Campeonato del Mundo sub’20 1999 (III): España se corona en Nigeria

Resumen

El 5 de marzo de 1999, a menos de un mes del inicio del torneo, Abuja acogió el sorteo de la fase de grupos del Campeonato del Mundo sub’20 de Nigeria 1999. Para entonces aún no se habían disputado los partidos finales del clasificatorio africano, último torneo continental en celebrarse, pero sí se conocían ya
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El 5 de marzo de 1999, a menos de un mes del inicio del torneo, Abuja acogió el sorteo de la fase de grupos del Campeonato del Mundo sub’20 de Nigeria 1999. Para entonces aún no se habían disputado los partidos finales del clasificatorio africano, último torneo continental en celebrarse, pero sí se conocían ya los nombres de todas las selecciones que se habían ganado una plaza en el Mundial juvenil, así que la FIFA consideró oportuno no demorar más una ceremonia en la que no sólo se sorteaban los rivales sino también, y éste era un factor muy a tener en cuenta en la cita nigeriana, la sede principal en la que cada equipo se instalaría durante esa primera fase. En Nigeria habría que adaptarse lo mejor posible a unas condiciones que se presumían lejos de ser las óptimas, así que la incertidumbre sobre el rendimiento de las teóricas favoritas era aún mayor de lo acostumbrado en cualquier Mundial sub’20.

Grupo A (Lagos)

Grupo B (Kaduna)

Grupo C (Ibadán)

Grupo D (Enugu)

Grupo E

(Kano, Bauchi)

Grupo F

(Calabar, Port Harcourt)

Nigeria

Ghana

Rep. Irlanda

Mali

Camerún

Brasil

Alemania

Argentina

México

Rep. Corea

Japón

España

Costa Rica

Croacia

Arabia Saudí

Portugal

Inglaterra

Zambia

Paraguay

Kazajstán

Australia

Uruguay

EE.UU.

Honduras

Y los bombos decidieron que España fuera al grupo F, que disputaría sus partidos en Calabar y Port Harcourt, en la superpoblada zona sudeste del país, entre la desembocadura del río Níger y la frontera con Camerún y lejos por tanto de las sedes del interior que, tal y como se sospechaba, reunían peores condiciones. España iniciaría el campeonato enfrentándose a Brasil para luego medirse a Zambia y Honduras, dos selecciones teóricamente asequibles para los de Sáez, de forma que existía cierto margen de maniobra en caso de perder el duelo inaugural. Se clasificaban para octavos de final los dos primeros de cada uno de los seis grupos y los cuatro mejores terceros, así que en principio el resultado del sorteo podía considerarse como favorable para los nuestros. Claro que, teniendo en cuenta lo mucho que había sufrido España para asegurar su presencia en Nigeria, lo mismo pensarían entonces las demás selecciones del grupo F.

El equipo de Brasil, no obstante, atravesaba por momentos difíciles. El 11 de marzo el seleccionador Toninho Barroso presentó su dimisión alegando motivos personales que le impedían viajar a Nigeria, aunque las críticas recibidas por la floja actuación del equipo en el Sudamericano sub’20 (Brasil había finalizado en tercera posición y en la última jornada había estado muy cerca de caer fuera de los cuatro puestos que daban acceso al Mundial) puede que también tuvieran algo que ver. Su sustituto fue Joao Carlos Costa, que se hizo cargo del equipo con apenas dos semanas de margen para preparar el Mundial y que revolucionó sobremanera la plantilla: la mitad de los futbolistas brasileños que disputaron el campeonato no habían estado en aquel Sudamericano del mes de enero.

Pero a pesar de todos sus problemas y dudas la canarinha contaba con seis jugadores que habían sido campeones del mundo sub’17 en Egipto 1997 (entre ellos Ronaldinho, Matuzalem o Geovanni Deiberson, que andando el tiempo pasarían con más o menos gloria por la liga española) y era como siempre una de las principales candidatas al título. Para ese complicado debut Iñaki Sáez apostó por un once que acabaría convirtiéndose en clásico: Aranzubia; Coira, Marchena, Jusué, Bermudo; Varela, Orbaiz, Xavi, Barkero; Gabri y Pablo Couñago. Y con Xavi como jefe de operaciones el equipo respondió de maravilla, tocando con calma ante la nula presión brasileña y poniendo el partido de cara muy pronto: en el minuto quince Gabri se deshizo magistralmente de dos oponentes y, con la zurda, batió por bajo al meta Fabio. Pasada la media hora, España dobló su ventaja: Pablo Couñago porfió por un balón largo que acabó llevándose ante la pasividad de los centrales brasileños y cedió atrás para que Gabri colocara con la diestra un disparo cruzado imposible de atajar.

El 2-0 fue demasiado para Brasil, que lo intentó en la segunda parte pero que se vio incapaz de superar la ordenada defensa española. Al contragolpe España pudo finiquitar definitivamente el duelo e incluso infligir un durísimo correctivo a su rival, pero el marcador no volvió a moverse. La selección española sub’20 conseguía los tres primeros puntos, derrotando además por vez primera a Brasil en un Mundial de cualquier categoría, y el altísimo nivel mostrado por el equipo en todas sus líneas lo hizo merecedor de todo tipo de elogios por parte de la prensa. España había presentado oficialmente su candidatura al título.

05/04/1999 Primera jornada del Grupo F.

ESPAÑA

(2)

Aranzubia; Coira, Bermudo, Jusué, Marchena; Orbaiz, Xavi (-89, Colsa), Barkero (-68, Rubén), Varela; Gabri (-82, Yeste), Pablo.

BRASIL

(0)

Fabio; Indio, Juan, Bilica (-68, Milton Rogerio), Mancini; Edu, Ferrugem, Matuzalem, Alexandre (-46, Rodrigo Gral); Ronaldinho (-67, Geovanni), Baiano.

Goles

1-0 Gabri (ESP, min. 14); 2-0 Gabri (ESP, min. 32).

Árbitro

Felipe Ramos Rizo (MEX).

Tarjetas

Gabri (ESP, min. 14), Matuzalem (BRA, min. 43), Aranzubia (ESP, min. 61), Marchena (ESP, min. 85).

Estadio

U.J. Esuene (Calabar). 12.000 espectadores.

 

Por desgracia, en la concentración de Calabar no hubo mucho tiempo para celebraciones: al día siguiente llegó la noticia del fallecimiento de doña Marcelina Ruiz, madre del seleccionador Iñaki Sáez. El técnico había viajado a Nigeria sabiendo ya que el fatal desenlace era inminente y había podido despedirse de ella en vida, pero aún así el impacto emocional fue grande en toda la delegación española. Inmerso de lleno en el campeonato, Iñaki Sáez decidió no viajar a España para el entierro, en un gesto de compromiso con el grupo que acabaría resultando vital unos días más tarde.

Luciendo el preceptivo brazalete negro, el jueves 8 de abril a las cuatro de la tarde (hora local) la selección española saltaba al césped del estadio de Calabar con el objetivo claro de derrotar a Zambia para dedicarle un triunfo al seleccionador y, de paso, certificar su pase a octavos de final. Ante los zambianos, que en la primera jornada habían derrotado por 4-3 a Honduras y compartían la primera plaza del grupo con España, Sáez repitió alineación, pero esta vez el sofocante calor (se rondaron los cuarenta grados) y el orden defensivo de los africanos atascaron la máquina española. Tras un esperanzador comienzo, pronto las fuerzas fueron decayendo y el partido perdió ritmo. Zambia no atacaba y España parecía asfixiarse en el horno en que se había convertido el rectángulo de juego. Los cambios de la segunda parte no dieron fruto y se llegó al término de los noventa minutos con el marcador inalterado. Con cuatro puntos, ambos equipos parecían tener el pase a octavos bastante bien encarrilado.

08/04/1999

Segunda jornada del Grupo F.

ZAMBIA

(0)

Mumba; Zimba (-89, Lungu), Mwaba, Kampamba (-61, Nsofwa), Simutowe, Bakala (-73, Makayi); Mbambara, Sinkala, Mangamu, Mutapa; Chiwtu.

ESPAÑA

(0)

Aranzubia; Coira, Bermudo, Jusué, Marchena (-59, Yeste); Orbaiz, Xavi, Varela (-70, Álex), Barkero (-59, Rubén); Gabri, Pablo.

Goles

Árbitro

Felipe Ramos Rizo (MEX).

Tarjetas

Sinkala (ZAM, min. 62), Yeste (ESP, min. 64).

Estadio

U.J. Esuene (Calabar). 8.000 espectadores.

 

Pero Brasil había despertado y, tras derrotar claramente a Honduras por 3-0, en la tercera y definitiva jornada destrozó los sueños de los africanos con un incontestable 5-1: la derrota dejaba a Zambia fuera de los dos primeros puestos del grupo y la goleada le privó también de ser al menos uno de los cuatro mejores terceros que pasarían a octavos de final. Como, por mor de la peculiar organización nigeriana, aquel partido se jugó en el mismo escenario e inmediatamente antes que el España-Honduras, la selección española sabía ya antes de empezar su tercer encuentro que, salvo debacle mayúscula, estaba clasificada para la primera ronda eliminatoria.

Los jugadores españoles celebran el gol de Rubén Suárez ante Honduras

Los jugadores españoles celebran el gol de Rubén Suárez ante Honduras

Así pues, Iñaki Sáez aprovechó la ocasión para dar minutos a los no habituales y preservar la salud de jugadores como Xavi, a quien no le había sentado demasiado bien el viaje a Port Harcourt y ni siquiera se sentó en el banquillo. Enfrente estaba un cuadro hondureño que contaba sus partidos por derrotas y que también incluyó en su once varias novedades respecto a encuentros anteriores. Y, como ocurriera el día de Brasil, la primera parte fue una exhibición de juego de un combinado español que en media hora dejó el choque visto para sentencia. Pablo abrió el marcador a los once minutos de un espléndido cabezazo con el que inauguraba también su cuenta goleadora en el torneo, y la escasa resistencia hondureña terminó por venirse abajo cuando, poco antes de la media hora, Varela lanzó un auténtico misil a la escuadra desde fuera del área. Cinco minutos después, en pleno festival español, Rubén Suárez realizó una gran jugada individual por el costado izquierdo para anotar el tercero.

La mala noticia llegó al poco de la reanudación, cuando Álvaro Rubio chocó con un rival en una pugna por un balón dividido y salió con el peroné fracturado. La grave lesión del chaval del Zaragoza sacó a España del partido y sólo la buena actuación de Iker Casillas impidió que Honduras creara auténticos problemas. En el minuto 76 Carlos Oliva consiguió batir al benjamín español, pero los centroamericanos no pudieron ponerle más emoción a los últimos compases y, bajo la intensa lluvia tropical que solía acompañar a los encuentros del último turno, se llegó al final del partido con ese marcador de 3-1. España era primera de grupo y comenzaría la fase decisiva enfrentándose a Estados Unidos, segundo clasificado del igualadísimo grupo E.

11/04/1999

Tercera jornada del grupo F.

HONDURAS

(1)

Siliezar; Izaguirre, Vásquez, Vallecillo, Maynor Suazo (-46, Tilguath); Contreras, Oliva (-77, Fortín), Marín, Gutiérrez; David Suazo, León (-46, Raudales).

ESPAÑA

(3)

Casillas; Coira, Bermudo, Jusué, Álvaro Rubio (-55, Orbaiz); Yeste, Colsa, Varela, Rubén; Gabri (-46, Álex), Pablo (-46, Aganzo).

Goles

0-1 Pablo (ESP, min. 11), 0-2 Varela (ESP, min. 27), 0-3 Rubén (ESP, min. 32), 1-3 Oliva (HON, min. 76).

Árbitro

Mohamed Guezzaz (MAR).

Tarjetas

Gutiérrez (HON, min. 24), Álvaro Rubio (ESP, min. 46), Raudales (HON, min. 47), Izaguirre (HON, min. 50), Aganzo (ESP, min. 70), Contreras (HON, min. 70).

Estadio

Liberation (Port Harcourt). 16.000 espectadores.

 

El telón de la primera fase se cerró sin demasiadas sorpresas, puesto que las únicas selecciones que hicieron las maletas antes de lo previsto fueron Alemania e Inglaterra. Como el Mundial sub’20 se celebraba en abril, en plena temporada europea, ninguna de las dos había podido contar con sus mejores jugadores porque sus clubes no permitieron su participación en el torneo, pero aún así sus prestaciones dejaron mucho que desear: los ingleses incluso se fueron de Nigeria sin puntuar y sin marcar un solo gol. Junto a alemanes e ingleses, las otras selecciones que se marcharon a casa últimas de sus grupos fueron Kazajstán (que entonces pertenecía a la Confederación Asiática), Arabia Saudí, República de Corea y Honduras. Las dos peores terceras fueron Australia y Zambia: los africanos quedaron apeados por su peor diferencia de goles respecto a Argentina, Costa Rica y Uruguay, que también habían acabado en tercera posición de sus respectivos grupos sumando cuatro puntos.

Tras una brillante primera fase en la que se marcaron 102 goles en 36 partidos, los cruces de octavos de final quedaron establecidos de la siguiente forma:

Rep. Irlanda

Nigeria

Mali

Camerún

España

Estados Unidos

Ghana

Costa Rica

México

Argentina

Japón

Portugal

Paraguay

Uruguay

Brasil

Croacia

Tres meses después de que ambas selecciones se enfrentaran en la Copa del Atlántico (con victoria española por 1-0), España y Estados Unidos volvían a verse las caras esta vez sobre el césped del estadio de Port Harcourt, merced a las victorias norteamericanas en la primera fase sobre Inglaterra y Camerún. El encuentro se disputó a las cuatro de la tarde, la misma hora que había podido con las energías de España en el partido contra Zambia de la primera fase; con idéntica alineación y bajo el mismo sol abrasador, esta vez los de Sáez salieron dispuestos a sentenciar por la vía rápida y al descanso parecían haberlo logrado: al cuarto de hora Pablo había empujado a la red una generosa dejada de Varela, cuatro minutos después Xavi había transformar un libre directo aprovechando un error del portero Tim Howard en la colocación de la barrera y, pasada la media hora, nuevamente Pablo había puesto el 3-0 al remachar sin oposición una buena jugada de Gabri dentro del área. Todo iba tan bien que hasta el susto vivido el día anterior (un tiroteo a pocos metros del hotel español en unos graves disturbios provocados por los altos precios de las entradas) era ya un borroso recuerdo en medio de la alegría por la clasificación para la siguiente ronda.

Pero España salió a verlas venir tras el descanso y no habían pasado ni cinco minutos cuando, completamente solo, el goleador Taylor Twellman cazó un balón en el área española y puso el 3-1. Quizás por el calor, o tal vez por haber creído que el pase a cuartos ya estaba hecho, la selección española fue incapaz de reaccionar, cedió la posesión y el terreno y Estados Unidos empezó a llegar con cierto peligro. Iñaki Sáez vio que el partido se le iba de las manos, pero sus cambios no funcionaron y el encuentro siguió inclinado hacia la meta de un inconmensurable Aranzubia. España estaba fundida y acabó pidiendo la hora después de que otro cabezazo de Twellman besara las mallas pasado el minuto noventa. Afortunadamente no quedaba tiempo para más y el pitido final fue un soplo de aire fresco bajo el implacable sol nigeriano.

15/04/1999

Octavos de final.

ESPAÑA

(3)

Aranzubia (GK); Coira, Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz (C), Xavi, Varela, Barkero (-74, Rubén); Gabri (-79, Colsa), Pablo (-58, Aganzo).

EE.UU.

(2)

Howard (GK); Cherundolo, Bocanegra, García (C), Califf; Morrison, Thorrington, Downing (-58, Jamar Beasley), Albright; Gomez (-44, Tsakiris), Twellman.

Goles

1-0 Pablo (ESP, min. 15), 2-0 Xavi (ESP, min. 19), 3-0 Pablo (ESP, min. 32), 3-1 Twellman (USA, min. 49), 3-2 Twellman (USA, min. 90).

Árbitro

Carlos Eugenio Simon (BRA).

Tarjetas

Bermudo (ESP, min. 40).

Estadio

Liberation (Port Harcourt). 15.600 espectadores.

Estos fueron los resultados de la ronda de octavos de final:

Rep. Irlanda

1

(3)

1

(5)

Nigeria(pen)

Mali

5

4

Camerún

España

3

1

Estados Unidos

Ghana

2

0

Costa Rica

México

4

1

Argentina

Japón

(pen)

1

(5)

1

(4)

Portugal

Paraguay

2

(9)

2

(10)

Uruguay(pen)

Brasil

4

0

Croacia

La derrota de Argentina ante México por 4-1 fue sin duda lo más destacado de la primera ronda de eliminatorias directas, en un partido que los mexicanos remontaron espectacularmente en la segunda parte. Después de ganar los dos Mundiales sub’20 anteriores, en Nigeria’99 la albiceleste quedaba apeada antes de lo esperado, pero lo hacía con todo merecimiento a tenor de lo poco que había mostrado en sus partidos anteriores. Y también se quedaba fuera del torneo Irlanda, la campeona de Europa sub’18, al perder en los penaltis contra la selección anfitriona (en cuyo banquillo se sentaba el neerlandés Thijs Libregts, por entonces técnico de la absoluta nigeriana, tras la fulminante destitución del seleccionador juvenil por la mala imagen dada por el equipo en la primera fase).

Desde los once metros se decidieron otros dos partidos: Japón y Uruguay (los charrúas en una larguísima tanda de once lanzamientos por equipo, resuelta con el fallo final de Roque Santa Cruz) estuvieron más acertados que Portugal y Paraguay. Muy llamativo fue también el loco partido entre Camerún y Mali que acabaron llevándose estos últimos tras lograr el empate a cuatro en el descuento (y jugando en inferioridad numérica) y anotar luego el único gol de oro que se marcaría en el campeonato.

Por su parte, Brasil no tuvo problemas para arrollar a Croacia gracias a los goles de Ronaldinho (el mismo que alcanzaría su cénit futbolístico en el F.C. Barcelona), Fernando Baiano (delantero que pasó por Málaga y Celta de Vigo) y Edú (quien luego sería jugador de Betis y Celta de Vigo). Los brasileños parecían recuperados de su tropiezo inicial ante España y se postulaban como claros aspirantes al título, exactamente igual que Ghana, que tampoco encontró dificultades para doblegar a Costa Rica en el último partido arbitrado por Arturo Daudén Ibáñez en el campeonato. El colegiado aragonés había dirigido también dos encuentros de la primera fase en el grupo E, pero la clasificación de España para cuartos de final le impedía seguir actuando. Precisamente Ghana sería el rival de España en esa ronda, que se presentaba con estos enfrentamientos:

Mali

Nigeria

España

Ghana

Japón

México

Uruguay

Brasil

Tras dos semanas no precisamente idílicas en los hoteles de Calabar y Port Harcourt, España ponía rumbo a Kaduna, en el corazón de Nigeria, una sede de la que ya se habían quejado amargamente los argentinos en la primera fase. Pero nadie en la delegación española iba preparado para lo que se encontró en allí. Un hotel en pésimas condiciones, sin las más elementales comodidades (como una cama para cada jugador, por ejemplo) y con unas instalaciones y un servicio deplorables estuvo a punto de colmar la paciencia de los jóvenes españoles, que llegaron a plantear abiertamente la posibilidad de retirarse del campeonato.

Sin embargo, la promesa (por suerte cumplida) de un cambio de alojamiento y las palabras de Iñaki Sáez y el resto del cuerpo técnico dándoles a entender que se hallaban ante una oportunidad única en sus vidas frenaron el amago de motín. El ejemplo del seleccionador, que no había regresado a España ni siquiera para enterrar a su madre, hizo que los jugadores terminaran de convencerse de que debían demostrar su compromiso. Y al final la ilusión por hacer algo grande pudo más que todas las penalidades experimentadas en esos días. El grupo salió reforzado de todo aquello y así lo demostraría sobre el campo durante el resto del torneo.

El partido de cuartos de final arrancó con una decisión sorprendente: Iñaki Sáez le dio la alternativa al segundo portero de la selección, confiando en que los reflejos de Iker Casillas y su agilidad en las situaciones de mano a mano podrían ser decisivos ante el poderoso ataque ghanés. El primer tiempo fue muy disputado, aunque el respeto que parecían tenerse ambas selecciones y la fortaleza que exhibían en defensa hacían que las jugadas pocas veces acabaran en las áreas. En una de esas escasas oportunidades Gabri mandó un cabezazo al poste ghanés poco antes de que se produjera un apagón que mantuvo el juego detenido durante más de cinco minutos, justo al borde del descanso. Fue uno más de los muchos incidentes similares que se dieron a lo largo del campeonato, aunque el único que afectó a España.

En la segunda parte la selección española salió con más decisión y metió a los africanos en su área, y fruto de esa presión llegó el penalti sobre Barkero que él mismo transformó cuando sólo se llevaban nueve minutos de la reanudación. Entonces el dominio pasó a ser de Ghana, que aprovechó el repliegue español para rondar con peligro la meta de Casillas. España intentaba sentenciar al contragolpe pero el gol ghanés se veía más cercano y acabó llegando en el tiempo de descuento, cuando una falta lateral lanzada por Peter Ofori-Quaye (entonces estrella de Olympiacos) rebotó en una maraña de jugadores y se coló en la puerta española. El partido se iba a una prórroga que era justa dados los merecimientos de unos y otros pero que parecía un duro castigo para los españoles.

El impacto emocional del empate y el poderío físico africano parecían colocar a Ghana como favorita para el tiempo extra. Sin embargo, España se manejó mejor en el océano de nervios que siempre generaba la regla del gol de oro y controló relativamente bien el juego. Se defendió con el balón, provocó la expulsión de un contrario e incluso tuvo alguna oportunidad para llevarse el choque, pero la media hora suplementaria pasó sin que nadie acertara a batir la meta rival y se llegó a los lanzamientos desde el punto fatídico.

Ambos equipos marcaron sus tres primeros penaltis. Entonces Gabri, normalmente un seguro de vida desde los once metros, falló el cuarto lanzamiento español y Ghana se puso con ventaja (4-3) antes de la última ronda. Jusué transformó el quinto con maestría y obligó a Hamza Mohammed a marcar para llevarse el partido. Por suerte para España, la presión fue demasiado grande para el capitán ghanés, que ajustó tanto su disparo que lo estrelló en el larguero. Como al comienzo de la tanda, ambos equipos lanzaron tres nuevos penaltis sin fallo. Llegados al noveno turno con empate a siete (y sin que a España llegaran imágenes desde el estadio, por un corte en la señal televisiva), Varela batió a Adjei y al defensa George Blay le temblaron las piernas: Casillas atajó el flojo disparo del ghanés y certificó el pase de España a semifinales.

18/04/1999

Cuartos de final.

ESPAÑA

(1)

Casillas; Coira (-106, Álex), Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz, Xavi, Varela, Barkero (-64, Rubén), Gabri, Pablo (-86, Yeste).

GHANA

(1)

Adjei; Blay, Amuzu, Issah (-73, Abdul), Hamza; Abdulai (-66, Gyan), Stephen Appiah, Razak, Ansah; Afriyie (-55, Adu), Ofori-Quaye.

Goles

1-0 Barkero (ESP, min. 54) (p), 1-1 Ofori-Quaye (GHA, min. 90).

Tanda de penaltis

(ESP 8-7)

1-0 Xavi (ESP), 1-1 Ansah (GHA); 2-1 Álex (ESP), 2-2 Razak (GHA); 3-2 Yeste (ESP), 3-3 Appiah (GHA); 3-3 Gabri (ESP), para Adjei, 3-4 Amuzu (GHA); 4-4 Jusué (ESP), 4-4 Hamza (GHA), falla.5-4 Bermudo (ESP), 5-5 Gyan (GHA). 6-5 Marchena (ESP), 6-6 Abdul (GHA). 7-6 Orbaiz (ESP), 7-7 Ofori-Quaye (GHA). 8-7 Varela (ESP), 8-7 Blay (GHA), para Casillas.

Árbitro

William Mattus Vega (CRC).

Tarjetas

Issah (GHA, min. 38), Coira (ESP, min. 62), Hamza (GHA, min. 70), Varela (ESP, min. 76), Rubén (ESP, min. 80), Gabri (ESP, min. 91), Gyan (GHA, min. 92), Appiah (GHA, min. 93), Orbaiz (ESP, min. 97), Ofori-Quaye (GHA, min. 99), Xavi (ESP, min. 117). Expulsado Adu (GHA, min. 104) por roja directa.

Estadio

Ahmadu Bello (Kaduna). 18.000 espectadores.

Los resultados de los cuartos de final fueron los siguientes:

Mali

3

1

Nigeria

España

(pen)

1

(8)

1

(7)

Ghana

Japón

2

0

México

Uruguay

2

1

Brasil

Más allá del duelo entre España y Ghana, que ya se presumía igualadísimo, los demás resultados podían calificarse como sorprendentes, aunque en las tres eliminatorias ciertos detalles podían hacer presagiar lo que finalmente ocurriría. Envuelta en un mar de dudas, la presión por ejercer como local pesó demasiado a Nigeria a lo largo de todo el torneo y Mali, que llegaba plena de confianza tras remontar un partido épico en octavos, supo aprovechar las circunstancias para dominar el encuentro desde el inicio, gracias a un gol marcado en el primer minuto. Aunque Nigeria logró empatar momentáneamente, Mali volvió a golpear justo antes del descanso y sentenció al contraataque en la segunda parte, sellando un histórico pase a semifinales.

Ronaldinho se escapa de Diego "Ruso" Pérez

Ronaldinho se escapa de Diego “Ruso” Pérez

En el caso de Brasil, los problemas defensivos que había mostrado ante España habían quedado luego eclipsados por el gran acierto de sus hombres de ataque, pero ante Uruguay los delanteros brasileños no tuvieron su día y la selección de Víctor Púa logró llegar al último tramo con el marcador empatado. A falta de cinco minutos, un discutido penalti cometido sobre César Eduardo Pellegrín (subcampeón en Malasia’97 y que en Nigeria batiría el récord de apariciones en un Mundial juvenil con catorce partidos, marca que todavía no ha sido igualada) permitió a Néstor Fabián Cannobio (que luego pasó por Valencia, Celta de Vigo y Valladolid) colocar el 2-1 definitivo.

Y México, por su parte, acusó demasiado la baja de su capitán y auténtico cerebro, Rafa Márquez, expulsado en el descuento del partido de octavos de final, y no pudo oponer resistencia en ningún momento a la ordenada selección japonesa. A los dos minutos los asiáticos ya mandaban en el marcador y antes del veinticinco doblaban su ventaja, que se convirtió en insalvable para una desconocida selección azteca. La posibilidad de que el país del Sol Naciente ganara un Mundial de fútbol ya no existía sólo en los dibujos animados.

Cuatro equipos se mantenían en liza y, al igual que ocurriera en los Mundiales sub’20 de Arabia Saudí’89 y Australia’93, cada uno representaba a un continente. Las semifinales quedaban establecidas así:

Mali

España

Uruguay

Japón

Sin tener que moverse de Kaduna, el 21 de abril España recibía a Mali tan preocupada por el rival como por el horario: tocaba jugar otra vez a primera hora de la tarde y los precedentes (empate a cero con Zambia y victoria agónica ante Estados Unidos) indicaban que la segunda parte podía convertirse en una trampa por culpa del cansancio. Tal vez por eso, la selección española salió decidida a resolver por la vía rápida y muy pronto la vuelta de Aranzubia a la titularidad, principal noticia de la previa, pasó a un segundo plano: la primera incursión de Barkero por la izquierda acabó con un balón al área que Varela empujó a la red cuando sólo se llevaban disputados 67 segundos de partido. Los africanos tardaron en reaccionar y el primer tercio de partido fue un nuevo alarde de buen juego español, así que nadie se sorprendió cuando a los veinticinco minutos otra vez Varela recibía un perfecto pase de Gabri y, a puerta vacía, subía el segundo al marcador.

El seleccionador de Mali decidió quemar sus naves antes de que fuera demasiado tarde y pasada la media hora quitó a un defensa para dar entrada a Mahamadou Dissa, máximo goleador de su selección y que, curiosamente, sólo veía puerta cuando salía desde el banquillo. Poco a poco las llegadas españolas se fueron espaciando más en el tiempo y el control del balón pasó a ser de Mali, aunque los africanos no creaban demasiado peligro. Pero tras el descanso se repitió la historia: España acusó el esfuerzo físico de la primera parte y, como ante Honduras y Estados Unidos, se fue del partido. A los cinco minutos de la reanudación llegó el gol africano que, cómo no, fue anotado por Dissa, que sumaba así su quinto tanto y se colocaba como máximo artillero del campeonato.

Llegaron varios minutos de zozobra en los que Mali acarició el empate, pero en el último cuarto de hora el cielo de Kaduna descargó una intensa tormenta que refrescó el ambiente y las ideas hispanas. Y bajo el diluvio, con casi todo Mali volcado sobre el área contraria pero chocando una y otra vez con el muro español sin crear demasiado peligro, llegó la sentencia de Xavi, que en el minuto noventa recibió un balón en la frontal del área rival y lo colocó abajo, cruzado, pegado al palo, imposible para el portero. España certificaba así la victoria y el pase a su segunda final de un Mundial sub’20: en la anterior, en 1985, los Unzué, Goicoechea, Nayim, Rafa Paz, Losada, Fernando y compañía no pudieron superar a Brasil. Catorce años después, casi nadie dudaba de que los de Sáez volverían con el título.

21/04/1999 Semifinal.

MALI

(1)

Ibrahim Keita; Dramane Coulibaly (-34, Dissa), Traore, Adama Coulibaly, Camara; Seydou Keita, Diakite, Amadou Coulibaly, Diarra; Bagayoko, Cisse.

ESPAÑA

(3)

Aranzubia; Coira, Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz, Xavi, Varela, Barkero (-82, Rubén); Gabri, Pablo (-76, Yeste).

Goles

0-1 Varela (ESP, min. 2), 0-2 Varela (ESP, min. 25), 1-2 Dissa (MLI, min. 51), 1-3 Xavi (ESP, min. 90).

Árbitro

Jun Lu (CHN).

Tarjetas

Camara (MLI, min. 29), Amadou Coulibaly (MLI, min. 52).

Estadio

Ahmadu Bello (Kaduna). 16.000 espectadores.

Las semifinales se cerraron con estos marcadores:

Mali

1

3

España

Uruguay

1

2

Japón

La sorpresa del torneo había dejado de serlo: Japón jugaría con todo merecimiento la final del Mundial sub’20. El cuadro dirigido por el francés Philippe Troussier dominó a los sudamericanos en la primera parte con una gran actuación de Masashi Motoyama, que sirvió los dos goles a Takahara y Nagai (el gol uruguayo, que entonces suponía el empate a uno provisional, fue obra de Ernesto Chevantón, que años más tarde pasaría por el Sevilla). En la segunda parte Uruguay tuvo alguna oportunidad para empatar, pero no acertó a batir al meta nipón y los asiáticos culminaban una gesta que tuvo un único pero importantísimo punto negativo: la tarjeta amarilla vista por su capitán y organizador, Shinji Ono, por perder tiempo, le dejaba fuera de la final por acumulación de amonestaciones.

Llegar a Lagos fue un alivio para la expedición española: por primera vez en el torneo España encontraba un alojamiento acorde a lo esperado en un Campeonato del Mundo y sólo el caótico tráfico de la ciudad más importante de Nigeria supuso algún inconveniente durante los escasos dos días que la selección sub’20 pasó allí antes del partido definitivo. Un partido que, para bien o para mal, apenas tuvo historia. Aunque Gabri no estaba plenamente recuperado de un leve proceso gripal, Iñaki Sáez (que el día anterior había cumplido 56 años) dispuso a su once de gala y muy pronto se vio que a España no iba a escapársele el triunfo.

Naohiro Takahara, Ángel Osvaldo Sánchez y Pablo Orbaiz durante el sorteo inicial de la final

Naohiro Takahara, Ángel Osvaldo Sánchez y Pablo Orbaiz durante el sorteo inicial de la final

A los cuatro minutos el árbitro argentino Ángel Osvaldo Sánchez decretó libre indirecto dentro del área por una infracción del portero Minami que la televisión no alcanzó a mostrar (pudieron ser pasos o pérdida de tiempo, o tal vez el guardameta dejara caer el balón al suelo para luego volver a recogerlo con las manos). En cualquier caso nadie protestó y Barkero, superando la poblada barrera con un tiro raso, fusiló la meta nipona por primera vez. Desde aquel momento se despejaron las pocas dudas que pudiera haber sobre el signo del partido. La ausencia de Ono pesaba demasiado en el equipo japonés y la confianza y calidad de la selección española hacían el resto.

Las ocasiones iban llegando con cierta facilidad. Al filo del cuarto de hora Pablo Couñago anotó el segundo gol del encuentro aprovechando un gran pase largo de Xavi que le dejó mano a mano con el portero japonés, y el gallego repitió en el minuto treinta y tres recogiendo un balón suelto en el área tras una internada por la derecha de Barkero. Pablo llegaba así a los cinco goles del maliense Dissa y empataba en cabeza de la tabla de máximos realizadores del campeonato, con grandes perspectivas de alzarse con la Bota de Oro en solitario en vista del cariz que había tomado el partido. Por parte japonesa sólo el ariete Naohiro Takahara parecía dispuesto a presentar algo de batalla, pero las dos oportunidades de que dispuso en la primera parte se marcharon fuera.

España sabía que no podía permitirse una nueva siesta al comienzo de la segunda parte y obró en consecuencia: a los cinco minutos de la reanudación una triangulación perfecta dejó el balón en los pies de Pablo, quien, obstaculizado por un defensor, cedió el esférico a Gabri, que había iniciado la jugada en campo propio y la remató en el punto de penalti como se merecía. Un gol con el que se cerraba una cuenta que él mismo había abierto tres semanas antes con su primer tanto ante Brasil. Durante unos minutos España pudo aumentar su ventaja aún más, pero entre los fueras de juego y la buena actuación del portero japonés (que pese al primer error y a la goleada fue de lo mejor de su equipo) no se consiguieron más goles. Luego llegó la lógica relajación y el partido se consumió sin mayor novedad.

Alrededor de las siete de la tarde (una hora más en la península ibérica), bajo la atenta mirada de Ángel María Villar y del entonces ministro de Educación y Cultura, Mariano Rajoy, con cierta timidez pero con la cara de quien sabe que está a punto de protagonizar un momento histórico, el capitán Pablo Orbaiz levantaba la primera copa que Joseph Blatter entregaba personalmente como presidente de la FIFA: España era, por fin, campeona del mundo sub’20.

24/04/1999

Final del Campeonato del Mundo sub’20 de Nigeria 1999.

JAPON

(0)

Minami; Tsujimoto, Teshima, Sakai; Nakata, Ogasawara, Motoyama, Endo, Ujie (-46, Inamoto); Nagai (-69, Takada), Takahara (-56, Bando).

ESPAÑA

(4)

Aranzubia; Coira, Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz, Xavi, Varela (-63, Rubén), Barkero (-80, Aganzo), Gabri (-71, Colsa), Pablo.

Goles

0-1 Barkero (ESP, min. 5), 0-2 Pablo (ESP, min. 14), 0-3 Pablo (ESP, min. 33), 0-4 Gabri (ESP, min. 51).

Árbitro

Ángel Osvaldo Sánchez (ARG).

Tarjetas

Bermudo (ESP, min. 16), Endo (JPN, min. 47), Jusué (ESP, min. 50), Orbaiz (ESP, min 73).

Estadio

National Stadium (Lagos). 38.000 espectadores. Antes de la final se disputó el partido por el tercer y cuarto puesto (Uruguay 0-1 Mali)
(© AFP)

(© AFP)

 

Campeonato del Mundo sub’20 Nigeria 1999. Cuadro de Honor

1º España

2º Japón

3º Mali

4º Uruguay

Campeonato del Mundo sub’20 Nigeria 1999.

Premios Individuales

Balón de Oro al Mejor Jugador (*)

Bota de Oro al Máximo Goleador

1º Seydou Keita (MLI) 1º Pablo Couñago (ESP), 5 goles
2º Pius Ikedia (NIG) 2º Mahamadou Dissa (MLI), 5 goles
3º Pablo Couñago (ESP) 3º Gaspard Komol (CMR), 4 goles
(*) votos de la prensa acreditada 3º Taylor Twellman (USA), 4 goles

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Fuentes consultadas:

Martialay, Félix: “Todo sobre todas las selecciones” (2007), Ed. Librerías Deportivas Esteban Sanz.

Hemeroteca diarios “ABC”, “El Mundo Deportivo” y “El País” (abril 1999).

Imágenes extraídas del Informe Técnico oficial del Campeonato, disponible en www.fifa.com

Publicado en: General

Nº 54

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