Cuando los futbolistas no jugaban donde querían

Resumen

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Contrariamente a los que sucede en la actualidad antes los futbolistas estaban sujetos al dictado de sus clubes merced al derecho de retención. El caso del fallido fichaje de Antón por el Real Madrid es un buen ejemplo
Abstract

Keywords: Retain and Transfer System, History, Football, Real Oviedo, Antón, Real Madrid

Contrary to what is common today in the past footballers were subjected to their clubs’ will thanks to the retain and transfer system. Anton’s failed move to Real Madrid is a good proof of it.

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En el mundo del fútbol, está asumido que cuando un futbolista quiere cambiar de aires, lo consigue, sin que importe en exceso que tenga vínculo contractual con un equipo. La legislación vigente y los organismos futbolísticos internacionales —proclives a ponerse del lado del deportista—, junto con la necesidad de los clubes de evitar males mayores, hacen que esto sea así. En consecuencia, en la práctica, la vocación de cumplimiento que se les atribuye por definición a los contratos, decae cuando es el jugador quien desea rescindirlo.

Pero en tiempos pretéritos esta situación era diametralmente opuesta, siendo la otra parte, la de los clubes, la que ostentaba la posición dominante.

Tras los años en los que paulatinamente se fue implantando el fútbol en nuestro país, una vez ya organizado con la creación del Campeonato Nacional de Liga, aceptado el profesionalismo, el primer contrato firmado tenía una enorme transcendencia, pues a partir de ese momento los equipos tenían la posibilidad de ir renovando unilateralmente esa relación contractual sucesivamente, con la única obligación de incrementar en un pequeño porcentaje los emolumentos a recibir por el futbolista.

Tal situación se prolongó durante décadas, y sólo cambió con la llegada de los nuevos tiempos que supuso el fin de la dictadura franquista. En los años setenta del pasado siglo surgieron las movilizaciones de los futbolistas (hubo varias huelgas) reclamando, entre otras cosas, la supresión del conocido como derecho de retención que les impedía cambiar de aires para aceptar mejores ofertas.

Se pasó de un sistema en el que los equipos tenían el poder, a uno en el que lo tienen los jugadores. El caso que se expondrá a continuación, impensable hoy en día,  deja bien a las claras cómo han cambiado las cosas.

Iniciada la temporada 1935/36, Antonio Sánchez Valdés, conocido futbolísticamente por Antón, era un joven delantero de 21 años que buscaba hacerse un hueco en el Oviedo FC (desprovisto, como todos, de su condición de Real, por el periodo republicano que se vivía). Eran tiempos en los que la línea atacante del conjunto ovetense, bautizada como la «delantera eléctrica», estaba en su momento de máxima plenitud y, probablemente, era la mejor del país. La conformaban Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín, y era una máquina de hacer goles, lo que ponía muy difícil al resto de delanteros hacerse un hueco en el equipo titular. Por ejemplo, un futbolista como Chus Alonso no tenía sitio, pese a su nivel, como demostraría después en el Real Madrid, donde triunfó plenamente, alcanzando incluso la internacionalidad.

Cumplida su etapa en el equipo juvenil oviedista, Antón sólo podía demostrar sus cualidades en el equipo de los reservas y en el segundo equipo de la ciudad, la Sportiva Ovetense (en la práctica, era algo así como el filial del conjunto carbayón), además de en los encuentros amistosos que disputaba con diversos equipos regionales, que le retribuían con una cantidad por tanto anotado (hasta 2 pesetas por gol llegaron a pactar). Si bien estaba bajo la disciplina del conjunto azul, no tenía contrato profesional. Al intentar que le fuese formalizada su situación contractual con el Oviedo, la respuesta por parte del secretario del club Calixto Marqués, fue más que significativa: “si fueses medio o defensa interesarías, pero los delanteros sobran”.

Pero aquellas actuaciones le fueron suficientes para despertar el interés de otros equipos, sobre todo el del Madrid, con cuyos directivos un amigo de la familia inició las conversaciones para la incorporación de Antón al conjunto blanco. El interés era tal, que la oferta inicial consistente en una ficha nada despreciable de 6.000 pesetas fue aumentando hasta alcanzar las 10.000.

Futbolistas01Con Antón entusiasmado ante la posibilidad que se le planteaba de marcharse a jugar a la capital de España, era su familia quien menos apoyaba la opción, temerosa de las nocivas consecuencias que la vida madrileña pudiese causar en quien, pese al aspecto que le confería su temprana alopecia (motivo por el cual empezó a jugar con la cabeza cubierta con una boina), era un joven muchacho. Su padre siempre había sido contrario a que sus hijos fuesen futbolistas, con lo que menos aún le gustaba la idea de que para ello se marchase de casa.

Ante las reticencias familiares y la dilatación en el tiempo de la operación, el presidente madridista Rafael Sánchez Guerra, tomó las riendas de la negociación; habló directamente por teléfono con Antón y le hizo una oferta poco menos que irrenunciable: 16.000 pesetas de ficha anual y un empleo en una relojería para que, teniendo ocupado el tiempo con un trabajo, su familia estuviese tranquila y no pusiese reparos. Antón aceptó sin dudar y, tras mandarle Sánchez Guerra 1.000 pesetas de adelanto para que emprendiese el viaje a la mayor brevedad posible, siendo conocedor de la situación únicamente su hermano Benito, hizo la maleta a escondidas, se dirigió a la estación del ferrocarril, adquirió el billete y se sentó en el vagón dispuesto a realizar el viaje que iba a cambiar su vida.

Antes de que el tren iniciase la marcha, vio aparecer por el andén a su padre Francisco, al presidente oviedista Carlos Tartiere y al vicepresidente Pedro Miñor, quienes al llegar a su altura le dijeron: “¡bájese Vd. del tren ahora mismo!”. Antón obedeció sin dudar y, cual niño al que se disponen a castigar por mal comportamiento, fue conducido a la secretaría del club, donde firmó sin rechistar un contrato como profesional del conjunto azul con una retribución de 500 ptas. mensuales. Era el 18 de noviembre y Antón debutaría con el Oviedo a las pocas fechas, en concreto el 1 de diciembre en Santander.

Futbolistas02Probablemente el chivatazo de su hermano al secretario de la entidad sirvió para abortar una operación que, quizás, hubiese convertido al veloz extremo derecha de potente disparo al que llamaban «el otro Lángara» o «el rompe-redes» —en más de una ocasión rompió la red de la portería al anotar un tanto, obligando al colegiado a realizar la oportuna comprobación—, que ocultaba su calvicie bajo una boina, en figura del fútbol español defendiendo la camiseta blanca del equipo merengue y no la azul del carbayón, con quien haría historia durante más de una década.

Con la normativa existente entonces que permitía a los clubes retener a los jugadores, al estampar su firma con el equipo oviedista, negándose éste a su salida, ya no podría aceptar ninguna de las varias y suculentas ofertas que tendría con el tiempo para irse a conjuntos como el Barcelona, el Atlético Aviación o el Real Zaragoza.

Y además de ver cómo se le escapaba la posibilidad de rubricar un contrato fantástico para aquella época, Antón tendría que soportar cómo iba a ser muy duramente tratado por los dirigentes madridistas y por la prensa capitalina, acusado de haber faltado a su palabra.

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