El periodista Gourmet

Resumen

Hace ya bastantes años en los que, por razones de trabajo y distancia (aunque internet hace que este inconveniente suene a excusa), no me es posible escuchar los programas radiofónicos gijoneses de la sobremesa de los lunes, generalmente realizados desde diversos establecimientos hosteleros (cada cadena de radio tiene su “sede”, que lógicamente patrocina el espacio)
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Hace ya bastantes años en los que, por razones de trabajo y distancia (aunque internet hace que este inconveniente suene a excusa), no me es posible escuchar los programas radiofónicos gijoneses de la sobremesa de los lunes, generalmente realizados desde diversos establecimientos hosteleros (cada cadena de radio tiene su “sede”, que lógicamente patrocina el espacio) en los que, tras la comida de rigor, se analizan los pormenores de la jornada futbolística dominical. Suele realizarse una tertulia a la que acude alguno de los protagonistas del encuentro y en donde se dan cita representantes de la prensa regional, no faltando la presencia de ex jugadores, técnicos, directivos y de alguna que otra personalidad del ámbito deportivo, empresarial o cultural de la ciudad. En los animados debates que se suscitaban, haciendo frente ya a los postres o el café, se trataba de lo divino y de lo humano, y se repasaba todo lo acontecido en el partido disputado por el Sporting. Entre polémicas arbitrales, censuras o alabanzas al entrenador de turno y la narración de las hazañas futbolísticas de los ases asturianos, se deslizaban también las correrías de los periodistas que acompañaban al equipo para cubrir la información del evento, cuando éste tenía lugar a domicilio.

Así, junto a las anécdotas del viaje, no era infrecuente que salieran a relucir las jornadas gastronómicas vividas, desgranándose detalles de los manjares degustados y de los templos culinarios visitados, alternándose los locales de moda con los restaurantes de mayor solera. De tal forma que, a la conclusión de la temporada, uno podía ir haciéndose una especie de Guía Michelín, con sólo prestar atención a las recomendaciones realizadas por los profesionales de la pluma o el micrófono, tras cada fin de semana de salida al “exterior”. Convendrán conmigo en que no es mala forma de conocer un país el recorrer su geografía, disfrutando de las especialidades de la cocina regional, para presenciar los partidos del equipo de tus amores.

 

Para que se vea que la fama de gourmets y bon vivants de que suelen gozar los cronistas deportivos viene de antiguo, reproducimos la peripecia vivida por Trensor, periodista del diario El Comercio, en su viaje para cubrir el encuentro de desempate correspondiente a los Cuartos de Final del Campeonato de España de la temporada 1918-19, entre el Vigo Sporting y el Sporting de Gijón, que hubo de disputarse en Santander.

El traslado se realizó en un moderno coche de la marca «Overland», puesto que el representante en Gijón de la casa de automóviles, Nicolás Ochoa, invitó al reportero a trasladarse a la capital cántabra en uno de sus vehículos. Esto es lo más destacado de su «crónica viajera»:

 

La blandura del coche Overland, la habilidad y seguridad del joven mecánico, Dalmacio Prida, la grata temperatura y la belleza del paisaje, nos hicieron llegar a Santander con ese optimismo que da la labor informativa comenzada con tan felices auspicios.

Así que, en cuanto pusimos pie en la simpática y progresiva ciudad montañesa, que ha hecho del Sardinero un centro veraniego que asusta por la riqueza, elegancia y buen gusto que se advierte en cuanto allí se ha hecho, fuimos al «Royalty» y al «Áncora» a «aperitear» y «mariscar» en medio de una nube de gijoneses, pues ambos cafés estaban totalmente ocupados por los entusiastas del foot-ball, que habían ido en autos, motos y vapores a presenciar el partido. Aquella acera del bulevar Pereda parecía la calle Corrida de once a una de la mañana de un domingo. Para que la ilusión fuese completa sólo faltaba un salón limpia-botas, y en frente una melée de aficionados, comentando lo que pudiera pasar en la lucha que se avecinaba.

Después de almorzar en el «Royalty» en una mesa frontera a la que ocupaba el equipo de Vigo, marchamos al Casino del Sardinero a tomar café, y luego nos dirigimos a los Campos de Sport, donde ya había una multitud enorme y una de automóviles en fila que daba la impresión de la cantidad y calidad de los espectadores.

(…) Abandonamos Santander media hora después de terminar el partido. Nuestro deseo era llegar a Gijón en las primeras horas de la madrugada para dar a las cajas las cuartillas que ya llevábamos escritas, y que nuestros lectores conocieran al detalle la lucha al día siguiente de verificada. Pero ocurrió que nos paramos a cenar en San Vicente de la Barquera, en aquel placentero «Miramar», mitad fonda y mitad museo arqueológico, y cuando nos dispusimos a continuar la ruta, por un golpe al cerrar la portezuela con la viveza propia del ansia de llegar cuanto antes, se fundieron las bombillas eléctricas de los reflectores, y ya sin luz, estando como estaba la noche tan oscura, hubimos de esperar el sol del nuevo día pernoctando en San Vicente, en la grata mansión de don Silverio Gómez, o séase, del dueño de «Miramar», sitio éste placentero de donde se marcha uno con pena“.

 

Ingrata labor, sin duda, la del gacetillero…

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Publicado en: General

Nº 39

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