España en los mundiales sub’20: Portugal 1991

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Actuación española en el Mundial de categoría sub20 disputado en Portugal en 1991. Antecedentes y valoración.
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Poco más de tres meses después de que su selección conquistara el Campeonato Mundial Juvenil de Arabia Saudita 1989, Portugal era designada sede de la siguiente edición. La candidatura lusa fue la elegida por el Comité Ejecutivo de la FIFA entre las de una docena de países, siendo la de España una de las derrotadas. Los bajos costes de organización (Coca-Cola seguía ocupándose de sufragar las estancias de las selecciones) y la cada vez mayor repercusión televisiva del evento despertaban el interés de muchas federaciones, pero la FIFA seguía prefiriendo naciones que no hubieran albergado ningún Mundial absoluto, un criterio del que únicamente se había apartado en 1983, cuando quiso llevar el campeonato juvenil a la CONCACAF y sólo encontró las candidaturas de México y Guatemala. Por tradición futbolística, tamaño y fechas, la portuguesa era la mejor alternativa; además, su elección suponía un premio añadido al título conseguido por Portugal en Arabia Saudita, que había generado un grandísimo impacto entre la afición de nuestro país vecino. Y como en el Mundial sub’16 de ese mismo 1989, en Escocia, los más jóvenes también habían protagonizado una brillante actuación al acabar terceros, en Portugal confiaban en que esa nueva generación repitiera triunfo en casa.

Perdida la opción de clasificarse automáticamente como país anfitrión, España tuvo que concentrarse en el difícil camino hacia el Mundial juvenil, que había arrancado ya en noviembre de 1988 con el primer partido de clasificación para el Campeonato de Europa sub’18 de 1990. Tras las victorias iniciales ante Dinamarca (4-2) y Austria (1-2), se perdió en la visita a los daneses (2-0), pero la igualdad entre los demás rivales no penalizó ni ese tropiezo ni el posterior empate en casa contra Rumanía (0-0). España sumó dos nuevas victorias frente a Austria (3-1) y Rumanía (1-3) y lideró el grupo con nueve puntos, por los seis de Dinamarca y Rumanía y los tres de Austria.

A finales de julio de 1990, España viajó a Hungría para disputar la fase final del Campeonato de Europa sub’18. Seguía vigente el formato de eliminatorias directas desde cuartos de final, por lo que ganar el primer partido ante Irlanda significaba garantizarse una de las cinco plazas europeas en el Mundial sub’20 de Portugal 1991 (la sexta era, lógicamente, para el país anfitrión). No tuvo España excesivos problemas para conseguir su billete: aunque no pudieron abrir la lata irlandesa hasta la segunda parte, los de Pereda se hicieron con una fácil victoria por 3-0. En semifinales esperaba precisamente Portugal, cuya buena actuación en el Europeo confirmó que llegaría a su Mundial como una de las grandes favoritas. Con varias bajas en defensa, España se mostró muy insegura y no pudo levantar el 1-2 con el que se llegó al descanso. El Campeonato de Europa juvenil seguía siendo inaccesible para la selección española, que sumaba ya más de treinta y cinco años sin conquistar el título. Al menos, pudo despedirse de esa edición con una victoria por 1-0 ante Inglaterra en el partido por el tercer puesto. Por segunda ocasión consecutiva, la URSS se proclamó campeona de Europa sub’18 al derrotar a Portugal (esta vez en los penaltis), mientras que Suecia e Irlanda completarían la representación del Viejo Continente en el Mundial juvenil de 1991.

En comparación con la gran cantidad de partidos amistosos concertados durante los dos años anteriores, en paralelo a la clasificación para el Europeo, la preparación mundialista española fue bastante escueta. En la Copa del Atlántico grancanaria, a finales de enero de 1991, España conquistó un nuevo título tras derrotar a Suecia y Alemania; luego perdió un amistoso en abril contra la selección portuguesa en Lisboa y empató en Wembley ante Inglaterra a finales de mayo, poco antes de que se anunciara la lista de convocados para el Mundial. Mientras tanto, la clasificación para el Campeonato de Europa sub’18 de 1992 se había puesto imposible: después de cuatro partidos, España sólo sumaba dos puntos tras empatar en Malta e Italia y perder en casa con alemanes e italianos, por lo que ya estaba claro que la nueva generación no podría acudir a esa fase final ni, por tanto, al Mundial sub’20 de 1993.

Tampoco eran tiempos fáciles para la selección española absoluta. A la discreta actuación en el Mundial de Italia’90 se le unió el mal arranque de la fase de clasificación para la Eurocopa de Suecia 1992, y el ruido mediático en torno a la figura y decisiones de Luis Suárez era constante y no precisamente constructivo. Incluso Chus Pereda, responsable máximo de las selecciones inferiores y segundo entrenador de la absoluta, protagonizó una gran polémica en febrero de 1991 al amagar con dimitir por falta de sintonía con Suárez. Las relaciones entre ambos se habían vuelto cada vez más tensas, y el regreso (diez años después) de Ladislao Kubala a la RFEF para encargarse de la selección olímpica parecía haber sido la gota que colmaba el vaso. Pereda se sentía desplazado y ninguneado por su viejo amigo Suárez, y dijo que se marcharía para que el gallego y Kubala pudieran preparar los Juegos de Barcelona’92 sin interferencias.

El conflicto estalló en Francia, en la previa de un decisivo partido de clasificación para la Eurocopa que España acabó perdiendo por 3-1 y en el que, por orden de Villar, Jesús Pereda no estuvo en el banquillo al lado de Suárez. La intervención del presidente de la federación hizo que las aguas se calmaran, al menos de puertas hacia afuera, y Pereda acabó asegurando que cumpliría su contrato, que se extendía hasta 1993. Pero aquel fue el último partido oficial de Luis Suárez como seleccionador nacional: en medio de un ambiente cada vez más irrespirable, la selección perdió dos amistosos en casa contra Hungría y Rumanía y, el 30 de abril de 1991, Suárez fue destituido.

Tras descartar a Luis Aragonés y a Javier Irureta, el sustituto elegido por la directiva de la RFEF fue Vicente Miera, que ganó en una votación a Javier Clemente, candidato propuesto a última hora por Villar. Como España no volvería a jugar hasta después del verano, el nuevo seleccionador decidió esperar hasta el mes de julio para tomar decisiones sobre el organigrama técnico de la Federación, de modo que Pereda mantuvo su puesto como seleccionador sub’21, sub’20 y sub’18, y Kubala, el de seleccionador olímpico. El 31 de mayo, una semana después del nombramiento de Miera (y del amistoso juvenil en Wembley), Jesús Pereda ofrecía la lista de convocados para el Mundial de Portugal, en la que no figuraban Mikel Lasa (Real Sociedad), José Luis Gallardo (Español) y José Miguel Prieto (Sevilla), fijos para el seleccionador pero que estaban lesionados. Por desgracia, habría más bajas antes de viajar a Portugal, y generarían otra desagradable polémica.

La selección sub’20 se concentró el 3 de junio en Biescas (Huesca), aunque, como en esos días estaban finalizando las competiciones nacionales, algunos convocados permanecieron esa semana con sus clubes; además, los jugadores de los equipos juveniles de Barcelona y Real Madrid sólo entrenaron unos días con la selección porque el fin de semana debían disputar en Castellón la final de la Copa del Rey de la categoría. La idea era reunir a todos los seleccionados en Madrid el lunes 10 para poner rumbo a Faro, localidad en la que España disputaría la primera fase del Mundial a partir del día 15, pero a la baja por lesión de Pablo Díaz Stalla, lateral entonces del Sporting de Gijón (a quien sustituyó Luis Márquez, del Betis), se unieron las inesperadas ausencias de Jesús García Sanjuán y Alfonso Pérez Muñoz. Según los informes médicos presentados por Real Zaragoza y Real Madrid, ambos padecían molestias musculares La Federación desconvocó a García Sanjuán, citando en su lugar al colchonero Antonio Acosta, pero obligó a Alfonso a pasar un chequeo con los servicios médicos federativos. La lesión del delantero, que existía, era una leve sobrecarga que se curaría con un par de días de reposo y no le impediría disputar el Mundial, por lo que Pereda lo mantuvo en su lista.

Y ahí comenzó el culebrón. Alfonso, que esa temporada había jugado ya varios partidos con el primer equipo del Real Madrid, era pieza clave en el filial, que disputaba la fase de ascenso a Segunda. El club blanco quiso retener a su futbolista al menos hasta el domingo siguiente, cuando se esperaba que el Real Madrid B certificara matemáticamente su retorno a la división de plata, así que propuso que Alfonso viajara a Portugal, realizara los trámites necesarios ante la FIFA para completar su inscripción en el Mundial y regresara a Madrid para recuperarse y jugar con el filial en Manlleu, incorporándose definitivamente a la selección el lunes 17. Pero la postura de Pereda y la Federación Española era clara: si Alfonso subía al avión era para quedarse definitivamente con el equipo nacional, y no para marcharse y volver a Faro en la víspera del segundo partido del Campeonato del Mundo.

Las discusiones de esa tensa tarde del 10 de junio no fructificaron. Alfonso no apareció por Barajas y la Federación consideró que aquello suponía una negativa a acudir a la convocatoria de la selección, por lo que abrió un expediente para sancionar al jugador. Al mismo tiempo, alegando esa supuesta renuncia, solicitó permiso a la FIFA para incluir en el equipo mundialista a Israel Izquierdo (Hércules) en el puesto de Alfonso. Eso hizo que el delantero getafense acabara siendo sancionado por la propia FIFA: no podría jugar ningún partido oficial, ni con su club ni con la selección, hasta el 1 de julio. Para entonces, obviamente, tanto el Mundial sub’20 como la fase de ascenso a Segunda habrían concluido.

Tras conocer el castigo, el Real Madrid emitió un amplio comunicado de protesta en el que insistía en que Alfonso no se había negado a ir con la selección, sino que estaba lesionado, y que la RFEF había actuado de distinta forma con otros jugadores en su misma situación. Sin citarlo expresamente, el club blanco se refería a García Sanjuán, que el 12 de junio, dos días después de causar baja por lesión en la selección juvenil y tres antes del debut de España en el Mundial, había sido titular con el Zaragoza en un partido de promoción de descenso en Murcia, de lo que cabe deducir que sus molestias eran de la misma gravedad que las del ariete madridista (o sea, ninguna). La queja merengue no obtuvo ningún resultado y la sanción impidió a un abatido Alfonso volver a jugar en esos pocos pero decisivos días que quedaban de temporada (el Real Madrid B, por cierto, no tuvo problemas para lograr el ascenso sin él). Todo un culebrón que alteró la concentración española en los días previos a un campeonato para el que, al final, fueron inscritos los siguientes futbolistas:

Pos.

Nombre Fecha Nac. Club

1

P

JAIME Ferrer Castillo 07/11/1971 Sevilla FC

2

DF

Luciano Martín Toscano, “LUCI” 17/08/1972 Sevilla FC

3

DF

Juan Luis Bernal Cuéllar, “JUANLU” 07/11/1972 Real Betis

4

DL

Ángel Manuel CUÉLLAR Llanos 13/09/1972 Real Betis

5

DF

Jesús Enrique VELASCO Muñoz 16/01/1972 Real Madrid

6

DL

ISRAEL Izquierdo Maestro 29/12/1971 Hércules

7

DL

Ismael URZAIZ Aranda 07/10/1971 Real Madrid

8

MC

Alberto BENITO Castañeda 17/06/1972 CD Pegaso

9

MC

Javier DELGADO López 03/07/1972 FC Barcelona

10

MC

ÓSCAR García Junyent 26/04/1973 FC Barcelona

11

DF

Ramón DE QUINTANA Dalmau 06/02/1972 CF Damm

12

DF

Santiago Cuesta Díaz, “SANTI CUESTA” 11/08/1971 Real Valladolid

13

P

JOSÉ LUIS Martínez Márquez 28/09/1971 Real Betis

14

DL

José Luis CANTERO De Pedro 09/08/1971 CF Palencia

15

MC

Antonio ACOSTA Rivera 22/11/1971 Atlético de Madrid

16

DL

PIER Luigi Cherubino Loggi 15/10/1971 CD Tenerife

17

MC

José MAURICIO Casas Chica 09/10/1971 CD Castellón

18

MC

Luis MÁRQUEZ Martín 01/11/1971 Real Betis

El “caso Alfonso” se resolvió tan a última hora que el nombre del delantero madridista es el que figura en las listas de participantes recogidas en el Informe Técnico Oficial del campeonato y en la web de FIFA, aunque en realidad su lugar (y dorsal) fue ocupado por el alicantino Israel Izquierdo. Sin Alfonso Pérez Muñoz, fue Ismael Urzaiz (a quien el getafense había adelantado fulgurantemente en el escalafón de la cantera blanca) el jugador con una trayectoria profesional más destacada de entre los futbolistas de esta selección, especialmente por sus años en el Athletic y sus 25 partidos y 8 goles con la selección absoluta. Además, en aquel momento el delantero navarro se convirtió en el primer español que disputaba dos Mundiales sub’20. También Cuéllar (Betis, Barcelona) y Pier (Tenerife, Sporting, Betis, Zaragoza) llegaron a la internacionalidad, mientras que Óscar (Albacete, Barcelona, Valencia, Espanyol), De Quintana (Osasuna, Rayo, Mérida, Cádiz), Velasco (Real Madrid, Sporting, Salamanca, Numancia) y Márquez (Betis, Valladolid) fueron habituales de la Primera división durante bastantes años. El resto no logró asentarse entre la élite.

En un momento de profundos cambios en Europa (a la reunificación alemana de 1989 se unían las tensiones prebélicas en Yugoslavia y los primeros indicios del colapso de la URSS y de todo el bloque comunista), y con la Guerra del Golfo todavía muy reciente, la principal noticia del Mundial juvenil de 1991 también tenía que ver con la política. Tras un complicado proceso de acercamiento que, por desgracia, no fue mucho más allá de este gesto, las dos Coreas decidieron presentar una selección unificada, aprovechando la circunstancia de que ambos países habían logrado la clasificación mundialista. Esto significó, de rebote, la presencia de Siria en el Mundial sub’20. También era destacable, aunque en su caso sólo por el mérito deportivo, el debut en un Mundial de cualquier categoría de Trinidad y Tobago, a la que lideraba un jovencísimo Dwight Yorke, y que acompañaba a México, de vuelta tras su sanción de 1989, como sorprendente representante de la CONCACAF. El sorteo de la primera fase se realizó el 15 de marzo de 1991 en el Casino de Estoril, con estos resultados:

GRUPO A

(Lisboa, Oporto)

GRUPO B

(Oporto)

GRUPO C

(Braga, Guimaraes)

GRUPO D

(Faro)

Portugal

Brasil

URSS

España

Rep. de Irlanda

Costa de Marfil

Trinidad y Tobago

Uruguay

Argentina

Suecia

Australia

Inglaterra

Corea

México

Egipto

Siria

El Campeonato Mundial Juvenil por la Copa FIFA/Coca-Cola se celebraría entre el 14 y el 30 de junio de 1991. La inauguración tendría lugar en el viejo Estadio Das Antas de Oporto, con un Portugal-Irlanda del grupo A, mientras que la final se reservaba al mítico Estadio Da Luz de la capital lisboeta, dos auténticos coliseos del fútbol europeo hoy ya derruidos. Nuevamente, los partidos de la tercera jornada en cada grupo no se disputarían al mismo tiempo, y tampoco hubo ningún árbitro español entre los veinticuatro elegidos por la FIFA. Aunque por entonces se discutían varias propuestas de cambios normativos en el reglamento (ver artículo “Las reglas experimentales de los 90” en el número 51 de Cuadernos de Fútbol), la única novedad introducida en este campeonato fue la de que los jugadores lucieran su número también en el frontal de la camiseta, para facilitar su identificación por árbitros y espectadores.

España se desplazó el día 10 hasta Faro, previo paso por Lisboa, donde la expedición sufrió el robo de varias equipaciones. Israel, el sustituto de Alfonso, se incorporó al grupo ya en el Algarve, región en la que la selección juvenil encontró el apoyo tanto del público portugués como de los numerosos españoles que viajaron para animar a los chavales en unos tiempos, recordemos, en los que todavía existían controles fronterizos. En el resto del país luso el seguimiento del torneo fue igual de cálido y numeroso, especialmente en los partidos de Portugal, cuyos juveniles atrajeron más público a sus partidos del que solía congregar en aquellos años la absoluta portuguesa. La victoria final de la selección anfitriona sería el colofón ideal a dos semanas prácticamente de fiesta nacional.

EL CAMPEONATO

Alineación de España en el Mundial juvenil de Portugal 1991, extraída del Informe Técnico oficial del torneo.

Alineación de España en el Mundial juvenil de Portugal 1991, extraída del Informe Técnico oficial del torneo.

España debutaba en el Campeonato Mundial Juvenil de 1991 midiéndose a una vieja conocida como Inglaterra, selección a la que se había enfrentado tanto en el Europeo sub’18 de 1990 como en el último amistoso previo a la cita portuguesa. Que el Mundial fuera a finales de junio había permitido al seleccionador inglés contar con sus mejores efectivos, algo que no era (ni es) nada habitual para Inglaterra en estos torneos: si el campeonato juvenil coincide en fechas con la liga, los clubes ingleses suelen retener a los futbolistas que ya forman parte de las primeras plantillas de sus respectivos equipos, obligando a la FA a convocar a chavales de inferior nivel. Por ejemplo, en el Mundial de la URSS 1985, que coincidió con el inicio del campeonato inglés, la selección británica se presentó con sólo dieciséis jugadores (en vez de los dieciocho permitidos), cinco de los cuales ni siquiera estaban en la preselección de treinta presentada inicialmente a la FIFA. Pero en Portugal 1991 no hubo esos problemas y jugadores como Ian Walker, Scott Minto, Steve Harkness o Andy Cole formaban parte de una selección que llegaba con grandes aspiraciones.

Inglaterra propuso un juego muy áspero y directo, y España se puso el mono de trabajo. Pereda usó un 5-3-2 (o un 3-5-2, según se mire) que mantendría durante casi todo el campeonato, con Juanlu como hombre libre y Luci y De Quintana como marcadores. Velasco y Santi Cuesta intentaban profundizar por las bandas, pero Urzaiz estaba bien defendido y las pocas ocasiones que llegaban eran para los ingleses, aunque sin gran peligro. El partido parecía encaminado hacia el empate a cero, sobre todo después de que Walker salvara el gol tras una brillante acción de Urzaiz mediada la segunda parte, pero en el minuto 84 Pier sorprendió a la zaga inglesa y remató a la red un buen pase de Ángel Cuéllar desde la izquierda. Tras encajar el tanto, Inglaterra siguió colgando balones sobre el área española, pero Jaime se mostró muy seguro y lo único destacable antes del final fue un brutal pisotón de Harkness a Acosta que le costó la expulsión al jugador del Liverpool.

15/06/1991

Primera jornada del Grupo D.

INGLATERRA

(0)

Walker; Watson (-80, Minto), Tuttle, Awford, Hendon, Wright; Rouse, Hayward (-89, Houghton), Harkness; Cole, Allen.

ESPAÑA

(1)

Jaime; Velasco, De Quintana, Juanlu, Luci, Santi Cuesta; Delgado, Acosta, Mauricio (-54, Cuéllar); Pier, Urzaiz (-89, Óscar).

Goles

0-1 Pier (ESP, min. 84).

Árbitro

Renato Marsiglia (BRA).

Tarjetas

Tuttle (ING, min. 4); Harkness (ING, min. 21); Juanlu (ESP, min. 35); Jaime (ESP, min. 41). Expulsado Harkness (ING, min. 89), por roja directa.

Estadio

San Luis (Faro). 11.500 espectadores.

La selección de Uruguay, que había acudido a Portugal muy corta de preparación, había perdido sorprendentemente en la primera jornada por 1-0 ante Siria, y en el segundo partido los nervios les jugaron una mala pasada a los charrúas. Superados desde el inicio mismo del encuentro, los jóvenes uruguayos dejaron una pésima imagen tanto en lo puramente futbolístico como en lo relativo a su comportamiento, muy alejado del “fair play” que propugnaba la FIFA. El desastre comenzó a los diez minutos, cuando Pier interceptó un pase rival, se escapó por el costado izquierdo y fue derribado contundentemente dentro del área. Pese a las protestas, el colegiado señaló penalti y el propio Pier lo transformó, dedicándole el gol a su abuela, fallecida horas antes.

A partir de ese momento, la pareja atacante formada por Urzaiz y Pier desarboló a la defensa que comandaba Paolo Montero y España castigó con gol cada error uruguayo. En el minuto 22, Urzaiz fusiló a Larrosa después de que Pier dejara pasar inteligentemente un balón despejado por la zaga española. El delantero romano criado en Tenerife volvió a marcar en el 34, culminando un contragolpe con una bonita vaselina; y antes del descanso aún hubo tiempo para un cuarto gol, obra de Mauricio, brasileño de nacimiento pero castellonense de adopción, cuyo lejanísimo lanzamiento de falta golpeó en la barrera, en un poste, en la espalda de Larrosa y en el otro poste antes de alojarse en el interior de la portería uruguaya. No era, definitivamente, el día de la celeste.

Uruguay estaba fuera del Mundial, y sus jugadores, completamente fuera del partido. Las faltas eran duras; sus protestas, continuas, y el ambiente general se fue calentando con cada gol español. Aunque en la segunda parte España no se esforzó especialmente por buscar la portería contraria, la expulsión de Severo por doble amarilla acrecentó el dominio de los de Pereda y Urzaiz anotó el quinto tras una internada de Acosta por la derecha. En la siguiente jugada, el delantero navarro fue objeto de una dura entrada de Dorta en el interior del área charrúa. Los uruguayos acorralaron al árbitro, que había señalado el penalti, y Darío Silva forcejeó con el suizo Roduit para tratar de impedir que éste le mostrara la segunda amarilla al infractor. El que luego fuera delantero de Espanyol, Málaga y Sevilla sólo consiguió ser también expulsado; días más tarde, la FIFA sancionaría a Silva con un año de suspensión para partidos internacionales.

Después de dos intentos en los que Urzaiz lanzó el penalti antes de que se lo indicara el colegiado (que sólo amonestó al navarro en la segunda ocasión, precisamente cuando Larrosa había detenido el balón, para mayor enfado de los uruguayos), el delantero del Real Madrid batió legalmente al portero uruguayo en su tercera tentativa. Era el sexto gol de España, el tercero de Urzaiz (que se convertía en el primer jugador español que marcaba un triplete en un Mundial juvenil) y el punto final al encuentro, ya que la selección española no quiso hacer más sangre en los diez minutos que quedaban. Con esa victoria y el posterior empate a tres entre Siria e Inglaterra, España certificaba su pase a los cuartos de final y se convertía en una de las sensaciones del campeonato.

18/06/1991

Segunda jornada del Grupo D.

ESPAÑA

(6)

Jaime; Velasco, De Quintana, Juanlu, Luci (-61, Óscar), Santi Cuesta; Delgado, Acosta, Mauricio; Pier (-53, Cuéllar), Urzaiz.

URUGUAY

(0)

Larrosa; Severo, Montero (-57, Marenco), Martínez; Washington Tais, Robert Lima, Dorta, Vespa; Darío Silva, Vázquez, Canobbio (-51, Ferreyra).

Goles

1-0 Pier (ESP, min. 10)(p); 2-0 Urzaiz (ESP, min. 22); 3-0 Pier (ESP, min. 34); 4-0 Mauricio (ESP, min. 36); 5-0 Urzaiz (ESP, min. 75); 6-0 Urzaiz (ESP, min. 80)(p).

Árbitro

Daniel Roduit (SUI).

Tarjetas

Dorta (URU, min. 3); Severo (URU, min. 35); Montero (URU, min. 48); Santi Cuesta (ESP, min. 48); Luci (ESP, min. 59); Urzaiz (ESP, min. 80). Expulsados Severo (URU, min. 60) por doble amonestación; Dorta (URU, min. 77) por doble amonestación; Darío Silva (URU, min. 77) por roja directa.

Estadio

San Luis (Faro). 11.500 espectadores.

El España-Uruguay no fue, en cualquier caso, el partido más bronco del Mundial. Ese dudoso honor, al menos a tenor de las sanciones impuestas por la FIFA, se lo llevó el Portugal-Argentina disputado el día anterior, en el que la albiceleste había acabado también con ocho jugadores y una derrota por 3-0 que suponía su eliminación matemática del torneo. Juan Eduardo Esnáider, por entonces reciente y millonario fichaje del Real Madrid, intentó agredir al colegiado, lo que le valió la misma sanción que a Darío Silva: un año sin poder disputar partidos internacionales, tanto de selección como de club. Pero, además, la propia selección argentina fue castigada con dos años de suspensión en categoría juvenil, por lo que no podría participar en el Mundial sub’20 de 1993. Un durísimo golpe que incluso el entonces presidente del país, Carlos Menem, calificó como justo, dada la deplorable imagen mostrada por sus jugadores, técnicos y delegados federativos en Portugal.

La tercera jornada resultó un mero trámite para el equipo de Jesús Pereda. Aunque estaba en juego conservar la primera plaza del grupo, que supondría quedarse en Faro para disputar el partido de cuartos de final, el seleccionador introdujo numerosos cambios en la alineación, renovando por completo el centro del campo y la delantera. Los sirios, bajo sospecha de contar con varios jugadores por encima de la edad permitida, habían sorprendido a propios y extraños batiendo a Uruguay y poniendo contra las cuerdas a Inglaterra (Siria llegó a ir ganando por 3-1 mediada la segunda parte), pero sólo necesitaban un punto para conseguir la clasificación y aquella tarde no hicieron mucho más que agruparse en torno a su área y esperar a España. Dadas las circunstancias, la selección española apenas creó peligro y sólo el bético Cuéllar, con un tiro al palo, y el palentino Cantero, en un mano a mano con el portero sirio, pudieron haber cambiado el rumbo del encuentro. Ninguno acertó, y los últimos minutos fueron un simulacro de partido que enfadó al público neutral y motivó una protesta oficial de la selección inglesa, eliminada por culpa de este conveniente empate entre España y Siria antes de empezar a jugar su tercer encuentro.

20/06/1991

Tercera jornada del Grupo D.

ESPAÑA

(0)

José Luis; Velasco, De Quintana, Juanlu, Santi Cuesta; Márquez, Benito, Óscar, Cuéllar (-69, Mauricio); Cantero, Israel.

SIRIA

(0)

Bitar; Sibai, Sayed, Ghaes, Khalifeh; Manaz, Fawaz Mando, Nasser, Abdul Razak (-60, Kanafani); Helou (-69, Abdullah Mando), Ramadan.

Goles

Árbitro

Leslie John Irvine (NIR).

Tarjetas

Estadio

San Luis (Faro). 5.000 espectadores.

Los resultados de la última jornada en el grupo C también dejaron bastante satisfecho a Jesús Pereda, o eso dijo. La victoria de Australia sobre Egipto hizo que los oceánicos acabaran como sorprendentes líderes de grupo por delante de la URSS, de modo que los soviéticos serían los rivales de España en cuartos de final. Al parecer, para el seleccionador español era preferible enfrentarse a un rival teóricamente más fuerte (no en vano, la URSS era la vigente campeona de Europa sub’18) pero también más conocido, antes que medirse a un equipo del que apenas tenía los informes del ojeo realizado a última hora por Juan Santisteban. Extraña lógica que acabó volviéndose en contra del técnico burgalés porque, en la noche de San Juan, España se vio superada de principio a fin por el juego y el planteamiento táctico de su adversario.

La selección juvenil de la URSS (que, aunque entonces no lo sabía, estaba disputando su último torneo futbolístico bajo esas siglas) se hizo pronto con los mandos del partido y maniató a los atacantes españoles, cortando los suministros a Pier y Urzaiz. Con una fuerza y velocidad envidiables, el mejor posicionamiento sobre el campo del conjunto soviético le hizo rondar continuamente la meta de Jaime. El primer gol llegó pasada la media hora, en una buena jugada de Mandreko por banda derecha que Scherbakov, llegando desde segunda línea, culminó con un soberbio cabezazo; antes del descanso, el mismo Scherbakov pudo ampliar distancias con otro remate de cabeza, pero el balón se escapó fuera por poco. El comienzo de la segunda parte no trajo ningún cambio, ni de hombres ni de juego, y la URSS siguió dominando a una España que no acertaba a sacudirse la presión. Cumplida la hora de partido, Scherbakov se escapó velozmente por la izquierda y batió a Jaime con un zurdazo raso y cruzado, poniendo el más que merecido 0-2 en el marcador.

Pereda movió por fin ficha, dando entrada a Cuéllar, pero los soviéticos tenían el partido en su mano y no lo dejaron escapar. A diez minutos del final, Mandreko culminó su gran actuación con el tercer gol de su equipo, y la URSS aún tuvo alguna ocasión para completar la goleada. Lo que llegó, sin embargo, fue el tanto del honor para España, al cabecear Urzaiz un centro de Velasco desde la derecha. Para entonces hacía tiempo que la numerosa afición española presente en Faro había dejado de animar; y así, en medio de un triste silencio, concluyó la andadura de España en el Campeonato Mundial Juvenil de Portugal 1991.

23/06/1991

Cuartos de final.

ESPAÑA

(1)

Jaime; Velasco, De Quintana, Juanlu, Luci, Santi Cuesta (-67, Cuéllar); Delgado, Acosta, Mauricio; Pier, Urzaiz.

URSS

(3)

Pomazoun; Krbachian, Buchmanov, Minko, Mamtchour; Mikhailenko, Mandreko (-83, Charan), Drozdov (-78, Karsakov), Pokhlebaev; Konovalov, Scherbakov.

Goles

0-1 Scherbakov (URSS, min. 35); 0-2 Scherbakov (URSS, min. 64); 0-3 Mandreko (URSS, min. 80); 1-3 Urzaiz (ESP, min. 85).

Árbitro

Francisco Óscar Lamolina (ARG).

Tarjetas

Drozdov (URSS, min. 50); Krbachian (URSS, min. 67).

Estadio

San Luis (Faro). 13.000 espectadores.

Muchos factores podían explicar este nuevo gatillazo de España en el Mundial sub’20, desde las bajas y la corta preparación hasta el exceso de euforia generado tras el 6-0 a Uruguay, que hizo que la atención mediática se girase hacia los chavales tal vez algo más pronto de lo debido, pero lo cierto era que la URSS había demostrado ser mucho mejor equipo. Si acaso, cabía maldecir el despiste de los soviéticos en la segunda jornada: su derrota ante Australia modificó las que hubieran sido las posiciones lógicas de su grupo y provocó ese complicado emparejamiento en cuartos de final. Los oceánicos no hubieran sido un rival fácil, pero cabe pensar que, pese al desconocimiento que pudiera haber sobre su juego, tampoco habrían sido un obstáculo tan enorme como el que supuso la selección de la URSS. Pero los hechos fueron los que fueron y Australia se midió a Siria, a la que derrotó en la tanda de penaltis tras empatar a un gol en el tiempo reglamentario. El portero Mark Bosnich fue el héroe de la selección australiana, que accedía por vez primera a las semifinales de un Mundial.

Allí se las vería con la anfitriona, Portugal, que también tuvo que disputar 120 minutos para conseguir el pase. En su caso, un gol en la segunda parte de la prórroga desniveló el partido contra México, que puso en muchísimos apuros a la selección lusa. Por el otro lado del cuadro, la URSS tendría como rival a Brasil, que se deshizo sin mayores complicaciones de la selección unificada de Corea, que ya había hecho mucho más de lo esperado al eliminar a Argentina e Irlanda en la primera fase. Aunque el 5-1 final demostró la diferencia existente entre uno y otro equipo, la clave estuvo en la rápida reacción sudamericana al tanto del empate de Corea, logrado en el minuto 40: Brasil marcó el 2-1 en la siguiente jugada y anotó el tercero nada más volver del descanso, lo que hundió a los coreanos.

El espectacular ambiente del Estadio Da Luz, con más de 110.000 personas en sus gradas, pareció impresionar a Australia en el arranque de su semifinal. Portugal manejó a su antojo el primer tiempo, aunque sólo pudo batir una vez a Bosnich, gracias a un gran disparo de Rui Costa. En la segunda parte los australianos se fueron al ataque, pero la ordenada defensa local anuló todas sus intentonas y el choque acabó con ese 1-0 que dejaba a Portugal a sólo un paso de conseguir su ansiado doblete. En la final esperaba Brasil, que había arrollado en Guimaraes a la selección soviética aplicándole su propia medicina: una extraordinaria presión adelantada que ahogó a la URSS en los primeros minutos. El 3-0 que campeaba en el marcador a la media hora de juego ya no se alteraría.

La FIFA cifra en 127.000 los asistentes a la gran final de Lisboa, y lo cierto es que las imágenes de las gradas no parecen desmentir ese extraordinario número. No exageramos si decimos que todo Portugal estaba detrás de su equipo juvenil, alentando al conjunto de Carlos Queiroz, pero enfrente había una gran selección brasileña que, ciñéndonos a lo estrictamente futbolístico, partía como ligera favorita. El partido fue, como se esperaba, muy igualado, con mayor iniciativa de Brasil ante una ordenada selección lusa que buscaba el contragolpe. Hubo numerosas ocasiones para ambos bandos, pero la final llegó con empate a cero a una prórroga en la que el cansancio hizo mella en los dos equipos. En la tanda de penaltis, la presión ambiental jugó a favor de Portugal: Brasil falló dos de sus lanzamientos y Rui Costa anotó el cuarto y definitivo para los locales, que completaban así su torneo soñado. Además, Brassard y Joao Pinto se convertían en los primeros jugadores que conseguían ganar dos Mundiales juveniles (aunque el guardameta no había jugado ni un minuto en 1989, mientras que el centrocampista participó en los doce encuentros de ambos campeonatos). Era el nacimiento de esa “Generación Dorada” del fútbol portugués que, por desgracia, no logró cumplir las expectativas en categoría absoluta.

El Balón de Oro al mejor jugador recayó en Emilio Peixe, mediocentro del Sporting de Portugal que no descolló mucho en su carrera posterior y que pasó sin pena ni gloria por el Sevilla en 1995. Por detrás de él en las votaciones acabó el delantero brasileño Giovane Élber, que fichó enseguida por el Milan pero que acabaría triunfando en Alemania en el Stuttgart y, especialmente, en el Bayern Munich. El Balón de Bronce fue para el portugués Paulo Torres, lateral izquierdo que tampoco llegó a destacar en su trayectoria profesional y que jugó en España para Salamanca, Rayo Vallecano y Leganés. Desde luego, los futbolistas presentes en aquella final juvenil que más nivel alcanzaron en sus años posteriores fueron otros, como Luis Figo, Rui Costa o Roberto Carlos.

En cuanto a los máximos goleadores, la Bota de Oro fue para el soviético Serhiy Scherbakov, que marcó cinco tantos, mientras que la de Plata fue para Ismael Urzaiz y la de Bronce para el mexicano Pedro Pineda, ambos con cuatro dianas (Élber, que también anotó cuatro goles, se quedó sin galardón). Pineda no salió de la liga de su país, donde jugó en multitud de equipos sin mostrar una regularidad goleadora que le permitiera llegar a la selección absoluta mexicana. La historia de Scherbakov es algo más triste: fichado por el Sporting de Portugal un año después del Mundial, cuando la caída del bloque soviético abrió definitivamente las puertas de las ligas occidentales a los jugadores del Este, el ucraniano sufrió un grave accidente de tráfico a finales de 1993 que le dejó parapléjico.

Pero no sería adecuado terminar el repaso al Campeonato Mundial Juvenil de Portugal 1991 sin una última referencia a don Jesús María Pereda Ruiz de Temiño (Medina de Pomar, 15/06/1938), para quien éste fue su último gran torneo de selecciones. El héroe olvidado de la Eurocopa de 1964 (él marcó el primer gol y centró el balón por el que Marcelino pasó a la historia del fútbol español) cerró su larguísima etapa en la Federación Española el 30 de junio de 1993, casi veinte años después de acceder al cargo de seleccionador juvenil y habiendo participado nada menos que en seis Mundiales sub’20: los de 1977, 1979, 1981, 1985, 1989 y 1991. Como entrenador de las selecciones inferiores sólo consiguió un título oficial, el Europeo sub’16 de 1988 (de hecho, su mayor éxito es el subcampeonato mundial sub’20 de 1985), pero realizó una importante labor formativa en unos años en los que esa tarea no estaba del todo bien organizada en el fútbol nacional, y su trabajo y humanidad fueron reconocidos por todos los que tuvieron la suerte de pasar por sus manos.

En esa larga trayectoria, Pereda llegó a dirigir en dos ocasiones a la selección absoluta: una en marzo de 1989, en un partido de clasificación para Italia 1990, por sanción de Luis Suárez (España 4-0 Malta), y otra en un amistoso en marzo de 1992, por enfermedad de Vicente Miera (España 2-0 Estados Unidos). Su último encuentro como seleccionador juvenil fue un amistoso ante Alemania disputado el 13 de mayo de 1993 en Cáceres, resuelto con un 5-2 para España. Tras abandonar la Federación al quedarse sin sitio en el nuevo organigrama implantado por Javier Clemente, entrenó brevemente al Xerez y trabajó durante varios años en la secretaría técnica del F.C. Barcelona antes de retirarse. Jesús Pereda falleció en la Ciudad Condal el 27 de septiembre de 2011, a los setenta y tres años, víctima de un cáncer. Sirvan éste y los anteriores artículos sobre el papel de “su” España en los mundiales juveniles a modo de humilde (e insuficiente) homenaje.

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Fuentes consultadas:

Martialay, Félix: “Todo sobre todas las selecciones” (2007), Ed. Librerías Deportivas Esteban Sanz.

www.fifa.com

www.rsssf.com

www.bdfutbol.com

www.sefutbol.com

www.youtube.com

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