Inauguración de la calle Isidro Lángara en Oviedo

Resumen

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Artículo sobre la inauguración en Oviedo de una calle dedicada al gran futbolista Isidro Lángara.
Abstract

Keywords: Lángara, Oviedo, Footballers, History, Asturias

Article about the inauguration of a street in Oviedo named after the great football player Isidro Lángara

Artículo
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El pasado 15 de mayo de 2016, coincidiendo con el 104 aniversario de su nacimiento en Pasajes (Guipúzcoa), Isidro Lángara, el que fuera grandioso delantero centro de los años treinta y cuarenta del pasado siglo quedó inmortalizado en el callejero de la ciudad de Oviedo con la inauguración de una calle que lleva su nombre. La iniciativa del periodista Miguel Sanz tuvo un apoyo popular unánime, claro ejemplo de la impronta que Lángara dejó, pese al paso de los años, y el consistorio ovetense aceptó la solicitud. Así, con la presencia de sus familiares, autoridades, miembros del Real Oviedo y aficionados en general, su sobrina nieta Juncal Lángara descubrió la placa que da su nombre a una de las calles que dan acceso al Nuevo Estadio Carlos Tartiere, donde una tribuna también lleva su nombre.

Y es que, pese al tiempo transcurrido, la figura de Lángara, además de transcender al ámbito futbolístico (su trayectoria vital merecería ser novelada), sigue sorprendentemente presente en la capital del Principado.

CalleLangara01CalleLangara02Aquel muchacho que abandonó su pueblo de Andoain con 18 años para hacer una prueba con el Real Oviedo a finales de 1930, causando sensación por la potencia de sus disparos, que convenció sin la menor duda al entonces entrenador de los azules, el irlandés Patricio O’Connell (afirmó al poco de verlo en acción que era “un diamante en bruto”), es conocido  por las generaciones posteriores que, pese a no haberle visto jugar, saben de sus hazañas, repetidas boca a boca por los aficionados ovetenses de generación en generación, consolidando su figura como la de un mito.

No en vano, Lángara todavía mantiene algunos récords en el fútbol español (único futbolista que ha anotado tres tripletes en tres partidos seguidos en nuestra Liga, ser quien menos encuentros precisó para alcanzar los cien goles en la 1.ª División, o el promedio goleador con la selección española que le dan los 17 goles anotados en 12 partidos) e internacional (primer futbolista máximo goleador en tres países distintos: España, Argentina y México).

Sus goles le abrieron pronto las puertas de la selección nacional —con quien anotó el primer gol de la historia en el Estadio de Buenavista— y fueron claves en el ascenso del entonces Oviedo F.C. a la 1.ª División, donde aquellas “delanteras eléctricas” en las que Lángara era el ariete, sembraban el terror de los rivales.

Su figura alcanzó entonces una enorme repercusión y su idilio con el equipo y con la ciudad convirtieron a este vasco, todo nobleza, en un asturiano de adopción, en un carbayón más, un ídolo del que presumir.

Y es que sus logros deportivos se sucedían (tres “pichichis” consecutivos en sus primeras tres campañas en la máxima categoría le hicieron insustituible con España) de la mano de los de un equipo que se codeaba con los mejores.

Cuando equipo y futbolista se encontraban en la cúspide, la Guerra Civil cortó de cuajo sus trayectorias, lo que supuso que los caminos del Lángara y del equipo azul se separasen forzosamente.

Desde el primer instante, con Lángara jugando con la selección de Euskadi por toda Europa primero y en México después, comenzó a hacerse obsesiva la idea del regreso de Lángara, lo que no se pudo lograr tras la reanudación de las competiciones futbolísticas en nuestro país al finalizar el conflicto bélico. Primero con Lángara en Argentina, defendiendo la elástica de San Lorenzo de Almagro, y luego en México haciendo lo propio con la del Club España, el Real Oviedo vivía obsesionado con el recuerdo de Lángara, imposible de ser borrado pese al gran nivel de quienes ocupaban su puesto en el once oviedista (Chas, Echevarría, Cabido…).

Así, cuando por fin regresó en 1946, diez años después de su obligada marcha, la ciudad vivió tal conmoción que tuvo que apearse del tren que lo llevaba a Oviedo en una parada previa, dada la muchedumbre que lo esperaba en la estación capitalina.

Pese a que, lógicamente ya no era el mismo, un Lángara más limitado físicamente pero que había aprendido en América un fútbol más combinativo al que se había tenido que adaptar, rindió más que satisfactoriamente, permitiéndole retirarse tras haber vuelto a vestir la camiseta azul de su Real Oviedo.

Tras colgar las botas, pese a regresar a México, nunca perdió su vinculación con Oviedo, ciudad que visitaba con cierta frecuencia, siendo siempre recibido como la estrella que había sido, manteniéndose su figura de mito.

Ese mito que regresó a Andoain para vivir sus últimos años, ahora tiene una calle en Oviedo, como sus compañeros Herrerita o Antón. Es de justicia.

CalleLangara03CalleLangara04CalleLangara05CalleLangara06FOTOGRAFÍAS: La Nueva España

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Nº 77

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