Solidaridad blanca

Resumen

Nadie negará que en estos años, y en especial en las dos últimas temporadas ligueras ¡y de las cuales una no acaba sino de empezar! Se está manifestando de muy diversos modos una fractura en el entorno madridista. Los hechos, rápidamente, son los siguientes, y el lector con toda seguridad los conocerá mejor que nosotros,
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Nadie negará que en estos años, y en especial en las dos últimas temporadas ligueras ¡y de las cuales una no acaba sino de empezar! Se está manifestando de muy diversos modos una fractura en el entorno madridista.

Los hechos, rápidamente, son los siguientes, y el lector con toda seguridad los conocerá mejor que nosotros, mas no vendrá mal traer algunos a escena para plantear correctamente la contradicción blanca.

Por un lado, se ha expulsado a Valdano, por otro, Mouriño ha sido (y por tanto, sigue siendo) calificado como mínimo de «provocador», a los jugadores se les ha disfrazado de mouriñizados, el madridismo «noble» que ronda los palcos del Bernabéu no se manifiesta o está de perfil, pero del perfil bueno (¿Cuál será ese perfil?), Casillas y algún otro reprochaban actitudes a Ronaldo, y ahora a míster Mouriño; pero a su vez, la artillería mediática, tanto escrita, radiada como televisiva o internáutica coinciden en rematar el nuevo paradigma del talante deportivo y que hace sacar malas notas al club blanco. La cosa está clara, y muchos merengues hablan de «campaña antimadridista». Pero nadie negará otra vez que ese madridismo empieza incluso a sospechar hasta del mismísimo seleccionador nacional, nuestro querido Del Bosque, quien parece avivar las ansias mediáticas de Prisa, Intereconomía, Onda Cero, La Sexta, Etc., no digamos las de Sport, Mundo Deportivo, TV3, Ona Fm, etc.. La presión al club blanco, justificada o no, es total una vez que en los estadios de España los cánticos asumen la adormidera antimadridista sin contemplaciones.

Todo este arsenal de afirmaciones puede documentarse abundantísimamente, y que no necesitaría husmearse más allá de un día cualquiera es hasta cierto punto un sentir objetivo. Ahora bien, En este pequeño, casi atómico lugar opinológico, ponemos muchas de esas sentencias entre paréntesis cuando menos. Porque no admitimos que se deforme el sentir blanco. De ninguna manera podemos, los millones y millones de merengones que militamos en este modo de ver nuestra liga,repetimos: de ningún modo podemos aceptar que se nos silencie en aras de una falsa caballerosidad defendida por nuestros mayores enemigos, más que simples contrincantes, pues no olvidemos que su lema siempre va más allá del simple juego futbolístico. Estamos empezando a despertar, y tenemos una ventaja… la diremos al final.

La deformación no es información simplemente, y cuando va más allá de la caricatura, es decir, cuando transita del ámbito de la comedia, a otro terreno entonces debemos estar alerta, pues quizás el terreno comience a ser el de la tragedia. Y no olvidemos que lo agonístico, o sea, lo lúdico-bélico, habita con derecho propio en el espacio de lo trágico. Hay que ser cauto cuando en el ámbito de lo lúdico-bélico empezamos a hablar de que unos somos más que un club, mientras que los otros son partidarios de un secta (mouriñizada) que han perdido su caballerosidad antaño ondeante en nuestros estandartes. Unos son y pueden ser algo más que un simple juego nacional, pero otros no lo pueden ser. ¿El madridismo puede ser también más que un club?

Volviendo sobre el presunto sentir blanco y sus contradicciones. Nosotros no dudamos nuestro estandarte no puede ser sostenido por otro soldado que aquel que nos defiende si es que la cuestión va más allá de los clubes de simple juego deportivo, cosa que evidentemente es verdad. Lo que los madridistas queremos es que se nos reconozcan no sólo nuestros defectos, sino también y sobre todo, nuestras virtudes. Unas virtudes que no se reducen a las simples elegancias lúdico-deportivas, pues no somos nosotros los que vamos más allá de lo simplemente deportivo. Si el juego se extiende a otros ámbitos, entonces necesariamente los defectos y los afectos deberán ser proporcionados y estarán determinados a esos nuevos contextos que van más allá de lo que en teoría ocupa a un club. No somos nosotros los que ponemos el inri fuera del terreno de juego.

De acuerdo con esto, es necesario situarse en el frente correcto de la soldada. Nuestro equipo no puede estar sólo nunca como ahora lo está (salvo unos escasos juligans que dan la nota colorista y tienden a defender a capa y espada a nuestro sentimiento merengue). Y menos cuando se le ataca desde tantos frentes. La fortaleza blanca, la gran virtud occidental, ahora está acosada a muerte y además con poca caballerosidad. Es nuestro deber denunciarlo y posicionarnos con nuestros jugadores, con nuestro escudo, con nuestras armas que son las que nos defenderán del coloso blaugrana, un gigante que nunca ha sido tan poderoso, pero que nunca ha sido tan injustamente favorecido.

Se hace virtud, no sabemos si de la necesidad o de qué otra cosa, pero lo que sí entendemos es que el madridismo necesita ser defendido públicamente más que nunca, y que haciendo eso asumimos un papel en la vida. Una vida que ahora toma ejemplo de nuestros jugadores, que forman, otra vez, parte de algo más que un club. Es una necesidad histórica. El transcurrir de los hechos así ha querido que suceda en nuestro país a diferencia de otros que también tienen ligas. O si se prefiere, el pegamento que liga nuestras ciudades, a las cuales defiende cada afición según convenga, y que las liga en un circuito futbolístico ha llegado al extremo de que el club más poderoso de ese ligamen suprurbanístico nos reboce constantemente su trascendentalidad, su más allá con respecto al resto, suexcepcionalidad, o su … demasiado a la cara como para callarse.

¿Qué virtud desarrollas si te callas?¿realmente se desarrolla alguna virtud o excelencia? ¿cuál despliega nuestra persona cuando defiende a los representantes de nuestro club? ¿estamos posicionándonos adecuadamente cuando atacamos a Mouriño? ¿pero no es Mou nuestro héroe actual? ¿no es claro y meridiano que él está dando su persona por nuestro equipo? ¿no es evidente que su compromiso personal queda fuera de toda duda una vez que se ha ganado todos los desfavores de los medios de comunicación? ¿no es obvio que los que tejen contra él, o sea, contra el general de nuestro ejército semanal liguero, en realidad nos están atacando a nosotros? ¿cómo podemos hacer virtud cuando en plena disputa en el campo de batalla nuestros directivos tejen por detrás contra Mou porque les está quitando de la poltrona? ¿qué virtud propia de una persona civilizada se puede enseñar como norma moral cuando por detrás se usan afinidades electivas silenciosas para fingir que se representa con ellas al madridismo? ¿cómo se pueden creer que el sentimiento básico de la guerra futbolística puede ser aplacado con un falso señorío de gacetilla veinteañera?

Qué los valdanos, butragueños, pardezas o capas tengan amistad con los pipis, pulidos, efes, y tantos otros agarramicrófonos, desde hace unas cuantas décadas no debe ser nunca, y subrayamos lo de nunca, causa para no defender al madridismo cuando es injustamente zarandeado. Porque entonces ¿Dónde está la solidadridad lúdico-bélica que reivindica la afición madridista? Que nos quedamos solos. ¡Mejor! Eso nos pondrá en nuestro lugar. Ladran luego cabalgamos. Nosotros llevamos una camiseta que enarbola en primer lugar y ante todo la solidaridad madridista.

Y recordemos que su concepto no es el que se suele asignar a una ONG o se suele farfullar en los medios así como si supieran de qué se habla. El concepto de juego exige que exista un enfrentamiento, una agonística, una batalla, unas normas que organicen esa institución propia de las ciudades ligadas entre sí por algo más que meros caminos. El concepto de solidaridad exige que para en su empleo lingüístico implique una racionalidad real que vaya más allá del simple farfullar palabras biensonantes, exige que esa virtud se desarrolle frente a terceros. Precisamente frente a los que nos atacan. Pues sino cómo iba a entenderse en concepto de soldado, un concepto que tiene la misma raíz semántica. Unos soldados, unos jugadores serán solidarios frente a los otros, y los que entre bambalinas emponzoñan el devenir de la tragedia del juego son simple y llanamente traidores, y lo peor de todo, siempre figurarán en los mitos como figuras de la traición, nunca como figuras de la solidaridad.

Nosotros debemos soldarnos a los que nos defienden a capa y espada, debemos ser solidarios a muerte con nuestro capitán, que ya no es, según parece (aunque eso es un debate abierto) Casillas. Nuestro Napoleón no tiene compromisos personales, ni debe favores a la prensa desde hace décadas, no ha comido tantas y tantas veces con los abrazamicrófonos, ni ha urdido como ellos hacen para defender ¿el madridismo? Estaremos solos ante el resto. Muy bien, esa será la prueba de las virtudes blancas. Ahí aflorará la primera virtud del fútbol, la solidaridad frente a los que nos atacan. Y cuando nuestros capitanes abandonen y desfallezcan quedarán los logros de nuestras virtudes. Algo que cuando te pones la camiseta ya no siendo un niño no puede dejar de hacerte pensar que en algo te cambia la persona. Te suelda a un escudo.

La bola records

Publicado en: General

Nº 26

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