El día que el Barça estuvo a punto de sufrir un Superga

Resumen

La primera edición de la Copa Latina se celebró en 1949. Fútbol Club Barcelona (Club de Fútbol Barcelona para la dictadura franquista), Sporting Clube de Portugal, Stade de Reims y Torino, todos ellos ganadores de sus respectivas ligas en la campaña 1948-49, fueron los participantes del torneo. La competición se jugó entre el 26 de
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La primera edición de la Copa Latina se celebró en 1949. Fútbol Club Barcelona (Club de Fútbol Barcelona para la dictadura franquista), Sporting Clube de Portugal, Stade de Reims y Torino, todos ellos ganadores de sus respectivas ligas en la campaña 1948-49, fueron los participantes del torneo. La competición se jugó entre el 26 de junio y el 3 de julio y tuvo dos sedes: Barcelona y Madrid. Los prolegómenos de la Copa Latina estuvieron marcados por la tragedia que había sufrido el Grande Torino el 4 de mayo. La plantilla del conjunto del Piamonte, ganadora de los últimos cinco Scudetti celebrados en 1943, 1946, 1947, 1948 y 1949 (no se disputaron las temporadas 1943-44 y 1944-45), sufrió un accidente de avión cuando regresaba de disputar el partido de homenaje al capitán del Benfica, Francisco Ferreira, en Lisboa. El avión chocó contra el muro de piedra de la basílica de Superga, en Torino, y falleció toda la tripulación. Pese a la tragedia vivida el mes anterior, el equipo turinés decidió participar en la Copa Latina. Anteriormente, la Federación italiana había declarado al Torino ganador de la liga transalpina de aquel año; antes de lo acontecido en Superga, los turineses lideraban el campeonato cuando aún faltaban cuatro jornadas por disputarse. Los últimos encuentros se jugaron, pero tanto el Torino como sus rivales alinearon a juveniles.

Portada de La Stampa del día 5 de mayo de 1949.

Portada de La Stampa del día 5 de mayo de 1949.

Portada de La Gazzetta dello Sport sobre la tragedia de Superga.

Portada de La Gazzetta dello Sport sobre la tragedia de Superga.

De esta manera, el Torino afrontó la Copa Latina con un equipo muy joven: la mayoría de sus jugadores tenía 17 años, mientras que el más ‘veterano’ tenía 23. Dicha situación varió de cara al encuentro por el tercer y cuarto puesto ya que el portero internacional italiano Giuseppe Moro y el argentino Benjamín Santos reforzaron a la escuadra piamontesa. El destino quiso que en el primer partido del torneo se vieran las caras con otro equipo lisboeta, el Sporting Clube, después de la trágica vuelta desde Lisboa. Pese a la inexperiencia de su plantilla, los turineses vendieron cara su derrota ante el Sporting (3-1) y superaron al Stade de Reims por 5 a 3 en el choque por el tercer y cuarto puesto celebrado en Les Corts. La final se disputó en Chamartín y el Barça ganó al conjunto lisboeta por 2 a 1 gracias a los goles de Josep Seguer y Estanislau Basora. Antes, el conjunto catalán había goleado al Stade de Reims por 5 a 0. De esta forma, los azulgrana celebraron el primer título continental oficial y estrenaron el palmarés de la recién nacida Copa Latina. Era julio de 1949.

Diez años después, el FC Barcelona de Helenio Herrera debutaba en la Copa de Europa. Era la temporada 1959-60 y los azulgrana aspiraban a destronar a un Real Madrid que sumaba cuatro torneos y que se había convertido en la referencia del fútbol europeo.

El primer obstáculo del Barça para llegar a la final que se disputaba en Hampden Park (Glasgow) fue el CDNA de Sofía. El actual CSKA de Sofía, conocido por ser el equipo del Ejército, era el claro dominador del fútbol búlgaro y sumaba ocho de las últimas nueve ligas. No obstante, sus méritos en el torneo doméstico le habían permitido participar en tres ediciones de la Copa de Europa. En la 1956-57, barrió al Dinamo de Bucarest (8 a 1 en la ida y derrota por 3 a 2 en la vuelta) e hizo sufrir al Estrella Roja en cuartos de final (3-1 en Belgrado y 2-1 en Sofía). En su segunda campaña, el CDNA cayó en primera ronda ante el Vasas húngaro (2-1 favorable y 6-1 en contra), mientras que en su tercer curso fue eliminado por el Atlético de Madrid en una eliminatoria de tres partidos. Los búlgaros encajaron un 2 a 1 en Madrid y ganaron 1 a 0 en Sofía. Por aquel entonces sólo valía la diferencia de goles totales, por lo que se tuvo que jugar un tercer encuentro en terreno neutral. Fue el 18 de diciembre de 1958 en el estadio Charmilles de Ginebra, el mismo feudo que había visto debutar al Real Madrid en la primera edición de la Copa de Europa o, mejor dicho, la Coupe des Clubs Champions européens. El Atlético se impuso en tierras suizas en un duelo que se decidió en la prórroga (3-1). El CDNA se quejó del arbitraje y de un supuesto soborno que les propuso la directiva colchonera. No en vano, el club búlgaro denunció los hechos y envió una carta a la UEFA pidiendo la repetición del choque, solicitud que fue desestimada por el ente europeo.

La curiosidad de la eliminatoria ante el CDNA Sofía fue que el Atlético jugó en el estadio del Real Madrid ya que el Metropolitano no disponía de luz artificial. Los partidos de competición europea se solían disputar en jornada laborable, situación que provocaba que los choques tuvieran que celebrarse por la tarde-noche. En algunas ocasiones se aprovechaban los días festivos para poder pactar la fecha de dichos encuentros. Sin embargo, había un calendario y los clubs tenían que llegar a un acuerdo para celebrar la eliminatoria antes de la fecha prevista. En todo caso, para que los aficionados pudieran acudir en masa al estadio en un duelo entresemana, era necesario que los campos dispusieran de luz artificial. Y el Metropolitano aún no gozaba de focos que permitieran el horario nocturno. Aun así, el duelo de primera ronda ante el Drumcondra FC irlandés se jugó en el estadio rojiblanco. La hora del pitido inicial (17:00) y la fecha (17 de septiembre) hicieron posible que el debut europeo no fuera en el estadio de su gran rival ciudadano.

No en vano, el conjunto rojiblanco volvió a jugar como local en Chamartín en cuartos de final ante el Schalke 04. Los más de 100.000 aficionados que se reunieron la noche del 4 de marzo en el coliseo blanco bien podría ser la mejor entrada de la historia del club colchonero actuando como local. En este sentido, tampoco sería descartable que, aparte del hándicap de no disponer de luz artificial, hubiera un trasfondo económico que motivó el cambio de feudo (en aquella época la venta de entradas era la gran fuente de ingresos de los clubs). Fue la última vez que el Atlético jugó en el Bernabéu como local ya que el encuentro de ida de la semifinal contra el Real Madrid se celebró en el Metropolitano (17:00).

Entrada del partido Atlético de Madrid-CDNA de Sofía disputado en el Santiago Bernabéu.

Entrada del partido Atlético de Madrid-CDNA de Sofía disputado en el Santiago Bernabéu.

El Barça inició la campaña 1959-60 con optimismo: la llegada de Helenio Herrera a finales de la temporada 1957-58 supuso un punto de inflexión para un equipo que no ganaba la Liga desde 1953. A su vez, el conjunto catalán contemplaba con nostalgia como el Real Madrid le arrebataba parte del prestigio internacional adquirido gracias a la magnífica generación de las ‘Cinco Copas’. En el primer curso completo con Helenio Herrera al frente del club, el Barça volvió a ganar la Liga. El ‘Mago’, que ya sabía lo que era ganar el campeonato dirigiendo al Atlético (1950 y 1951), regresó al fútbol español por la puerta grande tras un breve periplo por el Os Belenenses. La Liga lograda con cuatro puntos de ventaja sobre el Real Madrid permitía el estreno del club y del propio Helenio Herrera en la Copa de Europa. El FC Barcelona, que ya sabía lo que era ganar la Copa Latina y la Copa de Ferias, era consciente de que el torneo lanzado por L’Équipe y apadrinado por la UEFA se había convertido en la competición de referencia. Cabe señalar que el Barça disputó dos torneos continentales a la vez: la Copa de Europa y la Copa de Ferias, situación que se repetiría la temporada siguiente.

El Barça afrontó su debut en la Copa de Europa ante el CDNA de Sofía después de haber perdido la final de la quinta edición del Trofeo Carranza ante el Real Madrid por 4 a 3. Helenio Herrera relata en su libro ‘Yo. Memorias de Helenio Herrera’, que su equipo no podía arriesgar debido al compromiso en Sofía e insinuó que jugaron sin la intensidad necesaria: “No podíamos arriesgar el éxito de nuestra primera eliminatoria en la Copa de Europa por ganar al Madrid en Cádiz. Los del Madrid lo sabían y jugaron un partido muy duro, destacando una entrada vergonzosa de Santamaría a Kocsis, que nos privó de éste jugador para toda la primera vuelta de la Liga”, remarcó el entrenador argentino. El duelo entre colchoneros y búlgaros de la campaña anterior era un buen aviso para los azulgrana. De ahí que, viendo la dificultad que tuvo el XI rojiblanco dirigido por ‘Fernando’ Daučík, no es extraño que el técnico bonaerense reservara jugadores de cara al desplazamiento europeo.

Los azulgrana partieron hacia Sofía el martes 1 de septiembre, dos días después de haber jugado la final del Carranza y dos días antes del estreno continental. El FC Barcelona tuvo un caluroso recibimiento en la capital búlgara y el mismo técnico argentino recuerda que “la expectación era grande. Atraídos por la fama del Barcelona y por mis métodos de preparación, más de mil personas presenciaron nuestro entrenamiento en el estadio Levski”. Herrera presume en su libro que entre los asistentes estaban “todos los técnicos del país e incluso los entrenadores del equipo nacional ruso”.

Imagen de la expedición azulgrana que viajó a Sofía publicada el 2 de septiembre en 'La Vanguardia'.

Imagen de la expedición azulgrana que viajó a Sofía publicada el 2 de septiembre en 'La Vanguardia'.

El conjunto catalán sólo pudo sacar un empate a 2 ante el CDNA. Kiril Rakarov avanzó a los locales en el 16′, pero los azulgrana le dieron la vuelta al marcador gracias a las dianas de Joan Segarra (30′) y Eulogio Martínez (61′). Ivan Kolev, primer jugador búlgaro nominado para el ‘Balón de Oro’, firmó el 2-2 final en el minuto 80. Tal y como se esperaba, el partido no fue nada fácil y el conjunto del Ejército acechó el marco defendido por Antoni Ramallets. Pese a los compases de sufrimiento, Herrera se mostró satisfecho con el resultado y confiado de cara a la vuelta. Al mismo tiempo, hizo gala de su verborrea y declaró lo siguiente: “ya dije que en el peor de los casos lograríamos el empate”.  Pese a que Helenio Herrera no tenía problema alguno en decir lo que pensaba (o lo que creía que debía decir), en sus memorias critica en diversas ocasiones a los medios de comunicación, a quienes acusa de inventarse declaraciones suyas.

Imagen del encuentro publicada el 6 de septiembre en 'El Mundo Deportivo'.

Imagen del encuentro publicada el 6 de septiembre en 'El Mundo Deportivo'.

Tras el empate cosechado en suelo búlgaro, la expedición azulgrana emprendió el camino de vuelta. La aviación comercial era una realidad y varios equipos utilizaban el transporte aéreo en sus desplazamientos. De hecho, la reducción del tiempo empleado en los trayectos fue uno de los motivos que hicieron viable una competición europea a nivel de clubs. Que un club italiano pudiera jugar en Portugal entresemana o que un conjunto francés visitara Suecia un par de días antes de afrontar un duelo liguero permitieron la celebración de la Copa de Europa. Pero no todo eran buenas noticias. En febrero de 1958, nueve años después del accidente del Grande Torino, la plantilla del Manchester United, club que en 1956 había desafiado a la propia Football Association para participar en la segunda edición de la Copa de Europa, sufrió un accidente aéreo. El conjunto inglés, que se había clasificado para las semifinales de la Copa de Europa después de empatar en Belgrado (3-3) y hacer valer el 2-1 de la ida, vio como el sueño europeo se esfumaba de la forma más cruel: el avión que transportaba la expedición del Manchester United se estrelló en el aeropuerto de Múnich, ciudad en la que tenían que hacer una parada técnica antes de emprender el viaje de vuelta a Inglaterra. 23 pasajeros perdieron la vida. Entre ellos había ocho futbolistas: Geoff Bent, Roger Byrne, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Thomas Taylor, Liam Whelan y Duncan Edwards. Éste último, una de las estrellas emergentes del fútbol británico y mundial, pereció días después del accidente como consecuencia de las heridas sufridas. Cinco de los fallecidos habían disputado el encuentro de Belgrado ante el Estrella Roja. Jackie Blanchflower y Johnny Berry sobrevivieron, pero no volvieron a calzarse las botas. Por el contrario, el técnico escocés, Matt Busby, se recuperó de las heridas y volvió a coger el timón del equipo. Durante su convalecencia, su ayudante, el galés Jimmy Murphy, se hizo cargo del equipo. Murphy compaginaba su trabajo en el Manchester United con el cargo de seleccionador de Gales. Dicha circunstancia pudo salvarle la vida: mientras el conjunto inglés jugaba en Belgrado, él dirigía al combinado galés ante Israel. Y no en un duelo cualquiera: la victoria por 2 a 0 ante los israelíes clasificó a los ‘Dragones’ para el Mundial de 1958, hasta ahora su única presencia en un Campeonato del Mundo.

Pese al estado de shock que vivía, el Manchester United decidió disputar las semifinales de la Copa de Europa. Así, dos meses después de la tragedia de Múnich, los ‘diablos rojos’ afrontaron el duelo contra el Milan. Pese a ganar por 2 a 1 en la ida con un XI de circunstancias, el conjunto inglés no tuvo opción en la vuelta y encajó un 4-0 en San Siro. En 1968, diez años después de la desgracia sufrida en Múnich, el Manchester United logró la primera Copa de Europa para el fútbol inglés (que no británico; Celtic, 1967). Entre los campeones estaban Matt Busby, Bobby Charlton y Bill Foulkes, todos ellos supervivientes del accidente de 1958.

Imagen del avión que transportaba al Manchester United.

Imagen del avión que transportaba al Manchester United.

En 1959, un año después del accidente del Manchester United en Múnich y diez años más tarde de lo sucedido en Superga, el Barça vivió momentos de angustia en su vuelo de regreso de Bulgaria. En los tres casos se cumplía un mismo patrón: partido internacional jugado entresemana; viaje en avión después del partido y condiciones meteorológicas adversas. Gabriel Hanot, uno de los ‘padres’ de la Copa de Europa y todo un referente del periodismo deportivo de la época, definió el vuelo Barcelona-Sofía “como el más azaroso y el más inquietante hasta el momento”. El club catalán había ofrecido a Hanot viajar con la expedición del equipo. De esta forma, el periodista francés evitaría “las interminables formalidades del paso a la Europa del Este”. El propio redactor de L’Équipe narró los hechos: “Hasta Roma todo marchó bien. De pronto, el tiempo sobre el Mediterráneo empezó a estropearse y llegó a ser francamente malo. Teníamos los cinturones amarrados y las lámparas encendida hacia un cuarto de hora, cuando llegamos a lo que tomamos como el núcleo de la tormenta, pero que era en realidad una tromba sobre el Mediterráneo Oriental. La lluvia y el granizo acribillaban el techo y las paredes del avión, que parecía hundirse en el vacío o levantarse irresistiblemente dando vueltas casi en vertical, a derecha e izquierda. En aquellos momentos, a pesar de la legítima alegría que le había producido al Barcelona el empate de Sofía y al optimismo con que todos esperaban ahora la venida de los búlgaros a Barcelona, el silencio era total, casi sepulcral. Molidos y zarandeados, nadie se atrevía a hablar. De improviso, la voz de Herrera se dejó oír:

-          “¡Mañana entrenamiento a las once!”, gritó el entrenador azulgrana, gran conocedor de la psicología de sus hombres.

En efecto, aquellas palabras tuvieron la virtud de tranquilizarnos, relativamente, a todos, a pesar del innegable riesgo que, si el aparato no había perdido totalmente el rumbo, debíamos hallarnos peligrosamente volando sobre los Pirineos…”.

El relato de Hanot continúa de la siguiente manera: “Algunos minutos más tarde, el piloto nos hizo saber que, después de haber perdido toda relación, no sólo con Barcelona, sino también con Perpignan, Marsella, Niza, Ajaccio y Roma, acababa de establecer comunicación al sur con Mallorca, y que dábamos media vuelta para aterrizar en Palma, donde esperaríamos a que se apaciguase la borrasca. Instantes después aterrizamos en una pista inundada y, con el agua hasta los tobillos, bajamos del avión”.

Hanot también cuenta que muchos jugadores se negaron a regresar a Barcelona en avión y propusieron volver a la capital catalana en barco. Hay que recordar que la selección italiana acudió al Mundial de 1950 celebrado en Brasil por vía marítima debido al pánico a volar después de lo acontecido en Superga. Pese a todo, los jugadores del Barça acabaron cediendo y la expedición regresó a Barcelona en avión. “Fuimos recibidos por las angustiadas familias a quienes se había anunciado que no se tenían noticias del avión que, arrastrado por la tormenta, había perdido contacto durante más de una hora”, recordó Hanot.

Noticia publicada en 'El Mundo Deportivo' el día 5 de septiembre de 1959.

Noticia publicada en 'El Mundo Deportivo' el día 5 de septiembre de 1959.

Helenio Herrera explica en su biografía “que los jugadores del Barcelona demostraron ser más valientes que los del Atlético de Madrid, pues en circunstancias similares, sobre el Atlántico, rumbo a La Habana, azotados por rayos, agua y viento, todos se tapaban la cabeza con mantas, sobre todo los canarios Hernández, Miguel, Silva, etc…, y no querían escuchar mis palabras cuando trataba de tranquilizarles. Hay que decir que el aparato era bastante malo y el miedo estaba más que justificado”. El técnico argentino hace referencia a la gira que hizo el Atlético por Cuba el verano de 1952 (Herrera dirigió al conjunto rojiblanco entre 1949 y enero de 1953). ‘El Mundo Deportivo’ del día 5 de noviembre recordó los malos momentos que vivió la expedición culé: “Anoche regresó el Barcelona tras una mala travesía Sofía-Barcelona, que le obligó a hacer escala en Palma de Mallorca”. Dentro de la noticia se explica que el avión sufrió “bandazos” y que los futbolistas propusieron regresar en barco. Por el contrario, no se ofrece el testimonio de algún jugador.

En aquel avión viajaban periodistas, miembros de la directiva, representantes de organismos deportivos, el cuerpo técnico y los jugadores Ramallets, Segarra, Olivella, Rodri, Gracia, Gensana, Rivelles, Evaristo, Flotats, Eulogio Martínez, Luis Suárez, Villaverde…pero no estaban Kubala, Kocsis y Czibor. Los tres futbolistas húngaros no pudieron viajar al país comunista. La prensa de la época apenas habló del asunto: ‘La Vanguardia’ del día 20 de agosto publicó que “Kubala, Czibor y Kocsis no podrán desplazarse a Sofía por razones que no es necesario aclarar”, mientras que en ‘El Mundo Deportivo’ del 30 de agosto se escribió que estos tres jugadores eran bajas seguras, pero no se especificaba el motivo.

De todas formas, la presencia de Kubala en el equipo tampoco estaba garantizada. El futbolista vivía un momento complicado en el club: había tenido sus diferencias con Helenio Herrera y la directiva se había alineado con el argentino, situación que originó un ambiente tenso con la afición y con algunos miembros de la propia junta. Se acusó al crack húngaro de borrarse en algunos partidos y de ausentarse en los entrenamientos sin causa justificada. Kubala tenía 32 años y acumulaba un largo historial de lesiones, muchas de ellas provocadas por los férreos marcajes a los que era sometido; en aquella época varios periodistas ya denunciaban la situación y pedían más protección para el jugador. Con todo, pese a la ‘guerra fría’ que vivían Kubala y el club (daría para un extenso artículo), Herrera contó con él en los primeros encuentros de la temporada.

La imposibilidad de viajar a Bulgaria permitió a Kubala disputar el partido de homenaje al espanyolista Ricardo Teruel. El encuentro enfrentó al Espanyol con el Oporto y se jugó el miércoles día 2 de septiembre en Les Corts, un día antes del CDNA Sofía-FC Barcelona. El mismo día del debut azulgrana en la Copa de Europa, Kubala pisó el hospital, pero como visitante. Él y Czibor fueron a ver como el doctor Cabot operaba a su compañero Sándor Kocsis. El parte médico del delantero explicaba que la entrada del madridista Santamaría en Cádiz le había provocado una “ruptura inferior (tibial) del ligamento lateral interno y arrancamiento profundo de dicho ligamento en toda la periferia meniscal”. La lesión y el veto hubieran salvado al delantero de un accidente de avión que, felizmente, nunca ocurrió.

Lo curioso del caso es que Kubala, que tampoco viajó a Sofía, estuvo a punto de formar parte del Grande Torino. Manuel Ibáñez Escofet cuenta en “Kubala, un barceloní de Budapest”, que el húngaro no acabó fichando por el club piamontés porque en el momento de la firma de contrato, el emisario italiano redujo la oferta inicial a la mitad”. ‘Laszli’, pese a la mala situación económica que vivía (se había fugado de Hungría), rechazó el trato. También se ha publicado en varias ocasiones que el Torino le había invitado a participar en el encuentro de homenaje del capitán del Benfica. Por aquel entonces, privado de jugar partidos oficiales, disputó varios amistosos con el Aurora Pro Patria 1919, un club de la Lombardía que no milita en la Serie A desde la temporada 1955-56. Los motivos por los que Kubala no jugó aquel encuentro con el Torino difieren según la fuente. Se ha escrito en varias ocasiones que Kubala se quedó en Italia porque su mujer e hijo habían logrado huir de Hungría y quería reunirse con ellos en Udine. En cambio, el jugador explicó otra versión al periodista mallorquín Miguel Vidal: “soy un hombre con suerte. Me salvé de morir fusilado en la frontera, pero también me salvé de morir en el accidente aéreo de Superga, ya que el Torino había querido que jugara con ellos el amistoso de Lisboa y el presidente del Pro Patria, equipo con el que jugaba algunos amistosos previo pago de una multa a la FIFA, no quiso que fuera. Murieron todos, incluido mi paisano Giulio Schubert, nacido en Budapest y compañero mío luego en el Bratislava”. Sea como fuera, el destino quiso que ‘Laszli’ no subiera a aquel fatídico avión en 1949 y que tampoco realizara el peligroso viaje desde Bulgaria en 1959.

Kubala con la camiseta del Pro Patria.

Kubala con la camiseta del Pro Patria.

Kubala y Czibor pudieron disputar la vuelta ante el CDNA de Sofía en un partido en el que el Camp Nou estrenó iluminación artificial (el partido empezó a las 22:30 de la noche). El conjunto de Helenio Herrera jugó un gran match y se impuso a su rival por un contundente 6 a 2. Los hogares con televisor pudieron disfrutar de la gran victoria azulgrana puesto que el partido fue ofrecido por televisión. La prensa destacó el buen partido de Kubala, autor de tres goles, dos de ellos desde el punto de penalti y otro gracias a un lanzamiento de libre directo, una de sus especialidades. La trayectoria azulgrana en la Copa de Europa continuó de forma brillante: Milan y Wolverhampton fueron las siguiente víctimas de un Barça demoledor. No en vano, superó a los italianos por un global de 7 a 1 y a los ingleses por una diferencia aún mayor: 9 a 2.

Los azulgrana encararon las semifinales frente al Real Madrid con optimismo e ilusión: se habían proclamado campeones de Liga y habían derrotado al conjunto blanco un mes antes del duelo europeo. Aun así, el buen momento de los de Helenio Herrera no fue suficiente y el Madrid salió victorioso del primer Clásico disputado en Europa. El doble triunfo por 3 a 1 del equipo dirigido por Miguel Muñoz provocó un cisma en el FC Barcelona y Helenio Herrera fue destituido tres días después de la eliminatoria. El Real Madrid, por su parte, siguió su camino triunfal por el ‘Viejo Continente’ y ganó su quinto trofeo consecutivo después de superar al Eintracht de Frankfurt por 7 a 3 en Glasgow. Todavía hoy es una de las finales más recordadas de la historia de la Copa de Europa. Pese a la decepción, el curso 1959-60 no fue malo para el Barça: el equipo ganó la Liga y la Copa de Ferias. Y lo más importante: pudo seguir entrenándose a las once y no tuvo que lamentar ningún accidente aéreo que hubiera marcado para siempre la historia del club.

Publicado en: General

Nº 46

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