Unos apuntes sobre fútbol y religión. Se cumplen 85 años de la primera ofrenda del Real Sporting de Gijón.

Resumen

Como viene siendo costumbre inveterada (sobre todo en las últimas décadas), la plantilla rojiblanca acudirá en las próximas fechas, con cierto retraso respecto a lo que suele ser habitual, a realizar la tradicional ofrenda a la Virgen de Covadonga, invocando su protección de cara a la siempre complicada temporada futbolística. Se trata de un acto
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Como viene siendo costumbre inveterada (sobre todo en las últimas décadas), la plantilla rojiblanca acudirá en las próximas fechas, con cierto retraso respecto a lo que suele ser habitual, a realizar la tradicional ofrenda a la Virgen de Covadonga, invocando su protección de cara a la siempre complicada temporada futbolística. Se trata de un acto sencillo, en la que el capitán y el miembro más joven del equipo depositan una ofrenda a los pies de la imagen, últimamente una camiseta rojiblanca y un balón. A continuación, el capellán del club, Fernando Fueyo, acompañado del sacristán de la basílica, oficia una misa ante los presentes (jugadores, cuerpo técnico, miembros de la directiva y empleados, representantes de la Federación de Peñas, periodistas…) en la que, pese a la solemnidad del acto en la Santa Cueva, no falta el humor.

La relación entre el fútbol y la religión, no obstante, al igual que lo que sucede entre el deporte del balón y la política, no deja de ser un asunto espinoso, que suele generar controversia.

Así, hace pocos años, el actual capellán sportinguista, en el cargo desde 2001, personaje muy conocido en la ciudad, misionero en Burundi durante una década y responsable de la parroquia de San Nicolás de Bari, en El Coto, desde hace casi treinta años, envió a la sección de Cartas al Director del diario El Comercio un escrito, publicado el 26 de octubre de 2006, en el que bajo el título de Vestuario familiar reflexionaba sobre su propia condición dentro del club y desvelaba algunas interioridades de la plantilla relacionadas con el aspecto religioso:

TODAVÍA con la resaca de la injusta derrota ante el Murcia, pero resonando aún en los oídos la ovación y los aplausos que la afición tributó al equipo al finalizar el encuentro, me pongo a reflexionar, informalmente, sobre el momento actual del Sporting cumpliendo un encargo desde mi condición de capellán.

Comienzo con una afirmación que corre de boca en boca: «Este equipo tiene buena pinta».

Parece, en primer lugar, que se ha logrado una llamativa simbiosis entre jugadores y entrenador. Digo llamativa porque basta darse una vuelta por los vestuarios o en los entrenamientos para comprobarlo.

En segundo lugar, es también gratificante la progresiva fusión entre equipo y afición. Crece el número de socios y de público en El Molinón. Compartir en vivo y en directo los avatares del juego es más estimulante para los jugadores y mucho más ‘prestoso’ para los espectadores que se convierten también en actores. ¿Cómo recordamos aquellos vibrantes partidos del año que rozamos el ascenso con el campo pletórico!

Y tercero. Para que el engranaje funcione, todas las piezas han de estar en sintonía. Un equipo no es sólo el que salta al césped. Detrás hay muchas personas que lo sustentan. Desde el que cuida ese césped, hincha los balones o lava camisetas hasta el cuerpo técnico, los que administran los euros o dirigen la entidad. Al sol o en la sombra, todos son necesarios. Sin agravios comparativos y por personalizar, citaría a Emilio de Dios (que por apellido es más de Dios que nadie) porque, tanto con los cinco nuevos fichajes, entrenador incluido, como con los chavales que suben del filial, se ha acertado plenamente. Bingo.

Se preguntan algunos por el papel de un capellán en el club o yendo más a la raíz por qué y para qué meter a Dios en estos asuntos. Y la respuesta es obvia. Si somos creyentes, y los jugadores y técnicos de la plantilla lo son en su totalidad, no tiene nada de extraño que tengamos a Dios presente en nuestra vida. Los mayores recordamos aún aquella recomendación del Astete: hacer la señal de la cruz al salir de casa, al comer, al comenzar nuestro trabajo, al dormir No sólo saber, sino recordarlo con frecuencia, que es Dios quien nos da las fuerzas para hacer bien nuestro trabajo, que de ninguna manera elimina el esfuerzo de cada uno sino que lo presupone.

Cuando a comienzo de temporada nos acercamos a Covadonga a implorar la protección de la Santina para la nueva andadura, no pedimos milagros, sino que manifestamos públicamente que vamos a echar el resto en el cumplimiento de nuestro deber.

Cuando inmediatamente antes del inicio de los partidos rezamos el ‘Padrenuestro’ en el vestuario, entrelazando nuestros brazos en cadena, no le pedimos a Dios que meta goles (no es su especialidad), sino que sepamos desarrollar las cualidades que él nos dio y meterlos nosotros.

Siento que en los últimos tiempos, a causa de las penurias económicas, no se concentre el equipo de víspera, porque en Mareo teníamos unas misas muy ‘prestosas’, verdaderamente participativas y en las que se estrechaban los lazos fraternales, creando un ambiente familiar estupendo. Por supuesto que hay muchos medios para fortalecer ese espíritu familiar, incluso sin acudir a Dios, pero los creyentes tenemos un plus de motivaciones nuevas.

Constatamos con alegría que ese vestuario-familia es una realidad en nuestro Sporting. Hay que cuidarlo y potenciarlo. Que no se rompa como, por desgracia, se rompe en algunas familias cuando andan de por medio las herencias y los dineros.

Veo que trabajan con ilusión porque nadie tiene seguro que el domingo vaya a jugar o tenga que sentarse en la grada. Es un tanto al haber del entrenador. Entre todos se fomentan los valores de la vida en grupo, como la solidaridad, la generosidad, el trabajo en equipo, la educación, el juego limpio.

Dicen que de la juventud se puede esperar lo mejor y lo peor. En el caso del Sporting, soñamos que sean siempre del primer grupo y que presten a Gijón el servicio de hacernos la vida más agradable. Hacer felices a los demás es una bienaventuranza y, si encima nos pagan por ello, mejor que mejor.

Sin caer en sermones y cuando llega la oportunidad les repito a los chavales que sean sencillos y asequibles, que recuerden que viven del pueblo, que, aunque sean unos fenómenos (que los son), no se lo crean. Que no se crean más que nadie, que sería soberbia; ni menos que nadie, que sería un pecado de falsa humildad y un atentado contra la autoestima.

De momento, estamos disfrutando en los partidos. Lástima que muchos ‘¿huy!’ no se redondeen con el gol, que es palabra tan guapa y tan redonda como el balón. Si hasta salimos contentos del campo aunque perdamos

Estamos seguros de que vendrán tiempos (y árbitros) mejores. Amén. ¿Hala Sporting!

FERNANDO FUEYO/CAPELLÁN DEL REAL SPORTING DE GIJÓN

Poco tiempo después, el escrito del capellán sportinguista recibía contestación a través de la misma sección del diario El Comercio, concretamente el 19 de noviembre, en carta de Juan Manso García titulada El Sporting y la religión:

“En el artículo ‘Vestuario familiar’, publicado por este periódico con fecha 26 de octubre, su autor, Fernando Fueyo, que escribe en calidad de capellán del Real Sporting de Gijón, hace unas revelaciones sorprendentes. Concretamente dice, refiriéndose a los jugadores: «Cuando inmediatamente antes del inicio de los partidos rezamos el ‘Padrenuestro’ en el vestuario, entrelazando nuestros brazos en cadena, no le pedimos a Dios que meta goles (no es su especialidad), sino que sepamos desarrollar las cualidades que él nos dio y meterlos nosotros».

Se da la evidente circunstancia de que en España, desde hace treinta años, vivimos, afortunadamente, en una democracia y eso supone, entre otras cosas, que las ideas religiosas que uno tiene o deja de tener son un asunto privado y nadie está obligado a manifestarlas públicamente. Dado que el Sporting es un club que no tiene carácter religioso y que los jugadores que forman su plantilla son profesionales que ganan su vida jugando al fútbol, resultan improcedentes tales prácticas. ¿Qué haría un musulmán o un ateo, por poner un ejemplo, en esa plantilla? ¿Se uniría a sus compañeros en el rezo para no quedar marcado o se apartaría a un rincón del vestuario? Si hace esto último y no mete goles en el campo, ¿aparecerá ante los demás como abandonado de Dios?

Teniendo en cuenta, además, según las manifestaciones del señor Fueyo, que era práctica habitual que el equipo asistiera a misa durante las concentraciones en Mareo, misas calificadas como ‘prestosas’, participativas y que estrechan lazos fraternales, resulta más que evidente el problema que se le presenta al posible disidente.

Creo que no se deberían tomar en vano cosas tan serias como las ideas o sentimientos religiosos que uno pueda o no tener”.

Juan Manso García

Lo cierto es que futbolistas de distintos credos llevan conviviendo desde hace muchos años en el fútbol español, si bien es cierto que la globalización imperante ha hecho que su número haya aumentado en la actualidad, sin que hayan aflorado, que se sepa, tensiones de índole espiritual (llamémosles así). Lo que sí han sido noticia son las cuestiones culturales asociadas a otros hechos religiosos que han afectado la práctica deportiva de futbolistas con creencias diversas, como el periodo del Ramadán en el caso de los musulmanes o el Yom Kippur judío, estados de ayuno y penitencia que han obligado a más de un jugador a perder jornadas de competición.

Más allá de esto, la mezcla de religiones en el vestuario sólo ha provocado alguna que otra situación curiosa. Por poner un ejemplo, en la visita a Covadonga realizada el año pasado por la plantilla sportinguista, el defensa francés Grégory Arnolin, que profesa la fe islámica, esperó a la entrada de la cueva en compañía del delegado sportinguista, Enrique Castro «Quini», mientras el resto de la plantilla celebraba la ofrenda a la Santina. Un hecho sin mayor trascendencia, pero que, en todo caso, demuestra que la cuestión religiosa es un tema lo suficientemente delicado como para tenerlo en consideración.

Sirva lo anteriormente expuesto para anticipar que, también hace ochenta y cinco años, cuando la directiva presidida por D. Ismael Figaredo Herrero decidió que el equipo gijonés honrase a la Virgen de Covadonga, nombrándola Patrona de la entidad, hubo notas discrepantes en los medios de comunicación. Veamos cómo se desarrollaron los acontecimientos:

En aquella temporada 1926-27, con el profesionalismo recién reglamentado, el Sporting había obtenido brillantemente el campeonato regional superando en la clasificación al Club Fortuna de Gijón y al Real Oviedo.

En la Copa el conjunto gijonés fue incluido en el grupo tercero, junto al Deportivo de la Coruña, Racing de Santander y Real Unión de Valladolid. Pese a las lesiones de hombres importantes como Herrera, Quirós o Cuesta, el equipo encabezó la clasificación tras obtener cinco victorias y ceder sólo un empate.

El emparejamiento en Cuartos de Final situó a los hombres entrenados por Manolo Meana frente al temible Real Unión de Irún. En la confrontación de ida, disputada en El Molinón, el Sporting remontó por dos veces el resultado para terminar imponiéndose por tres goles a dos entre el delirio del público. Una semana después, sin embargo, el equipo irundarra se tomaría cumplida revancha en Gal y no dio opción a los asturianos, venciendo por un claro 4-1.

Se hacía necesaria la disputa de un partido de desempate que habría de celebrarse en Santander.

Fue entonces, para preparar un choque de tanta trascendencia, cuando el club decidió concentrar al equipo en Covadonga, iniciando de esta manera una tradición en la institución rojiblanca a la hora de afrontar encuentros decisivos.

Reproducimos una fotografía tomada durante la concentración:

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En la imagen, con la basílica al fondo, figuran de izquierda a derecha: Moyano (masajista), Loredo, Pin, Menéndez, Bolado, Argüelles, Corsino, Domingo, Bango, Cuesta, Herrera, Prida, Morilla, Armando y el entrenador, Manolo Meana.

El 1 de mayo, en los Campos de Sport de El Sardinero, el equipo gijonés se adelantó en el marcador con gol de Ramón Herrera, quien se alineó pese a no estar recuperado en su totalidad. Sin embargo, a la media hora de juego Corsino, el capitán rojiblanco, habría de abandonar el terreno de juego lesionado de gravedad tras sufrir un fuerte golpe en la rodilla. El Sporting con diez jugadores luchó con gran coraje, pero no pudo evitar el triunfo de los guipuzcoanos, que sólo pudieron doblegar al conjunto asturiano en los quince minutos finales del partido.

Cabe señalar que el Real Unión de Irún terminaría alzándose con el título de Campeón de España esa temporada.

Pese a la eliminación copera, la campaña deportiva del conjunto gijonés había resultado plenamente satisfactoria. Los dirigentes rojiblancos quisieron agradecer a la Santina los buenos resultados obtenidos y decidieron poner al club bajo su protección, para lo cual se organizó un acto colectivo en la Santa Cueva el domingo 15 de mayo.

Días antes del evento, en las páginas del diario gijonés El Noroeste, que se autodefinía como democrático independiente, aparecía en las Notas Deportivas el siguiente artículo del conocido abogado, y socio del Sporting, Mariano Merediz:

Del momento

Por Gijón se corrió, que había sido dicha una misa, como ofrenda o rogativa, para que el Real Sporting ganase al Irún. ¡Quizá no sea cierto, pues el Sporting perdió!

Esa misa, si fue dicha, merece el respeto de todos, pues a ella fue -seguramente- ajeno el equipo Campeón de Asturias. Ese Oficio, pudo ser realizado -de ser cierto- por algún creyente que firmemente estuviese convencido de la influencia religiosa para el triunfo de su equipo favorito.

Ahora, por los Círculos, Cafés y corrillos, se habla de que el equipo Campeón de Asturias en el juego de fútbol, irá a Covadonga a ponerse -solamente- bajo la advocación de la Virgen.

Y a esto no tiene derecho ni el equipo, ni la directiva del Sporting, si lo tolera.

El equipo representa a la Sociedad, la cual deberá ser ajena a toda cuestión religiosa.

No debe llegarse al sofisma de que cada componente del equipo -individuo- puede sustentar y ejecutar cuantos actos religiosos y de fe quiera, por que si esto es cierto, no es menos cierto, que como agrupación -equipo- representa a su Club, y no pueden realizar actos que no sean autorizados por la Sociedad cuyos colores ostenta.

Años hace que en España los elementos ultra-clericales vienen realizando una campaña de captación, por la dejadez o incomprensión de los que se llaman liberales.

La cuestión religiosa -se decía- es tema cursi y ridículo. Nadie debe interesarse por lo que se llamó el problema religioso. Ese problema no existe en España. Así se hablaba entre los llamados liberarles españoles.

Entre tanto, en todos o casi todos los pueblos de España se entronizó el Sagrado Corazón de Jesús. En las academias, o en las poblaciones donde las academias existen, se instauraron las agrupaciones de los luises. Y ahora -por lo visto- la captación llega a los equipos de fútbol.

Quizá estas líneas hagan sonreír a quienes desdeñan los ideales de tolerancia y libertad; pero no deben servir de risa a los liberales gijoneses.

Meditemos todos los que anhelamos libertad, en el cambio radical que observó este pueblo querido en muy pocos años. Meditemos en las propagandas que vienen haciéndose.

Obsérvese que hoy el fútbol es lo que más apasiona y conmueve a la conciencia colectiva, que está muerta para otras actividades.

Los componentes del equipo del Sporting, individualmente, antes o después del partido, pueden hacer lo que mejor les parezca, pero colectivamente, como equipo, no pueden realizar acto alguno que no sea autorizado por la Directiva, la que será responsable ante la Junta general de los actos que el equipo realice.

En la lista de socios del Real Sporting existen muchos que censurarán el acto colectivo que pretenden realizar en Covadonga. Y hasta me atrevo a asegurar que entre los componentes del equipo existen algunos -por no decir todos- que van a Covadonga por no atreverse a formular una rotunda negativa.

¿De quién partió la idea?

Creo que interesa a la opinión gijonesa que la Directiva del Real Sporting diga algo sobre el particular.

Mariano Merediz

(Socio del Sporting)

Llegado el día en cuestión, gran parte de la plantilla sportinguista se trasladó a Covadonga para asistir al nombramiento de su Patrona, un acto que con la asistencia de diversas autoridades y personalidades relevantes tuvo un marcado carácter institucional.

D. Alejandro Roces, sochantre de la Basílica, ofició una misa en la Gruta. A continuación, el abad de Covadonga bendijo las medallas que doña Hortensia Quirós, esposa del presidente del club, Ismael Figaredo, regalaba a los futbolistas por la excepcional temporada realizada. Seguidamente, la madrina del equipo, Teresita Argüelles, hija del ex alcalde de Gijón, Donato Argüelles del Busto, hizo ofrenda a la Virgen de un artístico banderín de seda con el que los jugadores obsequiaban a la Santina. En una de sus caras, de color azul, llevaba bordada la insignia del club, y en la otra los colores rojiblancos. Debajo del emblema sportinguista podía leerse la siguiente dedicatoria:

«Los jugadores de este Club a su Patrona».

Terminada la ceremonia religiosa se celebró un banquete en el Hotel Pelayo. Al final del mismo, Domingo, capitán rojiblanco en ausencia del lesionado Corsino, hizo entrega a la madrina de un precioso ramo de flores entre los aplausos de los presentes. Después, realizó una breve alocución en la que expresaba el deseo de los futbolistas de luchar por ofrecer a la Patrona y a la madrina los triunfos que conquistasen. Con más discursos por parte de responsables del club concluyó la reunión.

Más tarde, tanto los jugadores como las personalidades presentes acudieron al domicilio del sochantre, donde se celebró una velada musical en la que el tenor José Riera interpretó bellas canciones acompañado al piano por la señorita Granados.

El acto tuvo repercusión en los distintos medios de comunicación escritos, excepción hecha del diario El Noroeste, que obvió cualquier referencia al mismo.

Abajo, se ofrece la portada del diario gijonés La Prensa, con una fotografía del evento, y la noticia en páginas interiores:

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Como corolario, apuntar que la visita a la Gruta para realizar una ofrenda a la patrona de Asturias no es un hecho exclusivo del conjunto rojiblanco. El Real Oviedo acostumbra a realizar un acto similar al comienzo de cada temporada.

Al fin y al cabo, en nuestro país, la identificación de los clubes deportivos más representativos con los símbolos religiosos de cada comunidad no deja de ser un hecho inherente a nuestra cultura e historia.

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Publicado en: General

Nº 36

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