Primera gira americana de una selección vasca

Resumen

Transcurrían los primeros años de la década de los veinte y el profesionalismo futbolístico empezaba a “salir del armario” en nuestro país, aunque a riesgo de exponerse a la ignominia popular,  pasada una primera etapa del llamado amateurismo marrón, que hizo observar a los jugadores de los diversos clubes que si la gente pagaba por
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Transcurrían los primeros años de la década de los veinte y el profesionalismo futbolístico empezaba a “salir del armario” en nuestro país, aunque a riesgo de exponerse a la ignominia popular,  pasada una primera etapa del llamado amateurismo marrón, que hizo observar a los jugadores de los diversos clubes que si la gente pagaba por verles jugar, era lógico que ellos cobrasen por ofrecer el espectáculo. En consecuencia había que buscar la forma de generar mayores ingresos para hacer frente a los gastos, resultando insuficiente los escasos partidos que ofrecían los Campeonatos regionales y en el mejor de los casos cinco encuentros del Campeonato de España para los respectivos campeones. Fue entonces cuando comenzaron a proliferar en gran manera los partidos amistosos, siendo éstos contra equipos extranjeros los que más llamaban la atención de los aficionados, pasando por nuestros campos la flor y nata de los equipos europeos como Sparta de Praga, Nüremberg FC, Wienner Sport Club, MTK de Budapest o Gradjinski de Zagreb, entre otros, proporcionando sustanciales beneficios para ambas entidades.

El prestigio que el futbol español alcanzó con el éxito de Amberes, también abrió las puertas a los clubes españoles para intentar alguna aventura internacional, como la realizada por el Real Madrid por tierras italianas a finales de 1920 y los esporádicos escarceos de los equipos vascos y catalanes por Francia, de los gallegos y andaluces por Portugal, y algún otro por el Norte de África. Pero durante el verano de 1922 acaparó la atención de los medios informativos la gira que un grupo de jugadores vascos efectuó por América. Según contaba el historiador Bernardo Salazar en una anterior edición de los Cuadernos de Fútbol, todo comenzó cuando en los días previos a la final del Campeonato de España, que Barcelona y Real Unión de Irún iban a disputar en Coya, apareció por la ciudad de Vigo un tal Mariano Hermoso exponiendo en los círculos periodísticos y deportivos su proyecto de llevar a tierras sudamericanas un combinado futbolístico que mostrase allí los grandes progresos que en este campo habían realizado los jugadores españoles, fruto del cual había derivado el sorprendente éxito olímpico, ofreciendo, al mismo tiempo, toda clase de garantías y ventajosas condiciones económicas.

El proyecto tuvo una grata acogida por parte de los dirigentes federativos guipuzcoanos desplazados para la final y también entre los jugadores iruneses, tomando forma en el viaje de regreso y los días posteriores. El Sr. Hermoso continuó su labor informativa en la misma federación regional, y en sus locales el presidente, Salvador Díaz Iraola, convocó para el 29 de mayo una reunión entre sus afiliados donde se aprobó la realización del viaje, para lo cual se solicitarían las pertinentes garantías avaladas. En posteriores reuniones se ultimaron los detalles, acordándose disputar un total de once partidos en Argentina, Uruguay y Brasil, proyectándose el regreso para la segunda quincena de septiembre. Se acordó que la expedición fuera encabezada por Salvador Díaz, además de un delegado del Real Unión de Irún, Leopoldo García, otro de la Real Sociedad, Javier Olasagastia y Manuel Gil Iturrioz como secretario. El representante de la Federación de Vizcaya, Sr. Isasi, aunque aprobó el proyecto solicitó su desvinculación y delegó en el jugador José María Belausteguigoitia.

Con muchas dificultades y tras varios días de gestiones se pudo confeccionar la lista de jugadores dispuestos a afrontar la aventura integrada por: Eizaguirre, Mariano y Amador Arrate, Olaizola, Artola, Arbide y Martínez de la Real Sociedad; Gamborena, Eguiazábal, Acosta, Patricio, Zabala y Echeveste del Real Unión; Elósegui del Tolosa; Planas del Esperanza; Travieso y Germán Echevarría del Athletic; Careaga del Arenas y José Mari Balauste, el héroe de Amberes que se encontraba en Francia como exiliado político y que anunció su incorporación a la expedición en Buenos Aires. Viajaban, además, W. Martin Harris como entrenador y Tomás de Ysasi periodista. Fue baja imprevista de última hora Antón Arrillaga por sus compromisos militares.

El 23 de junio salió la expedición de la estación del Norte con dirección a Madrid, donde se ultimaron algunas gestiones, y desde allí a Lisboa, embarcándose, cuatro días después, en el trasatlántico Cap Polonio. Tras hacer varias escalas llegaron a la capital de Argentina el 13 de julio, donde fueron recibidos de manera apoteósica por representantes de todas las sociedades españolas afincadas en Buenos Aires y numerosos aficionados. Después de numerosos agasajos, y sin tiempo de descanso, llegaba el primer compromiso futbolístico en tierras americanas.

El día 16, en el abarrotado campo del Sportivo Barracas, se enfrentaron a una selección argentina que utilizaba el nombre de Porteños y alineó a: Magistretti; Bidoglio, Castoldi; Bassadone, Vigliola, Solari; Calomino, Chiessa, Gaslini, Rofrano y Rivet. Por parte vasca jugaron de salida: Eizaguirre; Careaga, Arrate; Gamborena, Olaizola, Eguiazábal; Echeveste, Arbide, Patricio, Artola y Acosta. Arbitró el irlandés Mc Carthy. La falta de acoplamiento y el cansancio hicieron mella en combinado vasco, que en el segundo tiempo fue barrido de la cancha de juego por los argentinos, quienes ganaron por 4-0. La decepción entre la colonia hispana fue muy grande y las críticas extremadamente duras por parte de algunos sectores de la prensa, hasta el punto que el Sr. Díaz tuvo que salir al paso de la campaña con un comunicado que las mitigase, atribuyéndose aquéllas a las divisiones existentes en el seno de la Asociación Argentina.

Tras una semana de continuas recepciones en los círculos sociales bonaerenses, muchas de las cuales ocultaban un acerbado cariz político que poco contribuían a una eficaz puesta a punto de los jugadores, se celebró el segundo partido en el mismo escenario, pero sin tanta expectación. La entrada en el equipo de Germán, Travieso y Zabala mejoraron sensiblemente el juego y el marcador ya que se empató a uno con otra renovada selección Porteña, culpándose al parcial arbitraje una mejora en el resultado. El 30 de julio, la Asociación Argentina organizó un nuevo encuentro con una mediocre selección perteneciente a equipos provincianos. La taquilla se resintió, y también el espectáculo, pero el combinado vasco mostró una gran superioridad y se impuso por un rotundo 4 a 0 materializado por Travieso (2), el recién incorporado Belauste y Zabala. No era para lanzar las campanas al vuelo, dada la entidad del rival, pero ayudaba a levantar una moral que empezaba a resentirse y tenía sus efectos entre los expedicionarios con ligeras discusiones y la formación de grupos antagónicos.

La siguiente cita tuvo lugar en Rosario, realizándose el desplazaron en tren y donde se repitieron las muestras de gratitud. El 6 de agosto se jugó contra una selección local en el campo del Club Atlético Newell’s Old Boys, con una expectación sin precedentes. Fue un gran partido y los anfitriones se impusieron, tan sólo en el marcador, con dos goles de Ernesto Celli, mientras Zabala conseguía el momentáneo empate. Pese a la derrota se causó muy buena impresión, pero el ambiente entre los expedicionarios era cada vez más tenso. Al regreso se hizo una reunión conjunta con el fin de aclarar divergencias, pero todo fue en vano. Tampoco las circunstancia favorecían el entendimiento ni el programa previsto cumplía los objetivos. El partido señalado para el domingo siguiente fue suspendido por orden de la Asociación Argentina y el del día 15 no se pudo jugar por el temporal de lluvia, llegándose al acuerdo de celebrar otros tres encuentros: el día 20 en Montevideo, el 24 en Buenos Aires contra una selección argentina y el 30 despedida ante el conjunto checo del Treplitzer que se encontraba de gira por el país.

Cruzado el estuario del Plata, el combinado vasco se presentó en el campo del Parque Central frente a la selección de Uruguay que alineó a Battignani; Benincasa, Urdinarán; Vanzino, Zibecchi, Ruetta; Arremond, Scarone, Piendibene, Romano y Cámpolo. El encuentro fue muy competido y sólo la nefasta labor arbitral facilitó que los charrúas se impusieran de forma clara con dos goles de Romano en claro fuera de juego; luego Scarone y de nuevo Romano sentenciaron el contundente 4-0.

Se regresó a Buenos Aires en medio de un gran temporal que no cesó en los días siguientes, cosa que obligó a suspender de nuevo el partido previsto, mientras la confrontación con los checos tampoco tendría lugar porque éstos excusaron la participación con diversos argumentos. Se recurrió entonces a un combinado uruguayo formado por jugadores del Nacional y Universal de Montevideo, a los cuales se enfrentaron el domingo 27 de agosto en la cancha del Sportivo Barracas. Fue una brutal contienda que los uruguayos desataron tras el gol inicial de Travieso y que les dio sus frutos en los tres goles de Sacco que cayeron en la meta de Eizaguirre.

Se tomó el acuerdo de abandonar Buenos Aires rumbo a Río el 1 de septiembre, a bordo del vapor Deseado que debía zarpar en la vecina población de Mar del Plata; pero no habían acabado los sinsabores ya que la víspera de la partida el director del hotel comunicó al Sr. Díaz que Mariano Hermoso no había satisfecho la factura. El mismo día 1 transcurrió intentando solucionar el desaguisado y cuando todo parecía arreglado, el Sr. Hermoso presentó una denuncia por incumplimiento de contrato por parte del equipo vasco.

Solucionada momentáneamente la crisis se embarcó rumbo a Montevideo, donde se transbordó al Deseado y se prosiguió viaje a Río. Nuevamente se cambiaron los planes y en vez de jugar en Sao Paulo fue Santos el escenario de un nuevo partido; el día 7 de septiembre, ante a un combinado local y un público más bien escaso, se logró una brillante goleada por 5-1 con tantos de Travieso y Arbide, por partida doble, y Acosta.

Tres días después, con un lleno absoluto en el estadio del Club Palmeiras de Sao Paulo se ponía fin a la gira con el último partido que les enfrentaba a una potente selección del estado. Marcó primero Acosta pero Cabeli empató antes del descanso y luego una genialidad del as brasileño Neco daría la victoria a los paulistas por 2-1. Al día siguiente volvió a aparecer Mariano Hermoso y con él nuevos problemas. Otra denuncia por indisciplina de los jugadores le servía de pretexto para dejar de abonar los gastos de la expedición. Fue precisa la intervención del cónsul de España en Santos, Sr. Fernández Pintado, para poner fin a la extorsión que el promotor pretendía ejercer obligándole a firmar el finiquito de la aventura.

El día 17 se emprendió el viaje de regreso, con muchos menos ánimos que a la ida. Los jugadores siguieron formando grupos sin intercambiar palabra entre ellos y llegados el 4 de octubre a Vigo se alojaron en hoteles diferentes. El epílogo lamentable se dio en la estación de San Sebastián ante el numeroso  grupo de aficionados que acudieron: llegaban en diferentes vagones del mismo tren. Todo ello motivó un cúmulo de críticas por parte de los informadores, como lo muestra esta breve reseña de un periódico donostiarra: Los jugadores pertenecientes a los clubs vascos que hicieron el viaje a América llegaron a San Sebastián el sábado, en el expreso del mediodía. Iruneses y donostiarras vinieron por separado dando una nota lamentable. Se dice que entre ellos existen hondas diferencias. La conducta de estos jugadores ha sido deplorable habiendo partidos en que casi desde el comienzo han hecho plante, poniendo en un brete a directivos y delegados, saliendo al campo sin moral deportiva y con ello la derrota ha venido aplastante.

Así resultó la primera experiencia internacional del fútbol español tras lo de Amberes. Quizás se pagó la novatada y faltó organización, pero se abrió el camino a nuevas aventuras que otros emprendieron en años posteriores y que tendrán su correspondiente relato en sucesivas publicaciones.

 

Vicente Martínez Calatrava

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Publicado en: General

Nº 40

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