Etimología (III): córner

Resumen

El córner es “la forma de reanudar el juego cuando el balón traspasó completamente la línea de meta (por tierra o por el aire) sin haberse obtenido gol, si fue tocado o jugado en último lugar por un jugador del equipo defensor”, según define con precisión Javier Rodríguez Ten en su Reglamento práctico de fútbol
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El córner es “la forma de reanudar el juego cuando el balón traspasó completamente la línea de meta (por tierra o por el aire) sin haberse obtenido gol, si fue tocado o jugado en último lugar por un jugador del equipo defensor”, según define con precisión Javier Rodríguez Ten en su Reglamento práctico de fútbol (Madrid, 2001). El diccionario de la RAE, bajo la voz ‘córner’, remite simplemente a ‘saque de esquina’ sin dar la definición, aunque sí aporta otra, cuyo significado es extensión del primero: “lance del juego del fútbol en el que sale el balón del campo de juego cruzando una de las líneas de meta, tras haber sido tocado en último lugar por un jugador del bando defensor”.

 El córner no es uno de los lances del juego que más riesgo entraña para el equipo defensor, pero posiblemente sí sea uno de los más emocionantes para el espectador: unos dieciséis jugadores metidos en el área esperando un balón bombeado desde la esquina; todo vale, empujar, sujetar al contrario por el uniforme, apoyarse para saltar más alto… Está en la memoria de todos que Míchel llevó ese “todo vale” a cotas inesperadas cuando jugó contra el Valladolid de Valderrama…

 En algunas ocasiones los saques de esquina también se han utilizado para desempatar. En España y en competición oficial solo una vez se ha desempatado por mayor número de saques de esquina lanzados: en la primera eliminatoria de la Copa del Generalísimo 1967-68, en que el Recreativo de Huelva eliminó al Oviedo.

 Pero sin duda la jugada más bella y famosa es cuando un jugador mete un gol lanzando el balón directamente desde el córner, lo que conocemos como gol olímpico. Curiosamente el primero, el que le dio nombre, no se marcó en unos Juegos Olímpicos, sino a la vuelta de ellos. El 1 de octubre de 1924 la selección uruguaya, campeona olímpica en París, fue invitada a jugar en Buenos Aires un partido contra su vecina Argentina; el resultado era de uno a uno cuando Cesáreo Onzari, jugador argentino, lanzó un córner que entró directamente en la meta uruguaya. Al gol se le llamó olímpico ya que sirvió para ganar a los recientes campeones olímpicos, que se vanagloriaban de ser la mejor selección del mundo. Ese tipo de gol se había considerado ilegal hasta pocos días antes, en que la International Board lo había legalizado.

La descripción y el estudio de la palabra no será menos curioso ya que, como veremos, el inglés ‘corner’ está directamente emparentado ni más ni menos que con nuestros cuernos. Veámoslo.

La raíz indoeuropea *ker designa tanto el cuerno como la cabeza. A través de unos procesos morfológicos complicados, que intentaré explicar del modo más sencillo, tenemos en español palabras tan dispares en apariencia como ‘cráneo’ ‘cuerno’ o ‘ciervo’.

 Del grado e de la raíz (*ker) tenemos el griego ‘keras’, “cuerno”, del que derivan cultismos en español como ‘queratina’ (materia córnea de las uñas, pezuñas, cuernos, etc.) o ‘rino-cer-onte’, que es un animal con un cuerno en la nariz (‘ris, -rinos’, “nariz”; cfr. ‘oto-rrino’). Y también el latino ‘cerebrum’, del que nos llegan nuestros ‘cerebro’ y ‘cerebelo’.

 A partir de la raíz en grado cero (*kr) y con una ampliación en ‘n’, llegamos al griego ‘kranion’, del que derivan nuestro ‘cráneo’ y sus derivados técnicos, entre los que destaca ‘hemicránea’ y su resultado vulgar ‘migraña’, que etimológicamente resulta ser una enfermedad que afecta a la mitad de la cabeza. Del mismo grado cero, y a través del escandinavo, nos ha llegado el ‘reno’, que recibe pues su nombre de su peculiar cornamenta. La misma designación la encontramos en el latín ‘cer-vus’, nuestro ‘ciervo’.

 Por último, para llegar a nuestro ‘cornu’, hemos de partir del grado cero de la raíz, que genera un apoyo vocálico en ‘o’, más la ampliación en nasal. ‘Cuerno’, ‘mancuerna’ (pareja de animales atados de los cuernos a las patas, para impedir que huyan) o ‘capri-cornio’ (con cuernos de cabra) son algunas de las palabras españolas que derivan del étimo latino.

 Pero en latín tardío se creó una forma secundaria ‘cornarium’, con un significado colectivo similar al español ‘cornamenta’. Tal evolucionó al francés como ‘cornier’, y de ahí la tomó el inglés, en que quedó como ‘corner’. El primer testimonio inglés de nuestra palabra lo encontramos en Britton en 1292, ya con el significado de ‘esquina’. Y aunque pueda sorprender en principio la evolución semántica de cuerno a esquina, ésta ya había tenido lugar en latín: por metáfora la palabra pasó a designar objetos con forma de cuerno, como vasos, trompetas, la trompa del elefante, la córnea del ojo o el pico de un pájaro; dando un paso más se pasó a designar el vértice (o esquina) que forma el cuerno. Curiosamente en español hemos tenido una evolución semántica muy similar: nuestra ‘esquina’ deriva de una palabra germánica (*skina) que designaba en origen a una barrita de madera, metal o hueso, y que pasó a nuestro significado actual “por comparación de una esquina con un hueso saliente”, explica Corominas.

 Fue el 28 de marzo de 1887, en la revista Sporting Life, cuando apareció por primera vez la palabra ‘corner’ designando la acción del fútbol, significado con el que ha llegado al español. En francés actual, sin embargo, el anglicismo se utiliza también para designar a una asociación de especuladores que acaparan un producto con el fin de provocar artificialmente la subida de su precio, que tiene su origen en la expresión inglesa ‘to drive into a corner’, “arrinconar”, y cuyo uso data de 1853.

 

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Publicado en: General

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