Records

Resumen

Se está poniendo un tanto peligroso esto de asignar records en fútbol, especialmente si se pretenden que sean absolutos. Basta que una cifra sea anunciada para que el registro de detentores del record empiece a multiplicarse. Algo falla.  Durante las primera quincena del mes de diciembre saltó la noticia del nuevo record goleador de Messi.
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Se está poniendo un tanto peligroso esto de asignar records en fútbol, especialmente si se pretenden que sean absolutos. Basta que una cifra sea anunciada para que el registro de detentores del record empiece a multiplicarse. Algo falla.

 Durante las primera quincena del mes de diciembre saltó la noticia del nuevo record goleador de Messi. Y seguidamente surgieron el de Zico en Brasil y el del zambiano Chitalu. El del brasileño no preocupaba mucho al anunciador del record, pues el argentino azulgrana, si no ocurría nada extraño, lo tenía muy a mano, pero los 107 goles del desconocido africano se escapaban en todos los sentidos: cantidad de goles, fecha de su registro y fecha de su descubrimiento… y criterio para obtener la cifra, lo único importante.

En sí es un hecho anecdótico porque se barajen las cifras que se barajen, este tipo de records no son consustanciales a la esencia del fútbol. Afortunadamente la FIFA ha recordado a los incansables buscarecords que ella no se encarga de homologar lo que no está bajo su control. No hay que olvidar que el fútbol oficial se rige exclusivamente por los reglamentos que definen las competiciones y los resultados de sus partidos. Claro está que con esa respuesta se da vía libre a cualquiera para asignar, descubrir u homologar un record, incluido al famoso libro Guinnes, que habrá que explicar qué tiene que ver con el fútbol certificar la hamburguesa más grande del mundo o la mayor concentración de personas disfrazadas de papa noel en un mismo lugar.

Sabemos que hay records de dominio público como el de que Pelé ha ganado tres veces la Copa del Mundo o Paco Gento es el que reúne más triunfos en las finales de Copa de Europa. Son incuestionables y, posiblemente por ello, nadie se preocupa por homologarlos.

 El problema se empieza a plantear cuando el criterio para establecer el record no se ajusta al referente competición/resultado por un lado y por otro, cuanto más se aleja de la objetividad en beneficio de otros factores más interesados. En el primer caso, es sencillo señalar qué club dentro del mismo campeoanto ha ganado más certámenes, ha sumado más puntos, ha vencido más partidos o ha marcado más goles… en cambio, es más complicado si queremos interrelacionar diferentes competiciones y naciones. Es más cómodo fijar un record tomando la referencia a partir de una selección o un club, mientras que aplicarlo sobre jugadores exige precisar mejor los criterios.

La IFFHS, gracias a mantener colaboradores e investigadores en la mayoría de los países miembros de la FIFA, va haciendo el trabajo de manera correcta. En primer lugar establece unos parámetros comunes a todos los países en las diferentes etapas de su historia. Hay que tener en cuenta que ni el mapa político del mundo ha sido siempre igual ni las condiciones institucionales han sido las mismas a lo largo de 150 años de historia del fútbol. Entre otros puntos que ya ha definido la IFFHS están los encuentros internacionales de selecciones absolutas y los campeones absolutos y de copa de cada país. Las competiciones internacionales de clubs, aunque de hecho son más recientes, también han necesitado las correspondientes especificaciones.

 A partir de estos puntos esenciales ya se puede empezar a operar con los datos estadísticos y, consecuentemente, obtener resultados para establecer los records que tanto atraen a un sector de los aficionados, teniendo como condición máxima la objetividad a través del rigor del dato.

El peor enemigo de la estadística objetiva es la opinión. En un mundo, el del fútbol, donde el partido dura 90 minutos y la opinión cubre el resto del tiempo se hace casi imposible llegar a un acuerdo. Es fácil encontrar comentarios partidistas según quien emita su juicio: del “una heroica defensa numantina” podemos pasar al “antifútbol que coloca el autobús” según apoye o no al equipo que defendió el 0-0 en campo del líder.

 Y es que la opinión no se mueve por parámetros, sino por impresiones y cálculos a ojo. Este mismo año, el FC Barcelona será el vencedor del Ranking Mundial de Clubs de la IFFHS. Posiblemente la opinión mayoritaria, sin necesidad de hacer ninguna operación de cálculo, asiente con este galardón, porque en un alto porcentaje de comentarios se destaca la gran calidad y superioridad del equipo barcelonista. Sin embargo, no deja de ser contradictorio, porque el FC Barcelona, a lo largo de todo el año 2012, solamente ganó la Copa de España, quedando por debajo del Real Madrid (Liga y Supercopa de España), Atlético de Madrid (Europa League y Supercopa de Europa) por citar a dos rivales españoles. El Chelsea FC se llevó el título más importante de Europa y el SC Corinthians el del mundo y por muchas opiniones que se inclinen por el FC Barcelona, la Champions de 2012 está en las vitrinas del Chelsea FC y la Copa Mundial de Clubs está en Sao Paulo, que es lo que certifica la UEFA y la FIFA respectivamente.

 Entonces ¿qué? ¿Dejamos paso a la opinión o contabilizamos solamente títulos? ¿O entramos en la estadística, única disciplina que puede organizar racionalmente ese dilema?

 La estadística tiene que ser independiente de la opinión porque se guía de datos contabilizables y significativos. La estadística en el fútbol está organizada en un único sentido: el que más veces alcanza su objetivo es el que destaca, el que establece el record. Entre las diferentes competiciones oficiales actuales hay una jerarquía que no es absoluta. ¿Qué es más importante, la Liga nacional o el Mundial de Clubs? Además, los clubs juegan tres y hasta seis competiciones oficiales por temporada. Unos 70 partidos, los mejores equipos. Es, por lo tanto, un buen recurso seguir las estadísticas para definir qué conjunto ha sido el mejor del año, independientemente al número de competiciones ganadas. Y este año ha sido el FC Barcelona.

Lo malo surge cuando se cruzan los parámetros y se confunden los titulares. Por ejemplo, la Bota de Oro debía entregarse al máximo goleador de las ligas europeas. El premio se hizo atractivo y pasó a la firma comercial adidas. Mientras el ganador pertenecía a una liga importante de Europa no hubo ningún problema, hasta que empezaron a entrar jugadores menos conocidos, llegándose a dudar de la fiabilidad de sus cifras. Con esa excusa, y cediendo a criterios económicos, la Bota de Oro actualmente se concede a partir de puntuaciones y no de goles, para asegurar que el ganador proceda de una de las ligas destacadas del continente (con la consiguiente repercusión en los medios de comunicación) y no dar paso a un desconocido. No hay que confundir: los intereses de las marcas que patrocinan el galardón son lógicos y satisfacen a la mayoría de los aficionados; lo que no es ético es el título absoluto (máximo goleador de las ligas europeas), porque la mayoría de las veces no lo es. Estos records están manipulados en beneficio de intereses particulares y en perjuicio del deporte abierto. Si las firmas comerciales quieren patrocinar un trofeo y asegurarlo en beneficio de un jugador famoso, que circunscriba el nombre del trofeo a sus intereses: Máximo goleador de las ligas con mayor presupuesto de Europa, por ejemplo, y no se esconda bajo esa imagen de reconocimiento deportivo, porque no lo es.

Las estadísticas deportivas no miran ni dificultades, ni dinero, ni condiciones secundarias. Si contamos goles, goles contamos. Y al que no le guste el resultado que dan las estadísticas que no las invoque, que se aferre a su opinión y a su cálculo mental. Citarlas como argumento cuando son favorables y rechazarlas en caso contrario dicen muy poco del espíritu crítico y se ajusta más a parámetros del seguidor incondicional de un equipo que al del profesional de la información.

 

 

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Jefe de documentación de la IFFHS

Publicado en: General

Nº 39

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