In memoriam de Chus Pereda

Resumen

Es posible que alguno deconozca quien era Jesús Pereda y que muchos de los más jóvenes, convencidos por la machacona martingala que se decía hasta hace poco de que “España nunca ganó nada” ignoren que nuestra selección nacional ya ganó la Eurocopa del año 1964, una edición en blanco y negro que tiene igual valor
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Es posible que alguno deconozca quien era Jesús Pereda y que muchos de los más jóvenes, convencidos por la machacona martingala que se decía hasta hace poco de que “España nunca ganó nada” ignoren que nuestra selección nacional ya ganó la Eurocopa del año 1964, una edición en blanco y negro que tiene igual valor que las seis primeras copas de Europa ganadas por el Real Madrid, y en esa competición Pereda protagonizó un papel similar al que en los últimos tres años han tenido jugadores como Xavi, Torres o Iniesta, porque si Marcelino pasó al Olimpo de los dioses por marcar el gol de la victoria en la final frente a la extinta Unión Soviética, hay que destacar que Pereda fue el auténtico héroe del partido, quien abrió el marcador con el primer gol -como ya lo había hecho en la semifinal contra Hungría- y el que envió el centro a la cabeza del delantero zaragocista. Fue un interior de gran clase, magnífico organizador de juego, que unía, además, técnica y habilidad ante el gol, en cuya faceta realizadora se estrenó frente al Logroñés en categoría nacional, logrando marcar seis tantos en los quince partidos que disputó con la camiseta nacional.

 Jesús María Pereda Ruiz de Temiño nació el 15 de junio de 1938 en la localidad burgalesa de Medina de Pomar. Todos le conocían como Chus Pereda y en los medios futbolísticos de la época también se le llamó Polvorilla por su chispa explosiva y el carácter espontáneo. Tras iniciarse en el Alcázar de su pueblo natal, se incorporó como titular en el Valmaseda, la temporada 1954-55, hasta que una denuncia del Zalla, acreditando que por su edad no podía participar en competiciones regionales, le llevó al Indauchu juvenil. Posteriormente jugó dos temporadas en el primer equipo y debutó en Segunda División el 18 de marzo de 1956 ante el Sabadell en la vigésimoquinta jornada, disputando tres partidos en esa campaña, y en la siguiente treinta y cinco, marcando además 16 goles. Compartió vestuario con Iriondo, Zarra y Panizo, tres míticos delanteros del Athletic Club, por el que también pudo haber fichado, pese a las resticciones que el club bilbaíno imponía a los nativos fuera de los límites regionales y que se maquillaron alegando que el jugador había actuado con la selección juvenil de Vizcaya. Sin embargo fueron las pretensiones económicas del presidente del Indauchu, Jaime Olaso, lo que frustró la operación, ya que un millón de las pesetas de mediados de los cincuenta era todo un capital que el mandatario rojiblanco Enrique Guzmán no quiso abonar.

 El Real Madrid pagó 850.000 por su traspaso, apalabrándose 250.000 más si alcanzaba la internacionalidad. Cuando lució tal entorchado y los directivos indauchutarras exiguieron el cumplimiento de lo pactado, desde la presidencia merengue se adujo no podían cumplir  tal condición porque el muchacho ya no formaba parte de esa entidad. Estuvo en la plantilla madridista en la temporada 1957-58 y debutó en la Liga el 9 de febrero en Chamartín ante el Real Jaén, completando la delantera con Marsal, Di Stéfano, Rial y Gento. Ese partido y el de la última jornada en La Romareda, donde marcó su primer gol, fueron los únicos que jugó con la camiseta madridista en Primera, pero le sirvieron para estrenar su palmarés con el único título de Liga que ganó, aunque bien pudiera añadir la Copa de Europa que el equipo madridista conquistó esa misma temporada por tercera vez. La campaña siguiente fue cedido al Real Valladolid, con el que jugó veintisiete partidos y marcó diez  goles, que permitieron al equipo de Zorrilla proclamarse campeón de Segunda y retornar a la división de honor.

La llegada de los internacionales brasileños Didi y Canario al club madridista y el interés de éste por fichar a Pepillo, facilitaron el traspaso de Jesús Pereda y Ángel Segurola al Sevilla, como contraprestación a la operación realizada en el verano de 1959, jugando con el equipo durante dos temporadas (1959-61) un total de cincuenta y seis partidos de Liga. Debutó como internacional el 13 de marzo de 1960, formando parte de la llamada Selección Promesas -posteriormente nominada como sub-21- jugando frente a Italia en Palermo y luego volvió a actuar en esta categoría contra Francia. Dos semanas después, el 15 de mayo, hizo su debut con la absoluta en el Santiago Bernabéu ante Inglaterra en partido amistoso que España ganó por 3-0 jugando con: Ramallets; Pachín, Garay, Gracia; Vergés, Segarra, Pereda (Del Sol 44′), Eulógio Martínez, Di Stéfano, Peiró y Gento. En octubre de ese mismo año también formó parte del equipo nacional B que derrotó por 4-3 a la selección A de Marruecos en otro amistoso jugado en Granada.

 En junio de 1961 el FC Barcelona lo fichó para suplir la marcha de Luis Suárez al Inter de Milán y liderar el nuevo proyecto que su flamante presidente Enrique Llaudet planificaba como relevo del legendario ciclo de los Kubala, Ramallets, Czibor y Tejada. En esta nueva etapa actuó durante ocho temporadas (1961-69) y vistió la camiseta azulgrana un total de doscientos noventa y tres partidos en los que marcó ciento cuatro goles, cuarenta y dos de ellos en la Liga en ciento cuarenta y un partidos. Fue campeón de Copa en 1963 y 1968, ganando también la Copa Ciudades en Feria el año 1966. Posteriormente se incorporó al Sabadell donde estuvo la temporada 1968-69 y acabó en el Mallorca jugando cincuenta y un partidos en Segunda División durante dos temporadas (1969-71).

 Terminada su etapa como jugador se dedicó a entrenar en el equipo de empresa Danone y durante la temporada 1974-75 ejerció como seleccionador catalán de juveniles, para pasar a seleccionador nacional de esa misma categoría a partir del ejercicio siguiente, en que fue llamado por Pablo Porta para sustituir a Eduardo Toba. Permaneció como técnico de la Real Federación Española durante varios años, ayudando primero a Kubala, y luego a Luis Suárez, cuando éste se hizo cargo de la categoría Sub-21 y a quien relevó en 1988, hasta la incorporación de Javier Clemente a la Selección nacional en 1992, quien acabó echándolo, al manifestar que “cobraba demasiado para lo poco que hacía”. En este tiempo logró dos campeonatos de Europa sub-16 y fue subcampeón del mundo en categoría sub-17 y sub-20. También tuvo ocasión e dirigir en un partido a la selección absoluta por enfermedad de Vicente Miera.

Posteriormente actuó como entrenador esporádico en clubes modestos, el Xerez entre ellos. Tuvo un restaurante especializado en pescados y mariscos. Al arrancar el siglo XXI constituyó, con un paisano burgalés, antiguo futbolista y orientado hacia negocios de construcción, una empresa de representaciones futbolísticas. Desde esa posición denunció el oscuro reparto de comisiones en el fichaje de los jugadores azulgrana, así como haberse hinchado artificialmente el precio por el que fue adquirido el brasileño Geovanni, que por otra parte constituyó un fracaso mayúsculo.

 Le conocí personalmente durante una tertulia televisiva cuando por entonces ultimaba la cuarta parte de la Historia y Estadística del Fútbol Español, que concluía con el famoso gol de Marcelino. Lo primero que le comenté era, la duda que tenía porque en la prensa consultada se le mencionase a él como autor del centro que posteriormente remató el delantero maño, y sin embargo en las imágenes que yo disponía, procedentes del No-Do, se veía al número 7 -que era Amancio- realizando la jugada. Me confirmó que la jugada era suya y que las imágenes estraban manipuladas, posiblemente porque carecían de la secuencia completa. Actualmente se ha podido recuperar la acción gracias a la grabación del partido que realizó la antigua televisión soviética. Además de todas las cualidades futbolísticas que desarrolló en los diferentes medios en los que actuó, su carácter le hizo entrañable para todos los que le conocieron, destacando su vitalidad, disposición y honestidad.

 El 27 de septiembre de 2011 falleció de madrugada víctima de un cáncer que él intento disimular hasta el último momento con su habitual jovialidad. Al día siguiente, los que admirábamos su personalidad estuvimos en su adiós. Allí estaban sus compañeros de selección con los que ganó su más prestigioso galardón, Iríbar, Olivella, Calleja, Zoco, Fusté, Amancio y otros muchos jugadores con los que compartió tardes de gloria a pocos metros de allí y formaban parte de mi album de cromos, que debido a los años -los suyos y los mios- no me fue posible reconocer. Fue una emotiva e insólita despedida como lo hacen las grandes figuras del estadio tras una actuación, saliendo del tanatorio en medio de una gran ovación.

Descanse en paz.

 

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Publicado en: General

Nº 25

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