Lángara, un goleador de leyenda

Resumen

El 18 de abril de 1948 Isidro Lángara jugaba en el campo de La Corredera de León el encuentro de la entonces Copa del Generalísimo que enfrentaba a su equipo, el Real Oviedo, con el local de la Cultural y Deportiva Leonesa. Sería el último de toda una leyenda del fútbol cuya figura ha sido
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El 18 de abril de 1948 Isidro Lángara jugaba en el campo de La Corredera de León el encuentro de la entonces Copa del Generalísimo que enfrentaba a su equipo, el Real Oviedo, con el local de la Cultural y Deportiva Leonesa. Sería el último de toda una leyenda del fútbol cuya figura ha sido rescatada del olvido para muchos por distintos medios de comunicación con motivo del final de la temporada 2010/11 y el récord de goles anotados en una Liga por Cristiano Ronaldo, quien ha batido la marca que ostentaban Zarra y Hugo Sánchez, pero que no ha podido hacer lo propio con la de haber marcado por partida triple (los hoy famosos “hat tricks”) en tres jornadas consecutivas, algo que Lángara consiguió en las jornadas 9ª, 10ª y 11ª de la temporada 1934/35 al hacerles respectivamente 3 goles al At. Madrid, otros 3 al Valencia y 4 al Español.

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Y es que pese al tiempo transcurrido, hay marcas establecidas por Lángara que resisten todavía la comparación con las actuales, mientras alguna incluso parece muy difícil de batir.

Aquella mencionada tarde que a la postre significaría su despedida, fue fiel reflejo de lo que hizo a lo largo de su trayectoria deportiva: marcar goles, pues fue el autor de 2 de los 4 que anotaron los ovetenses, dos más de los muchos de quien ahora, más de sesenta años después, puede que haya sido todo un descubrimiento para los jóvenes aficionados desconocedores de las gestas de futbolistas de otros tiempos que hoy serían “cracks” mediáticos.   

La historia futbolística de Lángara comenzó a finales del año 1930, cuando por mediación de los incipientes “intermediarios” de la época llegó a oídos de los dirigentes del Real Oviedo la existencia de un muchacho que por Tolosa empezaba a llamar la atención en el fútbol de la zona por la extraordinaria dureza con la que golpeaba al balón, organizándole éstos una prueba en la capital del Principado para comprobar la certeza de esas afirmaciones. Aquel chico que, como casi todos entonces, compatibilizaba el trabajo con jugar al fútbol en su pueblo y alrededores soñando desde que tenía uso de razón con emular a los héroes de Amberes, respondía al nombre de Isidro Lángara Galarraga y había nacido en Pasajes Ancho (Guipúzcoa) el 15 de mayo de 1912. Viajó hasta tierras asturianas y a fe que demostró enseguida que su disparo era terrorífico. Uno de los guardametas del conjunto azul dijo que disparaba con mucha más dureza que Félix Sesúmaga, prototipo por entonces de chutador. Al entrenador de los oviedistas, el irlandés Patricio O’Connell, le bastaron unos minutos para recomendar su contratación, afirmando que era “un diamante en bruto”.

Lángara no tardó en justificar la fama con la que llegaba, al contrario; aquel joven de 18 años que había asombrado en la prueba a la que había sido sometido, pocos días después debutó en competición oficial haciendo lo que ya no dejaría de hacer en el resto de su vida deportiva: golear. El 7 de diciembre de 1930, comienzo del campeonato liguero de 2ª división con el partido entre el Real Oviedo y el Ath. de Madrid y 4-1 en el marcador final, con 2 goles de nuestro protagonista.

Su primera temporada la cerró anotando 15 goles en 18 encuentros de Liga en 2ª división, pese a que las injerencias de los directivos presionaban para que no actuase como delantero centro (puesto que ocupaba un canario llamado Álamo para quien eran sus preferencias), en contra del criterio de Mr. O’Connell y principal motivo para que el irlandés no continuase dirigiendo el equipo la temporada siguiente.

Pese a que O’Connell ya no estaba, el sentido común se impondría y la campaña 1931/32, primera que disputaría desde el inicio, Lángara sería el delantero centro del equipo, consagrándose plenamente, incluso a nivel nacional. Y es que además de anotar 22 goles en 16 encuentros ligueros (más otros muchos correspondientes al Campeonato Regional y al torneo copero), con 19 años y sin haber jugado más que en 2ª división, le llegaría su primer entorchado internacional. Si bien es cierto que en ello quizás tuvo que ver la costumbre existente entonces de contar con algún jugador local, disputándose en Oviedo el que fue único compromiso de nuestra selección aquel año (24/04/1932), que el elegido por el seleccionador José María Mateos fuese Lángara cuando en la disciplina del conjunto carbayón había otros futbolistas con cualidades y más “nombre” en el mundo del fútbol (los también atacantes Gallart o Galé, por ejemplo, procedentes del Español y del R. Madrid, respectivamente), es un buen ejemplo de lo que ya había dado que hablar el guipuzcoano por su facilidad anotadora y terroríficos disparos que eran temidos por los guardametas rivales. En aquel debut internacional, cómo no, marcó.

El conjunto oviedista se había quedado esa temporada a las puertas del ascenso a 1ª división, logro que sí obtendría en la campaña 1932/33, con lo que la repercusión que se aventuraba podría tener un Lángara que de nuevo había obtenido unos registros goleadores más que notables (24 tantos en 18 partidos disputados de Liga), se suponía mucho mayor.

Su ausencia de la selección nacional en los siguientes cuatro encuentros tras el de su debut, disputados entre abril y mayo de 1933, en beneficio de Elícegui (como él militando en 2ª división, en el Ath. Madrid), provocaría un fuerte debate sobre quien debía ocupar dicho puesto en el equipo nacional. Incluso en Oviedo se organizó un encuentro amistoso en septiembre de 1933 entre sus equipos, donde el enfrentamiento entre carbayones y colchoneros pasó a un segundo plano, siendo el duelo entre Lángara y Elícegui lo relevante. Se marcaron aquella tarde 8 goles, con ambos protagonistas como únicos goleadores, si bien el reparto no fue nada equilibrado: Lángara 7 – Elícegui 1.

En 1ª división el rendimiento anotador de Lángara sería extraordinario, superior incluso al que se podía esperar. Los azules conformaron una delantera temible, bautizada como “eléctrica”, en la que Casuco, Gallart, Herrerita y Emilín eran un complemento excelente para que el ariete alcanzase registros sobresalientes. En esa campaña 1933/34, además de totalizar 24 goles en 8 encuentros del Campeonato Regional y 9 en 6 partidos de Copa, los 27 tantos anotados en 18 partidos de Liga en 1ª división le otorgaron el primer puesto en la tabla de goleadores.

Con semejantes números la puerta de la selección se le abrió a la fuerza, y con Amadeo García Salazar como seleccionador, en los trascendentales compromisos que le esperaban a España Lángara no falló. En la clasificación para el Mundial de Italia de 1934 los españoles se disputaban una plaza con Portugal: 9-0 fue el resultado del primer encuentro disputado en territorio español (11/03/1934), con 5 obra de Lángara. En el partido de vuelta, una semana después: 1-2, con Lángara como autor de los goles españoles. Aquel muchacho que iba a cumplir 22 años tenía ante sí la ocasión de darse a conocer al mundo entero. Pero Mussolini cortó de raíz la trayectoria de España, y con ello la de Isidro Lángara.

Después del debut mundialista el 27 de mayo en Génova venciendo a Brasil por 3-1 con 2 goles de Lángara, el partido frente a Italia en Florencia cuatro días después iba a hacer que el belga Baert cortase de raíz las expectativas de los españoles, superiores en el terreno de juego. Y tras el 1-1, en el desempate el suizo Mercet culminó la tarea ya sin Lángara, lesionado como sus compañeros Zamora, Ciriaco, Fede, Lafuente, Iraragorri y Gorostiza en el encuentro anterior, que se había convertido en una batalla campal, con victoria por la mínima de los italianos ante una heroica España

El recibimiento en España de los héroes que sólo habían sucumbido ante las presiones de Mussolini para que Italia se proclamase campeona mundial sería apoteósico, si bien nada servía como consuelo tras lo sucedido.  

Las siguientes temporadas supondrían la confirmación de Lángara: dos veces de nuevo máximo goleador en la 1ª división española (defendiendo la camiseta de un Oviedo tercero en ambas Ligas, con la que posiblemente era la mejor línea atacante del país) e indiscutible en el equipo nacional.

En julio de 1936 un Lángara en plenitud presentaba unos números que hablaban por sí solos, con unas medias goleadoras en todas las competiciones oficiales que superaban ampliamente el gol por partido:

- En el Campeonato Regional: 73 goles en 32 encuentros.

- En Copa: 16 goles en 15 partidos.

- En Liga de 2ª división: 61 tantos en 52 partidos.

Ratificadas sobradamente al máximo nivel:

- Había anotado 81 goles en los 61 partidos de 1ª división que había disputado (únicamente se perdió uno) en tres temporadas en las que fue máximo goleador destacado de los tres campeonatos.

- Y en sus 12 actuaciones con la selección (desde 1934 jugó todos los partidos de España salvo el desempate mundialista frente a los italianos) perforó la portería rival nada más y nada menos que en 17 ocasiones.

Tenía 24 años y el fascismo se iba a cruzar de nuevo en su camino, en esta ocasión con una gravedad muy superior a la primera, cuando le impidió acceder con España a las semifinales del Campeonato del Mundo: el estallido de la Guerra Civil paralizó todas las competiciones nacionales y la actividad de una selección española que no pudo acudir al Mundial de 1938. De hecho Lángara no podría repetir una participación mundialista (la posterior II Guerra Mundial suspendería los Campeonatos Mundiales hasta 1950) ni volvería a jugar con España.

Con la Guerra Civil, como tantos, su situación iba a depender del lugar en el que se encontrase tras el estallido. De hecho y estando en zona republicana, en principio fue acusado de haber combatido la revolución de 1934 (en Asturias había sido llamado a filas), si bien tras aclararse el caso pasó a integrar la selección que promovió el gobierno vasco para recaudar fondos. Se vio inmerso en una situación política que le sobrevino, y como sólo quería jugar al fútbol, la gira planificada por Francia parecía una buena opción en principio, confiando en una pronta resolución del conflicto. Después, al no tener la guerra el pronto final que algunos predijeron, la gira se prolongó por toda Europa. Jugaron en Checoslovaquia, Polonia, Dinamarca, la URSS,… viajando incluso hasta Inglaterra, donde no llegaron a actuar por cuestiones políticas. Dentro de aquel grupo de futbolistas, junto a Lángara se encontraba gran parte de la selección española del momento (Blasco, Pedro y Luis Regueiro, Zubieta, Muguerza, Cilaurren, Aedo, Areso,…), deparando sus encuentros gran expectación.  

Ante la prolongación de una guerra cuyo avance apuntaba cada vez con más claridad al triunfo del bando franquista, el grueso de la selección decidió viajar a México, donde Euskadi dejaría constancia sobrada de su potencial, con Lángara como figura haciendo más y más goles. Fue el centro de atención del seleccionado, pues su fama había cruzado el charco. Todo el mundo quería ver a aquel delantero de disparo terrorífico al que tras uno de sus goles a la URSS consecuencia de uno de sus cañonazos, el árbitro le había examinado la bota, atónito ante la potencia del disparo.

Terminado el conflicto bélico el deseado regreso a España se presentaba sumamente complicado por las posibles represalias de los ganadores para quienes, por circunstancias, habían estado en el lado opuesto, aunque no hubiesen hecho otra cosa que jugar al fútbol. Lángara recalaría entonces en el fútbol argentino, en San Lorenzo de Almagro, con quien, una vez más, dejaría desde el primer día evidencia de su eficacia. Y es que el 21 de mayo de 1939, un cansado Isidro Lángara que había llegado poco antes al puerto tras un largo viaje, enfrentándose San Lorenzo y River Plate, debutó en el viejo Gasómetro marcando nada más y nada menos que 4 goles, todos en la 1ª parte en poco más de media hora. El “ciclón de Boedo” ganó 4-2 y el nuevo delantero blaugrana, que en su aparición en el campo  había causado una impresión entre cómica y preocupante por la baja forma que mostraba su aspecto tras el viaje que había realizado, entró de lleno en el corazón de los seguidores sanlorencistas. Entre quienes presenciaron aquel debut en las gradas del Gasómetro estaba un pibe seguidor de River que años más tarde igualaría la marca de ser máximo goleador en los principales campeonatos ligueros de tres países distintos: Alfredo Di Stéfano.

Tras anotar 35 goles en aquella primera Liga a la que había llegado una vez iniciada y fuera de forma, la fama de Lángara le hizo ser la principal figura de la gira que San Lorenzo realizó por Brasil entre diciembre de 1939 y enero de 1940. Equipos como Flamengo, Botafogo o Vasco de Gama mordieron el polvo ante el conjunto argentino. Incluso formaron un combinado con los mejores elementos de cada uno retando al equipo sanlorencista, si bien el resultado fue el mismo: con un espectacular Lángara anotando un gol tras otro, San Lorenzo regresó a su país invicto.

En la siguiente temporada Lángara anotaría 34 goles, encabezando la tabla de goleadores.

Sus números bajarían algo en las posteriores, culminando su periplo de poco más de cuatro temporadas en la Liga argentina con 113 goles en 121 partidos (según datos del Libro de Oro de San Lorenzo recogidos por Manuel Sarmiento Birba en su libro “Yo Isidro Lángara”), ratificando más que de sobra la fama de realizador con la que había llegado.

En 1943 su anhelo por regresar a España le hizo poner fin a su periplo argentino, si bien por diversas circunstancias la vuelta se iba a retrasar, siendo su siguiente parada México, donde era un ídolo tras su paso con Euskadi y donde un año antes había estado de gira con San Lorenzo siendo el autor de 23 de los 42 goles que el equipo anotó en una decena de partidos disputados. Al país azteca había viajado con la intención de despedirse de sus amigos antes de regresar a la madre patria, aunque a la postre se enrolaría en el Club España, con quien terminaría jugando tres años en los que anotó 105 goles en 80 encuentros de un torneo liguero cuyo fútbol más técnico y lento se adaptó muy bien a quien ya tenía una edad que le hacía emprender la cuesta debajo de su portentoso físico, y dos nuevos títulos de máximo goleador del torneo. Lograba de esa manera proclamarse máximo realizador de los campeonatos ligueros de tres países distintos (tres veces en España, una en Argentina y dos en México), algo que harían años más tarde Di Stéfano (en Argentina, Colombia y España) o Romario (en Brasil, Holanda y España).

La figura de Lángara era tan relevante que, como anécdota, basta decir que sus antiguos compañeros en el Real Oviedo contaban que le escribían cartas que no llevaban en el sobre más indicaciones que ISIDRO LÁNGARA (MÉXICO). ¡Y llegaban a su destinatario sin el menor problema!

Pese a contar con 34 años y no ser el mismo que había abandonado España una década atrás, Lángara regresó por fin a su país para disputar la temporada 1946/47, anotando la nada despreciable cifra de 18 goles en un campeonato liguero en el que jugó 20 encuentros, lejos de los 34 tantos de Zarra pero cerca de los obtenidos por el resto de goleadores del momento (sólo le superaron el madridista Pruden con 25, y con 19 dianas el gijonés Méndez y el españolista Calvo). Incluso fue convocado para jugar con la selección española frente a Irlanda en Dublín el 2 de marzo de 1947, si bien presenció el encuentro desde el banquillo; Zarra era entonces indiscutible.

Su reaparición en el fútbol español fue todo un acontecimiento. Si como es lógico, el regreso a Oviedo resultó apoteósico, parecido interés fue despertando en los sitios por donde jugaba, sin que influyesen las cuestiones políticas.

La sombra de Lángara en el equipo carbayón era tan alargada que la sustitución de su figura se había convertido en toda una obsesión tras la reanudación de las competiciones al final de la Guerra Civil, hasta el punto de que al regreso de Lángara los azules se encontraron con todo un póker de arietes de primer nivel en su plantilla: junto con Lángara estaban el veterano Chas y los jóvenes Echevarría y Cabido, ante lo cual Chas y Cabido se fueron cedidos, al Caudal de Mieres el primero y al Deportivo de la Coruña el segundo. Lángara llegaría a decir que para qué le habían hecho regresar si Echevarría era mejor que él.

En la temporada 1947/48 su participación ya fue bastante más escasa (disputó únicamente 9 encuentros de Liga en los que no obstante marcó 5 goles). 

Con 36 años regresó a México donde hizo sus pinitos como entrenador en Puebla sin excesiva fortuna.

Con las inevitables discrepancias entre las fuentes, gol arriba o abajo, sus 322 goles en 291 partidos de las máximas competiciones ligueras de España, Argentina y México a lo largo de más de una década (con el paréntesis bélico, cuando se encontraba en su plenitud) hablan por sí solos, teniendo en cuenta además que nunca jugó en equipos “grandes”, de los acostumbrados a obtener títulos. Como referencia podría apuntarse que su sustituto natural como centro delantero del fútbol nacional, Telmo Zarra, logró 252 goles en 278 encuentros de Liga. En sus dos etapas Lángara logró sobrepasar el centenar de goles (104) en la 1ª división española sin necesidad de alcanzar los cien partidos (únicamente jugó 90).

Quizás podría afirmarse que la vida futbolística de Lángara, pese a estar plagada de éxitos relevantes, no alcanzó las cotas que podría haber alcanzado. Y es que las circunstancias de la época tan convulsa que le tocó vivir no fueron precisamente las más propicias.

Partiendo de que comparar distintas épocas no tiene mucho sentido y de que nunca sabremos cuál habría sido el rendimiento de las figuras de otros tiempos en el fútbol actual ni de las de hoy en el de hace décadas, que Lángara resista en algunas clasificaciones estadísticas pese a haberle tocado vivir unos tiempos tan distintos en todo (medios de comunicación, inexistencia de galardones como el Balón o la Bota de Oro, etc., etc.) deja bien a las claras que estamos ante uno de los más grandes goleadores de la historia del fútbol; sus números le avalan.

 

 

EDUARDO MUÑ

Publicado en: General

Nº 25

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