Historia de la Eurocopa (I). Francia 1960.

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Iniciamos una serie sobre la historia de las Eurocopas analizando la primera edición, disputada en 1960 y cuya fase final se celebró en Francia.
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Con el nacimiento de la UEFA en el año 1954 surgió, casi de inmediato, la idea de la creación de un campeonato internacional entre las mejores selecciones europeas, al estilo de la Copa América o del propio Campeonato del Mundo. El principal impulsor del proyecto, el francés Henri Delaunay, había presentado un borrador con las bases del torneo a cada una de las 33 federaciones asociadas que, sin embargo, no pusieron pocas trabas. La dificultad de encontrar fechas libres en el calendario, las reticencias de los clubes a ceder a sus mejores jugadores para más partidos internacionales… Países como Alemania Federal, Italia o Inglaterra deciden no participar  y tan sólo 17 federaciones nacionales terminan apoyando el proyecto. Un número que obligaba a adoptar el sistema de copa, con eliminatorias desde los octavos de final, amén de un enfrentamiento previo entre dos conjuntos elegidos por sorteo, para completar el cuadro con los 16 equipos participantes en la primera Copa de Europa de Naciones, nombre oficial del torneo. El 28 de septiembre de 1958, en el estadio Lenin de Moscú, se juega el primer partido del recién creado torneo. La Unión Soviética y Hungría se ven las caras en los octavos de final, con victoria local por tres tantos a uno. El extremo izquierda moscovita Anatoli Ilyin, a los 4 minutos, inauguraba la cuenta goleadora del campeonato. Ya en 1959 tienen lugar todos los demás emparejamientos, incluida la eliminatoria previa entre Irlanda y Checoslovaquia, resuelta favorablemente por esta última. Con las 16 selecciones dispuestas, el reglamento del torneo establecía, pues, eliminatorias a doble partido hasta alcanzar las semifinales. Una vez conocidos los cuatro semifinalistas, la UEFA designaría a uno de ellos para albergar la fase final. En los octavos de final, la URSS también terminaría imponiéndose a Hungría en Budapest para sellar su pase a cuartos. Checoslovaquia, España, Rumanía, Francia, Austria, Yugoslavia y Portugal siguen el mismo camino de los soviéticos en primera ronda (en detrimento de Dinamarca, Polonia, Turquía, Grecia, Noruega, Bulgaria y Alemania Oriental, respectivamente). Los cuartos de final depararán el pase a semifinales de tres favoritos: Francia, Yugoslavia y Checoslovaquia y la clasificación sin sudar de la URSS, tras el abandono de España. Una vez establecidos los cuatro semifinalistas, sería Francia, país de nacimiento de Delaunay, la sede elegida para albergar la fase final en el verano de 1960.

La primera semifinal, disputada el 6 de julio en París, otorga a la competición el primer gran partido de su historia. Francia se imponía a Yugoslavia por cuatro goles a dos, a falta de un cuarto de hora. Pero en una soberbia reacción final, los Plavi remontan brillantemente para meterse en la final del torneo y enmudecer el Parque de los Príncipes. La otra semifinal, jugada en Marsella el mismo día, tiene mucha menos historia. Los soviéticos confirmarán su papel de favoritos con una concluyente victoria sobre los checos por tres a cero.

En primera final de la hoy popularmente conocida como Eurocopa, existe mucha mayor igualdad. Al término de los 90 minutos reglamentarios un empate a uno entre la Unión Soviética y Yugoslavia campea en el marcador parisino. Se necesita de un tiempo extra para dilucidar el campeón. La URSS tiene más fuelle y fortaleza física. Yugoslavia, técnicamente superior, juega mejor y dispone de las ocasiones más claras. Pero bajo los palos soviéticos emerge la figura de un colosal Yashin. Cuando faltan 7 minutos para la conclusión de la prórroga, Viktor Ponedelnik acierta a cabecear un centro de Meshki para, de manera definitiva,  desnivelar el marcador. La primera Copa de Europa de Naciones ya tenía dueño.

FASE FINAL FRANCIA 1960

SEMIFINALES

YUGOSLAVIA-FRANCIA 5-4 Galic (11’), Zanetic (55’), Knez (75’) y Jerkovic (77’ y 78’).

Vincent (12’), Heutte (43’ y 62’) y Wisnieski (52’).UNIÓN SOVIÉTICA-CHECOSLOVAQUIA3-0Ivanov (35’ y 58’) y Ponedelnik (64’).

 

TERCER Y CUARTO PUESTO

CHECOSLOVAQUIA-FRANCIA 2-0 Bubnik (58’) y Pavlovic (88’).

 

FINAL

UNIÓN SOVIÉTICA

2

Yashin; Tchekeli, Kroutikov, Maslenkin; Voinov, Netto; Ivanov, Metreveli, Ponedelnik, Bubukin y Meshki.YUGOSLAVIA

1

Vidinic; Durkovic, Miladinovic, Jusufi; Zanetic, Perusic; Matus, Sekularac, Jerkovic, Galic, y Kostic. GOLES0-1, Galic (43’); 1-1, Metreveli (49’); 2-1, Ponedelnik (113’).ÁRBITROArthur Ellis (Inglaterra). CIUDAD Y FECHA París, 10 de julio de 1960. Parque de los Príncipes.

 

GOLEADORES FASE FINAL

2

Heutte (Francia), Ivanov y Ponedelnik (Unión Soviética) y Galic y Jerkovic (Yugoslavia).

1

Bubnik y Pavlovic (Checoslovaquia), Vincent y Wisnieski (Francia), Metreveli (Unión Soviética) y Knez y Zanetic (Yugoslavia).

EL PAPEL DE ESPAÑA

Después del varapalo sufrido por la Selección española en la fase clasificatoria para la Copa del Mundo de Suecia, en la que ha sido incapaz de eliminar a escoceses y suizos con un equipo plagado de figuras del balón, el equipo nacional español afronta su primera participación en la recién creada Copa de Europa de Naciones. Manolo Meana, el seleccionador de la debacle premundialista, ha presentado su dimisión y la Federación opta por un Comité Técnico para llevar las riendas en la nueva aventura del combinado patrio. Luis Costa, Ramón Gabilondo y José Luis Lasplazas son los hombres designados, que, a su vez, van a contar para el puesto de entrenador con el afamado y polémico Helenio Herrera, a la sazón, míster del FC Barcelona.

España dispone de un equipo extraordinario, nutrido casi en su totalidad por los dos mejores conjuntos del momento: el Real Madrid, que, implacable, acaba de lograr su cuarta Copa de Europa consecutiva, y el FC Barcelona, que acostumbra a conquistar todo lo demás. Una Selección con un amplio historial de fatalidades y decepciones, pero con la que nadie quiere cruzarse pues es considerada una de las principales aspirantes a levantar este primer título continental. Una vez realizado el sorteo para la primera eliminatoria, la desconocida selección polaca será nuestro rival en los octavos de final. La designación del contrincante español no hace ninguna gracia en las entrañas del Régimen y se medita nuestra retirada del torneo. La condición de nación satélite del gigante soviético, el gran enemigo comunista, tiene la culpa. Felizmente, el deporte termina primando sobre cualquier consideración política y el domingo 28 de junio de 1959, en el estadio Slaski de la ciudad de Chorzow, España disputa su primer partido en una Eurocopa. Juegan: Ramallets; Olivella, Garay, Gracia; Segarra, Gensana; Tejada, Mateos, Di Stéfano, Suárez y Gento. Es decir, siete jugadores culés, tres madridistas y el bilbaíno Garay (que firmará en breve por el Barça). El resultado del choque (2-4) es concluyente para España. Dos tantos de Suárez y otros dos de Di Stéfano ilustran la superioridad española y sirven para encarrilar cómodamente la eliminatoria. Para la vuelta, disputada en el Bernabéu el 14 de octubre, Kubala entra en el puesto de Mateos y repiten los otros diez. El trámite se despacha con otro desahogado marcador y con los goles de Di Stéfano, Gensana y Gento se pone rumbo a los cuartos de final, casi sin despeinarnos.

En el mes de diciembre tiene lugar el sorteo para los emparejamientos de cuartos. El azar caprichoso quiere que sea la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas nuestro contrincante. No hay un solo precedente de enfrentamientos entre ambas selecciones ni siquiera, entre clubes de los dos países. La eliminatoria tiene miga. Es sin duda, la más atractiva de la ronda y la que despierta mayor interés. La selección de los Yashin, Netto, Metreveli, Ponedelnik o Ivanov, medirá sus fuerzas con la de los Ramallets, Suárez, Puskas, Di Stéfano o Gento. De lo mejorcito que puede verse ahora mismo por Europa. Las federaciones de ambas naciones acuerdan disputar la ida el 29 de mayo en Moscú y la vuelta, el 9 de junio en Madrid. La expectación es enorme y varias semanas antes del primer choque, el estadio Lenin ha vendido ya todas las entradas. Cuando todo está listo para el encuentro de ida, las listas de convocados hechas públicas, el árbitro designado y las aficiones preparadas, la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes recibe la orden por parte de las más altas instancias gubernamentales de retirada de nuestro equipo. Mandato que es trasladado, de inmediato, a la Federación Española. Varios ministros, que no vieron con buenos ojos la visita de la selección polaca a nuestro país en la ronda anterior, han convencido a Franco de la poca conveniencia de la entrada en España del principal exponente del comunismo maligno. Inmediatamente, el presidente de la Federación Española, Alfonso de la Fuente Chaos, busca alternativas, intentando evitar por todos los medios la retirada de la competición. Consciente de las importantes represalias por parte de la UEFA que el abandono pudiera ocasionar (¿se imaginan al Real Madrid y al FC Barcelona fuera de las competiciones europeas la temporada siguiente?), don Alfonso trata de dar con la solución. Propone a su homólogo soviético, Valentin Granatkin, varias alternativas: jugar los dos partidos en Moscú, disputar la vuelta en un estadio neutral o, incluso, ambos choques en campo imparcial. La respuesta del dirigente ruso en todos los casos es la misma: NET (no). La federación soviética no acepta ninguna  de las propuestas alternativas y además, exige una importante indemnización económica por los daños y perjuicios ocasionados.

El asunto se resuelve definitivamente con nuestra Selección obligada a abandonar una competición con muchas posibilidades de haber podido conquistar y nuestra Federación recibiendo una sanción económica por parte de la UEFA. Consciente, quizá, de la buena predisposición mostrada por la RFEF para solucionar el incidente, el castigo Uefo no pasó de ahí. Escaso consuelo para nuestro fútbol. Más aún, cuando pocas semanas después, se vio a Igor Netto, capitán de la URSS, levantar la Copa de campeones sobre el césped del Parque de los Príncipes. ¿Hubiera podido hacer lo mismo de haberse jugado aquella eliminatoria?

Eurocopa01

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Nº 65

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