Debate entre Gustavo Bueno y Jorge Valdano.

Resumen

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Artículo en el que se reproduce el debate entre Gustavo Bueno y Jorge Valdano en el contexto del I Foro Félix Martialay celebrado en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.
Abstract

Keywords: Philosophy, Football, Debate, History, Félix Martialay Forum, Gustavo Bueno, Jorge Valdano

A full transcript of the debate between Gustavo Bueno and Jorge Valdano in the context of the I Félix Martialay Forum that took place at the CEU San Pablo University in Madrid.

Artículo
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[Debate entre Gustavo Bueno y Jorge Valdano en el contexto del I Foro «Félix Martialay», organizado por el Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español (CIHEFE), celebrado el 20 de septiembre de 2010. Intervienen junto a Bueno y Valdano en la presentación y coloquio Alfredo García Gárate, Catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad San Pablo CEU, Víctor Martínez Patón por el CIHEFE, y José Suárez Arias Cachero en calidad de moderador. La transcripción que se presenta pretende reproducir fielmente la literalidad del debate, por lo que el lector podrá encontrar algún anacoluto o reiteración propia del lenguaje oral del debate]

José Suárez Arias-Pacheco, Gustavo Bueno, Jorge Valdano y Víctor Martínez Patón, en un momento previo al debate

José Suárez Arias-Cachero, Gustavo Bueno, Jorge Valdano y Víctor Martínez Patón, en un momento previo al debate

Alfredo García Gárate: Buenas tardes a todos. Bienvenidos a este encuentro entre deporte y filosofía, y me complace a mí el honor el orgullo de estar sentado en esta mesa junto a personalidades tan relevantes, tanto en el campo de la filosofía como en el deporte, a los que doy la bienvenida en nombre de nuestro rector y de nuestra vicerrectora. Y me congratulo también porque en esta universidad se celebren actividades tan relevantes y tan importantes, no sólo en materia política o económica, como también en lo relativo al deporte y el fútbol. Y como verán ustedes, estoy muy orgulloso de tener a personas de esta índole y esta naturaleza. Como el objetivo fundamental de este acto es la presencia de estas personalidades, a los que, por su magnitud, hemos venido todos a escuchar su debate, voy a ceder a partir de este momento, el uso de la palabra, dando la bienvenida a todos ustedes y a los participantes del debate, a los que todos seguro escucharemos con mucho interés. Muchas gracias.

Víctor Martínez Patón: Buenas tardes y bienvenidos al I Foro Félix Martialay. En primer lugar gracias a la Universidad San Pablo CEU porque ha tenido a bien acoger este acto organizado por el Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español, el CIHEFE, la primera y única organización de historiadores del fútbol en España. Primero, el nombre de Foro Félix Martialay. Este foro está organizado en nombre del que fue con toda seguridad el mejor historiador del fútbol español. Hace un año murió y hoy recuerdo una de las veces que le oí, precisamente en una entrevista que se publicará en Cuadernos de Fútbol, que hoy he vuelto a escuchar despacio por el aprecio que le tenía. En la entrevista hablaba de un deseo que él tenía, que era el lograr que el fútbol llegase a la Universidad. Él ya había logrado promover, y consiguió crear la primera Cátedra de Historia del Cine. Así, pues era comprensible que intentase también traer el fútbol a la Universidad. Félix Martialay ha conseguido llevar el fútbol a la Universidad. Él ya no está aquí, pero pueden estar seguros de que fue su empeño, su fuerza y entusiasmo el que nos ha permitido fundar este Foro Félix Martialay, que será el primero pero seguro que no será el último.

Desde luego que la acogida que ha tenido la organización, la presentación y la propuesta de este Foro Félix Martialay ha sido muy buena. Estamos ante un coloquio de primerísimo nivel. Un coloquio con Jorge Valdano y Gustavo Bueno. Sobre Valdano, permítanme estas palabras, puesto que no sé si exagero, pero Valdano es una verdadera personalidad del fútbol, y de todo el fútbol. Que presenció desde dentro el fútbol, que tenía una manera distinta de ver este deporte. Recuerdo que el periodista José María García le llamaba, no sé si irónicamente o para alabarlo, filósofo o rapsoda. Y no sabría decir si García sabía lo que significaba rapsoda, o filósofo. Y ha conseguido desde esta posición, desde el fútbol, hablar tanto de fútbol como de filosofía.

La posición de Gustavo Bueno, que como sabemos es un filósofo de categoría mundial, es la de alguien que viene a hablar del fútbol. Y llega no desde una atalaya sino al encuentro del fútbol. Esta es la filosofía del fútbol. Muchas gracias, Don Gustavo, muchas gracias, Sr. Valdano. Doy la palabra al Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, Don José Suárez Arias Cachero, que va a presentar y moderar el coloquio. Muchas gracias.

José Suárez Arias Cachero: Imagino que se preguntarán qué pinta el Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo moderando un debate sobre fútbol y filosofía. Sobre estas dos personas que van a hablar aquí, tengo la inmensa fortuna de haber estudiado en la Universidad de Oviedo, y de haber conocido a Gustavo Bueno, y Don Gustavo que aparte de filosofía, he aprendido el valor de lo políticamente incorrecto, del decir lo que se piensa y de esa forma que tiene de argumentar. Creo que afuera atendiendo a los medios de comunicación ha demostrado todo esto que estoy diciendo. Tengo el honor de representar al Ayuntamiento de Oviedo, principal patrocinador de la Fundación que lleva su nombre, la Fundación Gustavo Bueno, en su tarea de acercar la filosofía a la sociedad y hoy es un buen momento para ese acercamiento. Con Jorge he tenido la ocasión de hablar durante años, y de él he extraído la metáfora del fútbol como parte de la vida. Jorge tiene un defecto: que habla mucho y se extiende. Yo hoy tendré como cometido algo no muy agradable, ya que ejerceré como moderador, y mi cometido será cortar y espero que sea justo. No obstante, tengo para hoy la fórmula perfecta.

Vamos a entrar en materia. Hace unos minutos, cuando estábamos en el Bernabéu, hablando sobre cómo íbamos a organizar esto, a hablar de filosofía del fútbol, concordamos en que si íbamos a hablar de fútbol tendría que estar él, y si hubiera que hablar de filosofía tendría que estar Gustavo. Y como en realidad estamos en la Universidad debe de empezar Gustavo Bueno y luego ya proseguir Jorge. ¿Verdad?

Gustavo Bueno: Buenas tardes. Yo estoy encantado de estar aquí, en este contexto, hablando de fútbol con Valdano, porque yo recuerdo que me invitó hace muchos años, también a propósito de artículos de El País y otras cosas, aunque la tesis que yo he mantenido durante muchos años es relativamente conocida. Mucha gente de la facultad y de otros lados me ha preguntado: ¿qué tiene que ver el fútbol con la filosofía? ¿Por qué desde la filosofía se va a hablar de una cosa tan vulgar? Vamos a ver, en esencia quiero decir lo siguiente: que el fútbol, como todo el mundo sabe, ha tenido tal incremento, que prácticamente hoy es un espectáculo o un complejo de instituciones de carácter mundial (el último Mundial de Fútbol fue visto a la vez por 1.000 millones de personas). No se puede encontrar semejante conglomerado de instituciones que haya alcanzado tal magnitud, ni religiosas, ni políticas, ni artísticas, aunque tengan combinadamente muchos seguidores, no hay en definitiva tal espectáculo que goce de tal visionado. Este simple hecho masivo ya merece la atención de quien lo estudie. Estudio que, atención, no puede ser realizado por psicólogos, antropólogos, historiadores, etc., porque existe tal variedad de interpretaciones que se necesita de alguna que aporte coordinación. Esa es la función de la Filosofía.

Lo que quiero decir es lo siguiente. La cuestión es que este hecho masivo no puede ser explicado, atención, ni por psicólogos, ni por antropólogos, ni por químicos, ni por, yo qué sé, matemáticos. Cada uno puede explicar algo desde lo suyo, pero son explicaciones que necesitan un engranaje. Para que se vea lo que quiero decir, señalaré que el problema filosófico que plantea el fútbol es el siguiente: todo el mundo sabe la distinción entre fútbol juego o deporte y fútbol espectáculo. Porque esta distinción implica que en el fútbol existen cosas, algo que puede demostrarse, que hay muchas cosas que no tienen que ver con el fútbol, del espectáculo y de las gentes que se encuentran en la grada, animando o gritando. El fútbol como deporte es lo que sucede en el campo y el resto es añadido. Se separan estas dos categorías, el fútbol espectáculo, lo que congrega a las gentes, del fútbol deporte. Se disocia el contexto del juego del fútbol de la actividad que realizan alrededor suyo millones de personas.

Entonces la cuestión es la siguiente, para los que saben por dónde voy y perdonen los que no lo saben pero es necesario exponerlo. Voy a utilizar aquí el mismo método que con la religión, compararé con la religión. La religión, al igual que el fútbol es múltiple, es mundial. Hay religiones superiores, el islamismo, el cristianismo, etc., son religiones universales, que reúnen a millones de fieles. Un acto del Papa es también mundial. Las religiones tienen un componente especial de su núcleo, a saber: para un católico, la religión es la relación del hombre con Dios. De acuerdo, es un modo de hablar, discutible, pero se dice que éste es el núcleo de la religión.

Pero luego hay elementos añadidos, aditamentos, ajenos, que no son la religión, pero que se incluyen en la esencia. ¿Qué tiene que ver la religión con los sacerdotes, con la liturgia, con los dogmas? Eso es una cosa ajena por completo a la religión. Un Obispo que yo he citado muchas veces, Eustacio de Sebaste, en el siglo IV hacía esta pregunta: ¿para qué queréis hacer templos para meter a Dios, si está en todas partes? Si Dios es ubicuo, ¿para qué construir templos? Respuesta del Concilio de Gangres: es que hacemos templos no para que esté presente Dios sino para que estén presentes los fieles. ¿Por qué? Lo que quería decir es lo siguiente: es que el templo y los sacerdotes, la liturgia, no son externas al núcleo de la religión, sino que son parte interna, esencial, de su cuerpo, del cuerpo de la religión. Y eso no es nada raro ni ajeno a la religión. La religión no es algo ajeno a los sacerdotes, a los templos. Luego el fútbol, que tiene consecuencias en la historia, en la política, sufre el mismo proceso que la religión.

En el caso del fútbol, el núcleo del fútbol sería el campo, el rectángulo. Pero luego está la grada, luego la televisión, también están los reglamentos, la historia, y toda la consecuencia que tiene el fútbol. Entonces eso es todo propio del fútbol. La pregunta es entonces: ¿Qué relaciones se dan entre el fútbol, lo que tiene lugar en el rectángulo, qué tiene que ver el fútbol en su núcleo, con el rectángulo, con el cuerpo del fútbol? Es parte del fútbol, primero por razones de existencia. Si desapareciese todo lo que se considera envoltura exterior, el fútbol también desaparecería. O por lo menos sería algo insignificante, once jugadores jugando en el campo, simplemente sería un juego como la gallina ciega, u otros, sin importancia. La importancia social, política e incluso religiosa del fútbol, deriva precisamente de esta envoltura. Entonces, la cuestión es por qué razón ha alcanzado esa magnitud. La envoltura no es algo contingente, externo. Es algo interno. Pero entonces, cuando hablamos de la envoltura como algo accesorio, ¿de qué estamos hablando? Es el problema de la esencia del fútbol. Al igual que cuando hablamos del problema de la esencia de la religión. El problema de la religión (uso la religión como modelo para analizar el fútbol, como ven), se analiza distinguiendo un núcleo y un cuerpo que se va transformando a través del núcleo.

Y atención: el núcleo no desaparece con el cuerpo, al revés. El núcleo sigue vivo gracias a la penetración de ese cuerpo. Es esencial. Además, el cuerpo no es algo ajeno a la esencia ni despegado del núcleo. Se está transformando en virtud de la propia evolución de la esencia de la religión. Por lo tanto, ese cuerpo es un elemento totalmente imprescindible para entender lo que es la religión. Y además de esto, además del núcleo y del cuerpo, pues el cuerpo resulta el propio desarrollo del núcleo cuando se enfrenta con el curso, con lo que coexiste. Es decir, coexiste con el núcleo. Existir es coexistir.

Así, esa relación del hombre con los númenes, los extraterrestres, animales incluso, coexiste con otras cosas, se va transformando. Esto es algo que hemos sostenido en varios lugares, principalmente en El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión (Pentalfa, Oviedo, 2ª ed. 1996). El núcleo originario de la religión en El animal divino nos lo explican las cavernas prehistóricas. Es decir, el bisonte, el tigre de dientes de sable, el oso (el primer enterramiento constatado es de osos), esos animales originarios, son objeto de culto por nuestros antepasados, son los númenes a los que el hombre del Paleolítico presta culto. Y luego la religión, en virtud del desenvolvimiento del núcleo, ya no es la relación del hombre con los animales, sino con los dioses, etc. Luego supone una acción con el entorno, con demonios, santos, fetiches, etc. De manera que el cuerpo de la religión es tan sustancial como el núcleo. El núcleo se mantiene gracias al cuerpo. Es más, sin el cuerpo de la religión no habría nada, porque el cuerpo lo sostiene. Es más, sin el cuerpo de la religión no habría nada.

En el caso del fútbol, parece que es un juego erótico. Yo no soy un experto, experto en el fútbol ni mucho menos. Entre los libros que tengo me ha aparecido uno muy conocido de hace muchos años, el del sociólogo Vicente Verdú, titulado El fútbol: mitos, ritos y símbolos (Alianza Editorial, Madrid 1981). Sin embargo, es un decir porque habla menos del fútbol que de otros conceptos. Es el producto de un hombre formado en la época de Mayo del 68, con Levi Strauss, el psicoanálisis y otros que estaban allí metidos, y el resultado es de verdadera locura. El portero es la madre, una apelación de la madre, el gol es la violación de la madre, y más cosas similares. Tiene la habilidad, eso sí, de presentar un análisis bastante digno, porque analiza todos los elementos de lo que llamamos el cuerpo del fútbol, y por ello es necesario tenerlo en cuenta. Es un análisis general del fútbol. Sin embargo, este hombre, Vicente Verdú, cree estar en posesión de la última palabra de la ciencia. Entonces hace falta una teoría del fútbol que no sea tan delirante. El resultado es una cosa verdaderamente sorprendente.

Entonces, el análisis del cuerpo es fundamental. La cuestión del núcleo es analizar qué sucede en el campo. Hace falta una definición del fútbol que no sea tan evidente. ¿Qué se quiere expresar con el fútbol? ¿Quiénes actúan ahí? ¿Es un juego? ¿Y qué es el balón? Es el balón el símbolo del padre, ¿Es por ejemplo, un juego militar? En cuyo caso el balón sería una bomba. Hay metáforas interesantísimas para analizar el fútbol. Pero lo cierto es que el principio de la esencia del fútbol, el núcleo es el juego. Surge hacia la mitad del siglo XIX en Inglaterra, con sucesivas transformaciones e importantes influencias previas. Igual que cuando hablamos del núcleo del átomo está tomado. Pues entonces ese núcleo del fútbol, es muy diferente del baloncesto, por ejemplo, aunque también hay que usar una pelota. Yo quiero decir lo siguiente: que el problema es que una vez que unos individuos están jugando un partido, que el fútbol está normativizado, reglamentado, establecido su espacio, sus reglas, y luego se expande hacia las masas, hacía millones de personas. Cuando lo ven 200, 500, cuatro mil millones. ¿Qué es lo que pasa aquí? Y entonces el problema es qué tiene que ver el núcleo del fútbol con el cuerpo del fútbol. Esto lo tiene que explicar una teoría sobre el fútbol. La cuestión, en suma, es qué tiene que ver el núcleo con el cuerpo.

Cachero: Dejamos espacio para el análisis y la réplica de Valdano.

Jorge Valdano: Gustavo Bueno está en su labor, quiere provocar preguntas como buen filósofo [Risas]. El fútbol es un juego primitivo, ingenuo, donde el hombre se expresa de una manera muy natural. A lo largo del tiempo ha ido tomando cuerpo, y el cuerpo es cada día más grande. En realidad todo lo que ocurre del terreno de juego hacia dentro no ha variado en los últimos 150 años. Lo que pasaba por la cabeza de un jugador a principio de siglo cuando recibía el balón, es más o menos lo mismo que le pasa por la cabeza a un jugador hoy cuando recibe la posibilidad de jugar el balón. Es cierto que los sistemas son cada día más cerrados, más difíciles de comprender para el común de los aficionados, el juego se ha hecho más rápido y eso obliga a una actividad física mayor, a ser mucho más ágil. Pero en lo esencial, lo que ocurre de los límites del campo hacia dentro, el juego sigue siendo el mismo. Un juego primitivo, un juego muy simple, cuyos resultados aunque parecen simples son muy difíciles de explicar.

Durante mucho tiempo nos hemos orientado en una dirección que tenía una respuesta equivocada. Por un lado estaba la mente, como decía Gustavo Bueno, y por otro el cuerpo. Y por eso hubo un malentendido histórico con respecto al fútbol. De esta manera se entiende mejor una inquietud que tenía yo de explicar el fútbol. Ahora me siento un poco griego, intentando armonizar la mente y el cuerpo. A mí me llamaban no sólo rapsoda, sino también filósofo. Había que entender y explicar el juego, armonizar la mente y el cuerpo, y esa es mi noble intención.

Yo creo que me voy a marchar, y lo acabo de comprobar esta misma tarde, sin saber por qué el fútbol provoca lo que provoca. Por qué España saca a dos millones de personas a la calle en Madrid al día siguiente de ser Campeona del Mundo, por qué los medios de comunicación tienen una atención tan penetrante con respecto al fútbol, por qué el fenómeno no ha parado de crecer en los últimos años, no sólo en cantidad sino en cantidad de aficionados y también en cantidad como ahora. De aquí a unos años no se contaban tantas mujeres aficionadas al fútbol. De un tiempo a esta parte no se contaban tantos intelectuales interesados por el fútbol. La gente se vuelve hacia este deporte. Es capaz de atraer el interés de más gente. Y hay una población que explícitamente señala sentirse atraída por el fútbol. Se dice orgullosamente porque encuentra en el fútbol signos de representatividad, de lo que luego podemos hablar, signos de religiosidad, en su equipo una suerte de ejército desarmado…

Todo esto otorga al fútbol una nueva dimensión, una nueva divinidad, y por eso podemos asociar el fútbol a la filosofía sin que nadie se sienta especialmente ofendido. ¿Dónde está el secreto de este juego? No alcanzamos a entender la dimensión de este juego. No encontramos los medios para entenderlo y ofrecer respuestas. Pues posiblemente sea un elemento emocional, y es difícil alcanzar la emoción desde la reflexión. Podemos intentarlo, pero ahora estamos intentándolo, como lo hizo Platón desde el principio de los tiempos, y podemos seguir con ello. Efectivamente, aquí hay un hecho puramente emotivo, mensaje entregado a un equipo, con toda la pasión y a un resultado que se dirime en un partido. Por qué el fútbol es tan extraordinario. Aquí dejo presentado mi turno, y esperemos encontrar razones por las que el fútbol abarca tantas emociones. Es un tema sociológico que haga que abordemos un mismo episodio desde emociones parecidas. Ese es el enigma que dejo a Gustavo, que creo que tiene la respuesta [Risas].

GB: Yo voy a hacer una observación, abrir otra vía, plantear las cosas de otra manera. Una observación que a mi juicio es muy importante, por aquello que decía Santo Tomás: que el error pequeño al principio al final es grande. Yo creo que aquí ha habido hay un error de Valdano, o acierto según se mire [Risas].

JV: Un error seguro.

GB: Un error de planteamiento del núcleo, al decir que el núcleo está en el sentimiento y la emoción. Si así fuera, me parece a mí, sería difícil explicar después la importancia que tiene el fútbol, y habría que explicarla. Es algo tan genérico que no explica el fútbol. Si la filosofía se ocupase del fútbol, por aquello del famoso argumento del diálogo Parménides, 130b. El joven Sócrates le pregunta a Parménides: ¿Entonces hay Ideas de todas las cosas? Parménides responde que sí. Y prosigue: ¿y también las hay de los pelos y la basura? Parménides replica que, en efecto, de la basura también hay ideas, pero que Sócrates no se da cuenta porque es muy joven. Por eso, merece una atención especial. En el caso del fútbol, también la explicación podría ser muy sencilla, pero lo cierto es que también merece ser analizado por la filosofía, porque merece la misma atención que el pelo y la basura.

Por eso hay que subrayar que el fútbol no es algo natural, sino que es algo totalmente artificial. Tan artificial como puede ser un soneto. Es decir, el hecho de juntar a unas personas no de forma aleatoria, sino en torno a una reglamentación, un árbitro, una disposición aritmética de ambos equipos. Se trata de una estructura simétrica de dos equipos, a continuación es posible. Esto supone una disposición artificiosa, totalmente artificiosa, repito tan artificiosa como lo pueda ser un triángulo de Euclides o la redacción de un soneto. Pero el que sea artificioso no le quita ningún mérito, sino que se lo da. El núcleo ha de ser algo especial que permita luego entender cómo se desenvuelve el cuerpo. El núcleo del fútbol, la estructura es artificiosa. Es como cuando se preguntan si el fútbol es cultura o no es cultura. El núcleo tiene que ser algo tan esencial que permita después conectarlo con el cuerpo.

El fútbol, en suma, es algo artificioso, tan artificioso como la cultura humana. Cuando se preguntan si el fútbol es cultura o no es cultura, pues excuso decir, es una cosa tan evidente. Es como lo que se plantea ahora con el tema de los toros. «La tortura no es cultura», dicen por ahí los catalanes o los que sean. Los toros no es cultura, es tortura. «La cultura no es tortura». La tortura es cultura, tan cultura como cualquier otra cosa. Es como aquel personaje del circo romano que entre los gladiadores se vestía de héroe. Era algo más elegante, pero seguía siendo parte del espectáculo. Es cultura; la cultura no significa la bondad, ni la paz. Es tortura, es artificioso. Que el fútbol sea artificioso no tiene nada de malo ni de peculiar. La naturaleza es arte, el fútbol es un arte, es artístico, supone unas reglas que hay que cumplir cuidadosamente, como el jugar la pelota, el balón, sólo con los pies, no con las manos. Un artificio extraordinario, que requiere un adiestramiento especial, que supone transportar el balón de forma peculiar. Además, transportándolo con los pies prescindiendo de las manos, es decir, mutilándose adrede para hacerlo más complicado. Es decir, el artificio es total, por parte del núcleo del fútbol.

El fútbol se define desde esta perspectiva como una institución cuyo núcleo es la ceremonia del partido de fútbol, que se reitera periódicamente en distintos lugares y momentos. Cada partido es una ceremonia particular que se circunscribe como deporte a quienes se encuentran en el campo, los jugadores y el árbitro; una ceremonia realizada entre dos equipos que han de controlar el balón con los pies e introducirlo en una portería defendida por el único jugador que puede manejarlo con las manos, el portero. Y precisamente a mí me ha llamado la atención ese artificio y cómo es adrede porque la pelota se mueve por inercia, pero luego los jugadores la tocan, el entrenador efectúa cambios constantemente, cambios de posición, de jugadores. La aplicación, las posibilidades son infinitas, como en el ajedrez. Entonces resulta que consiste en algo enigmático lo que ocurre en el rectángulo.

Es como sucede con Clarín, que estaba organizando la historia del Magistral, Fermín de Pas, en La Regenta, y alguien le preguntó tras leerse ese borrador de La Regenta si realmente estaba leyendo lo que leía, sin más. El núcleo del fútbol es precisamente lo que está ahí nada más, sería suficiente. El álgebra, un problema matemático, es lo que está ahí escrito. ¿Y le parece poco? El ajedrez incluye al caballo de Atila, las torres, el caballo de Atila es un trozo de marfil o del material que sea, pero el ajedrez no es un juego abstracto, es un juego de estrategia. Sin embargo, el que está pensando en un caballo con un peón es humano. La prueba es que la máquina cuando está jugando con el campeón, lo que gana no es la máquina sino el ingeniero que ha introducido el algoritmo. Quiero decir que el ingenio intriga porque no se conoce quién lo diseñó. Por qué este juego tan artificioso engrana con el «cuerpo externo» de la sociedad, he ahí la cuestión. El cuerpo del fútbol hoy día es tan grandioso por lo que incorpora. Me recuerda aquella famosa fórmula de Leibniz, gratia natura non tollit, sed perficit.

JV: Es un juego simple.

GB: Lo complejo es entenderlo [Risas].

JV: Cuando dije primitivo me refería en comparación con lo que puede decir un filósofo. Por eso no soy muy partidario de este tema que quiero comentar aquí. Es el tema de la tecnología aplicada al fútbol. Es un juego que nació hace mucho tiempo, que los aficionados de muchos lugares han elegido como favorito. A excepción de Estados Unidos, donde es un fenómeno creciente, pero no tiene el poder y la influencia que tiene en Europa o en América, en Asia o en África. Pero efectivamente el fútbol sigue conservando esa pasión que proviene de la antigüedad, si quieren, o el término que resulte más adecuado.

Pero lo cierto es que otros juegos, como el baloncesto, también han ido creciendo y han incorporado la tecnología, porque son juegos que nacieron a la luz de un tiempo nuevo, en recintos cerrados, espacios más reducidos donde la tecnología resulta esencial, porque han nacido a la luz de otro tiempo. El fútbol pertenece a otro tiempo, y yo creo que uno de los secretos que precisamente tiene es que es capaz de extraer del ser humano cosas que están escondidas en cada uno de nosotros. En cualquier aficionado que está viendo el partido, se producen reacciones desmedidas, animalescas, de rasgos e instintos que están en nosotros desde algunos millones de años respecto de nuestro presente. Pues bien, el fútbol tiene capacidad para sacar esa reacción espontánea, ayuda a generar todo ese territorio emotivo, una guerra de pasiones que caracterizan y se hacen más grandes en el fútbol. Hay como un vehículo de la irracionalidad, de la recreación, si no aplicados al fútbol sí en otros elementos que serían menos saludables.

Dejo no obstante lo de la tecnología sobre la mesa. Últimamente se pretende una mayor justicia y con la introducción de la tecnología se pretende que el fútbol sea un juego más justo. Últimamente tenemos muchas noticias y en medios de comunicación que están tratando de influir para que la FIFA introduzca el uso de la tecnología y el fútbol sea un deporte más justo. Seguramente sería un poco más justo y un poco menos humano y esa es la parte que me preocupa. Te dejo lo de la tecnología para que me lo comentes.

Cachero: Seguro que Don Gustavo tiene algo que decir.

GB: Tengo que decir una cosa a lo que ha dicho Valdano, espero no ser antipático [Risas]. Es que estamos situados en las antípodas, en coordenadas diferentes. Veo en Valdano una contraposición muy importante entre lo artificial y lo etológico, lo apolíneo y lo dionisíaco. Mi corte sin embargo no llega a tanto. Entonces no quiero decir que el fútbol sea injusto, por ejemplo, como lo que acaba de decir Valdano, qué quiere decir, que haya métodos tecnológicos para medir cualquier movimiento, en qué momento el balón se desliza a cuántos centímetros, o cuántos latidos del corazón del portero, de Casillas, se escuchan por minuto, sin necesidad de que esté presente Sara Carbonero, ¿verdad? [Risas]. Claro, si a este individuo, a Casillas, le quitas a la Carbonero, pues lo deshumanizas. Porque hay otra serie de criterios que están al margen de sus relaciones, que no tienen que ver directamente con el fútbol, que tienen que ver con sus relaciones familiares o lo que fuere. Como cuando los jugadores están con sus mujeres en el campo.

También, abundando en esta cuestión, podría imponerse, por aquello de las cuotas femeninas que están ahora tan de moda, que si los jugadores de campo son masculinos, que el portero sea femenino [Risas]. ¿Por qué las mujeres no han jugado al fútbol? Ese es otro gran enigma. ¿Eso es ser un poco machista? Claro, es un poco militar. Las mujeres, pese al papel importante que desempeñaron en las dos guerras mundiales, no eran militares. ¿Por qué? ¿Machismo? Que sea machista o no ya se verá. Entonces la cuestión es que sea machista o no es algo que se tendrá que ver. Tampoco las mujeres se dedicaban a la Física en tiempos. No había mujeres compositoras, ni ajedrecistas, en los campeonatos mundiales no hay mujeres ajedrecistas. Eso tiene que ver también con la propia educación y la historia. Por qué las mujeres no sirven para curas. El caso es que en el fútbol no hay mujeres. ¿Qué pasa? ¿Esto es un déficit del fútbol? ¿Una vergüenza del fútbol? Aquí la cuestión es que no puedes ser paritario ni equipararlas a los hombres cuando lo que existe es una diferencia. La mujer tiene una musculatura que no es parecida a la del hombre. Es posible que la mujer pueda estar relegada porque los entrenadores no lo permitan. Pero esto no es así. Esto es como una polémica con el Papa Benedicto XVI y una serie de párrocos austríacos que en 2006 propusieron que las mujeres pudieran ser curas, lo que rechazó el Pontífice: ¿por qué las mujeres no valen para curas? Es que es machista. ¿Por qué va a ser machista?

Quiero decir con todo esto que la tecnología aplicada al fútbol se puede introducir (aunque de hecho ya está introducida) para saber cuánto tiempo toca un jugador el balón, tener ordenadores para saber cuánto pasa el jugador el balón a otros, para elaborar estadísticas, medir la tensión de cada jugador en cada momento, eso ya está de algún modo añadido. Ahora, yo creo que la tecnología presupone el juego espontáneo, pero no lo precisa ni lo perfecciona. Simplemente lo mide, mide lo que pasa. Por ejemplo, cuando a un alpinista le mides el esfuerzo en la subida a una cumbre, le mides lo que hay, no le ayudas a subir, solamente constatas lo que sucede en su organismo. Otra cosa es el caso del dopaje, ahí la tecnología se convierte en una trampa. Entonces la cuestión del fútbol es más difícil yo creo, porque la tecnología es la esencia de todo el cuerpo. Por ejemplo, la televisión es tecnología pura. Sin la televisión no hay cuerpo. El graderío se ha incrementado. El cuerpo se ha incorporado con cajas sucesivas para que llegue a toda la población, está en todas partes, salvo en aquellos países que no les interesa, como Estados Unidos o China (aunque ahora parece que les gusta), o en otros países.

Aparece en Inglaterra, con precedentes romanos o lo que fuera, es una génesis militar, literalmente, porque es un juego de competición de ganancia cero, una competición de suma cero, ya que lo que un equipo gana lo pierde el otro, un juego de competición, como puede ser el ajedrez, además de ser un juego violento, un deporte violento, por mucho pacifismo que haya, porque hay que patear un balón, con contenido abierto, es un juego abierto. Se producen ejercicios tan violentos como en cualquier otro. Precisamente, la disciplina consiste en adiestrar esos movimientos para convertirlos en automáticos. Sin duda, el gesto de empujar un objeto esférico con el pie puede ser un acto reflejo y espontáneo, pero la manera de manejar la pelota con el pie y golpearla por un futbolista es un gesto perfectamente normalizado, una verdadera institución antropológica lograda a base de miles de prácticas para lograr su perfeccionamiento.

El núcleo del fútbol consiste precisamente en que «domestica» ese «chimpancé» que es el hombre, un poco rememorando eso de que somos primates. Y entonces el análisis de que el balón es una bomba o la portería una matriz tampoco son análisis exactos, porque entre esos análisis hay en efecto de todo. Eso de que el fútbol supone la violencia…, una violencia que está domesticada, sometida a reglas, la diferencia entre una naturaleza humana domesticada y no domesticada, la guerra, es uno de los ejemplos típicos de fútbol como método pedagógico. «Es que el fútbol es la expresión de cada uno», dicen por ahí. Para nada: para jugar al fútbol necesitamos de una cantidad de reglas impresionante, hay que ser muy inteligente y haberse adiestrado y entrenado muchísimo. Hasta el delantero más bruto tiene que estar dosificándose, administrando su energía. No puede fatigarse, porque entonces pierde efectividad y no marca. Así que el fútbol es ante todo artificiosidad.

Y la tecnología no debe disimular la artificiosidad, porque entonces se convierte en dopaje. Por lo tanto, el fútbol real tiene una tecnología y complejidad creciente, sin embargo ello no es suficiente, porque luego está la conexión con el cuerpo. Volviendo a la comparativa con la religión: ¿qué sería la religión si se redujera a la relación del hombre con Dios? ¿Qué sería la religión si le quitamos los templos, si le quitamos el sacerdote? Sería la sentencia de Rousseau: «La religión es lo que ha escrito Dios en el corazón de todos los hombres». Pero en el corazón de los hombres no hay nada escrito, eso es una metáfora. Es que no hay nada escrito, señor mío, déjese usted de tonterías. La religión no es una cosa tan viscosa como la sentencia de Rousseau. La religión está en la misa, está en los cánticos. Eso es la religión, y si quitas eso pierdes la religión. En todo caso, lo que dice Rousseau. Será la religión de los ángeles cuando estén en el cielo.

Yo creo que con el fútbol pasa lo mismo. El fútbol no expresa el primate que llevamos dentro, porque el fútbol moldea y normativiza a los que lo juegan y a los que influyen en él. Cuando estás en un bosque, con árboles abundantes, uno observa la afinidad que uno tiene con todo eso. Porque sin el aire que respiramos no viviríamos. Uno no tiene que disimular con el respirar aire puro ni nada de eso para encarecer su importancia, como si fuera la naturaleza frente a la represión de la cultura. El fútbol tiene necesariamente una base primitiva, pero cuando uno pone las reglas, además algunas reglas que son totalmente reaccionarias, establecen que tiene que haber once jugadores. El aprenderlo es ejecutarlo, y ejecutarlo implica la regla. Es una represión, anula la libertad, la «libertad de», que es la libertad animal, la negativa. Pues sí, es una represión desde esta perspectiva, una traba. Como decía Lenin: «¿Para qué querrá este imbécil la libertad de pensamiento?». Como ahora estamos hablando de la «libertad de» para todo, pues se encarece. Sin embargo, la «libertad para», la libertad positiva, consiste en ser libre, y como actualmente estamos hablando de la «libertad de» para todo, se dice que no haya normas, que no haya normas para todo el mundo. Es que no se puede, es que la «libertad para» presupone precisamente la regla. Ser libre es someterse a esas normas, para no ser un chimpancé [Risas].

Cachero: Turno de Valdano.

JV: Ha hablado Bueno sobre el fútbol como espacio normativo, social. Y yo quiero decir que en el fútbol se relaja la sociedad en general. Es fácil, sin presión, ayuda a acercarme a ese juego. Un juego, el fútbol, que es muy humano. Yo he escuchado unas reflexiones muy interesantes de Gustavo. Pero en todo este universo emocional tiene tres puntos muy importantes: una es la incertidumbre del resultado, de resultados muy cortos, a un ritmo frenético. En noventa minutos se resuelve el enigma, pero qué noventa minutos. Por eso los minutos se hacen tan largos cuando uno va ganando, y se hacen tan cortos cuando vas perdiendo. De ahí la incertidumbre del resultado. La fuerza es emocional es más fuerte.

Luego existe la posibilidad artística, de jugadores como Maradona o Zidane, de grandes jugadores que nos han dejado unas jugadas irrepetibles. Uno acude al fútbol con la esperanza de ver algo que no ha visto antes. Y eso también es una gran fuerza movilizadora.

Pero luego hay un recurso que escuché alguna vez a Gustavo Bueno, y es el tema de la representatividad. El equipo de fútbol representa a un club, representa a un colegio, a una ciudad. Si tienen mucha suerte representa a un país. Bueno, esa fuerza representativa es muy grande y muy interesante. A Gustavo Bueno he llegado a oírle que en Asturias habían intentado hacer un equipo autonómico, un equipo asturiano, y fue imposible: porque lo que querían los del Sporting y los del Oviedo era, sobre todas las cosas de esta vida, ganarse los unos a los otros. Los de Gijón querían ganarle a los de Oviedo y los del Oviedo a los de Gijón, sobre todas las cosas de esta vida. Y este tema tiene muchísima importancia. Ahí hay un tema que representa, de la representatividad, y ahí lo dejo. Es un tema que dejo a Gustavo.

GB: En esto último estamos de acuerdo. Además es que es un tema inmanente del núcleo del juego, que es la centralidad. Quiero decir que los jugadores están todos representados, primero de todo porque tienen un número y un dorsal, o una definición. Es como el Álgebra. Luego el curso del juego es incierto, pero parece que en el núcleo del juego hay dos equipos, con sus papeles definidos, su pantalón, etc. Se les llama luego por el nombre, que si Casillas, que si Di Stéfano, que si Valdano. Pero cuando están en el juego son como sacerdotes, están representando su papel. Y van uniformados con su pantalón y su equipación. Van con rodilleras, etc. Van disfrazados de futbolistas, con el traje, que luego ya no lo llevarán por la calle. No es que estén representando a héroes, como se decía estos días a propósito del mundial. He visto una entrevista donde se les representaba con elementos clásicos, que si La Odisea, La Ilíada con Aquiles, comparando a jugadores con los héroes griegos. Y por tanto subrayando el carácter heroico del fútbol.

Esa comparación con el héroe, sin embargo, tiene una razón fundamental, práctica positiva. A saber: los jugadores no se juegan la vida, como se la jugaba el torero o Aquiles. Se juegan el seguir en la escena, pero no la vida. Es decir que, el carácter del fútbol no es heroico porque el fútbol no es trágico. A pesar de lo que diga Aristóteles en su Poética, eso son tonterías. Es un drama, no una tragedia. Entonces, la idea de la representación, claro, los trajes de futbolistas representan como tales, dentro del rectángulo representan algo en el juego.

Ahora, la otra cuestión es lo que mueve la pasión. Cuando se dice que el fútbol subraya la identidad, enerva las pasiones, o como decían algunos que el fútbol, lo decían algunos con un espíritu analítico soberbio, no es más que meter la pelotita en una portería. ¡Como si fuera poco el hecho! La cuestión es que, es un hecho, sociológico, que además los equipos representan, en España, a ciudades. Yo alguna vez propuse a los sindicatos UGT y CCOO por entonces, que por qué no celebraban partidos de fútbol, en lugar del Celta o el Betis, por qué no jugaban entre los sindicatos, con gente contratada para ejercer de futbolistas. Habría una representación, donde se podría poner de portero a Zapatero, que sería buen portero [Risas]. Entonces, de hecho no es así. Juegan ciudades, todos los equipos de fútbol en España llevan nombre de ciudades. El fútbol se disputa entre ciudades. No soy experto, pero yo no conozco en España nombres de equipos de fútbol nombres de raza, más que el Celta de Vigo, creo yo. No hay un solo equipo de fútbol que tenga nombre de raza, salvo el Celta de Vigo. Bueno, el Betis. Aunque ese nombre es algo más literario que otra cosa. Cómo el Barça, por qué no le ponen siguiendo el mismo ejemplo el nombre del Laietano, el Barcelona, en fin. Son ciudades.

Por eso lo de Gijón que decía Valdano. Me acuerdo de que en una comisión del Principado que prepararon, querían fundar un equipo asturiano que fuera Oviedo y Gijón. Dije que era imposible porque ahí estaba en juego el epicentro del fútbol, que son las ciudades. Y la representatividad se ve cuando llega el Mundial, se gana, y aparece por ahí el Presidente del Gobierno, los jugadores lloran al escuchar el himno, y todos se sienten españoles, yugoslavos, o catalanes también. Ahora la cuestión es la siguiente. ¿Por qué razón la bandera española, algo muy importante, estaba rechazada como cosa de franquistas o fascistas residuales, y ha resurgido en las competiciones últimas? Toda la gente que la llevaba ahí. Por una razón puramente técnica, por así decir. Si estás en un campeonato de selecciones, España pertenece al cuerpo, porque las competiciones son entre Inglaterra, España, Francia y Alemania. Se juega a esa escala. Son competiciones no entre regiones sino entre estados naciones. Si la competición se sitúa a esta escala, pues claro. Otra cosa es que aprovechen algunos comentaristas para cambiar ese nombre por el de La Roja. Sobre todo si lees El País o ver ciertos canales de televisión. Lo que quieren simplemente es eso.

No a escala regional sino a escala nacional. La prueba es que suena el Himno, sale el presidente. Con la bandera de Asturias no sucedería, ni con la bandera de Borgoña. Entonces la emoción no viene de que sienten la patria, sino que viene de representar a la Nación, al Himno, por eso lloran. Y no vale el Himno de Asturias, eso ahí no tiene cabida. Es otra escala totalmente diferente. Yo he estado muy atento a las Olimpiadas y a los Mundiales, miraba a los deportistas, y observaba que muchos, casi todos, lloraban. ¿Por qué sucede esto? Incluso cuando sonaba el Himno Español, que no tiene letra, los propios deportistas empezaban a silbarlo. Yo creo que se explica el profesional que ha cumplido su obligación, se encuentra ante de una escala política de la que él no tenía ni idea. Cuando has jugado un partido, una liga, una competición, han cumplido en definitiva su obligación, y has ganado, o te suben al pódium, como el de Fórmula Uno, o te metes en el campo, te das cuenta de que estás a otro nivel, de la devoción que se siente por todo el entorno. No es que afloren ciertos sentimientos. Es que el entorno del fútbol es totalmente esencial. Es el Estado, que está a una escala nacional. Es que es la emoción de Casillas al ver a su mujer. No, hombre no, esto es demasiado [Risas].

Cachero: Valdano tiene la palabra.

JV: Prefiero que se abra el coloquio al público.

Cachero: Como contamos entre el público con expertos que pueden animar el coloquio, les invito a que intervengan. ¿Alguna pregunta de los asistentes que pueda animar el coloquio? ¿Quién se anima?

Gárate: Antes que nada agradecer este coloquio tan interesante. Como desde un punto de vista de corrección no es pertinente que yo aproveche para pedir la palabra, no debería hacerlo, no obstante voy a saltar sobre ello y valerme de mi posición. Quiero hacer una pregunta. Hemos hablado de una esencia del fútbol, del cuerpo. Y quiero hacer una pregunta esencial. Sin duda todo lo comentado aquí son elementos esenciales. Todo esto se da en otros deportes. Yo quisiera preguntar. Mucha gente que hay por encima de todo el deporte. Pero hay algo que produce el fútbol que no producen otros deportes, y es la satisfacción de poder ver a un grupo de amigos, sin otro ánimo que jugar. Qué magia tiene, ahí está la pregunta, qué es lo que tiene el fútbol para poder movilizar a la gente. Qué tiene el fútbol sobre otros deportes que moviliza de este modo. Si hay algo más allá del propio deporte, más allá de las propias emociones que se desarrollan.

GB: Se me ocurre decir lo siguiente: que en efecto hay razones objetivas, una de ellas es el fútbol como deporte, pero como deporte no se dice nada. El juego no es deporte propiamente, el juego por mi propia experiencia, se juega en el campo de deporte. El deporte como medio fisiológico es contraproducente. Los futbolistas acaban reventados, lesionados, etc. El fútbol no es deporte, es un juego, es como juego militar. Por qué llama más que otros juegos es porque es grupo contra grupo. El boxeo, por ejemplo, no. Engancha, pero es distinto. El grupo lo afecta a todo. Y el grupo es una realidad. El grupo es grupo de amigos, que significa mucho más que un individuo. Y sobre todo, con esto termino, con el argumento siguiente. Porque, para decirlo con una sentencia, vires adquiret eundo, adquiere fuerzas al andar. Y no es retórica. El hecho es que por razones contingentes se haya logrado que el fútbol pasando de deporte de aldea, haya ido escalando hasta ser la confrontación de dos países es lo que le da importancia. Lo importante del cristianismo fue precisamente el convertirse en religión ecuménica.

¿Por qué razón una religión se convierte en la de todo el Imperio Romano, entre señores y esclavos? Es como si dijeran que el pueblo tiene una gracia divina, que desciende sobre el fútbol. Eso no explica nada. Una vez que el fútbol va alcanzando niveles más amplios, donde cada vez más razones se superponen, económicas, de intereses personales, o lo que fuera, el cuerpo va alcanzando una magnitud e importancia mayor. Una vez que ha adquirido este volumen, estas dimensiones, es ya imparable. Es el hecho del fútbol. Todas las estructuras envolventes que lo hacen posible, son razones históricas.

JV: Por qué el fútbol y no el baloncesto, porque también ambos representan colectivos.

GB: Yo creo que esto es cuestión de origen, un vicio de origen, porque el baloncesto lo inventó un maestro que era cura para entretener a sus alumnos, y es un juego completamente ridículo a mi juicio [Risas]. Meter una pelota en una cesta situada en las alturas. En su origen fue usado para que los alumnos se entretuvieran porque no podían salir a jugar al aire libre, es un juego enclaustrado. El fútbol, contemplado en relación a su núcleo, tiene un origen mucho más serio que el baloncesto, originado en un gimnasio como alternativa de ocio a los estudiantes durante la etapa invernal.

JV: Para mí el fútbol es muy importante, porque allí donde me crie, en mi país, siempre tuve una relación exagerada con el fútbol y en un contexto donde era muy vivido. Suponía alcanzar para nosotros una cierta libertad y ciertos desafíos. Quise encontrar una explicación a por qué se mueven tantas pasiones y he encontrado algunas, pero no todas.

Víctor Martínez Patón: Sí, yo quisiera hacer una pregunta. Valdano ha ensalzado la representatividad, lo importante que es para el jugador representando a un grupo de amigos, una ciudad, una nación. En este caso la celebración de los jugadores de la Selección Española, representando a España y en este caso llevar a España a lo más alto. Y estos jugadores en la celebración al llegar a España tienen una celebración muy polémica, propia de chavales de dieciséis años, impropia de quienes representan a España. Quería preguntaros un poco a los dos sobre vuestro parecer de este suceso.

GB: Por mi parte, lamentable. Abundando en lo mismo, ya que todo el mundo hablaba de esto. Parecía aquello una fiesta de primates. Estaban todos borrachos, diciendo tópicos, vulgaridades, daba vergüenza ajena. Especialmente el que dirigía todo, Reina, que hacía un completo ridículo. ¿Éstos son héroes? Imposible. No eran héroes, aquello no era heroísmo. Y sobre todo el contraste de esta cuestión: una cosa era este individuo, Casillas, que tenía su novia, sus emociones. ¿Y a mí qué me importa? Lo que importa es su papel de jugadores. Intentar sacar algo positivo de eso, era imposible. Eran incapaces de formar tres frases seguidas, en fin, eran verdaderos primates. Es que era algo natural, espontáneo, dicen, ¡pues no sean tan espontáneos!, es que eran unos salvajes. Podrían celebrarlo en un hotel, hacerlo entre ellos en privado, pero no en público exhibiendo impúdicamente esto.

JV: No estoy de acuerdo con esto [Risas]. No son primates, en serio, estaban el día anterior, muy contentos. Era el momento con el que todos habían soñado toda su vida. Por otra parte, quiero decir que Gustavo Bueno señala de los jugadores se percibe muchas veces sentimientos como que estamos representados con mercenarios. Un jugador se identifica con el fútbol profesional. Llegar al club y eso parece exagerado. A mí me tocó convivir en mi carrera, por ejemplo, con 19 años llegué a una ciudad donde no había nada que representase a España [Risas], ni había flamenco ni nada. Lo pasé realmente mal, y yo sufría, y yo sufría muy sinceramente, y cuando perdía un partido sufría muy sinceramente y cuando ganaba lo celebraba y me ponía muy contento muy sinceramente, y entendía que ese es un sentimiento común y compartido con muchas personas. Y no tiene nada que ver con la montaña de dinero que se gana, y no tiene nada que ver con la profesionalidad. Tiene que ver con el amor a un juego con el que empezaron a destacar y concentraron todo su esfuerzo.

Cachero: Como ya son las ocho y media vamos a tener que ir cerrando este coloquio. Vamos a conceder la palabra a la primera persona del público que quiera plantear alguna pregunta.

Persona del Público 1: Yo lamento no estar de acuerdo con muchas de las cosas que ha dicho Don Gustavo. Porque el tema del fútbol y las preguntas que formula el fútbol de lo que han hablado ustedes, de por qué mueve a tantos y organiza lo que organiza el fútbol. Voy a tratar de aclarar por qué las preguntas a mi juicio, desde mi punto de vista, son tan importantes. El fútbol puede ser tan deporte como el atletismo, y si no analice usted la velocidad con la que corre un futbolista. En segundo lugar el fútbol es más apto que el baloncesto, pero para otros no. El fútbol puede mover pasiones para muchos, ¿Por qué? Mire usted, porque en el fútbol hay tantas cosas que no es posible analizarlas todas, dada su complejidad.

Cachero: Haga el favor de terminar. Formule su pregunta a Gustavo Bueno, por favor.

Persona del Público 1: No voy a hacer la pregunta como todo el mundo, pero yo voy a dar una respuesta. Yo recuerdo que estaba paseando por la playa, llegó un niño que me preguntó si meto el mar en este agujerito, pues no puede ser, no cabe. Eso que tú estás haciendo de meter todas las ideas que tienes en la cabeza, bien pues lo que nosotros no podemos hacer es meter todas las cosas que contienen al fútbol en una frase.

GB: Eso es la Santísima Trinidad.

Persona del Público 1: En efecto, la Santísima Trinidad. El caso es que todas las cosas que contienen al fútbol…

Cachero: Vamos a ver esto es un coloquio entre Gustavo Bueno y Valdano.

Persona del Público 1: La pregunta es por qué costó tanto explicar estas ideas.

GB: A ver, todo lo que usted ha dicho es que no explica nada ni sirve para nada. Cállese. [Risas]. Esa metáfora de un niño produce vergüenza ajena, es de catecismo [Risas].

Cachero: Quisiera una pregunta, no una disertación.

Persona del Público 2 (Ramón Moraleda Gutiérrez): Me gustaría hacer una pregunta al señor Bueno, como persona que soy conocedora del fútbol. Se trata de un punto de vista muy personal. Pero aun así hay un vínculo con el fútbol que es total, y lo veo absurdo. De hecho, mi vida está supeditada al fútbol. No concibo mi trabajo sin el fútbol, lo supedito todo a él. Los fines de semana hay fútbol y sufro porque no puedo realizar vida normal con mi mujer, ya que ella no comparte mis inquietudes. Si acaso en los meses de verano, hasta septiembre, esto no me afecta, pero luego a partir de septiembre sí…

Cachero: No entiendo la pregunta.

GB: No es absurdo. Es absurdo porque así lo ve usted. Y si lo ve absurdo, vaya al psiquiatra [Risas].

Cachero: Otra pregunta.

Persona del Público 3: Coincido con Gustavo Bueno con la complejidad del fútbol. Aunque yo quisiera preguntarle a Valdano sobre el tema de la tecnología y su implantación en el fútbol para la toma de decisiones.

JV: El fútbol es un juego insoportablemente humano. Es uno de los elementos de esta pasión que es el fútbol. La tecnología es algo de un tiempo nuevo. Es un juego muchas veces azaroso. A veces atribuimos el mérito a la suerte. El que gana no siempre ha jugado bien, o simplemente tuvo más fortuna que el adversario. Pero también en la vida ocurren cosas de ese tipo. Yo el tema de la tecnología lo veo con temor, porque el fútbol es algo natural, y frente a la tecnología yo apuesto por una cosa espontánea, sin tecnología, pero creo que cuando vamos al fútbol buscamos una reacción más primitiva, y encontramos una reacción algo más animalesca. Y concuerdo en que seguramente sería más justo pero menos humano.

GB: Yo insisto en lo mismo: insisto en que el fútbol es muy difícil de explicar, pero no se explica por razones de naturalidad. Eso es vulgar. Y por tanto el fútbol tampoco exige que saque el chimpancé reprimido que llevo dentro. El chimpancé reprimido tiene que meterse en las reglas del juego, porque si no, no puede jugar. Y por lo tanto esas reglas son lo que dignifica al fútbol, y sin esas reglas no se puede jugar. Y el que piense que de todo esto se puede prescindir, que con su pan se lo coma.

Cachero: Última pregunta.

Persona del Público 4: Por insistir en el tema del uso de la tecnología, preguntar al profesor Bueno sobre la idea de la FIFA de añadir las cámaras para ver si ha sido córner o no, o para evitar goles fantasma o ilegales, como el de Maradona con la mano en el Mundial de 1986.

GB: A mí me parece irrelevante. Yo reconozco que estaría muy bien saber si ha habido mano o no, pero el fútbol tiene un porcentaje de incertidumbre enorme. Los aciertos y los errores existen y existirán. El árbitro también juega un papel. Lo que no está en el sumario no está en el mundo, como dicen los jueces. Análogamente, lo que no está en el protocolo del árbitro no existe en el fútbol. Entonces, si hay medios tecnológicos mejor, pero si no, la exactitud del hecho no aclara nada. Porque todo es incierto en un juego.

Cachero: Muchas gracias profesor. Y ya como colofón invito a Víctor Patón a dar el final.

Víctor Martínez Patón: Muchas gracias. Gracias a Valdano y al profesor Gustavo Bueno por participar en el coloquio. Y desde luego a la Universidad San Pablo CEU que nos ha atendido con gran interés. Muchas gracias. [APLAUSOS].

[Transcripción íntegra del original realizada por el Dr. José Manuel Rodríguez Pardo sobre la base de una grabación de audio que se conserva con muy mala calidad. Los organizadores no entendieron necesario un audio de mayor calidad porque se había pactado con la organización del CEU la grabación íntegra en vídeo. Según fue evidente para todos los asistentes al acto, en torno a 150 personas, tres cámaras de vídeo funcionaron durante todo el acto. Por motivos nunca explicados, posteriormente el CEU negó haber grabado el acto. Ignoramos si la grabación original fue entregada a alguna persona diferente del entorno del CIHEFE o de Gustavo Bueno, pero el caso es que nunca se ha tenido acceso a la misma. Esta transcripción viene en consecuencia a cubrir el vacío que tal extraña desaparición provocó].

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Nº 89

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