrid, con ser hoy por hoy, la base del equipo nacional no le hace al Sporting esos ocho tantos que «embarcó» el once que anteayer tuvo ante sí. La gente -mucha gente- que no quiere al Sporting adoptará un gesto burlesco. Y otra parte que dice que lo quiere -es lo doloroso- también…

El Sporting fue, como sabemos todos, a perder a Madrid. Así lo había impuesto el desquiciamiento de sus líneas originado por la lesión de Sión y la enfermedad de Manfredo. Luego se vio además que Nani, Herrerita y Luisín tampoco iban en condiciones completamente favorables. Había más. No iba portero reserva. Si se lesionara Amador… Pero no. ¿Tendrían también esa desgracia? Pues sí señor, esa desgracia tuvieron. Amador, al segundo tanto, recibió una patada de Olivares en la cabeza. Perdió el conocimiento, y cuando lo recuperó estuvo groggy en el marco hasta que, al volver del descanso, se desplomó de nuevo. Fue conducido en grave estado al vestuario. Y allí el doctor Oller, avisado con urgencia, se reservó el pronóstico, ordenando quietud absoluta.

Y luego se puso Meana en su lugar. Otros cuatro tantos. Como si hubieran sido veinticinco más. Meana, que ha sido hombre de muchos rasgos deportivos, anteayer tuvo uno de los más grandes de su vida. Bastaría él solo para consagrarle. Y el domingo próximo la gente que haya en El Molinón debe llamarle al centro del campo y tributarle la ovación más grande que en su vida haya oído…

Comprensión de todo esto. No pedimos más… Nadie tiene la culpa de que el Sporting haya adquirido un título que no buscaba: el de campeón de la Fatalidad“.

En el encuentro de vuelta el Madrid volvió a golear a los rojiblancos, ya faltos de tensión, que tuvieron que alinear al meta del Reconquista, un modesto conjunto local, para cubrir la portería. Un final desastroso para una temporada en la que se habían depositado grandes esperanzas.

 En el aspecto económico la situación continuaba siendo muy delicada. En la ciudad se repartió un manifiesto que llamaba a realizar una urgente labor pro Sporting, que fue recibido con los brazos abiertos por los dirigentes del G.A.S., quienes publicaron la siguiente nota oficiosa:

 ”Todos los componentes del Grupo Auxiliar del Sporting (G.A.S.), han recibido con el mayor entusiasmo el escrito que destacadas personalidades deportivas han dirigido a la opinión gijonesa.

En su consecuencia el G.A.S. ofrece cuantas colaboraciones suyas se crean necesarias; pero conociendo muy de cerca los esfuerzos y sacrificios efectivos que exige el mantener un Sporting digno de Gijón, considera que sin una aportación considerable de pesetas, será muy difícil, sino imposible, lograr la aspiración tan fervientemente expresada en el citado escrito.

Sus firmantes aseguran que tienen un plan trazado para obtener esa finalidad. Pues, manos a la obra. El G.A.S. que no ha escatimado hasta ahora sus esfuerzos, y que está dispuesto a no restar ninguno, espera que la afición deportiva gijonesa se dará cuenta del momento actual y sabrá rendir los auxilios que el Sporting necesita“.

 Esta iniciativa tenía una finalidad muy concreta, blindar al jugador en el que más esperanzas se tenían depositadas, Herrerita, ante los cantos de sirena que empezaban a escucharse a su alrededor, provenientes fundamentalmente de Oviedo.

El futbolista, por su parte, conocedor del interés oviedista dio de plazo hasta finales de julio para que los dirigentes del club rojiblanco le hicieran llegar una oferta satisfactoria para renovar la ficha.

Todo fue en vano. La prensa recogía el 1 de agosto la firma de Herrerita por el conjunto carbayón por veinte mil pesetas de ficha, más un sueldo de seiscientas pesetas al mes. El G.A.S. hizo entonces un comunicado en el que explicaba a los aficionados gijoneses los intentos realizados para retener a su mayor valor. La nota se deslizaba entre la decepción, la rabia y la impotencia. Decía así:

 ”Ayer tarde nos enteramos por los periódicos de Oviedo de que al fin era un hecho lo que hace bastante tiempo se rumoreaba, o sea, que nuestro ex equipier «Herrerita» firmó ficha de profesional por el Oviedo F.C. único Club quizás de España que posee asociados de tantas y tan grandes liberalidades.

Confesamos que al perder un jugador de las condiciones de «Herrerita», nacido y formado en el Sporting de Gijón, nos contraría grandemente; pero justo es también reconocer que, dadas las pretensiones de aquél, era muy difícil, por no decir imposible, evitarlo.

Para que la afición local pueda juzgar con conocimiento de causa, queremos exponer en el menor número de palabras lo sucedido en relación con este asunto, insistiendo en que hemos de hacerlo muy esquemáticamente en esta nota, pues de relatar todos los detalles la haríamos interminable.

1º En las postrimerías de la temporada última, unos deportistas muy destacados, previendo las dificultades que acarrearía conservar en nuestro equipo a dicho jugador, lanzaron un manifiesto pidiendo ayuda a todos los buenos aficionados gijoneses, manifiesto que nos fue comunicado con antelación por varios de sus firmantes y al que dimos nuestra conformidad, si bien subrayando e insistiendo en la necesidad de que el entusiasmo por el fútbol, por el Sporting y por Gijón había que demostrarlo abriendo todos la bolsa a medida de las posibilidades de cada uno.

2º Días después celebramos diversas entrevistas y conferencias con uno de los autores del manifiesto, cuyo nombre nos es forzoso velar, pero no así reconocer desde aquí su admirable e inteligente labor, el cual pretendía tan solo hallar treinta personas que arriesgasen mil pesetas en la temporada próxima y atender con esos fondos, en parte al menos, a la consecución de la ficha de «Herrerita».

Los componentes de G.A.S., a pesar de tener sobre sí un déficit de más de 170.000 pesetas, le ofrecimos cooperar los primeros en la aportación antedicha: mostramos nuestra conformidad a que esas 30.000 pesetas fuesen las que en primer término habrían de amortizarse con los ingresos que hubiese y hallándonos dispuestos a que un Comité, designado por esos aportantes, interviniese en la administración de G.A.S.

3º A base de tales proyectos comenzaron las mil y una conversaciones con «Herrerita» y sus familiares, llegando a tomar cuerpo la solución consistente en obtener su ficha a cambio de adquirir para él el conocido establecimiento «Los Doce», lo que suponía dado la tasación del mismo, y la forma de pago que demandaban sus dueños, un desembolso total de 39.450 pesetas.

Con toda sinceridad decimos que a la mayoría de los que regimos G.A.S. nos parecía un enorme dislate tal operación, pero era tal el deseo de lograr como fuese el objetivo perseguido que no se desmayó en la empresa, hasta que vimos con dolor la imposibilidad de encontrar aquellas aportaciones que constituían, si no la principal, sí una de las bases imprescindibles para llevar a término un tan acariciado propósito.

4º Ahora bien, antes de emprender este camino que resultó intransitable, media docena de personas desprendidas hicieron en firme la siguiente oferta a «Herrerita», entregarle al firmar la ficha 5.000 pesetas, darle un sueldo mensual de 500 Y DEJARLE EN LIBERTAD AL TERMINAR LA TEMPORADA. Él no quiso aceptar de ningún modo.

¿Habrá alguien que se considere capaz de reunir en Gijón todas las pesetas bastantes para colmar por entero las pretensiones prácticas y sustanciosas de un jugador que se cotiza tanto? Nosotros creemos resueltamente que no.

¿Qué se nos fue otro valor futbolístico? Es sin duda el sino del Sporting mientras quieran los que podrían evitarlo, aunque claro está que hay exigencias que ni con toda la fortuna de un Creso se pueden admitir…

En fin, que triunfe y… que se haga rico“.

 No fue, pues, un traspaso.

De esta forma, el Oviedo se hacía con los servicios del que habría de ser el mejor futbolista de su historia. Magnífico director de juego, eficaz goleador, era capaz de realizar las más brillantes jugadas individuales o de situarse como mediocentro para secar al mismísimo Zarra. De fuerte temperamento, podía increpar a un compañero por fallar un gol hecho o encararse con un periodista en el mismo terreno de juego. Fue el alma del Oviedo. Su acusada personalidad queda patente en la respuesta que dio al ser requerida su opinión sobre Maradona:

Todo interior que tire un córner o saque un fau, está dicho todo. Nada de nada“.[1]

Genio y figura.

 Herrerita forma, junto a Manolo Meana (¡ay, de no haber sido por las lesiones!) y Enrique Castro Quini, el trío de ases del fútbol asturiano en el siglo XX. Un trío que, cumplida ya la primera década del XXI, bien puede considerarse un póquer con la inclusión del delantero langreano David Villa, a quien todavía le quedan unos años para mejorar sus cifras y palmarés como parte de la generación de futbolistas con más talento del fútbol español.

Cuatro auténticos fuera de serie a los que une un pasado en común. Todos, en mayor o menor medida, vistieron la zamarra rojiblanca del Sporting.

 


[1] Hablan los 30 que fueron grandes del fútbol asturiano (1990). Obra de Juan Martín Merino, Juanele.

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Publicado en: General

Nº 21

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