Biblioteca Martialay: Chacho: Seis goles para la Historia

Resumen

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Análisis histórico riguroso de la figura de Chacho, futbolista de los años 30 poseedor de un récord histórico con la selección nacional.
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No ando muy versado en permanencia de records, pero creo que éste es de una persistencia inigualable. Casi tres cuartos de siglo sin que nadie remonte la goleada de Chacho parece cosa de “meigas”. Y más en un deporte que, como el fútbol, ha tenido una subida de niveles que lo de anteayer parece pura chatarra. Pero ahí está, como la Puerta de Alcalá, esa plusmarca de Chacho con seis goles en un partido internacional. Y jugando en lo que hoy se llama centrocampista y en aquellos tiempos, interior. Izquierda, para más señas. Chacho inicio y terminó una goleada a la Selección de Bulgaria de 13 goles. 13-0 fue el resultado. Otro record que se antoja gigantesco en estos tiempos en los que un gol es una hazaña para figurar en los anales.

Pero hablaba de”meigas”. Chacho – Eduardo González Valiño- era un hombre con al menos dos “meigas” de vieja estirpe galaica. Una, torva y siniestra, de enorme potencia; otra, bondadosa, de bizcocho y miel, que andaba la pobre un tanto apabullada por la anterior. Así pues, Chacho iba de una a otra con una intermitencia impredecible. Cuando le poseía la mala bruja, Chacho era una sombra abúlica  que huía el balón como de una lesión de menisco, que era entonces el summun de las lesiones. Pero cuando tenía el influjo del hada benéfica, era él también un mago de difícil parangón. Su pierna izquierda era como una varita mágica que ponía el balón dónde y como quería; su fútbol era una ciencia exacta, pura trigonometría esférica. Y sus cañonazos, como fabricados por la casa Krupp. Por algo le llamaban el “futbolista Cagancho”, porque como el afamado matador de toros, podía pasar de la lluvia de almohadillas a ser llevado en volandas hasta su cortijo. Algo así como Curro Romero, para que les suene a ustedes…

La “meiga” buena hizo que el seleccionador D. José María Mateos –que pasaba de la unidad de líneas al surtido variado de los colorines de camisetas al por mayor- se quedara sin interior izquierda; porque Padrón ya estaba viejo, Larrínaga, el del Racing de Santander, no había dado la talla y el oventense Galé, por el que había optado en los últimos partidos, se había lesionado. La matraca que le habían dado los cronistas gallegos al seleccionador, porque no contara con Chacho en el último partido de Balaídos contra Portugal, y los buenos partidos del interior del Deportivo de La Coruña, influyeron para que el señor Mateos lo incluyera ante Bulgaria, que venía a darle el espaldarazo de terreno internacional al campo de Chamartín del Madrid FC. Un campo supermoderno que había costado ¡millón y medio de pesetas!, que había avalado el presidente madridista D. Luis de Urquijo, marqués de Bolarque.

Muchos estrenos: Bulgaria, nuevo en esta plaza que también era internacionalmente nueva, Chacho, el jugador coruñés del claroscuro, y la lluvia que dejó el campo como un Riazor en su salsa para gloria del debutante.

El partido comenzó y a los seis minutos Chacho empezó la cuenta en el viejo marcador de debajo del reloj de Coppel. Pero, además, tocado por su bruja buena, Chacho iba y venía, armaba el equipo, tapaba las goteras del veterano Gamborena, que ya no estaba para esas aguas ni esos trotes, y enfilaba la puerta de Dermonsdki hasta dejarle tan exhausto que hubo que sustituirle antes del descanso. Chacho le marcó tres goles seguidos. Luego se tomó un descanso para que el chiquito Regueiro  demostrara que era el jefe y Elícegui hiciera honor al apelativo de “el expreso de Irún” marcando tres goles. Después, Chacho recobró la varita refulgente y metió otros tres, uno de ellos cerrando la cuenta de “un gol para cada uno y dos para el seleccionador”, como dijeron en el vestuario, que entonces se llamaba caseta. Pero esta es otra historia que acaso merezca ser narrada.

Chacho al que la “meiga” buena le regaló un record, que aún se mantiene para estímulo de “galácticos” metrosexuales, le castigó la “meiga” torva con un penalti a capón con el que, a medias con un poste del Metropolitano, envió a su Athletic de Madrid a Segunda División.

Lo dicho, cosas de records y de “meigas”. Y Chacho en medio.

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