¿Cómo sería el fútbol catalán fuera de la RFEF?

Resumen

El reto separatista lanzado desde los partidos nacionalistas catalanes a la sociedad española es un capítulo más en la historia de Cataluña. Su desenlace, sea cual fuere, se escapa de nuestra competencia como estudiosos del fútbol. Con todo, al igual que se están mostrando opiniones sobre las posibles repercusiones en los diferentes sectores de la
Artículo
Download PDF

El reto separatista lanzado desde los partidos nacionalistas catalanes a la sociedad española es un capítulo más en la historia de Cataluña. Su desenlace, sea cual fuere, se escapa de nuestra competencia como estudiosos del fútbol. Con todo, al igual que se están mostrando opiniones sobre las posibles repercusiones en los diferentes sectores de la sociedad, consideramos que en el fútbol también se producirían unos cambios muy interesantes. No deja de ser un ejercicio planteado desde la ficción, ya que el hecho no se ha producido. Valoraremos la situación actual y la resultante en el caso de que se produjese la secesión política del territorio catalán.

                                     

En una hipotética Cataluña constituida como estado separado, la Federació Catalana de Futbol sería la única responsable del fútbol en ese territorio. Una de las consecuencias más llamativas sería la recalificación del FC Barcelona en todos los sentidos. Sus dirigentes, especialmente en los últimos años de manera muy manifiesta, han resaltado la identificación del club con las aspiraciones catalanistas, hasta llegar a dar pie a ciertos errores de interpretación: los triunfos del Barça son triunfos de Cataluña, o los catalanes deben apoyar al Barça porque representa a Cataluña. Ha sido una apuesta que, en efecto, ha dado sus resultados ya que el seguidor barcelonista nunca antes se había sentido tan catalán y sus victorias sobre su máximo rival se transforman en un éxtasis de confirmación anticentralista. Cada vez que gana el Barça, Cataluña da un paso más hacia la secesión, o al menos así lo empieza a entender mucha gente. Ahora bien, en el supuesto de que esta ruptura se materialice, el FC Barcelona, entidad dependiente de la FCF, perdería ese papel de abanderado, ya que dejaría de competir en territorio enemigo y sus nuevos rivales serían tan catalanes como ellos. Más aún, por su poderío y potencial, se convertiría en el enemigo a batir: en la liga catalana sería un todos contra el Barça y tratar de ganarles como sea. El público catalán ya no sentiría la necesidad de apoyar o celebrar los triunfos del Barça de forma multitudinaria porque ya no servirían para reclamar ninguna identidad propia ni tendrían el mismo mérito deportivo al producirse ante rivales notoriamente inferiores. Una liga catalana tampoco podría generar los ingresos que actualmente tiene La Liga, puesto que en el mercado internacional se cotizarían a la baja los partidos más importantes del supuesto campeonato como CE Sabadell-FC Barcelona o FC Barcelona-FC Girona, además del decisivo FC Barcelona-RCD Espanyol -¿conservaría su nombre el club barcelonés?-. En definitiva, el FC Barcelona se convertiría en un club, dejaría de ser més que un club.

 

Algunos políticos, pese a su natural torpeza deportiva, llegan a prever este panorama y con la misma facilidad que enuncian sus promesas proponen la permanencia del FC Barcelona en la liga española o, más lejos todavía, la creación de una liga ibérica. Estos políticos ajenos o ignorantes del más mínimo respeto a las normas deportivas, alejan así el temor que pueda tener un barcelonista medio conocedor de que el valor de los triunfos del club se sostiene en la alta competividad actual.

 

Respondiendo por orden de menor a mayor importancia a los disparates propuestos, para que el FC Barcelona mantuviese su presencia en la liga, debería conservar su afiliación en la RFEF. Como su correspondiente territorial ya no forma parte de la misma (los clubs pertenecen a la RFEF a través de sus propias federaciones territoriales) debería solicitar un permiso a la UEFA con las pertinentes justificaciones. Hay casos en Europa como es el Derry City en Irlanda (por conflicto religioso) o algunos clubs galeses en Inglaterra (organización del fútbol profesional en el Reino Unido). En todos ellos se reúnen circunstancias muy especiales y leyes que los regulan. Ignorante y torpe ha sido el político que ha ejemplificado la posible situación comparándola con la del AS Monaco en Francia. El AS Monaco está afiliado a la FFF y por tanto, regulado por la ley francesa. El único pretexto que podría alegar el FC Barcelona para adscribirse a la RFEF es el económico, algo que también podría servirle a cualquier otro club del mundo. Con esos mismos planteamientos, el FC Barcelona podría solicitar participar en la liga italiana o en la francesa… es más, nadie tendría que esperar al resultado de ninguna consulta política: cualquier equipo del mundo podría solicitar libremente su participación en cualquier liga. Está claro que la FIFA atajaría de raíz este despropósito.

 

Más curiosa es la propuesta de la creación de una super-liga entre portugueses, españoles y catalanes. La idea no es nueva. Ya circuló por los años treinta e incluso en los cuarenta, cuando ambas federaciones hablaron de un torneo ibérico. Es una idea atractiva, sin embargo, una posible liga ibérica está en contra de los intereses de la UEFA. Uno de los logros de Platini ha sido disolver el G-14 integrándolo en la European Club Association. Con ello disipaba el fantasma de la super-liga europea exclusiva para los más poderosos fuera del control de la UEFA. Permitir una liga ibérica sería por analogía permitir una liga centroeuropea, o interbritánica… o, -¿por qué no?- una liga latina, extendiéndose a franceses e italianos. En otras palabras, aceptar la creación de una super-liga de élite. Superadas las federaciones nacionales, de nuevo estamos en un orden desmontado, donde los clubs tienen la potestad de elegir la liga que más les convenga. Significaría la devaluación de los campeonatos nacionales, la pérdida del control de la UEFA. Y todos sabemos que eso no entra en los cálculos de los rectores del fútbol europeo.

 

En todo caso, esa intención que ha mostrado el FC Barcelona de no participar en una supuesta liga local se interpreta como un gesto de desprecio a los demás equipos catalanes y de rechazo al nivel competivo del fútbol catalán de clubs.

 

Está claro que un gigante como el FC Barcelona no podría subsistir dentro de un campeonato de nivel medio, semejante al húngaro, búlgaro o noruego. En pocos años, con la pérdida de ingresos televisivos, el club iría reduciendo su potencial y vería recortada su supremacía ante los rivales locales. En un futuro más o menos próximo, el FC Barcelona, en el mejor de los casos, gozaría de un reconocimiento similar al del actual Ajax o, con menos éxito, al Anderlecht, grandes históricos que han acabado cediendo por pertenecer a ligas menos competitivas.

 

Hay que reconocer que los dirigentes del FC Barcelona han aprovechado la corriente soberanista para estrechar más los lazos con la sociedad catalana. También los partidos catalanistas han utilizado al FC Barcelona para divulgar su ideología independentista gracias a su tremenda popularidad a nivel nacional e internacional. Hasta el momento han salido beneficiadas las dos partes. Pero el problema llegará para el FC Barcelona si la secesión de Cataluña se produce, porque la grandeza de esta institución deportiva no reside en Cataluña, sino en sus éxitos dentro del fútbol español y europeo. Un FC Barcelona asfixiado económicamente dentro de un campeonato catalán estaría obligado a renunciar a las máximas aspiraciones deportivas, esas que en la actualidad mueven a centenares de miles de seguidores y simpatizantes de todo el mundo. Por eso, sin calificar la propuesta secesionista como positiva o negativa, sencillamente diremos que tal y como está estructurada actualmente una empresa como el FC Barcelona, un Estado Catalán fuera de España perjudicaría gravemente los intereses deportivos y económicos del club.

 

La situación del RCD Espanyol, marginado y olvidado por los ideales secesionistas, sería muy diferente. De entrada, en un campeonato con clubs exclusivamente catalanes pasaría de forma automática a ser la segunda potencia futbolística. Cierto es que sus ingresos por taquilla se verían mermados, costaría retener a sus mejores jugadores, pero por muy afectado que fuese, siempre lo haría en menor medida que el FC Barcelona. La masa social del RCD Espanyol no se resentiría tanto como la barcelonista, porque el grado de politización es mucho menor. Hay que recordar que en la actualidad muchos seguidores de equipos modestos catalanes lo son también del FC Barcelona. Una vez perdido el incentivo catalanista, y más al ver que su equipo pequeño está en la máxima categoría local, lo más lógico es que se decanten por apoyar al club más próximo a su corazón, bien sea el Sant Andreu, la Gremanet o el Manresa, por ejemplo. Otro punto que favorece al RCD Espanyol es que casi garantizaría su presencia en torneos europeos, hecho que compensaría en cierta forma económicamente el descenso de ingresos por otros apartados. Así, reduciéndose notablemente las diferencias entre el FC Barcelona y el RCD Espanyol, los blaquiazules volverían a ser el rival capaz de competir por la hegemonía del fútbol local. Sin embargo esta situación descrita no deja de ser un consuelo menor, pues hay que recordar que los espanyolistas, a lo largo de la historia, han conseguido cuatro veces proclamarse campeones de España, además de haber disputado dos finales europeas.

 

Y así como el gran perjudicado sería el FC Barcelona y en una menor medida el RCD Espanyol, también debemos señalar que el fútbol catalán en líneas generales, en cambio, saldría beneficiado.

 

Por un lado podría formar una selección absoluta para competir en el plano internacional plenamente. Es una reivindicación que se ha manifiestado en cada uno de los partidos internacionales que la FCF ha organizado por su propia cuenta, siempre cargados por un alto componente político. Esa selección catalana asumiría plenamente el valor icónico con que se identifica actualmente al FC Barcelona como representante de Cataluña, relegándolo a los asuntos meramente deportivos. Es fácil entender que para una postura secesionista se hace atractivo imaginar qué jugadores podrían formar parte de este combinado catalán y el nivel de competitividad que podrían alcanzar. No en vano, muchos internacionales nacidos en Cataluña forman parte de la selección española, campeona de Europa y del Mundo. El reglamento de la FIFA les permitiría soñar más aún, puesto que los jugadores canteranos podrían elegir la selección que deseen defender: Iniesta, Pedro, Messi… Pero no hay que dejarse llevar por casi imposibles y sí centrarse en hechos más previsibles: también algunos catalanes preferirían jugar con España. Dependiendo en qué fecha fuese admitida la FCF en la FIFA, y siempre con el consentimiento de la RFEF, su participación internacional comenzaría por torneos menores, siendo la Eurocopa de 2015-2016 la primera competición absoluta en la que podría entrar, si el supuesto hecho se consumase este mismo año; y si hablásemos del calendario propuesto por CiU habría que esperar hasta la edición de 1923-1924 como más pronto.

 

La estructuración del fútbol catalán de clubs sería totalmente diferente. Actualmente el FC Barcelona ejerce una hegemonía que es perjudicial para el resto de clubs catalanes. Propiamente los asfixia. El RCD Espanyol ha pasado de ser el gran rival que le disputaba el Campionat de Catalunya en los años treinta a un club que aspira a mantenerse en la Primera División nacional. Pese a que ha ganado la Copa de España varias veces y ha gozado de breves períodos excepcionales de éxito, desde los años 60 compite en Primera División por los puestos de permanencia. Peor situación corren los otros clubs catalanes. Cataluña es una región, por su potencial humano y económico, que debería contar con al menos tres equipos en Primera División, sin emabrgo, desde hace unos años el tercer equipo de la región es el FC Barcelona /B. No podemos evitar la comparación con Madrid, donde el Real Madrid, que también ha monopolizado la hegemonía en la capital en los últimos años, tiene como vecino a un equipo competitivo, con títulos nacionales e internacionales. Además, la región madrileña cuenta con otros dos equipos en Primera División: Rayo Vallecano y Getafe CF. Igualmente sucede en Andalucía, cuatro clubs en Primera División, donde la histórica hegemonía del Sevilla FC es respondida con alternativas como fueron sus rivales béticos en otros períodos, el Granada CF en los 70 o actualmente el Málaga CF. Esa superioridad en conjunto que ofrecen los clubs madrileños y andaluces sobre los catalanes no es proporcional al potencial de jugadores que tienen estas regiones. El monopolio del FC Barcelona limita mucho más las opciones de los demás equipos catalanes que el del Real Madrid con los madrileños o el Sevilla FC con los andaluces. Por reflexionar en un hecho: la última vez que Cataluña contó con tres equipos en Primera División fue en la temporada 2006/07, siendo la anterior la de 1987/88. Hay que remontarse a los años 1947/48 y 1948/49 en que Sabadell y Nàstic compitieron junto a Español y Barcelona en la máxima categoría.

 

Por eso, en un campeonato catalán propio, la falta de ingresos por derechos, el descenso de espectadores y las desmotivación en la competición provocarían que el FC Barcelona cediese mucho terreno a sus rivales. Dando por hecho la ya menciona pérdida de referente de la identidad catalana -sería absurdo organizar mosaicos en el Camp Nou con la senyera ante rivales como el Nàstic o el Hospitalet-, el FC Barcelona tendría serios problemas para mantener su poderío económico. La caída del poderoso abriría las opciones a todos sus rivales. Así el RCD Espanyol, como ya hemos señalado, volvería a ser el gran enemigo del FC Barcelona. Y aparecerían nuevos nombres entre los aspirantes como el CE Sabadell FC, el Girona FC y el Nàstic… además de recuperarse los históricos clubs de la ciudad de Barcelona como la UE Sants, el CE Europa o la UE Sant Andreu, así como los del cinturón, CF Badalona, CE L’Hospitalet, UDA Gremanet. Todos ellos acrecentados por el desplazamiento de la masa social barcelonista desmotivada por la falta de intensidad competitiva. La presencia de estos modestos en los torneos internacionales serviría para hacerles crecer en todos los sentidos.

 

No cabe duda de que toda esta idílica imagen del fútbol catalán pasa por desmontar una realidad muy complicada. Por un lado el FC Barcelona es su máximo representante en España y en Europa. Es un club que cuenta con cientos de miles de seguidores y simpatizantes por todo el mundo. Despierta la admiración por sus éxitos deportivos. Pero ha asociado su nombre al catalanismo y a esa causa ha entregado su propia identidad. Y si la propuesta secesionista consigue el objetivo político, el FC Barcelona definitivamente perdería todas esas condiciones. El verdadero dilema para la entidad azulgrana está en reafirmarse en la línea que lleva e inmolarse en sacrificio o denunciar su instrumentalización y anteponer los intereses deportivos y económicos del club. El FC Barcelona tiene más peso que todo el fútbol catalán junto. ¿Debe renunciar a ello como club?

 

Hay un antecedente histórico de una situación parecida. En 1936, tras el estallido de la Guerra Civil Española, el fútbol catalán vivió unos momentos marcados por las circunstancias políticas. En agosto de 1936 la Generalitat de Catalunya destituyó a José Rosich, representante de la FCF en la Federación Española de Fútbol, contra la voluntad de Juan Bautista Roca, que también duró poco en el cargo de presidente de la territorial porque el 14 de ese mismo mes se presentó en esas oficinas un grupo armado al mando del cual iba el consejero municipal de Barcelona Ramón Eroles, quien en nombre del Comité Central de Milicias Antifascistas declaró incautada dicha Federación. A partir de esos momentos la FCF pasó a depender del Comisariado de Educación Física y Deportes de Cataluña y el propio Ramón Eroles comunicó que él mismo se hacía cargo de la FCF.

 

En sus primeras manifestaciones Ramón Eroles proclamó la necesidad de potenciar el fútbol catalán al margen del español. Y con esa idea trató de aprovechar la suspensión de las competiciones nacionales acordada por la FEF en octubre de 1936. Celebrado el Campionat de Catalunya en las fechas habituales de los años anteriores, la falta de un Campeonato Nacional de Liga dejaba todo un calendario por cubrir. Mientras que a iniciativa del presidente del Valencia FC, Fernández Tortajada, los clubs valencianos y catalanes negociaban la organización de una competición interregional, Eroles enunció la creación de una la Liga Catalana con 14 equipos1 ante los diferentes estamentos de la FCF2. Y así se produjo el primer gran enfrentamiento entre la ideología secesionista y los intereses de fútbol profesional en Cataluña.

 

La respuesta de los seis clubs profesionales, con apoyo del sindicato de jugadores fue disputar la Liga del Mediterráneo, la competición entre valencianos y catalanes. Con ello se rechazó la organización de una Lliga Catalana propia. Todavía Eroles se empecinó en que dichas fechas coincidían con las eliminatorias de promoción del Campionat de Catalunya aunque, tras muchas discusiones, plantes de jugadores, dimisiones, e incluso la intervención del secretario de la FEF Ricardo Cabot -quien para Eroles no significaba nada-, la FCF acabó concediendo el permiso a sus cuatro clubs que no estaban implicados en la promoción para jugar contra los valencianos.

 

Estaba claro que el fútbol profesional catalán apostó por la solución que más le interesaba y olvidó otras cuestiones ideológicas. La Liga del Mediterráneo, aunque distaba mucho de ser el Campeonato Nacional de Liga, garantizaba unas taquillas aceptables, además de la compensación económica que los clubs catalanes habían pactado con los valencianos por participar. Los clubs aseguraron unos ingresos y los jugadores sus sueldos. Era evidente que una liga regional con catorce equipos hubiese sido una ruina.

 

Hay que reseñar que Eroles, con un pensamiento de izquierdas, concebía que la profesionalización del deporte era un vicio, generado por el capitalismo, que había que erradicar. Por eso el FC Barcelona y el CD Español y sus respectivas plantillas profesionales, fueron sus principales opositores. En un tiempo en que oponerse a cualquier bando implicaba el riesgo de muerte, los jugadores profesionales constituidos en un sindicato de clase pudieron mantener el pulso con dignidad, ya que antepusieron la solidaridad entre compañeros a los intereses meramente ideológicos. Es posible que esta falta de apoyo por parte de la Serie A a la Liga Catalana irritase a Eroles que tuvo que aprender y aceptar que el presidente de la FCF, por muy incautador y antifascista que fuese, tenía mucha menos fuerza que los dos clubs más poderosos de la región.

 

Este episodio del fútbol catalán profesional se cerró con la gira del FC Barcelona por América. De esta manera daba la espalda a la propuesta de un campeonato regional. Lógicamente todos los permisos para poder realizar el viaje fueron gestionados por el secretario de la FEF Ricardo Cabot, ya que la FCF no tenía ninguna competencia. Mientras, de nuevo los equipos valencianos y catalanes, llevados por la necesidad económica, organizaron otra competición y de nuevo chocaron con otros intereses, siendo el descartado esta vez el Granollers SC que no participó en la Copa España Libre, ganada por un Levante FC con importantes refuerzos del Gimnástico FC.

 

Cuando el club azulgrana regresó de América cinco meses después ya había descapitalizado su equipo. El dinero recaudado, unos 12000 dólares, fue depositado en un banco de París, evitando así que fuese requisado por el gobierno republicano o por la propia Generaliat. Las posibilidades de desarrollar una actividad futbolística se cerraban exclusivamente a Cataluña. En la temporada 1937/38 ya sin sus estrellas ganó el Campionat de Catalunya con ventaja de tres puntos sobre el CD Júpiter y el FC Badalona, que fueron sus principales rivales. Sufrió tres derrotas: CD Júpiter 2-0, CD Europa 3-0 y FC Gerona 3-2. El CD Español, mucho más flojo, se clasificó en quinto lugar.

 

En la primavera de 1938 La FCF finalmente vio materializada la Lliga Catalana con diez equipos (ocho eran de la ciudad de Barcelona o alrededores más el SC Iluro de Mataró y el CD Manresa) en la que ya no participaron todos los clubs de la Serie A. Muy condicionado por el conflicto bélico fue un torneo sin interés ni deportivo ni económico, concebido solo para dar una imagen de normalidad, pese al conflicto bélico, en la sociedad catalana y prolongar la temporada futbolística.

 

Finalmente, en otoño de 1939, concluida la Guerra Civil, el Campeonato de Cataluña disputó su última edición. Venció el RCD Español con claridad (posteriormente ganaría la Copa del Generalísimo) y el FC Barcelona se clasificó tercero, detrás del Gerona FC. La continuación ya pertenece a otro capítulo.

 

 

Nota: hemos respetado la nomenclatura de la época al citar los clubs.

 

1 Los seis de la Serie A: CD Español, FC Barcelona, Gerona FC, Granollers SC, CS Sabadell, FC Badalona; y los 8 de la Serie B: FC Martinenc, CD Europa, CD Júpiter, Vich FC, US San Andrés, FC Tarrasa, UA Horta y US Sans.

 

2 La FCF incautada estaba organizada de tal manera que todos los estamentos tenían representación: el comité de dirección, los seis clubs de la Seria A (profesionales y semi-profesionales), los ocho clubs de la Serie B (segunda categoría), el fútbo aficionado, el sindicato de profesionales (jugadores y entrenadores, afiñliados a la UGT) y los árbitros.

 

Hazte Socio
Sobre nosotros

Jefe de documentación de la IFFHS

Publicado en: General

Nº 38

Números publicados

Revista indexada en:

dialnetdialnet
Tienda oficial de CIHEFE
Hazte Socio
Foro

Redes sociales