Piterman, un puntillero iconoclasta

Resumen

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Artículo con la biografía deportiva del polémico directivo Dimitri Piterman.
Abstract

Keywords: Piterman, Directives, Football, History, Spanish Football, Controversy

Article depicting the sport biography of the controversial directive Dimitri Piterman.

Artículo
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Hubo una vez un príncipe encantador, capaz de decir a casi todo el mundo lo que quería escuchar. Y como suele ocurrir con los príncipes, parte de la ciudadanía, los medios de difusión e incluso quienes atesoraban llaves de cajas fuertes, se sintieron tentados a creer en él. Pero ese príncipe en realidad no era tal. Por las noches, sobre todo si deflagraban los truenos o tamborileaba la lluvia en los ventanales, se transformaba ante el espejo en su auténtico yo:un sapo gris, torpe y fuera de sitio.

Así podría empezar la historia de Dimitri Piterman, como un cuento al revés, sin hadas ni princesas compasivas dispuestas a redimirle mediante el beso.

Natural de Odessa, Ucrania (18-XII-1963), con 14 años se trasladó a los Estados Unidos, donde amén de obtener una beca en la Universidad californiana de Berkeley merced a sus condiciones atléticas -salto de longitud y triple salto-,amasó un capital dedicándose al negocio inmobiliario. Había cumplido los 35 cuando, instalado en la Costa Brava, asumió primero la presidencia del Tossa (encuadrado en categoría Regional), y acto seguido la del Palamós por el expeditivo procedimiento de avalar sus deudas. Corría el año 1999, la entidad, no mucho tiempo antes militante en 2ª División, se hallaba varada en 3ª con una buena vía de agua y sin apenas marinería. Piterman, claro está, se presentó como salvavidas, entre promesas utópicas o extravagantes: “Confío en subir a Primera”, dijo. Obvio brindis al sol, si se tiene en cuenta que la localidad gerundense disponía tan sólo de 14.000 habitantes. Además la 3ª era entonces, y continúa siéndolo hoy, un pozo hondo que a casi nadie parece interesar.

Su primera medida resultó tan drástica como incongruente: destituir al entrenador tres días antes de que la campaña arrancase. Adiós pretemporada. Adiós planes y proyectos, mecanismos y métodos. Cuando sus contrincantes creían estar ya engrasados, al conjunto ampurdanés le tocaba volver a empezar desde cero.

Poco más tarde comenzó a construir un complejo hotelero mediante desembolso de 1.200 millones de ptas. (7.230.000 euros), así como un club deportivo con gimnasio y piscina, al tiempo que residencia para los futbolistas. Buscaba así, según comentó, más complicidad en el conjunto, un mejor clima, producto de la confraternización, y amplias dosis de empatía. Lujo asiático para la cuarta categoría de nuestro deporte nacional, cuyo beneficio parecía incuestionable a tenor de cuanto los muchachos iban a acreditar sobre el césped.

En el Palamós de 1999-2000 jugaba el atacante santanderino Jesús Gómez de Cos (26-X-1968), trotamundos sin muchos galones que a lo largo de 12 años había vestido las camisetas de la Gimnástica, Marina Cudeyo, Racing de Ferrol, Baracaldo, Xerez, Numancia, Murcia, Pontevedra y Noja. Era uno de los más veteranos en el elenco gualdiazul, y quizás por ello, porque la veteranía siempre es un grado en cualquier vestuario, porque acercándose el momento de colgar las botas quién más y quien menos suele buscar algún clavo al que agarrarse, debido al carácter gregario del futbolista o simplemente porque a Piterman le cayó bien, patrón y pupilo acabaron congeniando. Después de todo, en alguien debía apoyarse quien sin saber mucho de tácticas y sistemas parecía empeñado en dirigir desde el banquillo a su equipo.

Dimitri Piterman durante sus días de vino y rosas, con el Palamós ascendido a 2ª B y aclamado en Santander como redentor del Racing.

Dimitri Piterman durante sus días de vino y rosas, con el Palamós ascendido a 2ª B y aclamado en Santander como redentor del Racing.

Finalizado el ejercicio 99-2000, Chuchi Cos se enroló en el Tropezón de Tanos, desde donde habría de regresar a la Costa Brava. Aquella campaña, la correspondiente a 2001-02, resultó especial para el Palamós y la dupla Piterman-Cos. Porque durante la misma, el antiguo atleta tomaba su gran decisión, destituyendo al técnico Quique Yagüe, poniéndose el chándal para dirigir cada entrenamiento y dirigiendo al equipo desde el banquillo los domingos, con ayuda de Cos. Yagüe aseguró públicamente romper su carnet profesional si los ampurdaneses acababan entre los diez primeros con el dúo a la batuta. Tanto a él, como a muchos técnicos y parte del público, le costaba entender que Federación y Colegio de Entrenadores consintiesen la presencia en el banquillo de un intruso, contraviniendo normativas. ¿Para qué servían los exámenes y el título de entrenador, a santo de qué meses dedicados al estudio y la evaluación cotidiana, si cualquiera podía hacer de su capa un sayo exhibiendo la chequera. Pero Yagüe hubo de tragarse su orgullo cuandoel Palamós se encaramababrillantemente a 2ª B. Éxito,al parecer, fraguado en un ambiente distendido y con rotaciones semanales, que llevaban al colectivo a sentirse partícipes del sueño.

Dimitri Piterman, entonces, vivió sus primeros minutos de gloria al ser reconocidodesdelas páginas de “Don Balón” (Nº 1362, noviembre de 2001), con entrevista y reportaje. Algo raro con respecto a la 3ªDivisión, quede claro, máxime si consideramos la distribución nacional de esa revista hoy desaparecida y entonces referente en la materia.El estadounidense nacido en Ucrania se presentaba como hombre resuelto y con ideas claras, ambicioso, tozudo y en cierta medida innovador. Lógicamente, también aprovechaba el mediopara justificar su osadía de técnico advenedizo, aunque muy a su manera: “Creo que los entrenadores deben actuar como presidentes”.

Curiosa forma de volver el calcetín del revés, pues lo que él hacía no era otorgar más responsabilidades a un técnico titulado, sino descender él mismo  hasta el banquillo, como propietario, e impartir órdenes.

Resultaba obvio que el Palamós iba a quedársele corto muy pronto. Los tiburones, ya se sabe, no suelen contentarse con modestas sardinas. Y él acechó la oportunidad, hasta descubrirla en un Racing a punto de evaporarse.

Allá por noviembre y diciembre de 2002, el máximo accionista del club cántabro, Santiago Díaz, no estaba por la labor de presentar más avales ante Caja Cantabria. Tampoco parecía remangarse ninguna empresa local, asumiendo de buen grado alguna inyección económica o prestándose a patrocinios poco rentables, vistoel asunto desde la pura ortodoxia publicitaria. Así las cosas, no parecía descabellado que la crisis desembocara en disolución social. Entonces apareció Piterman, dispuesto a hacerse con el 24 % de las acciones de Díaz, a cambio de carta blanca en el consejo de administración y control absoluto sobre la entidad, con poderes ejecutivos. Díaz, además, colocaba a última hora otro 10 % de su paquete a Nuga S. A., compañía propietaria de los supermercados “Lupa”.

Quienes estuvieron presentes en aquella Junta de Accionistas no olvidarán tanto suspense. La apertura de sesión sufrió una demora de 25 minutos, mientras se redactaba a toda prisa un documento firmado por Caja Cantabria para aceptar los avales de Dimitri Piterman y Santiago Díaz, así como la reducción de consejeros (de 11 a 10). Luego tanta incertidumbre contenida se tradujo en aceptación de todo por unanimidad. Y a partir de ahí, los discursos, el derroche de fantasías y un protocolario intercambio de flores:

“Dimitri viene a trabajar para hacer un Racing grande, que luche por la Liga y la Champions -aseguró Santiago Díaz-. Porque este joven valiente, al que nadie ha regalado nada, que arriesga y cree en algo, que apuesta por ello y ante el que hay que quitarse el sombrero porque no es fácil invertir en una sociedad de fútbol, ha elegido el Racing para nuestra fortuna”.

Piterman replicó que mantenía un especial cariño por el pueblo de Santander desde que ultimase allí su puesta a punto para los Juegos Olímpicos de Barcelona´92 -en los que por cierto no llegó a intervenir-, y donde nació uno de sus hijos. Ya en el terreno de los propósitos aseguró concentrarse en servir a los socios, a los jugadores y a los empleados del club, anticipando su intención de apostarpor la entidad al cien por cien:

“La mayoría de los presidentes son empresarios con muchas obligaciones y sin tiempo para hacer dos cosas a la vez. Por eso no salen bien los planes. Yo voy a replantear mis negocios, porque esta empresa es complicada y necesita mucha atención”. Dimitri Piterman y Santiago Díaz, inmortalizando el traspaso de poderes. Acababa de sonar para el Racing el pistoletazo de salida en una loca carrera hacia el desastre.

“La mayoría de los presidentes son empresarios con muchas obligaciones y sin tiempo para hacer dos cosas a la vez. Por eso no salen bien los planes. Yo voy a replantear mis negocios, porque esta empresa es complicada y necesita mucha atención”.
Dimitri Piterman y Santiago Díaz, inmortalizando el traspaso de poderes. Acababa de sonar para el Racing el pistoletazo de salida en una loca carrera hacia el desastre.

El Racing de Santander cerraba un diciembre de 2002 tenebroso, para encarar enero de 2003 con satisfecha tranquilidad. Al menos así pensaron los accionistas minoritarios, la prensa local, el aficionado de oídas, los socios y casi todos los portavoces de peñas.

El ascenso deportivo y social de Dimitri Piterman pronto tuvoconsecuencias en el Palamós, puesto que otorgaría la representación simbólica de sus acciones a Robi, entrenador, y Jordi Condom, eterno capitán del conjunto, hoy técnico en el campeonato belga. Desde la población catalana también llegaron ecos discrepantes. Junto a quienes veían su salida con alivio después de tanto personalismo, pérdida de masa social y falta de identificación, se alineaban defensores a capa y espada. Éstos, particularmente, concentrados en peñas. “Seguro que seguirá apoyándonos, porque lo ha prometido. Con él no hay términos medios, lo sé. O se le ama o se le odia. Pero yo le pondría un 11 sobre 10”, sentenció el presidente de la ampurdanesa Peña Sant Antoni.

De aquella Junta de Accionista santanderina salieron también ciertas pautas a medio hilvanar, que en un primer momento apenas suscitaron atención. La posibilidad de que Piterman se convirtiese en el primer presidente del Racing con sueldo, y unavoluntad no oculta de trasplantar métodos experimentados en Palamós. Dicho más claramente, ejercer como entrenador, pesara a quien pesase.

Manolo Preciado fue, por lo tanto, el primero en caer. “Me ofrecieron seguir en el club, dedicado a las categorías inferiores o con cualquier otro cargo a mi conveniencia. Pero ya había expuesto a Piterman en su momento que ninguna de esas opciones entraba en mi cabeza”, justificó ante la prensael antiguo defensa cántabro, convertido en novel, aunque exitoso primer entrenador, durante su comparecencia de despedida. Y para disipar cualquier duda,  concretó: “Tengo clara cual es mi parcela de responsabilidad, y sobre ese punto nada cabe negociarse. Por eso lo mejor era buscar una solución. Él pretendía intervenir en decisiones técnicas. A eso se debe mi marcha del club”.

Preciado acababa de firmar un trabajo excelente y la plantilla lo adoraba. Lo habitual suele ser que en tiempo de terremotos cualquier loa al pasado llegue “of the record” o envuelta en la sordina de Louis Armstrong. Pero por una vez, varios jugadores del Racing dieron la cara. “Estamos tristes, porque para nosotros Preciado fue casi un padre durante estos seis meses -dijo el guardameta Ceballos-. Su comportamiento ha sido extraordinario, muy digno de alabar”. Ismael Ruiz también fue claro: “Por supuesto que la plantilla está afectada. Nosotros estábamos muy conformes con el trabajo que veníamos haciendo”. Al ucraniano le llovieron críticas desde muchos medios estatales y algunos cántabros. Era personaje buscado, perseguido casi por los medios, porque constituía noticia de alcance, fuere para reírle las gracias o poniéndolo a escurrir. José Ramón de la Morena hasta le colgó el teléfono en plena entrevista sostenida para El Larguero, programa estrella en la franja nocturna de la cadena SER. J. J. Santos, desde Antena 3, más que con guante blanco se despachó a gusto enfundándose los de boxeo. “Éste sobra del fútbol”, tituló “Marca” en portada un jueves, con tipografía de cuatro cuerpos, sobre una foto del mandamás vistiendo chándal y sentado sobre un balón en las instalaciones de entrenamiento. El deportivo madrileño añadía en subtítulos: “Estoy más cómodo en el banquillo que en el palco”. “La L.F.P., impotente; los técnicos claman y Cos pone el carnet”.

Manuel Preciado. Su dignidad y respeto por la profesión de entrenador le impidieron someterse al dictado de un arrollador Piterman.

Manuel Preciado. Su dignidad y respeto por la profesión de entrenador le impidieron someterse al dictado de un arrollador Piterman.

Chuchi Cos de nuevo. Su amigo y mano derecha en el Palamós, volvía a servirle de palafrenero. Al menos hasta donde buenamente podía, porque en lo tocante a la acidez y crudeza de bastantes medios, cualquier capotazo hubiera resultado inútil.

Desbordado por los acontecimientos, al director general, presidente, accionista y entrenador fantasma del Racing, sólo se le ocurrió ampararse en una maniobra de distracción, filtrando al “Diario Montañés” la falsa noticia de unos contactos muy avanzados con el goleador brasileño Romario, como primer refuerzo de un Racing cuyas aspiraciones pasaban ineludiblemente por los títulos de Liga y Champions. Intento vano e infantil,pues cualquiera sabe que hasta las escobas pueden disparar con postas si las carga el demonio. Cuando los representantes del internacional carioca desmintieron cualquier aproximación, Piterman quedó desnudo y como mentiroso, amén de en muy mal lugar con los informadores de la región cántabra, a quienes la filtración había dolido por desleal, interesada e innoble, al evidenciarse trato de favor. Acababan de descubrir al trilerillo casposo, ocultado el guisante entre los dedos.

Mientras tanto, la afición pasaba del astro que no venía a los refuerzos que si llegaban, éstos procedentes de la modesta 2ª División B. Así podía empedrarse bien el camino hacia la Champions.

Pese a todo, nuestro hombre seguía engañando a los más despistados. Porque ciertos informadores se hacían eco de un magnífico ambiente en vestuarios: “Todo allí es distensión y familiaridad. No quiere que sus jugadores le llamen de usted. Prefiere míster, presi, Piterman o Dimitri”. Los había que hasta cacareaban como gallinas cluecas el “innovador método de preparación física”, consistente en “sesiones sobre la arena de El Sardinero, como resultado de las cuales el futbolista sale fortalecido y la afición puede ver que se lo están currando de verdad”.

Mal andaba de conocimientos quien así escribía, pues lo de entrenar en la playa, no ya sobre la arena, sino con agua hasta las rodillas, debió nacer sobre los años 30 ó 40 del siglo XX. Y por cuanto respecta a España, los Igartua, Larrauri, Uriarte, Aranguren, Betzuen, Zugazaga, Echeverría, Sáez, Estéfano, Arieta II, Iríbar o Rojo I, ya lo hicieron cuarenta y dos veranos atrás, con el Athletic, a las órdenes de Ronnie Allen.

El diario “Marca” mantuvo una posición beligerante con respecto al extravagante Piterman.

El diario “Marca” mantuvo una posición beligerante con respecto al extravagante Piterman.

Como a buen seguro les habrá sucedido firmantes de lujosas hagiografías sobre Mario Conde y demás individuos por el estilo, seguro que varios profesionales del periodismo experimentarían el sonrojo releyendo sus alabanzas de antaño. “El nuevo hombre del Renacimiento”, tituló su crónica “Don Balón”, sin ironía ni sorna, tras el bochornoso espectáculo ofrecido por este “renacentista” en el Sadar, ante Osasuna. Y a continuación, justificando el título, añadía: “Dimitri Piterman, un emprendedor empresario estadounidense que desea convertirse enun nuevo hombre del renacimiento, en pleno siglo XXI. Es decir, una persona avanzada a su época que domina y trabaja en todos los campos”.

Quien sí se sonrojó fue nuestro fútbol, a raíz del esperpento vivido en Pamplona. Para la RFEF, Cuchi Cos era a todos los efectos legales único entrenador del Racing, puesto que disponía de la preceptiva titulación. Y ante Piterman, como ocupa del banquillo, el enteconsideró no debía mostrarse contemplativo.Primero le negó atributos para saltar al césped. Luego no quiso tramitarle ficha de utilero. Cuando desde Santander se barajó la posibilidad de sustituir al anterior delegado por el mismísimo señor presidente, burlando de este modo el “boicot”, guardó silencio. Y por fin, tan pronto “el hombre avanzado a su tiempo” se sentaba a pie de línea caliza luciendo un peto de fotógrafo, se armó el belén. Una nube de fotógrafos reales lo asó con sus flashes, entre el choteo de la afición pamplonica y la estupefacción de los jugadores cántabros. El monosabio, por una vez, concitaba mucha más atención que los toreros en el patio de cuadrillas.

“Piterman, anímate y hazte ficha de jugador”, tituló su crónica Juan José Díaz. “El show de Piterman en el Sadar desprestigió a nuestro fútbol”, eligió como arranque José Luis Hurtado, cuyo trabajo se abría con un interrogante: “¿La Liga de las estrellas?”.Y a continuación sintetizaba: “El show de Piterman fue el desenlace surrealista de la jornada. Dimitri fue presidente, entrenador y fotógrafo dominguero. No falla. Si promete sorpresas, las hay”.

Y es que, en efecto, cámara en ristre y sin despojarse del peto, el ucraniano pasó los 90 minutos transmitiendo consignas a Chuchi Cos a través del teléfono móvil.

“Somos el hazmerreír del fútbol español, los protagonistas de un auténtico circo”, se condolió un miembro de la plantilla santanderina, luego de exigir se le otorgara anonimato. Incluso desde el propio consejo de administración montañés escapaban voces preguntándose si merecía la pena incordiar al poder establecido, máxime considerando que sólo dos temporadas atrás, al destaparse un tinglado de pasaportes falsos, el propio Racing ya fue perjudicado. “Está fuera de contexto. Incumple las normas, tanto las legales como las éticas”, sentenció por esas mismas fechas el entrenador aragonés y antiguo internacional Víctor Muñoz, desde una columnita en “Don Balón”, que acertaba a cerrar con toda lucidez. “Se han roto las estructuras y eso puede ser perjudicial para las Sociedades Anónimas en la marcha del fútbol profesional”.

Nada, sin embargo, parecía llevar a Piterman por el sendero del análisis, puesto que tras definirse como hombre pragmático en una entrevista, argumentaba que sus acciones no afectaban a ningún colectivo, porque él nunca dijo fuese el primer entrenador del club. A lo largo de la misma parecía vivir en primera persona un cuento de hadas, o si se prefiere la total inmersión en realidades paralelas. “Aspiro al modelo económico de una empresa. Quiero proponer al fútbol europeo muchos cambios, para que bancos y empresarios empiecen a tratar esto como una verdadera empresa.Podemos mejorar mucho la calidad del fútbol, dándole más estabilidad y espectáculo, como ocurre en la NBA o la NFL, donde no existen ascensos y descensos y sí una gran calidad de competición”. Al preguntársele si su actuación en Pamplona supuso un desafío, empleaba argumentos un tanto discutibles. “Sí, fue una provocación para que la gente vea dónde está la verdad. Ahora se habla de ello. A veces la democracia no consigue buenos resultados y hay que hacer pensar a la gente”. Respecto a su compromiso con los demás accionistas, seguía subido a la parra. “Sacar beneficios deportivos, ganando la Liga y la Champions. Y buenos resultados económicos”. El método para lograrlo, su fórmula, tenía algo de cuento de la lechera y mucho de ecuación especulativa: “Aplicar la economía de cualquier empresa, cuadrando las cuentas, sin gastar más de lo que se tiene”. Hasta ahí de acuerdo. Pero a continuación añadía: “El Racing no tiene por qué resignarse a un tope de 3.000 millones de ptas. Pueden ser 20.000”. Finalmente, acerca de su obsesión por aglutinar los cargos de presidente y entrenador, aseveraba: “Para mí es algo inevitable, porque de ese modo tienes todo el control sobre el único activo, que es el jugador. Has de permanecer muy cerca de él, para ver cómo está, qué problemas tiene y en qué estado de forma se encuentra”.

Según este último planteamiento, los presidentes o directores generales de compañías aéreas deberían estar toda la vida al timón de sus aviones, para comprobar su auténtico estado, detectar posibles deficiencias en el “handling” o el grado de satisfacción del pasajero. Los magnates del petróleo a pie de torreta, usurpando labores propias de un perito. Y rizando el rizo, pongámonos en lo peor ante un simple achaque, porque cualquier inversor en establecimientos hospitalarios podría dirigir el departamento de urgencias desde la más profunda estulticia, o presentarse en quirófanos, blandiendo el bisturí, mientras los capellanes administraban a destajo la extremaunción.

Huelga indicar que el Racing no ganó la Liga, ni se acercó siquiera a los puestos de Champions. Bien al contrario, con un señor tiro en el ala iba a pasar de mano en mano como moneda falsa, saltando de un supuesto industrial indio que arengaba al público desde el palco, bien provisto de guardaespaldas, a por lo menos un fichaje con coste cero, según el entrenador de turno, contabilizado mediante salida de 600.000 euros, ya sin el indio de por medio, puesto que Interpol parece lo había incluido en sus listados de búsqueda y captura.Hubo descenso a 2ª División. Y de inmediato a 2ª B, justo en vísperas de conmemorar el Centenario. Sólo en la prórroga, cuando el desmantelamiento social parecía inevitable, la devoción de un puñado de exfutbolistas y el éxtasis del aficionado de a pie, permitió esquivarpor dos veces el KO. Muy curioso que justo lo demodé, lo antiguo e inútil, es decir el fervor popular, el apego a la tradición y los colores, rescatase lo que la Sociedad Anónima iba a llevarse a pique.

Pero antes de que todo esto ocurriera, DimitriPiterman, tras salir del Racing por la puerta de atrás y medio resbalando,estaba bien lejos. Se había convertido en accionista mayoritario del Deportivo Alavés, luego de que todos los intentos de su anterior dueño y presidente del consejo, Gonzalo Antón, no hallasen a quién vender sus acciones en el ámbito empresarial de la provincia vasca. Los albiazules acababan de tocar techo con el valmasedano Mané en su banquillo, al perder por los pelos una final a doble partido de la Copa UEFA (actual Europa League). Estaban en 2ª, con firmes aspiraciones de ascenso. El graderío semejaba una caldera cada dos domingos. Hasta que en 2004 una guadaña comenzó a segar la hierba de Mendizorroza.

Con el inseparable dúo Piterman – Chuchi Cos, el primero como mandamás y entrenador en la sombra, el segundo desde la secretaría técnica o en el banquillo, cual obediente lacayo, los alaveses vivieron de sobresalto en sobresalto.

Gonzalo Antón, timonel cuando los alaveses disputaban su hasta hoy única final europea. Cuando quiso abandonar el club, sólo Dimitri Piterman mostró interés por las acciones. Poco faltó para que 85 años de historia blanquiazul se fueran al traste en 1.100 días.

Gonzalo Antón, timonel cuando los alaveses disputaban su hasta hoy única final europea. Cuando quiso abandonar el club, sólo Dimitri Piterman mostró interés por las acciones. Poco faltó para que 85 años de historia blanquiazul se fueran al traste en 1.100 días.

Cierto que al concluir el ejercicio 2004-05 nadie les privó de festejar su retorno a la élite. ¡Pero a qué precio! Parte de los fichajes en una plantilla tan cara como excesiva, resultaron un fiasco. Ciñéndonos sólo a los extranjeros, el francés Nicolas Ardouin se vistió de corto una vez. El-Hadji Pape Sarr, de Senegal, disputó 15 partidos, lo que podría engañar, pues únicamente estuvo 976 minutos sobre el césped. Maximiliano Flotta, argentino, se quedó en 33 minutos, distribuidos en dos choques. Alexandr Mostovoi, antiguo “Zar” en el Celta, fue visto y no visto en un único partido, durante 12 minutos. Y Mario Jardel, antaño goleador brasileño de tronío, a sus 31 años, afligido por problemas personales, físicos y anímicos, ni siquiera pudo estrenarse. Ya en 1ª, la campaña 2005-06, Chuchi Cos regentó el banquillo desde la primera jornada hasta la 18. Juan Carlos Oliva -de la 19 a la 23- fue fulminantemente destituido por no aceptar los “consejos” de su patrón al conformar el equipo, pese a no haber perdido ninguno de aquellos 5 partidos. Rubricó el descenso sin ninguna gloria y a cambio de vender su dignidad por un plato de lentejas, el argentino Mario Benito Luna; otra rodilla genuflexa, como las dos de Cos, ante el “príncipe renacentista”.

Por cuanto respecta a rentabilizar inversiones, de nuevo con una plantilla que a lo largo del torneo superaría los 30 efectivos, el francés Mehdi Lacenvistió de albiazul 19 tardes, para acumular 964 minutos. Wesley Da Silva, brasileño, 364 minutos a lo largo de 10 comparecencias. Blagoy Georgiev, búlgaro, 289 minutos en otros 10 partidos. Arthuro Bernhart, de Brasil, 102 minutos en 6 encuentros. El también brasileño Eiton Machado 62 minutos en 4 choques. Henri Antchouet, de Gabón, 60 minutos durante 3 saltos al campo. No se estrenaron Antonio Pacheco (uruguayo), Claude Gnakpa (francés), y Nicolas Ardouin, el galo que pese a jugar un solo partido la campaña precedente continuaba en el equipo.

Pero la descomposición total iba a producirse a lo largo del campeonato 2006-07, con Julio Bañuelos sentado en el banquillo las dos primeras jornadas, Chuchi Cos, sempiterno secretario técnico, de la tercera a la decimonovena, Fabri González de la 20 a la 26, José Alberto Garmendia como solución de emergencia en la 27, y otra vez el argentino Mario Benito Luna, quien rubricase el descenso varios meses antes, de la 28 a la 32.Finalmente,y sin Cos ni el antiguo atleta en el horizonte, Quique Yagüe, quien fuera destituido por Piterman en el Palamós y no rompiese el carnet, conforme tuvo la debilidad de prometer en pleno calentón. Por no perder la costumbre, volvieron a pasar 33 futbolistas por la plantilla, de los que 5 ni debutaron (Javi Jiménez, Marcos Gondra, Iroitz Hernández, Luis Carreras y Juan Epitié). El senegalés Pape Thiaw gozó de 20 únicos minutos, en tanto Ian Uranga y Wesley Lopes da Silva, brasileño, no alcanzaban los 200 minutos.

Luis Carreras durante su etapa en el Mallorca. Piterman y Cos le hicieron la vida imposible. Al ser insultado en público demandó a su presidente y tirano, obteniendo satisfacción económica.

Luis Carreras durante su etapa en el Mallorca. Piterman y Cos le hicieron la vida imposible. Al ser insultado en público demandó a su presidente y tirano, obteniendo satisfacción económica.

Durante el año 2006, como si no tuviese bastantes frentes que atender, el inefable Piterman, que seguía decidiendo quién jugaba y cómo debían encararse los enfrentamientos, anunció la puesta en marcha de otro proyecto en los Estados Unidos, inspirado en el Deportivo Alavés. Algo así como una franquicia disfrazada bajo el nombre de California Victory, que tras competir un año en la United Soccer League experimentaría la total desintegración. Para entonces, tanto Cos como el Ucraniano eran personas non gratas en Vitoria. Buena parte del público habitual decidió no acudir al estadio. Quienes seguían haciéndolo por no perjudicar aún más a la entidad, o bien abroncaban al tándem mediante cánticos hoy perseguibles por la Comisión Antiviolencia y el Comité de Competición, o a daban la espalda al césped de forma pactada, a manera de repulsa. Por fin una tarde, según aireó el centro emisor de la SER en Álava, Chuchi Cos tiraba la toalla, salía de Mendizorroza durante el descanso y antes de hacerse al asfalto, rumbo a Santander, pudo vérsele saboreando una cañamientras once jugadores de azul y blanco dirimían el ser o no ser de la entidad. Apuntaba la primavera de 2007. Desde ese instante Dimitri Piterman podía ser considerado historia negra.

Para los juzgados, no obstante, aún iba a seguir de actualidad durante un tiempo. El defensa Carreras, insultado gravemente por el ucraniano en presencia de la plantilla, le interpuso una denuncia. Piterman tuvo que hacer frente a 5.000 euros de indemnización. En su loca deriva, el reyezuelo alavesista se permitió incluso amenazar con una querella al concejal de deportes del Ayuntamiento vitoriano, tan sólo porque desde esa institución no querían dejarle manejar a su antojo las instalaciones municipales. Como máximo accionista y director general de la entidad vasca, Piterman cosechó igualmente varias condenas por impago de nóminas. Y lo peor para él estaba aún por llegar.

En 2008, el Juzgado Mercantil de Vitoria decretó el embargo de todos sus bienes en España, para hacer frente a los 13 millones de euros reclamados. En abril de 2009 se le exigió judicialmente la devolución de 120.000 euros, cargados arbitrariamente al club. En 2012 se le condenó a indemnizar con 6.8000.000 euros al Deportivo Alavés. Poco castigo para quien durante sus cuatro años de mandato había triplicado la deuda institucional, situándola en 23 millones. Sanción difícilmente ejecutable, puesto que el embargo de bienes había quedado lejos, en su día, de los 13 millones contemplados como fianza.

Por increíble que parezca, un héroe llamado Fernando Ortiz de Zárate dio el paso al frente en marzo de 2007, acaudillando al grupo inversor que compraría, luego de muchos dimes y diretes, el 51 % del paquete accionarial en manos del príncipe falso,genio renacentista o puntillero iconoclasta. Esfuerzo tan desesperado como romántico, para reflotar un buque torpedeado por proa, popa, babor y estribor. La institución estaba como arrasada por una bomba atómica, sin tesorería ni acceso al préstamo, ahogada por vencimientos de intereses no atendidos, con facturas vencidas, demandas de alquiladores insatisfechos, nóminas pendientes, una afición exhausta y desencantada… Seguir compitiendo en tales condiciones ya fue un logro, aunque tocara medirse a conjuntos de 2ª División B. Mendizorroza, con dudas al principio y más confianza después, volvió a recordar el aspecto de antaño, ya sin bufandas con crespón negro. Y aún con todo, las cuentas seguían sin salir.

Hasta dos “match-ball” hubo que salvar a la desesperada en Vitoria, amén de pisar el felpudo del proceso concursal. Luego acabarían haciéndose cargo de la entidad quienes con Querejeta al frente gestionaban el club Basconia de baloncesto. Los nubarrones, por fin, comenzaron a abrirse. Tras pasar por la uvi, el Deportivo Alavés ya podía respirar sin ayuda. Su retorno a 2ª la temporada 2014-15 constituyó todo un premio, después de caminar sin arnés sobre el abismo. Ahora incluso se sueña con mayores logros, mientras por la llanada, los verdes valles de Zuya y Urcabustáiz, entre las peñas de Techa o al abrigo de tesos encastillados sobre la raya riojana, todos los alaveses aseguran tener bien aprendida la lección.

Es lástima, sin embargo, que una ley nacida con el ánimo de estrechar gateras e impedir el paso a tigres de Bengala -la de Sociedades Anónimas Deportivas-, no suponga obstáculo para otras especies tanto o más dañinas.

Recelemos, en adelante, de los príncipes-sapo.

Por si acaso…

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