De manzanas y peras: sobre la clasificación histórica liguera

Resumen

Entre las numerosas medidas puestas en práctica durante los años 90 por los organismos futbolísticos para dotar al juego de una mayor viveza y, sobre todo, hacerlo más ofensivo y espectacular, intentando desterrar el fútbol especulativo, las precauciones excesivas, el centrocuentismo sin objeto, la ausencia de goles, en suma, que estaba lastrando el desarrollo de
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Entre las numerosas medidas puestas en práctica durante los años 90 por los organismos futbolísticos para dotar al juego de una mayor viveza y, sobre todo, hacerlo más ofensivo y espectacular, intentando desterrar el fútbol especulativo, las precauciones excesivas, el centrocuentismo sin objeto, la ausencia de goles, en suma, que estaba lastrando el desarrollo de las competiciones internacionales, se encontraba la de otorgar tres puntos por victoria, en lugar de los dos habituales. De esta forma, el empate pasaba a tener un valor muy relativo, significando mucho más la pérdida de dos puntos que la ganancia de uno.

Los primeros en introducir esta variante en su competición doméstica habían sido, cómo no, los ingleses, nada menos que en la temporada 1981-82. Este cambio apenas tendría eco fuera de las islas (sólo un puñado de países, y ninguno de primer nivel, seguiría sus pasos) hasta que la FIFA acordó instaurar dicha medida en la Copa del Mundo de 1994.

En España se adoptó el nuevo sistema de puntuación en la campaña 1995-96 (la del doblete del Atlético de Madrid), y el principal efecto clasificatorio fue el “estiramiento” de la tabla, haciendo más patente las distancias entre los equipos. Algo que se ha ido manteniendo hasta hace escasas temporadas, cuando se ha producido una notable novedad, el “apelmazamiento” de la segunda mitad de la clasificación, con un numeroso grupo de conjuntos separados por diferencias mínimas, al tiempo que los dos clubes más poderosos de la nación, Madrid y Barcelona, obtienen una ventaja sideral sobre el resto de contendientes, incluido el tercer clasificado. Resultado todo ello del potencial económico, claro está, que se iguala por abajo y se dispara por arriba.

El hecho es que, desde la entrada en vigor de esta disposición, y con la intención de llevar la totalidad de puntos federativos ganados por cada equipo a la clasificación global, los medios de comunicación deportivos vienen publicando la tabla histórica liguera con la inclusión de las victorias de tres puntos obtenidas desde 1994 en adelante, sin considerar que este hecho mediatiza y desvirtúa el resultado final de la misma. Y cada vez lo hará más con el paso del tiempo.

Veamos por ejemplo las cinco primeras posiciones de la tabla así constituida.

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 Considerando que una clasificación no es más que una comparativa, para poder cotejar con un mínimo de coherencia unos hechos (en este caso el comportamiento de cada equipo con respecto a sus rivales en la historia de la competición) es obligado hacerlo sobre valores absolutos, nunca relativos. En este caso, los elementos que determinan el resultado final clasificatorio son las victorias y empates obtenidos por cada conjunto a lo largo del tiempo. Es lo único que indica la superioridad o inferioridad de un equipo frente a sus contrincantes. Y, lógicamente, para poder hacerlo, tanto el valor de la victoria como el del empate ha de mantenerse invariable.

Dicho de otro modo, en la clasificación histórica de nuestra Liga una victoria, pongamos por caso, del Barcelona sobre el Athletic durante los años 30 no puede valer menos que otra victoria del cuadro catalán sobre el vizcaíno en la primera década del siglo XXI. Han de tener la misma consideración.

 Observemos las cinco primeras posiciones de la tabla, esta vez otorgando a la victoria un mismo valor, pongamos tres puntos, que es el sistema al que estamos acostumbrados a día de hoy:

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 Comprobamos que la situación varía, y mucho, en el caso de los puestos 3º al 5º. Es una clasificación basada en hechos inmutables, victorias y empates, que nos ofrece la única forma de valorar realmente la posición histórica de cada equipo en función de sus méritos. Y es que, aunque resulte de perogrullo, quien acumula más triunfos e igualadas en su historial ha de estar necesariamente por encima de quien tiene menos.

 Como ejemplo de lo anteriormente expuesto mostramos la clasificación general del máximo acontecimiento futbolístico. El ranking global de la Copa del Mundo lo mantiene la FIFA sobre la base de 3 puntos por victoria. En sus seis primeras posiciones es el siguiente:

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El vínculo para ver la clasificación completa en la página web es:

http://es.fifa.com/worldfootball/statisticsandrecords/tournaments/worldcup/alltimerankings.html

 Hay otras consideraciones a tener en cuenta a este respecto. Y es que nada impide que en un futuro se vuelva a cambiar el sistema de puntuación. Si cada vez que eso sucediera llevásemos las modificaciones a la tabla histórica llegaría un momento en que ésta dejaría de tener sentido. Por eso, cualquier hipotético cambio sólo debería afectar a las clasificaciones particulares, en ningún caso a la clasificación general.

Además, tal y como nos enseñaron en la escuela, no se pueden mezclar peras y manzanas. Las peras con las peras y las manzanas con las manzanas. O se hacen dos clasificaciones históricas distintas, una sobre la base de dos puntos por victoria hasta el 94 y otra desde entonces con el sistema actual, o se conserva el valor absoluto del triunfo en una única tabla. Todo lo demás supone una distorsión, aunque sea bienintencionada, de la realidad histórica. 

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Publicado en: General

Nº 28

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