España en los mundiales sub’20: Australia 1981

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Análisis histórico y estadístico sobre la participación española en el Mundial juvenil FIFA organizado en Australia en 1981.
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Mientras Argentina celebraba sobre el césped el título recién conquistado ante la URSS, en el marcador del Estadio Olímpico de Tokio ya se emplazaba a los aficionados para la siguiente edición del Mundial juvenil, a celebrar en 1981 en Australia. Con esta concesión, Joao Havelange cumplía con su promesa de llevar estos campeonatos a todos los continentes que jamás habían organizado un evento FIFA: tras África y Asia, Oceanía completaría el círculo evangelizador iniciado en Túnez 1977. Además, plenamente aceptado por el mundo del fútbol y consolidado en su estructura bienal sub’20, el “Torneo Mundial de Juveniles por la Copa Coca-Cola” cambiaba su nombre y adoptaba una denominación algo más formal: el de Australia sería el primer “Campeonato Mundial Juvenil por la Copa Coca-Cola”.

Podríamos decir que el largo y tortuoso camino a la isla continente empezó oficiosamente para España en noviembre de 1979, apenas dos meses después del Mundial de Japón, en la prestigiosa “Copa Príncipe Alberto” que se celebraba anualmente en Montecarlo en honor del entonces joven heredero monegasco. Tras las primeras pruebas de la primavera, el torneo de Montecarlo sirvió para que Jesús Pereda y José Emilio Santamaría comenzaran a trabajar de lleno con el bloque que debería luchar por su presencia en el “Torneo de Naciones de la UEFA” de 1980, que daría acceso al Mundial sub’20 de 1981.

En Mónaco, pese a contar con jugadores de la talla de Andoni Zubizarreta, Roberto Fernández, Urbano Ortega o Ángel Pedraza, por citar a algunos de los que luego tendrían una carrera más exitosa como profesionales, España acabó en una discreta sexta posición, generando dudas de cara a los compromisos oficiales del año siguiente. Sin embargo, con la incorporación de Jose Mari Bakero y, sobre todo, de José Miguel González Martín del Campo, “Míchel” (al que Pereda usaba en muchas ocasiones como falso delantero centro), ambos de escasos diecisiete años, el equipo mostró claros signos de mejoría en los dos amistosos disputados en casa contra Portugal (2-0) y Rumanía (0-0) a comienzos de 1980. Unas buenas sensaciones que se confirmaron en la eliminatoria de acceso al Europeo juvenil, en la que la selección jugó con brillantez y derrotó sin problemas a Suiza en ambos partidos: 3-0 en Ciudad Real y 0-2 en la encerrona que prepararon los suizos en un minúsculo campo de Altstätten.

A mediados de mayo, pocos días después de vencer en otro amistoso a Países Bajos (2-0), España viajó a Alemania Oriental para disputar el Europeo sub’18 con la moral por las nubes. Encuadrada en el grupo A junto con Italia, Noruega y Hungría, la selección juvenil no sólo pretendía ganarse en la RDA una de las seis plazas para el Mundial sub’20 de Australia 1981, sino que aspiraba incluso a luchar por el título. Sin embargo, todo se torció en el debut ante los transalpinos: pese a que España dominó el partido, Italia se adelantó en un córner al borde del descanso y ya no hubo forma de recuperar la desventaja ni en ese encuentro ni en la clasificación. La victoria por 2-1 sobre Noruega en la segunda jornada no sirvió para mucho: Italia no falló y, sumando tres de los siguientes cuatro puntos en disputa, se aseguró el liderato del grupo y el pase a semifinales. Con sólo doce jugadores de campo disponibles para la tercera jornada, por culpa de lesiones y sanciones varias, España cerró su participación derrotando a Hungría por 2-0 y acabó como la mejor segunda de los cuatro grupos, con lo que obtenía la clasificación para el Mundial juvenil del año siguiente.

Con la URSS ausente al haber perdido en la eliminatoria previa con Yugoslavia, la española se convertiría en la única selección europea que lograba participar en las tres ediciones mundialistas disputadas hasta entonces, lo cual era un éxito a resaltar. Inglaterra, que acabó ganando el torneo continental, Polonia, Italia y Países Bajos (con Danny Blind, Ronald Koeman, Ruud Gullit y Frank Rijkaard en el equipo) fueron los cuatro semifinalistas y, por tanto, también sacaron billete para Australia, mientras que la sexta plaza se decidió en un sorteo en el que Rumanía fue más afortunada que Portugal (ambas selecciones, segundas en sus respectivos grupos, habían empatado a todo). Sin embargo, no fueron estos los seis equipos europeos que viajaron a Australia casi un año y medio más tarde. Países Bajos renunció a participar y la UEFA invitó en su lugar a la selección de la República Federal de Alemania, que había pasado con más pena que gloria por aquel “Torneo de Naciones” de 1980. La razón de esa invitación (tanto Portugal como la RDA obtuvieron mejor puntuación en esa fase de grupos que Alemania Occidental) queda, muy a mi pesar, pendiente de una investigación más exhaustiva.

Durante el verano de 1980, tras el discreto papel de España en la fase final de la Eurocopa de Italia, la Federación decidió dar por concluida la larga etapa de Ladislao Kubala al frente del equipo nacional y le dio el cargo de seleccionador absoluto a José Emilio Santamaría. Con la absoluta no tendría demasiada suerte, pero la labor de programación de las categorías inferiores (de la recién creada sub’16 a la sub’23) que el hispano-uruguayo había iniciado dos años antes junto con Chus Pereda sí empezaba a dar sus frutos y durante la temporada 1980/1981 la nueva selección sub’18 cuajó grandes resultados. A la innegable calidad futbolística del grupo se unía la experiencia internacional adquirida por algunos de sus componentes, que habían formado parte de la selección de la temporada anterior, y todo ello hacía de aquella una de las mejores generaciones juveniles de los últimos años.

España acabó en tercera posición en la “Copa Príncipe Alberto”, repitió puesto en el primer “Memorial Valentin Granatkin” (torneo celebrado en Moscú en el pabellón cubierto del CSKA y sobre césped artificial) y superó nuevamente a Suiza en la eliminatoria previa del Europeo juvenil de 1981 por un global de 5-2. Además, se ganaron los tres amistosos disputados aquel año frente a Portugal, Francia (en París) e Italia, por lo que los resultados eran difícilmente mejorables. Ya en el Campeonato de Europa sub’18 (primero que se disputaba bajo esa denominación), celebrado en Alemania Occidental, los de Pereda hicieron buenos los pronósticos y consiguieron acabar líderes de grupo y acceder a semifinales por primera vez desde 1976, gracias a sus victorias sobre Inglaterra y Austria y a un empate contra Escocia. Parecía razonable soñar con un título que no se conseguía desde 1954, pero la suerte abandonó a los juveniles españoles en los partidos decisivos. En menos de 24 horas, primero Polonia y luego Francia se impusieron a España en sendas tandas de penaltis, para dejar con un amargo sabor de boca a un bloque con nivel suficiente como para haber llegado algo más arriba. El título, por cierto, se lo quedó la RFA.

Por su parte, la generación que había logrado el año anterior la clasificación para el Mundial sub’20 de Australia tuvo la oportunidad de volver a reunirse a finales de junio de 1981 para disputar en México DF la primera “Copa Joao Havelange”. Ocho selecciones de categoría sub’19, seis de ellas clasificadas para el Mundial juvenil, viajaron al país azteca para medir fuerzas, y España no salió mal parada. Tras perder contra Brasil (0-2) en el debut, los de Pereda vencieron a México por idéntico marcador y golearon 4-0 a Estados Unidos. Luego llegó la derrota ante a Argentina por 1-3 en la prórroga de las semifinales, pero los españoles se repusieron para ganar a Paraguay por 3-2 y alcanzar así la tercera posición final.

Un gran resultado en esa especie de ensayo general del Mundial sub’20 que daba pie al optimismo: uniendo a los mejores jugadores de este grupo (Zubizarreta, Chendo, Roberto…) con los más destacados del que había luchado por ganar el Europeo sub’18 de esa primavera (Míchel, Bakero…) había mimbres para optar a todo en Australia. Las expectativas eran tan altas que desde la Federación se confiaba en que el presumible éxito de los juveniles contribuyera a crear un ambiente positivo en el país de cara a España 1982. Pero, por desgracia, en el fútbol español de aquellos años no había manera de conseguir que algo saliera bien. Incluso cuando todo parecía estar a favor, como con esta gran selección sub’20, siempre nos las apañábamos para estropearlo de alguna manera. Y es que, en el arranque de la temporada que teóricamente debía resultar más esperanzadora para el balompié patrio, todo eran problemas.

A menos ya de un año del ansiado Mundial’82, la selección absoluta no carburaba y Santamaría no era capaz de transmitir ni al equipo ni a la afición la confianza necesaria como para afrontar el campeonato con un mínimo de ilusión. Televisión Española no retransmitía partidos de liga desde finales de 1979 porque los equipos pedían más dinero del que el ente estaba dispuesto a pagar. Y la AFE, el combativo sindicato de futbolistas creado a principios de 1978, cansada de reclamar por las buenas los más de 300 millones de pesetas que en aquel verano de 1981 debían los 66 equipos morosos del fútbol nacional (una auténtica barbaridad para una época en la que Bernd Schuster, por ejemplo, cobraba unos 18 millones anuales del FC Barcelona), acabó declarando una huelga el 31 de agosto que retrasó dos semanas el inicio del campeonato liguero, hasta que los jugadores consiguieron garantías sobre el pago de las deudas y la abolición de la norma que obligaba a los equipos de Segunda, Segunda B y Tercera a alinear a dos sub’20 en cada partido. Un parche temporal, porque antes de acabar la temporada se produciría un nuevo paro.

Por si había pocos frentes abiertos, la selección juvenil se convirtió en una víctima más del enconado conflicto que enfrentaba a futbolistas, clubes y federación. Durante el verano, varios equipos comunicaron a la Federación Española que no cederían a sus principales promesas para la disputa del inminente Mundial sub’20, y no eran pocos: auténticos puntales para Chus Pereda como Zubizarreta y Endika (Athletic), Bakero (Real Sociedad), Roberto (Valencia), Urbano (Español), Míchel o Chendo (Real Madrid) no viajarían a Australia por la negativa de sus respectivos clubes, que no querían perder a sus jóvenes valores durante tres semanas nada más arrancar la temporada. Otros jugadores de menos renombre posterior pero igual de habituales en las convocatorias juveniles, como Jesús García Jiménez (Rayo), Pascual Luna Parra (Hércules) o Luis Felipe Saavedra (Las Palmas), también se toparon con la prohibición de sus equipos. Una auténtica sangría a la que la Federación de Pablo Porta asistía impotente (mitad víctima pero también mitad culpable por algunas concesiones anteriores) y que, según publicó El Mundo Deportivo el 31 de agosto de 1981, hizo que el seleccionador meditase seriamente presentar su dimisión.

A un mes escaso del inicio del Mundial, Pereda se veía obligado a confeccionar a toda prisa un conjunto de perfil bajo cuando, de haber contado con todas sus estrellas, España habría sido un claro aspirante al título. Pero, no contentos con haber acabado de un plumazo con las opciones de triunfo de la selección, los clubes españoles siguieron interfiriendo en la preparación mundialista. Durante el mes de septiembre se celebraron tres breves concentraciones, dos en Madrid y una en Barcelona (en la que se disputó un amistoso contra suplentes y juveniles del Español que acabó 3-3), para las que algunos equipos también se negaron a ceder a sus jugadores. En Barcelona, el día 10, faltaron siete de los 24 citados, pero el caso más estrambótico se produjo en la tercera sesión, celebrada una semana después en Madrid y a la que sólo habían acudido 14 de los 20 futbolistas convocados: instantes antes de que comenzara el partidillo previsto contra los juveniles del Real Madrid, una llamada del Atlético ordenó a Roberto Simón Marina que se marchara de la Ciudad Deportiva blanca cuando el jugador ya estaba preparándose en el vestuario. El chaval, claro, tuvo que obedecer a su club y Pereda se quedó con un palmo de narices y con trece jugadores con los que, obviamente, poco trabajo de preparación podía hacer.

Finalmente, el 22 de septiembre el técnico burgalés dio una convocatoria, formada probablemente por futbolistas elegidos más por conveniencia que por convencimiento, para una última sesión preparatoria; tres días después, incluyó los mismos dieciocho nombres en la lista definitiva para el Mundial sub’20 de Australia. De esa relación, sin embargo, todavía se acabaría cayendo un jugador más: el sportinguista Nicolás Pereda, reclamado a última hora por su club debido a una lesión de Cundi. El bético Romo tuvo que viajar por su cuenta a Ámsterdam para reunirse con el resto del equipo antes de poner rumbo a Oceanía el día 29, en vuelo compartido con otras nueve selecciones participantes. Estos fueron, por tanto, los futbolistas con los que contó Chus Pereda para disputar el mundial juvenil de Australia 1981:

Pos.

Nombre Fecha Nac. Club

1

P

FERNANDO Peralta Carrasco 15/08/1961 CD Málaga

2

DF

Alberto Calvo VALLINA 15/11/1961 Sporting de Gijón

3

DF

Jorge FABREGAT Balmaña 04/12/1961 Terrassa

4

DF

Narcís JULIÀ Fontané 24/04/1963 Girona

5

MC

FRANCISCO Javier López Alfaro 01/11/1962 Sevilla

6

MC

José Manuel LACALLE Soage 30/04/1962 Real Sociedad

7

DL

José ALFONSO Martínez Crespo 02/02/1962 Real Madrid

8

DL

Recesvinto Casero Úbeda, “RECES 20/03/1962 Hércules

9

DL

Sebastián López Serrano, “CHANO 18/08/1961 Cádiz CF

10

DL

Sebastián NADAL Mejías 03/10/1963 Atlético de Madrid

11

DL

Gonzalo Alonso López Segovia, “CHALO 01/03/1962 CD Tenerife

12

MC

Roberto Simón MARINA 28/08/1961 Atlético de Madrid

13

MC

José Ramón González ROMO 12/10/1963 Real Betis

14

DF

Antolín Ocaña Puerto, “TOLO 02/08/1961 Albacete

15

P

Manuel RUIZ Pérez 03/12/1962 CD Jerez

16

DF

Francisco Javier Rodríguez Rodrigo, “JAVI 28/06/1962 Real Valladolid

17

DF

Francisco Javier Rodríguez Hernández, “FRANCIS 28/12/1962 Real Madrid

18

DF

Antonio IRIARTE Cela 05/03/1962 FC Barcelona

Dado que la convocatoria estaba plagada de jugadores que, en condiciones normales, no hubieran pasado de ser segundas e incluso terceras opciones para Pereda (el 29 de septiembre, el diario El País hablaba de hasta quince bajas con respecto a los planes iniciales del seleccionador), no extraña que el único futbolista que luego disfrutó de cierta continuidad en la absoluta fuera uno de los pocos “fijos” que sí esquivó el bloqueo: el centrocampista Francisco López Alfaro (Sevilla, Espanyol), que jugó veinte partidos internacionales, cuatro de ellos en el Mundial de México’86. Además, el centrocampista Roberto Simón Marina (Atlético, Mallorca, Toledo) también llegó a debutar con la absoluta en 1985. Del resto, cabría destacar las carreras del portero Fernando Peralta (Málaga, Sevilla, Castellón), del defensa Narcís Julià (Zaragoza), del delantero Reces (Hércules, Murcia, Xerez) y de Chano (atacante que se reconvertiría en lateral y jugaría en Cádiz, Mallorca y Málaga). Precisamente estos dos últimos eran, junto al zamorano Javi, los únicos convocados que formaban parte de plantillas de Primera división en 1981, aunque entonces sólo Reces sabía lo que era jugar en esa categoría.

El discutible comportamiento de los clubes españoles no era, de todas formas, un caso aislado. Las fechas previstas para el Mundial (del 3 al 18 de octubre) eran óptimas para celebrar un campeonato en el hemisferio austral pero chocaban de frente con la campaña futbolística de la Europa occidental. Al igual que España, tanto Italia como Inglaterra se toparon con la negativa de muchos equipos a ceder a sus jugadores en plena temporada (los ingleses sólo pudieron contar con cuatro de sus campeones de Europa en 1980), y tampoco pudieron concentrarse previamente. Caso distinto fue el de la “invitada” RFA, que sólo dispuso de cuatro días de entrenamientos pero que sí pudo contar con todo su bloque campeón de Europa sub’18 de 1981. Y vaya si se notó.

El formato del campeonato sería el mismo que en Japón 1979: dieciséis selecciones divididas en cuatro grupos, clasificándose para cuartos de final los dos primeros de cada uno de ellos. La principal diferencia radicaba en que los partidos durarían noventa minutos, y no ochenta como venía siendo la norma desde 1977. Esto agravó los problemas de cansancio que solían acusar los equipos por la acumulación de encuentros en pocos días, problemas que en Australia se vieron potenciados por los efectos del jet-lag que experimentaron muchos participantes. Además, la organización australiana eligió seis sedes para el torneo, en lugar de las cuatro habituales, por lo que los desventurados jugadores de los grupos C y D vieron como al agotamiento de los partidos se le sumaba el del desplazamiento que fueron obligados a realizar en una de las jornadas. Como no podía ser de otra manera, España fue una de las selecciones afectadas, al haber quedado encuadrada en el grupo C en el sorteo celebrado en Sidney el 31 de marzo.

GRUPO A

(Brisbane)

GRUPO B

(Melbourne)

GRUPO C

(Adelaida, Canberra)

GRUPO D

(Sidney, Newcastle)

Uruguay

Brasil

Rep. Fed. Alemania

Australia

Polonia

Italia

México

Argentina

Qatar

República de Corea

España

Inglaterra

Estados Unidos

Rumanía

Egipto

Camerún

En cuanto a los equipos participantes, debutaban en un Mundial juvenil Qatar, Estados Unidos, Rumanía, Egipto, Camerún, Inglaterra y la República Federal de Alemania, naciones estas dos últimas que años antes habían manifestado su negativa a la creación del campeonato. Esas reticencias iniciales habían desaparecido ya y la FIFA manifestaba su orgullo al ver que tanto las grandes potencias como otros países de menor tradición futbolística se empezaban a tomar muy en serio su participación en los Mundiales sub’20: los equipos asiáticos y americanos dedicaban meses a preparar a sus equipos, con concentraciones permanentes y numerosos partidos amistosos, y en Europa, más allá del problema puntual de fechas, el torneo iba ganando en prestigio.

Como en Japón 1979, hubo un árbitro de cada país participante, seis más de otras naciones y otros seis colegiados australianos que sólo actuaron como jueces de línea (entre ellos se encontraba Christopher Bambridge, que cinco años más tarde se cruzaría en el camino de la selección en el famoso partido contra Brasil del Mundial de México). Desde España viajó el zaragozano Emilio Soriano Aladrén, que únicamente tuvo la oportunidad de dirigir el Estados Unidos – Uruguay de la primera jornada.

Por desgracia, pese al evidente esfuerzo e interés demostrado por la organización australiana, el campeonato se vio afectado por diversos contratiempos que le restaron parte del brillo y protagonismo deseados por la FIFA. Dada la tradicional preeminencia de cricket, rugby y fútbol australiano en el país, sólo se pudo usar un estadio diseñado específicamente para el fútbol asociación, el Hindmarsh de Adelaida, y el espectáculo se resintió por el mal estado de algunos terrenos de juego. Además, una fuerte tormenta desatada un par de días antes de la inauguración del Mundial afectó seriamente a las nuevas torres de iluminación del histórico Sidney Cricket Ground, escenario previsto para la mayoría de partidos del grupo D y para la final, y los organizadores tuvieron que trasladar los partidos al adyacente Sports Ground, un estadio de menor capacidad (hoy ya demolido) y que no había sido debidamente acondicionado para el fútbol. El enorme óvalo del Cricket Ground, que como su nombre indica albergaba habitualmente encuentros de cricket (y también de rugby), sólo pudo acoger una semifinal y la final, y su maltrecho césped no permitió demasiadas florituras.

Por último, la coincidencia de fechas del Mundial con un torneo indoor de tenis en Sidney (que contaba con la participación de John McEnroe y otras grandes figuras de la época) y con unas pruebas preparatorias de los Juegos de la Commonwealth en Brisbane provocó que la propia televisión australiana emitiera muchos partidos en diferido, limitando el impacto mediático del campeonato. Pese a todo, el público respondió, gracias en buena medida a las colonias de expatriados de los países participantes residentes en Australia, y las gradas acogieron en total a cerca de 300.000 espectadores (según datos oficiales), muy cerca de las cifras registradas en Japón dos años antes.

EL CAMPEONATO

Plantilla de España para el Mundial sub'20 de Australia 1981 (Mundo Deportivo, 01/10/1981)

Plantilla de España para el Mundial sub’20 de Australia 1981 (Mundo Deportivo, 01/10/1981)

La primera jornada del Campeonato Mundial Juvenil de Australia 1981 dejó claro que aquel no iba a ser un torneo como los demás. Argentina, vigente campeona, perdió 2-1 en su debut contra la selección anfitriona; Qatar, entrenada por el brasileño Evaristo (exjugador de Barcelona y Real Madrid y seleccionador de Brasil en Túnez 1979), derrotó a Polonia por 1-0; y Corea del Sur aplastó a Italia por 4-1. Aquel mismo 3 de octubre, España saltó al campo en Adelaida convencida de su superioridad sobre Egipto, el rival más desconocido y teóricamente más sencillo del grupo, pero los africanos demostraron que estaban dispuestos a sumarse a la ola de sorpresas que recorría el sudeste australiano. Dominando largas fases de la primera parte, los egipcios se adelantaron pronto, en su primer saque de esquina, y los de Pereda no supieron traspasar la ordenada defensa de su enemigo. Con un sistema de cinco zagueros ideado para que Francisco liderara la ofensiva española desde el centro del campo, sólo el sevillista generaba cierta sensación de peligro, pero no conseguía conectar con los puntas.

En la segunda parte Pereda dio entrada a Chano, que había sido suplente por culpa de un proceso gripal, y el jugador nacido en Tetuán aportó la chispa necesaria para que España se hiciera por fin con los mandos del partido y le diera la vuelta al marcador. El propio Chano marcó el gol del empate en una jugada individual y, diez minutos después, el mallorquín Nadal cabeceó a la red un buen centro de Vallina desde la derecha. Sin embargo, Egipto no se amilanó con la remontada hispana y Amer Taher Abou-Zeid, de fuerte disparo, igualó de nuevo la contienda. Para disgusto de los varios cientos de emigrantes españoles presentes en el campo (aunque la FIFA da como cifra oficial de espectadores la de 7.500, las crónicas hablan de casi lleno en un estadio de 20.000 localidades), el marcador no volvió a moverse y España veía cómo se complicaban sus opciones de pasar a cuartos de final.

03/10/1981

Primera jornada del Grupo C.

ESPAÑA

(1)

Fernando; Vallina, Javi, Julià, Francis, Fabregat; Lacalle, Francisco, Marina; Reces (-54, Chano), Nadal.

EGIPTO

(1)

Ashour; Hashih, El Amshati, Helmi, Abbas; Sedki, El Kashab (-88, Hozain), Mihoub; Soliman, El Kamash (-66, Hassan), Abou-Zeid.

Goles

0-1 Abou-Zeid (EGY, min. 6); 1-1 Chano (ESP, min. 65); 2-1 Nadal (ESP, min. 74); 2-2 Abou-Zeid (EGY, min. 78).

Árbitro

Lee Woo-Bong (KOR).

Tarjetas

Estadio

Hindmarsh (Adelaida). 7.504 espectadores.

El duelo entre México y España en la segunda jornada de la fase de grupos parecía un fijo en el calendario de todo Mundial sub’20. Por tercera vez en tres ediciones españoles y mexicanos se veían las caras después del primer partido, y esta vez ambas selecciones se jugaban su continuidad en el torneo. Para México, que había caído por la mínima ante Alemania Federal, una segunda derrota significaría su adiós al Mundial, mientras que España buscaba una victoria que le permitiese afrontar el duelo ante los germanos con más posibilidades. Tras haber pasado una agradable jornada de convivencia con la colonia española residente en la zona (excursión que se saldó con el “fichaje” de un cocinero aficionado experto en tortillas por parte del doctor Jorge Guillén, que en su tercer Mundial juvenil sabía lo importante que era una alimentación variada y del gusto de los jugadores), los de Pereda salieron con otro aire y dispusieron de varias ocasiones para abrir el marcador sin que México fuera capaz de reaccionar. El merecido gol español terminó llegando al borde del descanso, cuando el incisivo Chano fue derribado en el área rival y él mismo transformó el consiguiente penalti.

La segunda parte se inició por los mismos derroteros, pero a España empezó a faltarle fuelle. La entrada de Chalo por Nadal facilitó las cosas a la defensa azteca, que se enfrentaba a tres jugadores (Chalo, Romo y Chano) de escaso metro sesenta de altura, y el bajón físico de Francisco terminó por hundir a España en su propio campo. México se fue al ataque y obtuvo su premio a falta de cuarto de hora para el final, cuando Agustín Coss remató de cabeza un golpe franco botado por Herrera. En el tumulto posterior al gol se produjo un encontronazo entre varios jugadores de ambos equipos que el colegiado uruguayo resolvió expulsando al mexicano Francisco Chávez y al español Narcís Julià, que luego afirmó no haber participado en la trifulca pero que se quedó con la roja y la consiguiente suspensión. El último tramo de partido fue un acoso mexicano sobre la meta de Fernando, pero España salvó los muebles. Todo se decidiría en la tercera jornada.

06/10/1979

Segunda jornada del Grupo C.

MÉXICO

(1)

Adrián Chávez; Francisco Chávez, Gamal, Martínez, Servín; Muñoz, Curiel (-46, Farfán), Coss; Vaca, Alonso (-63, Herrera), Ríos.

ESPAÑA

(1)

Fernando; Vallina, Julià, Francis, Fabregat; Tolo, Lacalle, Francisco, Romo;  Chano, Nadal (-72, Chalo).

Goles

0-1 Chano (ESP, min. 45) (p); 1-1 Coss (MEX, min. 75).

Árbitro

José Martínez Bazán (URU).

Tarjetas

Gamal (MEX, min. desconocido); Vallina (ESP, min. desconocido); Tolo (ESP, min. desconocido); Muñoz (MEX, min. desconocido). Expulsados Julià (ESP, min. 75) y Franisco Chávez (MEX, min. 75) por roja directa.

Estadio

Hindmarsh (Adelaida). 14.120 espectadores.

La sorprendente victoria de Egipto ante Alemania Federal (2-1) dejaba el grupo en una situación inesperada. Los africanos (que poco después de su histórica victoria se enteraron del atentado sufrido por su presidente Anwar el-Sadat y barajaron su retirada del campeonato) lideraban la clasificación con tres puntos, uno más que España y la RFA y dos por encima de México, que aún tenía remotas opciones de alcanzar los cuartos de final. Las posibles combinaciones eran muchas pero, gracias a que los partidos de la tercera jornada seguían sin jugarse a la misma hora, aquel 8 de agosto España saltó al césped del Bruce Stadium de Canberra sabiendo que México y Egipto habían empatado a tres goles y que, por tanto, un nuevo empate sería suficiente para eliminar a Alemania.

Sin embargo, los problemas para los de Pereda habían comenzado ya con el desplazamiento de Adelaida a Canberra. Mientras los otros tres equipos del grupo viajaban en un cómodo vuelo directo, la organización envió a España a bordo de un pequeño avión con escala en Melbourne. La parada técnica se alargó más de lo previsto por culpa de una huelga del personal de tierra del aeropuerto y España llegó a la capital australiana muchas horas después que sus rivales y sin tiempo para entrenar (ni para comer con el embajador, como estaba planeado). El colmo del despropósito fue que, al llegar al hotel, los alemanes ocupaban las habitaciones reservadas para los españoles, por lo que aún hubo que esperar un poco más para descansar del ajetreado día. No era, desde luego, el mejor modo de preparar un duelo tan trascendental.

La República Federal de Alemania presentaba un equipo formado por muchos de los recientes campeones de Europa sub’18 de 1981 y, en este decisivo partido, demostró su superioridad desde el inicio. España esperaba atrás, confiando en aguantar el empate que necesitaba, y no modificó su plan ni siquiera cuando los germanos se adelantaron en el minuto 30 por medio de Herbst. El segundo tanto, obra de Wohlfarth nada más comenzar el segundo tiempo, sí fue un mazazo para las aspiraciones del equipo español, que había basado sus opciones en intentar enganchar alguna contra con la velocidad de Chano y Chalo. En medio del desconcierto llegó el 0-3, esta vez de Anthes, aprovechando una nueva indecisión de la defensa. España estaba virtualmente eliminada, pero justo entonces salió a relucir el orgullo de los juveniles dirigidos por Chus Pereda, que esta vez sí acertó con los cambios.

Con Reces y Sebastián Nadal en el campo, el equipo ganó en presencia ofensiva y empezó a pisar terreno alemán con más insistencia. Fruto de ese empuje llegó un córner en el que Francisco acertó a batir la meta de Vollborn, y a partir de ahí España se volcó buscando un imposible que, contra todo pronóstico, estuvo muy cerca de llegar. El gol del lateral zurdo Fabregat, en un gran disparo, dio paso a cinco locos minutos en los que España acarició el empate; sin embargo, una falta lateral rematada por Wohlfarth cercenó el sueño de la remontada. Alemania Federal pasaba a cuartos de final acompañando a Egipto y España quedaba fuera del Mundial sub’20 a las primeras de cambio.

08/10/1981

Tercera jornada del Grupo C.

ESPAÑA

(2)

Fernando; Vallina, Javi, Francis, Fabregat; Tolo (-52, Reces), Lacalle, Francisco, Romo; Chano, Chalo (-57, Nadal).

R.F.A.

(4)

Vollborn; Winklhofer, Schmidkunz, Zorc, Trieb; Loose, Sievers, Schön (-82, Brummer); Anthes, Wohlfarth, Herbst.

Goles

0-1 Herbst (RFA, min. 30); 0-2 Wohlfarth (RFA, min. 47); 0-3 Anthes (RFA, min. 55); 1-3 Francisco (ESP, min. 72); 2-3 Fabregat (ESP, min. 80); 2-4 Wolhfarth (RFA, min. 85).

Árbitro

Arnaldo Coelho (BRA).

Tarjetas

Vallina (ESP, min. 57).

Estadio

Bruce Stadium (Canberra). 15.000 espectadores.

Fue una triste despedida para un campeonato que, en condiciones normales, podría haber sido un gran éxito para España. Desgraciadamente, las fechas elegidas por FIFA y los conflictos entre clubes, jugadores y federación privaron a Chus Pereda de varios de sus mejores futbolistas. Aunque los que fueron hicieron todo lo posible, a nadie se le escapa que, simplemente con algunos de los ausentes, es muy probable que España hubiera llegado bastante más lejos en un torneo de no mucha calidad general. Otra gran oportunidad perdida.

También Argentina e Italia hicieron las maletas antes de tiempo. Los italianos, aquejados de problemas similares a los de España, ni siquiera tuvieron ese arranque de orgullo para maquillar una pobre participación saldada con tres derrotas frente a Corea, Brasil y Rumanía. Por su parte, Argentina presentó un equipo que poco tenía que ver con el de 1979 y que ya había sufrido para clasificarse para el Mundial, logrando la última plaza vacante en una repesca intercontinental. Aunque contaba con jugadores como Sergio Goycoechea o Jorge Burruchaga, la derrota inicial contra Australia pesó demasiado y la albiceleste no dio nunca sensación de ser un verdadero aspirante al título. Además, varios de sus aficionados protagonizaron el único incidente violento del campeonato, al cruzar sus navajas con hinchas ingleses al término del encuentro que midió a ambas selecciones en la segunda jornada.

Entrando ya en el repaso a los cuartos de final, la RFA sufrió para derrotar por la mínima a una correosa Australia que llegó a marrar una pena máxima, mientras que Inglaterra tuvo que remontar un 0-2 al descanso ante Egipto para acabar doblegando a los africanos por 4-2. El choque entre Rumanía y Uruguay, que ya se preveía muy igualado, se decidió a favor de los europeos (2-1) con dos goles de falta de Romulus Gabor, el segundo logrado a cinco minutos del final. Y la gran sorpresa la protagonizó la Qatar de Evaristo, que derrotó por 3-2 a Brasil (entrenada por el exatlético Vavá) gracias al acierto goleador de Khalid Al-Mohamedi, autor de los tres tantos (dos de ellos de penalti), y al gran trabajo de su portero, que corrigió los numerosos errores de su defensa a tirar el fuera de juego.

Las semifinales enfrentaron a Inglaterra y Qatar, por un lado, y a Alemania Federal y Rumanía por el otro. Se presumía una final íntegramente europea, pero los asiáticos continuaron con su inesperada carrera hacia la gloria derrotando a los ingleses por 2-1. Qatar, que se puso 2-0 e incluso falló un penalti, aprovechó bien sus ocasiones, mientras que los delanteros británicos cayeron más de veinte veces en la trampa del fuera de juego hilvanada por la defensa qatarí y tampoco estuvieron finos en las pocas pero claras oportunidades que generaron al romper la línea rival. En la otra semifinal, Rumanía consiguió dominar grandes fases del duelo ante la RFA, pero apenas creó peligro real y el encuentro llegó al tiempo extra. Los germanos, cuyo juego ofensivo ya venía mejorando durante la segunda parte, controlaron bien la prórroga y se hicieron con la victoria gracias a un afortunado gol olímpico de Alfred Schön.

En la final, muy deslucida por la intensa lluvia que inundó el césped del Sidney Cricket Ground, no hubo color. Alemania supo leer perfectamente la arriesgadísima táctica defensiva de Qatar, quien a su vez era incapaz de dar tres pases seguidos por culpa de un encharcado terreno al que los jóvenes qataríes no estaban nada acostumbrados. Los delanteros germanos rompían una y otra vez la adelantada línea defensiva de su rival y sólo la gran actuación del portero Ahmed evitó una goleada aún mayor. En cualquier caso, el 4-0 final refleja a la perfección la diferencia existente entre ambos conjuntos. En su primera participación en el torneo, llegando además de rebote, la República Federal de Alemania se alzaba con el título de campeón del mundo sub’20.

En cuanto a los premios individuales, el Balón de Oro fue para el rumano Romulus Gabor, un mediapunta zurdo que dirigió el ataque de su selección y se mostró especialmente peligroso a balón parado, como demuestran los tres goles de falta que marcó en el torneo (los dos a Uruguay en cuartos de final y otro a Inglaterra en el partido por el tercer puesto y que supuso la victoria de su selección). Desgraciadamente, su carrera posterior no tuvo el mismo brillo: como las restricciones impuestas por el régimen de Ceaucescu le impedían salir de la liga rumana, rechazó fichar por los grandes de su país y se mantuvo en el equipo de su ciudad, el Corvinul Hunedoara, donde las lesiones minaron su trayectoria. Por detrás de Gabor en las votaciones quedaron dos alemanes: Michael Zorc, central en este Mundial, aunque luego destacó como centrocampista en el Borussia Dortmund (club del que es actualmente director deportivo), y el delantero Roland Wohlfarth, que brilló especialmente en el Bayern Munich de la segunda mitad de los ochenta.

La Bota de Oro al máximo realizador se quedó en Australia: con cinco jugadores empatados a cuatro goles, el premio fue para Mark Koussas, por haber disputado menos minutos que el egipcio Amer Taher Abou-Zeid. Durante su carrera posterior ninguno de los dos saldría de su país natal, aunque el africano disfrutó de una trayectoria bastante más impresionante: leyenda en el Al-Ahly cairota, disputó el Mundial de Italia 1990 y en 2013 fue nombrado ministro de deportes, cargo del que dimitió en enero de 2014 al ser condenado a un año de prisión. La Bota de Bronce se concedería ex aequo a los otros tres jugadores que anotaron cuatro tantos pero en más partidos: los ya citados Gabor y Wohlfarth y el también alemán Ralf Loose. En cualquier caso, ninguno de los premiados en Australia llegó luego a ser una gran estrella internacional. Es más: de todos los presentes en aquel Mundial juvenil, sólo el uruguayo Enzo Francescoli puede reclamar un puesto entre los elegidos. Aquella no fue, desde luego, una gran cosecha, pero las figuras del futuro regresarían a los Campeonatos del Mundo sub’20 en México 1983. España, la única selección europea que había conseguido participar en las tres ediciones anteriores, no lo haría.

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Fuentes consultadas:

Martialay, Félix: “Todo sobre todas las selecciones” (2007), Ed. Librerías Deportivas Esteban Sanz.

www.fifa.com

www.rsssf.com

www.bdfutbol.com

www.sefutbol.com

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