Apogeo y caída de una tribuna (I)

Resumen

Durante la temporada 1927-28 el Sporting vivió una de las situaciones más difíciles de su historia. Sin apenas competir, sumido en una parálisis deportiva y financiera como resultado de su decidida apuesta por la Liga Máxima, la entidad rojiblanca lograría, no obstante, remodelar el estadio de El Molinón en su totalidad, construyendo una gradería general
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Durante la temporada 1927-28 el Sporting vivió una de las situaciones más difíciles de su historia. Sin apenas competir, sumido en una parálisis deportiva y financiera como resultado de su decidida apuesta por la Liga Máxima, la entidad rojiblanca lograría, no obstante, remodelar el estadio de El Molinón en su totalidad, construyendo una gradería general y una imponente tribuna cubierta de preferencia en un tiempo récord.

Para comprender el aislamiento al que se vio sometido el conjunto gijonés hay que empezar explicando el conflicto de intereses en el que vivía el fútbol patrio en aquel momento.

Con el profesionalismo ya reglamentado desde 1926, los clubes se habían visto en la necesidad de obtener mayores ingresos de taquilla para hacer frente a las demandas cada vez más elevadas de sus principales figuras y subsistir económicamente. Los campeonatos regionales resultaban escasamente rentables para los equipos punteros, puesto que sus estadios sólo se llenaban en los partidos de máxima rivalidad. Por ello se hacía necesario la creación de una nueva competición que incrementara notablemente  las recaudaciones. Pero, como siempre en el fútbol español, la división era la tónica predominante.

La Unión de Campeones, integrada por los seis conjuntos que hasta el momento habían ganado la Copa del Rey[1], venía propugnando la celebración de una Liga entre sus miembros, cerrada al resto. Como respuesta, al final de la campaña anterior se había creado la Liga Profesional de Clubs de Foot-ball (en la que figuraba el Sporting), con la intención de formar un torneo liguero de mayor calado, que albergara a un mayor número de participantes. Ambas agrupaciones eran conocidas también como «Minimalistas» y «Maximalistas» respectivamente, de acuerdo con el tipo de competición que defendían. 

Las Federaciones Regionales[2] se mostraban reticentes ante el proyecto «Maximalista», pues temían que una liga amplia pudiera interferir con el desarrollo de los torneos comarcales y del propio Campeonato de España, haciendo peligrar su continuidad. Por eso, la gran mayoría apoyaba la propuesta de la Unión de Campeones que, al disputarse entre sólo seis equipos, permitía la celebración del resto de eventos.

En la asamblea de la RFEF se escenificó la fractura del balompié nacional. La nueva junta directiva fue vetada por los delegados de seis federaciones regionales (entre ellas la asturiana), quienes se negaban a reconocer la autoridad del Comité Nacional al considerar que favorecía el proyecto «Maximalista». La designación del máximo mandatario del Athletic madrileño, Luciano Urquijo, como secretario federativo, autentico motor y aglutinante de la Liga Profesional de Clubs (que también presidía), era el motivo de la discordia.

En el Principado la situación estaba al rojo vivo. El Sporting era el único equipo regional embarcado en las discusiones liguistas y se encontraba abiertamente enfrentado con el estamento federativo provincial, totalmente contrario a la celebración de la Liga Máxima. El veto a Luciano Urquijo por parte del resto de clubes motivó la renuncia del conjunto rojiblanco al certamen regional y, por ende,  la retirada de su delegado de la Federación Asturiana.

El 25 de agosto, con los ánimos muy caldeados tras los acontecimientos de la última asamblea regional, un directivo sportinguista realizaba unas declaraciones al cronista deportivo de El Noroeste en las que se reflejaban con meridiana claridad las razones subyacentes del conflicto:

No, no variaremos de criterio. Lo tenemos bien meditado. Los Clubs de la Liga jugaremos nuestro torneo, y para esto comprenderá usted que más nos perjudica que nos favorece el Campeonato Regional; entre jugar seis partidos con los Clubs asturianos y jugar diez o doce con Clubs como el Español, el Celta y demás que figuran en la Liga, la elección no es dudosa. Por eso nosotros, sea cual sea la solución que tenga el pleito actual, hemos de resistirnos a intervenir en el torneo regional. Para nosotros era un sacrificio, y hemos sido relevados de él; el Oviedo puede ahora llevar la carga que tanto tiempo soportó el Sporting“.

 Así las cosas, con «Maximalistas» y «Minimalistas» fijando por separado los calendarios de los dos torneos, se produjo el último intento por acercar posturas. La RFEF celebró una Asamblea Extraordinaria el 1 de septiembre en Madrid. La renuncia pactada de Luciano Urquijo pareció serenar los ánimos y dejaba abierta la posibilidad de un acuerdo entre las partes. Pero pronto se comprobó que el entendimiento era imposible. Al día siguiente, se debate la propuesta del voto proporcional, por la que se pretende adjudicar a cada región un número de votos en consonancia con su historial deportivo. Con el reparto previsto las federaciones históricas, eminentemente partidarias de la Unión de Clubs, llevan las de ganar, por lo que las controladas por la Liga Profesional exigen una nueva fórmula. Como resultado, se escenifica la escisión del fútbol en nuestro país. Una parte de las Federaciones Regionales -defensoras de las tesis «Minimalistas»- deciden no participar en el Campeonato de España y jugar un torneo aparte. Éstas eran: Castilla-León, Centro, Guipúzcoa, Vizcaya, Cataluña y Asturias. La guerra futbolística ya es total.

En el Principado el organismo regional sortea el calendario del campeonato provincial incluyendo al conjunto rojiblanco entre los equipos contendientes. Una vez solventado el escollo del «tema Urquijo», el Sporting se aviene a participar siempre y cuando se le permita disponer de fechas libres para atender sus compromisos ligueros, y no se cierren las puertas al Campeonato de España. Pero la Federación rechaza de plano estas condiciones, por lo que el club desecha jugar un certamen que no le resulta rentable, y menos aún al no poder disputar el torneo de Copa.

Cabe señalar que una vez que la guerra futbolística se desató en toda su magnitud la Liga Máxima dio libertad a sus integrantes para disputar los torneos regionales. Pese a las anunciadas deserciones, a excepción del Sporting todos los equipos se las arreglaron para participar. El firme apoyo del club al proyecto «Maximalista» iba a costarle muy caro.

Finalmente, las dos competiciones ligueras iniciaron su andadura, cada una por su lado, al tiempo que lo hacían también las disputas regionales. Los equipos que integraron la Liga Minimalista, también llamada Torneo de Campeones, fueron: Athletic de Bilbao, Real Madrid, Real Sociedad, Barcelona, Arenas de Guecho y Real Unión de Irún. En la Liga Maximalista participaron los siguientes conjuntos: Sevilla, Celta, Athletic de Madrid, Murcia, Racing, Iberia de Zaragoza, Español, Valencia y Sporting.

Para intentar salvar la temporada la RFEF, tras solicitar un voto de confianza a las partes enfrentadas, ordenó a todas las territoriales participar en el Campeonato de España. A finales de noviembre el Comité Nacional envió a dos de sus delegados a Asturias, los señores Cabot y Fernández Prida, para que mediaran entre el Sporting y la Federación, y lograran que el equipo rojiblanco pudiera intervenir en el torneo regional. En un principio fueron varios los clubes que se negaban a que los gijoneses interviniesen en el torneo asturiano, que ya había concluido su primera vuelta. Pero ante la petición de transigencia por parte de los emisarios federativos, se aprobó por amplia mayoría la participación del club rojiblanco. Sólo el Racing de Sama se mostró en contra.

Una vez resuelta esta cuestión se procedió a la búsqueda de la mejor solución para el campeonato. La dificultad estribaba en la falta de fechas para que el Sporting se pusiera al día. Se discutieron distintas alternativas, pero tras cinco horas de negociación no pudo llegarse a un acuerdo. Esto dejaba al club sin posibilidades de disputar la Copa del Rey, y ante el cariz que estaban tomando los encuentros ligueros la situación del equipo de cara al resto de la campaña se vislumbraba dramática.

En efecto, el Sporting había comenzado su participación en la Liga Máxima en septiembre, con dos partidos en El Molinón saldados con una victoria sobre el Sevilla (4-2) y una derrota frente al Celta (0-3). Era el inicio de una competición que iría perdiendo fuelle, al igual que la Minimalista, conforme los torneos regionales entrasen en su recta final. Los rojiblancos jugarían otros dos partidos en octubre, uno en noviembre, y dos más en diciembre. En enero se disputaría un único match, que precedería a un largo parón provocado por el inicio del Campeonato de España. Esto da una idea de las dificultades que hubo de afrontar la entidad.

La institución intenta soslayar la situación mediante la celebración de encuentros de carácter amistoso, pero como el resto de clubes están inmersos en las distintas competiciones apenas encuentra rivales con los que medirse. Además, durante la primera parte de la temporada, la Federación Regional no puso las cosas nada fáciles a los dirigentes sportinguistas. Se prohibió la disputa de partidos no oficiales los días de Campeonato Asturiano, e incluso realizar entrenamientos en El Molinón, ya que podían restar público al resto de encuentros y perjudicar económicamente a los clubes y al propio organismo federativo, que percibía el 5% de la entrada a los campos. Era una auténtica andanada contra el Sporting, que se veía forzado a la inactividad ante la imposibilidad de concertar amistosos en aquellos fines de semana en los que no tuviera compromisos ligueros. Pese a ello, la afición no daba la espalda al equipo: “No hay partidos, no se juega el Campeonato Regional, y el número de asociados no disminuye y la recaudación de cuotas supera a la de épocas de normalidad“.

Para el Sporting significó un pequeño respiro el fallo del Comité Nacional respecto a la celebración de amistosos en la región los días en que hubiera competición. La Federación Española determinó que se podía jugar en El Molinón si no había partidos a menos de 10 Kilómetros de Gijón.

La inactividad que atravesaba el equipo rojiblanco propició una curiosa anécdota. Las buenas relaciones existentes entre el conjunto gijonés y el Athletic de Madrid, que habían quedado patentes durante las discusiones federativas, propició la cesión al club colchonero de tres de los futbolistas con más futuro de la plantilla: Adolfo, Tronchu y Pena, para reforzar sus filas en el campeonato de la zona Centro. Llegaban con la condición de que habrían de estar a disposición del cuadro asturiano en los partidos de Liga Maximalista. Recibieron el apelativo de «jugadores taxi», porque se desplazaban entre Gijón y Madrid para llegar a tiempo a los encuentros de ambos equipos. No serían los únicos gijoneses en el cuadro de la capital, pues el Metropolitano ya gozaba con la ciencia de Ramón Herrera, fichado a comienzos de la temporada. Con ellos el Athletic se proclamaría campeón regional. El trasvase de jugadores entre los dos clubes no constituía una novedad. Veintidós años antes el conjunto madrileño había contado con el concurso de algunos de los mejores jugadores sportinguistas de la época: los hermanos Fernando y Saturnino Villaverde y Secundino Felgueroso. En aquel entonces, fue la ausencia de competición oficial en Asturias y el hecho de que el mayor de los Villaverde se alineara con los colchoneros durante buena parte del año, pues residía en la capital mientras cursaba estudios de ingeniería, lo que facilitara la llegada de sus compañeros.

Hay que señalar que, pese a las dificultades para encontrar contrincantes, el Sporting celebró algunos encuentros amistosos durante la disputa del Campeonato de España, lo que ayudó a sobrellevar en cierta medida la «travesía del desierto» en la que se encontraba. Osasuna (1-2), Racing de Ferrol (3-3) y (2-1), y Español (3-3) se enfrentaron a los rojiblancos en El Molinón, éste último disputó también un partido de Liga en marzo, en el que se impuso por tres goles a cinco.

Una circunstancia iba a compensar, en cierta forma, la parálisis deportiva en la que se había visto envuelto el Sporting. Este año tocaba a Asturias acoger un partido de la Selección, por lo que el Comité Nacional envió una delegación a la región, a mediados de marzo, para elegir el escenario del encuentro. Pese al interés ovetense, la Federación Española decidió celebrar el choque entre España e Italia en El Molinón.

La elección de Gijón como sede del partido internacional movilizó a la ciudad. El Sporting convocó una asamblea pública para el domingo 25 de marzo, a las doce de la mañana, en los salones del Círculo Mercantil, a la que asistieron representaciones de las fuerzas vivas de la villa. Se estableció una Comisión Directiva encargada de contactar con industriales, comerciantes y particulares a fin de recaudar fondos para la ampliación y reforma del estadio rojiblanco. Estaba integrada por Ismael Figaredo y Roberto G. de Agustina, en representación del club, y por Pedro Eguren y Antonio Iglesias, tenientes de alcalde del Ayuntamiento. Se pretendía que el acontecimiento deportivo tuviera la resonancia que un evento de estas características merecía.

La envergadura de la tarea emprendida queda perfectamente reflejada en el siguiente artículo, publicado en el diario El Noroeste el martes 28 de marzo:

La gente que acudió ayer tarde al Molinón sufrió una gran sorpresa al ver derruido cuanto allí había. De las antiguas graderías, tanto de preferencia como de general, que allí existían, no queda nada en pie. Todo ha venido abajo; parte, como la gradería central de preferencia, para echar sus restos al fuego; parte, como las laterales y la de general, para ser armadas en sitio apropiado, según el nuevo proyecto.

Éste ya está ultimado y hoy mismo se empezará a ejecutar; hasta ayer se destruyó, desde hoy se construirá. Y ello ha de hacerse con una celeridad desacostumbrada, trabajando día y noche, a fin de que para el día 22 esté todo perfectamente ultimado. Hoy se sacarán unas fotografías del aspecto que ofrece el campo, sin un palo en pie, para compararlas con las que se obtengan el día que pisen el terreno del Molinón los equipos representativos de Italia y España.

Como decimos más arriba, ya está decidido cuanto se refiere a obras en El Molinón. La gradería central partirá de donde está la caseta actualmente y correrá todo a lo largo del campo dando vuelta al goal de fondo, tras de cuya puerta terminará. Será de madera y se aprovechará la que existía, agregando lo que sea preciso. Se calcula que podrá acomodar cerca de seis mil personas.

En la parte de preferencia se construirá una gran tribuna, a base de muros de cemento, carriles de hierro, bovedilla y asientos de madera. Tendrá un largo de 108 metros, de córner a córner. En la parte baja irán ochenta palcos, tras de los cuales habrá un pasillo de acceso a las gradas, las cuales tendrán también entrada por la parte trasera. Toda la tribuna llevará una cubierta que vuela once metros, y que irá revestida de uralita. Se calcula en cerca de cuatro mil personas las que se pueden colocar con comodidad en esta tribuna.

En la parte baja de la misma irán todos los servicios del campo, casetas para los jugadores y para el árbitro, duchas, cabina para el teléfono, almacén, enfermería, gimnasio, etc.

Las actuales graderías laterales se colocarán en el goal del fondo por la parte de preferencia. Con esto queda cerrado todo el campo con graderías, excepto por la parte de entrada, que quedará libre para desahogo del público.

Todas las graderías irán separadas del terreno de juego cinco metros cuando menos, a fin de que la visualidad sea perfecta desde todos sitios.

En el campo propiamente dicho también se está trabajando, aunque se encontraba en condiciones inmejorables: se está sembrando y abonando, y para dentro de un mes ha de llamar poderosamente la atención.

Por estos detalles podrán darse nuestros lectores cuenta de la importancia de las obras que se están realizando en El Molinón. Se ha concedido a Gijón el honor de que italianos y españoles se encuentren en su principal estadio y Gijón se dispone a demostrar que es merecedor de tal honor“.

Conforme avanzaban las obras se iban publicando en los diarios locales las cantidades recaudadas hasta entonces en la suscripción pro-partido, así como el nombre de todas las entidades y personas que, con su participación, hacían posible tamaña proeza. Al final se superaron las 90.000 pesetas en la colecta. El apoyo de los gijoneses no se tradujo sólo en aportaciones económicas. Numerosos entusiastas se sumaron al trabajo de los obreros, echando una mano en el transporte de materiales. Los Sirgadores del Volga, les llamaban. La ciudad vivió unos días de frenética actividad.

El diario La Prensa fue uno de los que más se significó en el tratamiento gráfico del alzado de la tribuna. He aquí algunos ejemplos:

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La Prensa 17 de abril

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La Prensa 19 de abril

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El 20 de abril se dieron por terminados los trabajos de ampliación, pintándose los antepechos, la gradería y los palcos de color azul, y de blanco la valla que circundaba el césped. El amplio espacio que separaba la valla de los graderíos se había cubierto con tierra roja para destacar más el terreno de juego.

Ese mismo día se produjo la llegada del combinado italiano. Centenares de personas recibieron a los transalpinos en la Estación del Norte, lanzando vivas a Italia al tiempo que la banda de música tocaba el himno nacional de su país. Los jugadores fueron saludados por el nutrido grupo de autoridades y delegaciones deportivas que los esperaban, entre ellos el seleccionador español y varios componentes del equipo nacional, y después la comitiva partió en automóvil siendo vitoreados por las calles de Gijón.

Al día siguiente los italianos se entrenaron en La Campona, feudo del Club Gijón, y esa misma tarde se produjo una simpática anécdota. El seleccionador italiano, Sr. Rangone, se ofreció a arbitrar el encuentro amistoso concertado entre el Osasuna de Pamplona y el Club Gijón, actuando como jueces de línea el capitán de la escuadra azzurra, Baloncieri, y el responsable del conjunto español, José Ángel Berraondo. Así lo hicieron, al menos durante la primera parte del choque. El partido finalizó con victoria del conjunto navarro por 2-4, obra de Quirós para los locales y de Lazcano y Gurucharri (3) por parte visitante. Los pamplonicas tuvieron la gentileza de vestir de blanco para permitir al flamante equipo local (resultado de la fusión entre el Fortuna y el Unión Deportivo Racing) lucir su acostumbrado color rojo.

Finalmente, el 22 de abril se celebró el esperado acontecimiento, que fue presidido por el infante don Jaime. El nuevo recinto, con capacidad para 15.000 personas, se quedó pequeño el día del match. Cuando ambos conjuntos saltaron al terreno de juego el campo presentaba una entrada cercana a los 20.000 espectadores (casi cinco mil se acomodaban en los amplios paseos de general y preferencia), deseosos de contemplar buen fútbol. El partido, sin embargo, fue de poca calidad, jugándose además con excesiva dureza. España se adelanto en la primera mitad al transformar Quesada un penalti, y después ya casi no dio una a derechas. El dominio correspondió al cuadro italiano que logró empatar tras el descanso por medio de Libonatti. La gran actuación de Zamora, magistral toda la tarde, evitó la derrota del equipo español. Lo mejor del partido fue sin duda el lleno absoluto en el estadio, que dejó una recaudación de 125.000 pesetas y el debut del sportinguista Adolfo, el segundo jugador rojiblanco en vestir la camisola de la Selección. Sin duda, fue el momento de apogeo de la nueva tribuna que aún habría de vivir otro acontecimiento especial.

 Imagen de la tribuna, abarrotada, el día del choque:

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 Los dos equipos, lanzando los clásicos hurras de rigor antes del encuentro:    

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 Ataque español por el flanco derecho. El back italiano, Caligaris, se anticipa a Adolfo.

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 Un día después del encuentro internacional se celebró el homenaje de la Liga Profesional al Sporting por su compromiso en la defensa del certamen Maximalista. Algunos de los mejores futbolistas del torneo forman un combinado y se enfrentan en El Molinón al cuadro local (reforzado), a beneficio de las necesitadas arcas rojiblancas. La selección de la Liga venció por 4-3 en un choque espectacular.

Éstas fueron las alineaciones presentadas:

Sporting: Zamora (Español); Cuesta, Sedeño (Sevilla); Bango, Tronchu, Pena; Adolfo, Loredo (Racing), Palacios (Racing de Madrid), Pin, Nani;

Selección Maximalista: Jaumeandreu (Iberia); Santiuste (Racing), Carrasco (Osasuna); Hernández (Valencia), Ocaña (Sevilla), Ordóñez (Athletic de Madrid); Lazcano (Osasuna), Goiburu (Osasuna), Óscar (Racing), Zorrozúa (Iberia), Brand (Sevilla);

El encuentro, dirigido por Antonio Cárcer (presidente del Colegio de Árbitros), resultó espectacular, mucho mejor que el disputado por los combinados nacionales veinticuatro horas antes. Los ex rojiblancos Loredo y Palacios (2) marcaron para el conjunto local, obteniendo Hernández, Lazcano y Goiburu (2) los tantos de la formación liguista.

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Por la noche se celebró un banquete en el Restaurant Mercedes, en el que se dieron cita representantes de todos los clubes integrantes de la Liga Máxima.

Y poco después, el 28 del mismo mes, se celebraba otro banquete en el mismo lugar en honor de los responsables de la Comisión Directiva y Recaudadora, con cuyo esfuerzo se había logrado la remodelación completa del estadio sportinguista. El testimonio de gratitud se hizo extensivo a los técnicos encargados de las obras realizadas, Miguel G. de la Cruz, Antonio Cuevas y Enrique A. Sala.

Hasta el final de la campaña el cuadro gijonés sólo celebraría otros tres encuentros «oficiales», disputados entre el 20 de mayo y el 7 de junio. En dichos partidos el Sporting dio entrada a jugadores que acababa de incorporar a sus filas como Campanal, Morís o Paco Quirós, además de Corugedo, cedido por el Club Gijón para reforzar a los rojiblancos frente al Athletic de Madrid. Cabe reseñar que estos últimos partidos ligueros se tomaban ya más como amistosos que otra cosa, permitiéndose incluso el reemplazo de los futbolistas expulsados por reservas. El fracaso de la competición era evidente.

Como se sabe, ni «Maximalistas» ni «Minimalistas» consiguieron jugar todos los partidos programados en sus campeonatos respectivos, siendo el caos organizativo la tónica imperante. La Liga tendría que esperar al año siguiente.

Sería entonces cuando se evidenciara en toda su crudeza las consecuencias de la aventura en la que se había embarcado el club rojiblanco durante la presente temporada, pues la magna obra realizada en El Molinón habría de pasar la debida factura.

 [1] En el que se había incluido a la Real Sociedad como continuador del equipo que bajo el amparo legal del Club Ciclista de San Sebastián había conseguido el título de 1909.

[2]  Apoyadas por los clubes más modestos, quienes temían que la Liga los dejase en un segundo plano, abocados a la desaparición.

 

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Publicado en: General

Nº 26

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