Historias de la Selección (IV). El gran papel realizado en Brasil (25 de junio-16 de julio de 1950).

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Estudio sobre la participación de la selección española en el Mundial disputado en Brasil en 1950. España logró un cuarto puesto, su mejor clasificación hasta Sudáfrica 2010.
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Después de doce años de larga espera provocada por la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, la Copa del Mundo hace su reaparición con su cuarta edición, disputada en Brasil, en 1950. Desde que el italiano Silvio Piola batiera por última vez al húngaro Antal Szabo en la final del Mundial de Francia, el 19 de junio de 1938, ninguna pelota de fútbol había vuelto a rodar en ningún estadio del planeta, con el título de campeón del mundo en juego. Nuestra Selección, que no pudo participar en las ediciones de 1930 y 1938, se ha deshecho con cierta facilidad de Portugal en la eliminatoria preliminar (5-1 en Madrid y 2-2 en Lisboa) y, con un gran conjunto y no pocas individualidades, dirigido por el ex guardameta internacional Guillermo Eizaguirre, llega al país de la samba con el propósito claro de pelear por los puestos de honor del campeonato. El sorteo nos ha mandado al grupo B, junto a un desconocido, Estados Unidos, una incógnita, Chile y un auténtico coco, Inglaterra, que disputa su primer Mundial y se ha convertido en uno de los equipos que más cuentan en las apuestas. Sólo uno de éstos pasará a la segunda y definitiva fase, que se disputará por el sistema de liguilla entre los campeones de los cuatro grupos de la primera ronda.

España se estrena el 25 de junio, frente a los norteamericanos, en el estadio Durval Brito de la ciudad de Curitiba. Juegan: Ignacio Eizaguirre; Alonso, Antúnez, Gonzalvo II; Gonzalvo III, Puchades; Basora, Igoa, Zarra, Rosendo Hernández y Gaínza. El primer susto del campeonato para los nuestros, morrocotudo además, no tarda en llegar. Jack Souza ha adelantado a su equipo al cuarto de hora y los españoles no ven rendija alguna en la maraña defensiva estadounidense. Nerviosos y desacertados, llegan al minuto 80 por debajo en el marcador, hasta que,  al fin, Igoa consigue romper la muralla de Borghi. El tanto del delantero valencianista abre la veda española y Basora y Zarra, en cinco minutos, le secundan, dando los dos primeros puntos al equipo. Se ha ganado, sí, pero hay que corregir cosas.

Cuatro días después, en Maracaná, nos enfrentamos a Chile, que había perdido en su debut contra los ingleses. Parra sustituye a Antúnez en el centro de la defensa, Panizo a Rosendo Hernández en el interior zurdo y Antonio Ramallets, que apenas lleva una temporada en Primera División, hace su debut en la portería española. Saldrá de Brasil como la gran revelación y el mejor guardameta del campeonato. Los nuestros mejoran considerablemente la versión ofrecida ante Estados Unidos y con dos goles de Basora y Zarra ponen rumbo a la segunda fase. Pero queda un escollo, un complicado obstáculo para alcanzar ese cuadrangular final: Inglaterra. Quizá más temible por nombre que por momento de forma (viene de perder con Estados Unidos en Belo Horizonte), pero a la que le basta con vencernos para mandarnos a casa.

Con un comedido optimismo por las dos victorias previas cosechadas y también con recelo, con mucho recelo por el siempre pomposo caché del rival, nuestros chicos saltan al majestuoso estadio de Maracaná, sorprendentemente mojado por la lluvia caída durante toda la noche anterior, para disputar ante Inglaterra el último partido de la primera fase. Es domingo, 2 de julio de 1950. Pocos lo pueden sospechar, pero será ésta una de las fechas históricas para el fútbol español. A nuestro combinado le basta el empate para asegurar el pase a la segunda ronda y, con ello, el cuarto puesto mundial. Inglaterra está obligada a ganar.  A las órdenes del italiano Giovanni Galleati, los equipos se alinean así: Williams; Ramsey, Eckersley, Wright; Hughes, Dickinson; Matthews, Mortensen, Milburn, Baily y Finney, por Inglaterra y Ramallets; Alonso, Parra, Gonzalvo II; Gonzalvo III, Puchades; Basora, Igoa, Zarra, Panizo y Gaínza, por nuestro país. Al otro lado del charco, media España pegada a la radio, a la incomparable voz de Matías Prats, vive de cerca el que ha sido, probablemente, el triunfo más mítico y legendario de la historia del fútbol español. Los ha habido más importantes (desde luego, no hasta entonces), pero quizá ninguno con este halo idealista y romántico. El partido arranca con un juego rápido, alegre y vistoso de los dos equipos, con varias ocasiones de gol en ambas porterías. Galleati anula uno a Milburn por presunto fuera de juego. Los radioyentes españoles respiran aliviados. Sobre el mojado césped, dos de los mejores extremos que jamás vio el fútbol mundial: de un lado, Sir Stanley Matthews, uno de los más brillantes futbolistas ingleses de la historia, y del otro, nuestro inigualable Piru Gaínza, el mejor jugador español desde Ricardo Zamora, además de un puñado de grandes figuras de la época. Es el mejor encuentro en lo que va de torneo y, sin duda, responde a las expectativas creadas, aunque al descanso se llega con el marcador inicial.

Al comienzo de la segunda parte, Inglaterra, que sintiéndose favorita y necesitada de la victoria para pasar había acrecentado su presión en el tramo  final del primer periodo, se vuelca sobre el portal español con la clara intención de solucionar cuanto antes la papeleta. Nuestra línea defensiva, siempre bien auxiliada por un Puchades titánico, tiene que multiplicarse para contrarrestar el empuje inglés, cada vez más acuciante. Los pross estrechan el cerco y las ocasiones de gol se suceden ante un inspiradísimo Ramallets. El partido del, desde entonces, Gato de Maracaná, es extraordinario, formidable. El gol británico parece cada vez más inminente, con oportunidades seguidas para Finney, Milburn y Mortensen, cuando, a los 49 minutos, llega la jugada que decidirá el partido para España: Gabriel Alonso, el defensa derecho, que tiene la orden de no pasar del centro del campo salvo resultado desfavorable, hace caso omiso y se interna como extremo. Centra pasado al segundo palo para que Gaínza toque de cabeza hacia el área pequeña. Igoa no puede llegar, pero sí Zarra, siempre oportunísimo, que con un ligero toque, salva la oposición del portero y lleva el balón al fondo de la red. ¡¡ Gooool, gooool de Españaaaa!!, grita jubiloso y alborozado Matías Prats y con él todo un país entero a miles de kilómetros. Un país poco acostumbrado a alegrías, con cierto complejo de inferioridad aún y que se restaña todavía las heridas de una guerra fratricida. Un país que es ahora testigo de una victoria mítica frente a los inventores del fútbol y que mete a nuestro equipo entre los cuatro mejores del mundo. Con este gol de Zarra España disputará el título de campeón a Uruguay, Brasil y Suecia en el cuadrangular final. Casi nada.

Con la moral ciertamente por las nubes, después de los tres triunfos en la fase de grupos, la Selección pone rumbo a Sao Paulo para jugar contra Uruguay el primer partido de la liguilla por el título. Los charrúas, campeones en 1930, sólo han disputado un encuentro en la primera fase y tienen su depósito de energía mucho más lleno que los nuestros. Han batido a la flojísima Bolivia por 8-0 en el grupo D, de sólo dos equipos. El 9 de julio, en el estadio Pacaembú, la Selección española juega ante los maestros uruguayos su mejor partido del Mundial. Nuestro técnico alinea a los mismos once héroes que vencieron a Inglaterra, con el cambio obligado de Molowny por Panizo lesionado. A la media hora Ghiggia adelanta a La Celeste con un gol que no intimida a los chicos de Eizaguirre. Basora, sensacional toda la tarde, logra dos extraordinarios tantos (minutos 37 y 40) que ponen por delante a España. El encuentro es duro, bravo, intenso. Nuestra Selección domina en el marcador y a falta de 15 minutos tiene controlado al peligroso arsenal ofensivo de Uruguay (Ghiggia, Pérez, Míguez, Schiaffino y Vidal). Quizá por eso no repara en Obdulio Varela, volante central y gran capitán charrúa, que lanza un misil desde 40 metros superando a un sorprendido (y desafortunado) Ramallets. Empate a dos final, que sabe a derrota para los nuestros. El día 13 se vuelve a Rio de Janeiro. Brasil, la máxima favorita, ha derrotado a Suecia por 7-1 y nos espera con las garras bien afiladas. Una victoria ante los españoles le colocaría en situación inmejorable para su último choque frente a Uruguay. España pone en liza a su alineación de gala, pero juega un partido desastroso. El peor del campeonato, ante una formidable selección. A los 15 minutos Parra marca en propia puerta y el equipo se resquebraja por completo. Jair y Chico aciertan dos veces más antes de la media hora y todo queda visto para sentencia. Tres dianas locales más tras el intermedio ratifican la superioridad brasileña, que está a un empate contra Uruguay de proclamarse campeona del mundo. Igoa marca el llamado gol del honor y el equipo, abatido anímicamente (¡ay, ese punto perdido al final contra Uruguay!) y destrozado físicamente, debe hacer de nuevo las maletas para volar otra vez a Sao Paulo. Un empate ante los suecos, en el último partido, nos daría una reconfortante tercera plaza.

El 16 de julio España salta al césped del Pacaembú con muchas caras nuevas en su once. El agotamiento de unos, las lesiones de otros y la decisión de Eizaguirre de hacer jugar a los menos frecuentes, dan con una Selección mucho menos competitiva de lo requerido en un partido como éste. Quizá no se ha valorado un tercer puesto mundialista como se debe. El empate contra Uruguay, en un duelo que se tenía ganado, ha hundido en el desánimo a los jugadores españoles. Y aunque los charrúas saldrán campeones de Brasil, con el celebérrimo Maracanazo, pocos apreciarán ese punto conquistado frente a ellos. El caso es que, ante Suecia, tampoco se juega bien y se sucumbe por tres tantos a uno. Zarra, que actúa lesionado gran parte del choque, marca para España a los 82 minutos, mucho después de que Sundqvist, Mellberg y Palmer lo hicieran para su equipo. El cuarto puesto final sabe a muy poco en esos momentos, después de haber podido pelear por el título. Con el transcurrir de los años, de las décadas incluso, se verá como un éxito irrefutable del fútbol español. Durante los próximos ¡60 años y 14 Campeonatos del Mundo! ninguna Selección española logrará mejorar este resultado.

CONTEXTO HISTÓRICO

En el año 1950 se funda en España la empresa de coches SEAT y se inaugura oficialmente el TALGO. El papa Pío XII aprueba el Opus Dei. Da comienzo la Guerra de Corea, que durará tres años. Chang Kai-Shek proclama en Taiwán la República China. Se crea en Estrasburgo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Se reconoce a todos los judíos el derecho a vivir en Israel. Se inicia la primera temporada de la historia de la Fórmula 1, con victoria del italiano Giuseppe Farina. En España, la Liga se la lleva el Atlético de Madrid y la Copa del Generalísimo, el Athlétic, tras imponerse al Valladolid en la final, con cuatro goles de Telmo Zarra. El propio ariete vizcaíno resulta ganador del Trofeo Pichichi, con 25 dianas y el cancerbero gallego del Deportivo de la Coruña, Juan Acuña, logra el Trofeo Zamora.

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Nº 55

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