Origen y evolución histórica del fútbol formativo en Cataluña. Del inicio hasta la Guerra Civil (1898-1936).

Resumen

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Cada semana miles de jóvenes futbolistas entrenan en sus respectivos equipos. Durante el fin de semana compiten entre ellos en diversas categorías y se desplazan por toda la geografía catalana. Centenares de clubes, miles de equipos, decenas de miles de niños y niñas de edades comprendidas entre los 6 y los 19 años, conforman lo que venimos en llamar “fútbol base”, “fútbol formativo” o “cantera”. ¿De dónde arrancó esta frenética actividad? ¿Quiénes fueron los precursores de esta concepción del deporte a edades tan tempranas? ¿Con qué propósito se empezaron a discriminar los individuos en función de su edad? ¿Cuándo se empezó a categorizar a los equipos en función del año de nacimiento y no, por ejemplo, en función del peso como ocurre en otros deportes? ¿Con qué propósito? ¿Se trataba de formar nuevos jugadores pensando en el futuro o lo hicieron para proteger a los más jóvenes de la fuerza de los mayores? Este trabajo pretende aportar un poco de luz a estas cuestiones.
Abstract

Keywords: Formative Football, School Football, Youth Players, Youth Academy, initiation football, Historical Origins Of Football.

Every week thousands of young footballers are training with their respective teams. During the weekend they compete in several categories and travel through the whole of Catalonia. Hundreds of clubs, thousands of teams, ten thousands of children aged 6 to 19 years make up what we come to call “Youth Soccer”. Where does this frenetic activity started from? Who were the pioneers of this conception of sport at so early stages? What was the purpose of beginning to discriminate individuals according to their age? When did they begin to categorize teams depending on the year of birth and not, for example, on a weight basis as in other sports? What was the purpose? Were they intending to form new players thinking of the future or was it done to protect the youngest ones from the strength of bigger kids? This paper provides some light on these issues.

Artículo
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Índice

1. Introducción.

2. Breve contextualización histórica del inicio del fútbol en Cataluña.

3. Los primeros practicantes. Entorno social.

4. ¿Qué entendemos por fútbol base?

5. Los equipos pioneros.

6. Primeras competiciones por edades.

7. El profesionalismo lo cambia todo.

8. Conclusiones.

9. Bibliografía.

10. El niño de mirada triste y su entrenador. Dedicatoria.

1. Introducción

El fútbol es, entre otras muchas cosas, un enorme éxito social. En palabras de Jorge Valdano (1955), el fútbol es lo más importante de entre las cosas que no tienen importancia. Como deporte ha conquistado los cinco continentes. Se ha convertido en un colosal negocio, que genera pingües beneficios para innumerables corporaciones multinacionales en todo el mundo. La universalización de su práctica, la difusión en los medios de comunicación y el éxito de competiciones transnacionales como los Mundiales, que organiza la F.I.F.A. (Federación Internacional de Fútbol Asociación), ha generado una enorme actividad relacionada con su práctica, con su difusión y, consecuentemente, con un aumento inusitado de practicantes de todas las edades, de ambos sexos, especialmente los más jóvenes, en cualquier parte del mundo.

La imagen de éxito social y económico que proyectan las estrellas mundiales del fútbol, cautiva a muchos niños y niñas de todo el mundo que desean emular sus gestas deportivas y que ofrecen sueños de futuro a padres y madres que creen ver en el fútbol una salida “fácil” a su realidad social, con frecuencia de escaso bienestar.

Hoy sabemos que el éxito incuestionable del fútbol se fundamenta en la simplicidad de los elementos que lo componen; un terreno de juego, una forma esférica, dos espacios delimitados como porterías, unas normas simples. Dos equipos. El árbitro sólo es necesario cuando se juega “en serio”.

Una calle, un claro de bosque, una plaza, un espacio diáfano, un campo de juego de dimensiones reglamentarias o un gran estadio olímpico, qué más da. El espacio se adapta al juego. Un objeto esférico, a ser posible lo suficientemente elástico para recuperarse y mantener su forma tras un puntapié, sin ser demasiado duro ni demasiado blando, es suficiente como objeto-estímulo. Si el objeto es un balón, si es de última generación, con el peso y la presión que marca el reglamento, es mucho mejor. Si no, no hay problema, nos adaptamos al móvil. Dos objetivos iguales, llamadas porterías, conformados con dos postes unidos por un larguero, de medida universal en todas las competiciones oficiales y de medida tan dispar en todas las demás competiciones. Hechas con cañas, con palos de infinita procedencia, con ladrillos, piedras grandes, mochilas escolares o bultos. Simplemente han de servir para fijar el espacio de mayor deseo colectivo, el espacio que hay que defender y al que hay que atacar. Lo más trascendente es no equivocarse de espacio.

Las normas para jugar son inicialmente muy simples. Hay que marcar gol (del inglés goal, objetivo), con los pies o con cualquier parte del cuerpo que no sea las manos. No vale tocar el balón con las manos, queda dicho, excepto el portero –que, a cambio de ser un tipo extraño que cuenta con ventaja, se somete al peligro de un balonazo en la cara o en zonas más dolorosas de su cuerpo-. Se cuentan los goles al final. Quien más marca, gana. Simple de toda simplicidad, hasta que alguien tuvo que ampliar las normas y hacer un primer reglamento en 1863. Volveremos a esto más tarde.

Dos equipos, de igual número de jugadores si es posible, organizados por conceptos tan heterogéneos como la pertenencia afectiva (mis amigos contra mis no amigos), la pertenencia geográfica (los de mi calle, los de mi pueblo, los de mi ciudad, los de mi región, los de mi país, etc…) o la pertenencia a un colectivo (casados contra solteros, por ejemplo). Dos equipos.

Según (Barrio, 2002), que escribe con toda razón a nuestro parecer; “Es incorrecto afirmar taxativamente que el fútbol se forma por razones pedagógicas, lúdicas, religiosas, caritativas o regeneracionistas, ya que las causas varían de un país a otro. Así, podemos afirmar, que el fútbol en Inglaterra tiene un origen lúdico y pedagógico; en Escocia, religioso y en Francia y España regeneracionista, ya que su respaldo y aceptación, en ambos países, viene marcado por la derrota francesa frente a los prusianos en 1870 y por la derrota de España en 1898, ante los americanos”.

Uno de los criterios universales en la determinación de la competición oficial en todo el mundo es la edad de los jugadores. Se organizan torneos, también, en función de unas categorías que se establecen con un único criterio: la edad de los jugadores. Conceptos como pre-benjamín, benjamín, alevín, infantil, cadete, juvenil son inherentes a la comprensión que cualquiera de nosotros tiene del fútbol de hoy día y de su práctica. De su organización. La edad determina otros factores como las dimensiones del terreno de juego, el tamaño y el peso del balón, el reglamento o el número de jugadores por equipo.

Pero, ¿cuándo uno de los criterios para jugar a fútbol fue la edad?, y sobre todo ¿con qué propósito se decidió agrupar a los jugadores en función de su edad biológica?. ¿Qué se perseguía con ello?.

Para poder averiguarlo proponemos tres hipótesis: A. Quizás el objetivo era proteger a los jugadores de la fuerza y la potencia de los practicantes más mayores, B. Otro supuesto podría ser que, dado el éxito social del fútbol, las primeras agrupaciones organizadas en forma de clubes, pensaron en ir promocionando el fútbol entre los más pequeños, los futuros jugadores del equipo principal y C. Quizás se trató, sencillamente, de ordenar los diferentes equipos de un mismo club y establecer prioridades competitivas; el más potente es el “primero”, el siguiente será el “segundo” y así sucesivamente. Siguiendo esta premisa los más jóvenes y por tanto menos fuertes, más inexpertos, se incluirían en los equipos de menor rango competitivo. Intentaremos concluir la veracidad de uno de estos supuestos, descartar a uno, varios o todos ellos, para intentar determinar cuál fue el origen del fútbol, llamado de base popularmente. Llamado de cantera. Lo que pretendemos es saber en qué momento se organizó institucionalmente la formación de jóvenes futbolistas, específicamente para la práctica del deporte que conocemos como fútbol.

El objeto del presente trabajo es determinar el origen de lo que hemos convenido en llamar fútbol base o fútbol formativo en Cataluña, es decir, conocer las razones que impulsaron a los primeros practicantes a formar jugadores para jugar a fútbol en el futuro, despojando ese interés específico de la necesidad de agrupar jugadores en función tan solo de su edad, su peso o su altura, así como del interés de los docentes de la época de utilizar el nuevo sport para otros fines más pedagógicos. El método empleado ha sido la búsqueda de información en diarios y semanarios de la época (desde 1890 a 1936), a través del fondo documental del ARCA (Arxiu de Revistes Catalanes Antigues), las hemerotecas de La Vanguardia y El Mundo Deportivo así como consulta en diversas publicaciones académicas, artículos y tesis doctorales, y

libros especializados en alguna de las temáticas expuestas en el trabajo. Todo ello ha estado tutorizado por el profesor del centro Xavier Torrebadella y ha contado con el apoyo del profesor del centro Daniel Rivera Nebot, a quienes deseo mostrar mi más sincero agradecimiento por su labor.

2. Breve contextualización histórica del inicio del fútbol en Cataluña.

Según (Álvarez, 2010), el fútbol moderno podría arrancar de manera oficial en 1863, con la reunión de un puñado de jóvenes ingleses en la Freemason’s Tavern de Londres, el 26 de octubre de ese año. Hablamos por tanto de la segunda mitad del s. XIX. En ese año ocurrieron en el mundo hechos tan relevantes como la entrada en vigor del acta de emancipación de los esclavos del sur de EE.UU. o la creación de la Cruz Roja en Ginebra. En Cataluña, nuestro ámbito de estudio, tras el reinado de Isabel II (1830-1904), que abdicó en 1870 en su hijo Alfonso XIII, el último cuarto del siglo XIX es una época de cambios importantes (ver capítulos IX y X de “Història económica de Catalunya” de Gaspar Feliu). La pérdida de las colonias de Filipinas y Guam en el Pacífico y Cuba y Puerto Rico en el Atlántico, además de los perniciosos efectos que tuvo para la economía española en general y la catalana en particular, desató un estado de ánimo propenso al “revisionismo” y a la mirada crítica de una sociedad en decadencia, que miraba al norte, hacía las potencias europeas y las proponía como modelo a seguir. En este clima regeneracionista, surgen movimientos pedagógicos como la Institución Libre de Enseñanza[1], paracrear y sostener un centro educativo donde aplicar una forma innovadora de pedagogía, (López Serra, 1998). Según A. Martínez Navarro en sus Anotaciones a la historia de la educación física española en el siglo XIX, la aparición de la educación física en los programas escolares como “materia” puede considerarse rasgo característico de los sistemas educativos de la “segunda ola” – utilizando terminología de A. Toffler.

Se trataba de una revisión a fondo de la educación, del modelo educativo más bien, que pasaba de “enseñar” a “educar”, a diseñar un “nuevo hombre”, moderno, fuerte, ilustrado, contemporáneo. Todo ello bajo la todopoderosa influencia de la Iglesia, la institución presente en todos los fueros, en todos los ámbitos de la sociedad. Todo ello bajo una esperanza de vida muy diferente a la actual. Ver gráfico en la página siguiente.

Fig. 1 Evolución de la esperanza de vida en España (1900-2002)  Fuente: Carreras (1989), Carreras y Tafunell (2003), INE y Human Mortality Database.

Fig. 1 Evolución de la esperanza de vida en España (1900-2002)
Fuente: Carreras (1989), Carreras y Tafunell (2003), INE y Human Mortality Database.

Por extraño que pueda parecer a nuestros ojos, el nivel de esperanza de vida era, en 1900, de 34 años en hombres y de 36 años en mujeres. En 1918 se produjo una devastadora epidemia de gripe, que redujo hasta los 30 años esa media estadística.

La malnutrición, la miseria, la falta de condiciones higiénicas básicas y factores como el incremento exponencial de la llegada masiva de personas que emigraban del ámbito rural a las ciudades, dibujaba un panorama radicalmente distinto al que hemos conocido en nuestra generación y posteriores. (Arbaiza Villalonga, 1995) relaciona las causas de mortalidad más frecuentes, entre ellas, la tuberculosis, la diarrea bacteriana, el cólera, la lepra, el sarampión, la gripe, el herpes y las infecciones respiratorias.

En un ámbito sanitario de estas características, sólo los más sanos y mejor alimentados pueden mantener una actividad deportiva exigente, en términos condicionales, como el fútbol.

La modernidad de las élites se abre paso incluso entre las calamidades del común de los habitantes de la ciudad. Como se refleja en “De foot-ball. El libro de Elías Juncosa”, El Mundo Deportivo, 19 de febrero de 1914, p. 2,

Véase un fragmento del citado libro, que con el título “El foot-ball como medio de educación física”, José Elías deseaba instruir al lector, sobre las ventajas que este deporte tiene para la formación integral de la persona. El fragmento ilustra perfectamente el sentimiento que poseían los sportmens sobre este deporte.

Ya que debemos necesariamente practicar los deportes para hacernos fuertes y equilibrados, para entrar en la gran lucha por la vida, en la que tenemos obligación de aspirar a los primeros puestos, para nuestro provecho particular y para el bien público, permítasenos, aunque tal vez pequemos de inmodestos, en nombre de varios lustros que llevamos propagando los ejercicios físicos como el medio más eficaz para la regeneración de nuestra raza que por el esfuerzo de todos ha de volver a ocupar el lugar preeminente que tuvo un día, permítasenos que nos detengamos un momento en nuestro camino, para dirigir una ojeada a uno de los deportes más completos a la par que atrayente bajo muchos conceptos.

Si hay necesariamente que cultivar nuestros músculos, vigorizar nuestra voluntad dormida en nuestro pueblo; si queremos aspirar a ser fuertes y equilibrados por práctica de los deportes, pocos encontramos que encierren tal cúmulo de ventajas y perfecciones desde diferentes puntos de vista, como el moderno foot-ball.

Partiendo de la condición absolutamente necesaria a todo ejercicio de practicarse al aire libre, tiene este deporte innumerables ventajas para considerarlo como uno de los más completos, lo que explica su rápida popularidad en nuestra nación.

Desde el punto de vista del trabajo muscular en sí mismo, pone en ejercicio constante y variado siempre, todas las partes del cuerpo, incluso los brazos que no quedan nunca inactivos a pesar de no actuar directamente; es un tónico para los pulmones, un excitante para el cerebro que actúa en cada instante, ya que es éste un juego más de cálculo y de combinación que de fuerza propiamente dicho, y por encima de todo, nos enseña a tener sangre fría, a ser disciplinados sin sumisión y valientes sin jactancia, proporcionando al cuerpo la verdadera elegancia en todos los momentos.

Las mil fases del juego, siempre variadas, aguzan nuestro ingenio, estimulan nuestra actividad, excitan nuestros sentimientos, logrando un conjunto de ventajas que han elevado el juego del foot-ball a la categoría de deporte mundial, pues puede casi afirmarse que se practica, en más o menos grado, en todas las tierras civilizadas.

José Elias Juncosa no vivió lo suficiente para saber que, efectivamente, el fútbol se convertirá en un fenómeno global.

3. Los primeros practicantes. Entorno social.

Como todos sabemos, los pioneros de nuestro deporte en Cataluña no fueron autóctonos. Ni pobres. Nos referimos al deporte en su formulación moderna, esto es aquel que surge en Gran Bretaña en el s. XIX y que se institucionaliza en la época victoriana. La colonia inglesa, residente en diferentes zonas del Estado, industriales, técnicos de diverso grado e ingenieros llegaron, en el caso de Cataluña para colaborar en el desarrollo de una potente industria textil, y trajeron consigo un juego que a finales del siglo XIX contaba con unas décadas de práctica en su país, que ya era profesional en Escocia y en otras zonas de Europa. En su artículo “La gènesi del futbol a les regions de la conca mediterrània occidental” (Lanfranchi, 1998), cuestiona el origen inglés de la expansión del fútbol y lo sitúa en las escuelas de comercio internacional suizas. Cita a un suizo, Hans Gamper, originario de Winterthur, cerca de Zurich, que con 22 años decide en 1899, crear el Foot-Ball Club Barcelona. Sea como fuere, es de común aceptación que en las public schools inglesas, ya en el s. XVIII, se incorpora el deporte, como elemento pedagógico y modernizador, (Barrio, 2002). Y, más concretamente, en las public schools de Eton, Winchester Harrow, Rugby y las universidades de Oxford y Cambridge se empezaron a fraguar las normas y reglas que configuraron más tarde lo que hoy conocemos como fútbol.

Uno de los primeros reglamentos conocidos, el de Eton en 1847, hablaba del cambio de campo cada media parte, en lugar de con cada gol anotado. Sus porterías, las de Eton, a las que llamaban “goal sticks” no tenían larguero. Lo de las redes vendrá décadas más tarde y, aun hoy, no son obligatorias en el reglamento FIFA, aunque lo sean en los reglamentos de competición de sus federaciones asociadas. Parece plausible la idea de que un grupo numeroso de estudiantes, en la flor de sus instintos hormonales, fueran más dóciles cansados que frescos, aún a riesgo de que alguno de ellos pudiera sufrir algún percance fruto del ímpetu juvenil. Lo que puede ser anecdótico desde nuestra óptica acomodada de la segunda década del s. XXI no lo es tanto si pensamos en la situación económica que hemos relatado anteriormente. Ello nos lleva a ser particularmente prudentes a la hora de analizar la llegada masiva de niños, adolescentes y jóvenes al fútbol de los albores del s. XX en Cataluña. A excepción de los que estaban cursando estudios en las escuelas de la parte alta de la ciudad, instituciones controladas por el Clero y exclusivas para las clases acomodadas, el resto de los niños de Barcelona, todo lo más, podía permitirse el lujo de imitar a los pudientes, con unos trapos atados con cuerdas en las calles de la ciudad. No se trata sólo (que también) de una cuestión de clase, sino sobre todo de una cuestión económica y, por tanto, de condición física. Ser pobre implica, en esa época, trabajar a edades muy tempranas. Aunque (Llonch Casanovas, 2004) califica el primer tercio del s. XX de periodo en el que se experimentaron notables mejoras. Y cito “Estos avances, que se sucedieron a ritmo dispar, fueron impulsados por las luchas de los asalariados catalanes en el contexto de una intensa movilización del sindicalismo europeo del momento. Entre las principales reclamaciones destacaron la reducción de la jornada laboral y el aumento de las retribuciones salariales”. Avances incluidos la edad legal para trabajar pasó de menores de 10 años a menores de 14 años y el trabajo infantil sólo fue prohibido en 1919, al menos sobre el papel. En los inicios del s.XX se promulga una Ley que ayudará al fútbol, la Ley de 3 de marzo de 1904 del descanso dominical. Más tiempo libre era más tiempo en la calle, jugando, en el caso de los niños. Jugando a qué, a lo que jugaban los niños de la parte alta de la ciudad; jugando al nuevo esport llamado “foot-ball”. En 1895 ya aparecían las primeras referencias al llamado foot-ball. En concreto en la revista satírica La Tomasa, y firmado por J. Barbany se reproducía el siguiente diálogo, refiriéndose en su contenido al Velódromo de la Bonanova:

OrigenCatalunya02El periodista Juan Buscón firma en La Vanguardia, el 24 de noviembre de 1897, una nota aclaratoria que distingue entre el foot-ball association y el foot-ball rougby, a instancias de un tal Sr. Franco, especialista al parecer en la sección de Sport. En dicha nota se refiere al primero como “el que se jugó años atrás en Barcelona”.

OrigenCatalunya03Parece evidente que la mayor parte de jugadores eran jóvenes, de clase acomodada, pertenecientes a una burguesía incipiente por el auge industrial, trufado con extranjeros que estaban en Barcelona por mor de dicha actividad industrial y económica.

No cabe duda de que la mera existencia de extranjeros, ingleses, suizos o de cualquier otra nacionalidad no es la razón única del nacimiento, sostenimiento y auge de esta actividad, ni en Barcelona ni en el resto del territorio catalán. Como refleja (Torrebadella, 2011), dicha presencia, en combinación con el deporte escolar, en el marco del adoctrinamiento de la Institución Libre de Enseñanza y de los nuevos valores pedagógicos que miraban a Europa, la aparición del concepto “tiempo libre” de las clases acomodadas, que se reunían en gimnasios y sociedades deportivas de todo tipo, contribuyeron de forma decisiva a la práctica del foot-ball. Actividades deportivas como las regatas de vela, de remo, las carreras y concursos hípicos, el patinaje, el tiro al blanco, el tiro al pichón, la esgrima, la gimnástica, el juego de pelota, el excursionismo, las carreras pedestres y el velocipedismo, …, que a finales del S. XIX se completó con la aparición del fútbol (Santacana, 2003). Todas estas actividades y contemporáneamente o más tarde las actividades deportivas relacionadas con el motor, son claramente actividades elitistas, reservadas a personas en una posición social y económica, cuanto menos, acomodada.

El tránsito de una actividad practicada en exclusiva por sportmen’s acomodados, por tanto minoritaria, a la práctica masiva del nuevo deporte se debe a las características del propio juego, que no dejará de crecer en los siguientes años. Seduce, por su vistosidad, por su simplicidad, por su actividad agonística que permite rápidamente crear dos bandos, dos opiniones, dos posturas. A la creación del F.C. Barcelona, compuesta en su mayoría por extranjeros, se sucede en pocas fechas la creación del Club Catalá, negándose en principio a admitir como socio a ningún extranjero. Es físicamente exigente, en la línea de lo que se predica en la concepción del “nuevo hombre”, del modelo anglo-sajón de fortaleza y triunfo sobre el adversario, sin dejar de ser un juego de habilidad individual, en el que el gesto técnico más utilizado era la conducción. Y lo más importante, es económicamente mucho más asequible que el resto de sports, ya que tan sólo es necesario un pelotón, una indumentaria similar para cada team y dos porterías en un espacio amplio. Sin ser un deporte gratuito, no requería de grandes estipendios para su práctica. Según se refleja en los estatutos fundacionales del Foot-Ball Club Barcelona, de fecha 2 de diciembre de 1902, la cuota mensual por ser socio protector, es decir aquel que no participa de las “partidas” que disputa la Sociedad, es de cinco pesetas y la cuota por ser socio numerario era de dos pesetas de septiembre a mayo (temporada de juego de las partidas) y de 1 peseta los meses de junio, julio y agosto. El socio numerario tenía derecho a la práctica del fútbol, además del tennis, las carreras a pie, el criquet, etc… Cabe decir que, como referencia, que según (Revuelta González, 2008), el salario medio de un jornalero andaluz en 1902 era de entre 1 peseta y 1,5 pesetas al día. A las mujeres se les pagaba “dos reales” -esto es, cincuenta céntimos de peseta- y los niños aún cobraban menos. Por tanto ser socio de un Club de Foot-Ball, el Barcelona u otro, no estaba al alcance de cualquiera, es evidente, pero resultaba mucho más asequible que otros deportes. Asimismo existían las figuras estatutarias del socio honorario, persona o estamento que se distinguiera por el fomento de la Sociedad y el socio corresponsal, aquel que por cualquier causa se ausentara de la ciudad y por tanto no pudiese disputar las “partidas”. La propia redacción de estos primeros estatutos denotan que la pertenencia social de los primeros socios del Club, que se refieren a términos como “honorífico”, recogen procedimiento de exclusión y apelan a la armonía entre consocios, evitando “actos que desdigan de su cultura”.

4. ¿Qué entendemos por fútbol base?

Al ser este un trabajo que pretende conocer el origen del fútbol formativo, del llamado fútbol base, deberíamos concretar de qué estamos hablando. Terminológicamente podemos decir que es un término que, al parecer, no merece estar recogido en el flamante Diccionari general de l’esport, de TERMCAT, dependiente de la Generalitat de Cataluña. Se utilizan innumerables vocablos para definir el fútbol en etapa de formación; fútbol base (en Cataluña y en Portugal), cantera o categorías inferiores en varias regiones de España, divisiones inferiores en países como Uruguay y Argentina, y otros más curiosos a nuestro uso, como fuerzas básicas que se utiliza en México y sementera (Turuzeta, 2012), en el caso del País Vasco. Si tuviésemos que definir de alguna forma a lo que nos estamos refiriendo, deberíamos incluir en la definición aspectos como la adquisición de habilidades motoras específicas del deporte fútbol – algo similar a lo que entendemos por “técnica”-, que exige de una comprensión cognitiva que implique la efectiva relación entre los miembros de un equipo y se adapte a las normas del juego – algo que recuerda a lo que definimos por “táctica”-, todo ello en el marco de una exigencia condicional concreta – casi seguro que nos estamos refiriendo a la condición “física”-. Sin dejar de lado otras estructuras de la persona, su entorno, sus emociones, deberíamos hacer referencia al tiempo, para definir en qué espacio de tiempo, en qué periodo de la vida de un individuo vamos a proceder a su instrucción. Y también vamos a tener que referirnos al tiempo para pensar en la relación presente/ futuro. No debemos caer en el simplismo de que todo fútbol jugado por niños es lo que acabamos de definir como “fútbol base”. Si entendemos el “fútbol base”, “cantera”, “sementera”, etc… como embrión de “futuros futbolistas”, es porque sabemos que el niño o la niña se harán hombre o mujer en el futuro. Y para ese futuro lo preparamos; para que sea eficiente y rinda en el fútbol “en serio”, -amateur o profesional-. En el fútbol de competición.

En el análisis documental de (González Villora, 2009), un grupo de investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha abunda en el tema y documenta pormenorizadamente las diferentes tendencias que existen en la comunidad educativa a la hora de definir “la formación inicial de deportistas”. Según (Seirul.lo Vargas, 1992), en una definición genial y demoledora al mismo tiempo, “un niño no es el resultado de dividir a un adulto entre dos”. El Maestro Seirul.lo reclama un espacio propio en la formación de los jóvenes deportistas y en una concepción específica del individuo con unas exigencias concretas en su formación. Eso lo reclama a finales del s.XX, en la década de los 80 del siglo pasado y aún hoy, es un debate vivo, encendido a veces, sobre si estamos entrenando a nuestros niños y niñas futbolistas con criterios adecuados a sus necesidades, adaptados a su edad biológica y mental o, por el contrario, estamos haciendo un “copy & paste” (copiar y pegar) de lo que se aplica, -con éxito a veces y sin éxito en la mayor parte de las ocasiones-, en los modelos de entrenamiento de los que más saben, es decir, de los deportistas de élite. Tampoco éste es propósito de nuestro trabajo y por ello abandonaremos en este punto el debate.

Lo que sí es evidente es que no era, ni de lejos, el debate de principios del s. XX. Además de los numerosos clubes, fundados por doquier en toda España por extranjeros (Viada, 1903) informaba que en Cataluña era el lugar donde este deporte había tenido mayor éxito, como lo demostraba las más de veinte entidades existentes y (Torrebadella, 2011), cita a numerosos autores para concluir que “estos datos atestiguan que en España el deporte del foot-ball, además de ser practicado por los representantes de la colonia inglesa, tenía como principal preceptor al juego del foot-ball, que practicaban ya algunas escuelas y colegios”. Si tomamos el ejemplo vasco, territorio en el que el auge del incipiente foot-ball rivaliza con el vivido en Cataluña, (Turuzeta, 2012) es terminante al afirmar que en los primeros años del siglo XX la afición al fútbol creció no tanto por emular a las todavía inexistentes figuras como por la rivalidad entre colegios y escuelas. El autor va más allá al afirmar que el fútbol se utilizaba como ardid para el adoctrinamiento religioso, basándose para ello en una crónica de Gueñes, de 1923, titulada “Los niños: el catecismo y el foot-ball”, aparecida en la revista El Mensajero del Corazón de Jesús, del que transcribimos un fragmento, por su interés;

Estas dos cuestiones tan distintas de por sí (el catecismo y el fútbol), ha habido que relacionar para atraer a los niños de las escuelas, los domingos y días festivos, al Santo Rosario, y después a la explicación de la doctrina cristiana; y a fe que este Apostolado de la Oración, ha tenido con tal idea un grande acierto, revolucionando a estos pequeños, que con el acicate del partido acuden en número elevado a la parroquia al rezo del Rosario, y más aún a la lección del catecismo.

Es razonable pensar que algo similar ocurriría en los colegios de Barcelona, en los colegios religiosos y burgueses de Barcelona. Sin duda se jugaba a “foot-ball”, en el marco de una educación pretendidamente regeneradora, moderna y “europea”. Lo jugaban niños, evidentemente, pero no se les enseñaba a jugar a fútbol, ni se les instruía para ser más eficientes, simplemente jugaban. No se pensaba en el futuro, ni en su progresión como “foot-ballistas”. Tan sólo se contaban los jugadores de cada bando, se determinaba dónde estaban y cómo eran de grandes las porterías, se dejaba caer un pelotón -pelota de diversos tamaños, como ilustra la fotografía del libro de (Turuzeta, 2012)-, en medio de ambos bandos y… a jugar ¡!!.

OrigenCatalunya04No es, por tanto, tiempo de debates sobre las bondades de un sistema u otro en relación a cómo se forman jugadores de fútbol. Todavía no.

5. Los equipos pioneros.

Como ha quedado reflejado anteriormente, el éxito del nuevo deporte hace furor entre la juventud barcelonesa de finales del XIX. En todos los ámbitos en la que ésta estaba presente, en las escuelas de la parte alta de la ciudad y en los gimnasios, en los refinados halls de los hoteles del Eixample y en las tabernas de meretrices, los jóvenes burgueses sólo hablan del nuevo sport y se disponen a quedar encuadrados en un club u otro, movidos por un irrefrenable deseo de practicar en la nueva actividad del deporte moderno. Semanarios como Los Deportes (1897-1910), no sólo contribuyeron a impulsar decisivamente la actividad, mediante la difusión de todo tipo de anuncios, esquelas breves para convocar a nuevos jugadores, actas de constitución de clubes, horarios de “partidas” y lugares de convocatoria, sino que servían de prestigiador social de los practicantes. Desde las primeras partidas, descritas en el semanario local La Dinastía, el 2 de febrero de 1893, entre los socios del Club de Regatas y súbditos de Su Graciosa Majestad y por su éxito, ya nunca se dejó de jugar a foot-ball en Barcelona. Este éxito, alentado por los medios de comunicación de la época, no casa con la creación “oficial” del primer club, que como hemos venido en convenir fue el Foot-Ball Club Barcelona, por mano de Hans Gamper y Walter Wild, el 29 de noviembre de 1899 en el Gimnasio Solé, casi seis años más tarde. Al no ser el propósito de este trabajo averiguar el por qué de esta aparente contradicción, lo dejaremos para otra ocasión. Lo que parece evidente es que, una vez iniciada la creación de los primeros clubes, el Foot-Ball Club Barcelona y el Foot-Ball Club Català, los siguientes llegaron en cascada. (Torrebadella, 2011) relaciona hasta un total de 48 Asociaciones, las constituidas entre 1900 y 1903 para practicar fútbol en Barcelona.

OrigenCatalunya05Parece evidente que este esplendor participativo caló en la sociedad barcelonesa de la época, muy especialmente en el estrato más joven de la misma, al ser el nuevo deporte un ejercicio vedado a los mayores por su exigencia física. Los clubes se iban nutriendo cada vez más de animosos sportmen, deseosos de enfundarse la zamarra de uno de los muchos clubes que se habían creado. En el extenso artículo “El foot-ball en Barcelona” (Historial) de J. Elias Juncosa, aparecido en el número 548 -especial de Foot-ball- y el número 540 (su segunda parte) de Los Deportes en 1910, se hace un repaso a la trayectoria del nuevo sport en la ciudad de Barcelona y se ilustra con diversas fotografías, agrupadas por clubes. Así, en la primera de las páginas aparecen cuatro equipos, todos ellos formados por 11 jugadores, con el siguiente pié de foto: “Composición actual del antiguo y benemérito Barcelona Foot-ball Club. Equipos 1º, 2º y 3ºA y 3ºB”. No sabríamos decir si llama más la atención lo de “antiguo” –fundado en 1899, han transcurrido 11 años en la fecha del artículo- o lo de “benemérito”, adjetivo éste último reservado casi en exclusiva en España a una institución radicalmente distinta al F.C. Barcelona, que todos conocemos. En la segunda página, dos del Catalá Foot-ball Club, el 1º y el 3º, más tres del Foot-ball Club “España”, que no determina si son del 1º al 3º, como podría ser plausible. Más adelante aparecen tres formaciones del Club Deportivo Español, un equipo del Star F.B.C., los primer y segundo team del Universitary Foot-ball Club, junto al tercer team del Universitary y el tercer team del Central. Más allá del interesante despliegue gráfico, resaltar que la existencia de dos o más formaciones, a falta de otro criterio que no aparece citado, se debería dar por la diferencia de nivel futbolístico de sus miembros, más que por la antigüedad en la pertenencia al club, la posición social o la edad, sin poder descartar ninguna de ellas y, en todo caso reforzando, a tenor del semblante extremadamente juvenil de los “terceros equipos”, la idea de que quizás la edad sí fuese un criterio discriminante. En el ameno repaso de las diferentes temporadas, Elias Juncosa se detiene en la primera edición de la Copa Macaya, celebrada la temporada de 1900/01. Para no perder la esencia de lo que él publica, se transcribe a continuación:

En aquel entonces el Presidente honorario del Hispania Athletic Club, D. Alfonso Macaya, para contribuir al desarrollo del juego, creó la copa de su nombre, que dio más tarde lugar á acontecimientos transcendentales de muy diversa índole. Inscribiéronse los clubs “Barcelona”, “S. Española”, “Santanach”, disuelto más tarde, é “Hispania”, no haciéndolo el “Catalá” ni el “Aplech Escolar”, tal vez por no estar conformes con ciertas cláusulas del reglamento, que realmente trajeron varios disgustos. También había los clubs “Hispano-Americano” (infantil), “Team inglés infantil”, “Team Comercial” y algún otro de fuera de Barcelona”.

¿Equipos infantiles mezclados con equipos “séniores”? En su detallada relación de acontecimientos, no es hasta la temporada de “1907 a 1908” en la que la Federación Catalana de Clubes de Foot-ball (1906), toma el relevo de la Asociación de los Clubs de Foot-ball, creada a su vez en la temporada de 1902/03 y organiza los “concursos” –competiciones-, en tres categorías; Seniors, Juniors y una tercera, que quedó como sigue:

Al parecer la clasificación final fue, Séniors: X, Barcelona, España y Catalá y en Juniors: Catalá, X y Barcelona. No detalla Elias Juncosa la clasificación de la Tercera.

OrigenCatalunya066. Primeras competiciones por edades.

De la proliferación de clubes primero y de equipos dentro de los clubes después, se llegó con rapidez a la confección de equipos –llamados “bandos”- infantiles. Aunque el ámbito del presente trabajo sea el fútbol formativo de Cataluña, no nos resistimos a citar a (Turuzeta, 2012) que informa de que ya en 1903, el 10 de mayo en concreto, el Athletic Club organizó el primer campeonato infantil, con la nada despreciable participación de 10 equipos, a saber: Arenas, Basconia, Estrella, Hispania, Iberia, Lejona, Small, The Rival, Victoria y Vizcaya. El torneo se ventiló en un mes y la final se disputó el 10 de junio entre las escuadras del Iberia –que se impuso por 1 a 0- y The Rival, del colegio Santiago Apostol. Las bases del torneo eran claras; debían de tener menos de 17 años, aunque “se falsificaban las partidas de nacimiento”.

En la edición del 7 de enero de 1905 de Los Deportes, se anuncia el ofrecimiento de una copa para bandos (equipos) infantiles, ofrecida por el Sr. Garrido, socio del Club Internacional. Sólo abrirse la inscripción se apuntaron el Barcelona, el Catalá y el Español. Más tarde lo harían el Internacional y el Joventud. Los partidos serían de una hora de duración y podían tomar parte los jugadores menores de 14 años y de medida inferior a 1,55 metros. La copa Garrido se celebraría también al año siguiente.

En Los Deportes, el 15 de marzo de 1910, se informa del acuerdo de la “Federación” (sic) para la celebración de un Campeonato infantil. Las bases eran las siguientes:

1ª) Sólo podrán tomar parte en el mismo, bandos pertenecientes á Clubs federados. 2ª) Puede jugar solamente un equipo por cada club, debiendo reunir sus jugadores las siguientes condiciones: a) Tener más de 8 años de edad y no haber cumplido 16; b) tener menos de 1,5 metros de estatura y exceder de 1,10; c) no haber jugado más de cuatro partidos en Concursos organizados por la “F.C.” en el presente año. 3ª) Dicho Concurso se regirá en un todo por el reglamento de concursos de la “Federación”, siendo ésta la encargada de nombrar referees y rechazar á los jugadores que no estén incluidos en la base segunda. 4ª) Cada equipo concursante poseerá campo y goals reglamentarios. Los que no los posean, no serán admitidos á menos que presenten autorización escrita del presidente de algún Club para utilizar su campo. 5ª) La duración de los partidos será de una hora. 6ª) Se adjudicarán al bando campeón 12 medallas de vermeil [2], y á los que sigan en categoría 12 de plata y 12 de cobre. 7ª) La fecha de celebración de los partidos se avisará con la debida anticipación.

Más allá de lo que son estrictamente competiciones y torneos, el Foot-ball Club Barcelona organizó una escuela de fútbol, según información aparecida en Los Deportes, el 13 de abril de 1902. El encargado de dirigirla fue Udo Steinberg, que trabajó inicialmente con los jugadores del tercer bando. No hemos podido concretar ni la edad de los jugadores ni mucho menos el tiempo que la mencionada escuela ofreció sus servicios.

7. El profesionalismo lo cambia todo.

En junio de 1926 se hizo oficial que el fútbol iba a ser profesional y lo cambió todo. (Simón Sanjurjo, 2011) explica la razón en una sola frase:

Desde el inicio de su práctica en las últimas décadas del siglo XIX (en España), hasta la decisiva regulación al profesionalismo en junio de 1926, el fútbol español recorrerá un largo camino que le llevará desde unos orígenes que irremediablemente lo relacionaban con una actividad de ocio propia de una reducida élite social, hasta llegar a convertirse a partir de la segunda mitad de los años veinte en un auténtico fenómeno de masas.

Se apoya en su afirmación en el trabajo de (Pujadas Martí, y otros, 2001), que escriben:

Del reducido grupo de sportmen que habían comenzado a jugar a fútbol en centros urbanos como Barcelona, Bilbao, Madrid o San Sebastián, buscando sin mayores pretensiones el entretenimiento que les ofrecía una moderna y sana diversión, se pasará en pocas décadas a descubrir un deporte que desde la segunda mitad de los años veinte, y sobre todo coincidiendo con el inicio de la II República en 1931, conseguirá insertarse plenamente en el tejido social de los principales núcleos urbanos, convirtiéndose en el referente del deporte espectáculo y en una de las principales actividades de ocio y entretenimiento de las clases populares.

El éxito social del fútbol es innegable en Cataluña, donde se contabilizan un total de 210 clubes en 1926, pasando a ser 237 en 1935, (Simón Sanjurjo, 2011). Barcelona dispone de dos (Montjuïc i Les Corts), de los únicos seis estadios que hay en toda España, con capacidad para más de 20.000 personas en 1936. De los modelos de club existentes, se pueden hacer tres tipos, dos de ellos generalizados en Cataluña y un tercero muy particular y localizado en Bilbao, que aún siendo una zona externa al ámbito de nuestro trabajo, ilustra perfectamente el sentido del mismo. El primer modelo, representado por el F.C. Barcelona, es el del crecimiento paulatino de una amplia masa social que consigue la estabilidad económica necesaria para hacerse con buenos jugadores, en el profesionalismo o anteriormente en la época del amateurismo “marrón” –consistente en pagar de tapadillo con bienes los servicios de los jugadores más talentosos-. El cronista perico (Segura Palomares, 1974), lo explica así, refiriéndose en este caso al R.C.D. Español, aunque mencionando el poder económico de su eterno rival:

La presencia de los jugadores británicos causó, como queda dicho, un enorme impacto; hasta tal punto que, con miras a la siguiente temporada, y debido a la intervención personal de Genaro de la Riva, el Español decidió reforzarse con la inclusión en sus filas de tres jugadores ingleses procedentes del Plumstead: Allack, Hodge y Gibson. Con ello se dio el primer paso hacia el profesionalismo, pues si bien en apariencia los tres británicos pasaban por tan amateurs como el resto, en realidad su amateurismo era, como se dice hoy en día, muy “marrón”.

Esta idea parecía ir en contra del espíritu eminentemente barcelonés y espalo del club, pero ya por aquellas fechas otros cuadros que contaban con mayores medios económicos, habían comenzado a desencadenar la carrera de los fichajes, buscando la supremacía con el concurso de jugadores extranjeros. El Español se veía, pues, inmerso en la corriente general.

En la primera década de los veinte el club tiene 4.000 socios, (Simón Sanjurjo, 2011). El segundo modelo, mucho más frecuente y extendido en Cataluña es el del club mantenido por uno o más mecenas, personas adineradas que sostienen la sociedad. El claro ejemplo de esto son los hermanos De la Riva, que sostienen al R.C.D. Español.

Tras un largo periodo en el que la práctica del fútbol era una actividad reservada a un nutrido pero selecto grupo de jóvenes burgueses, el fútbol se democratiza, acceden a él jóvenes jugadores que hacen de su habilidad su

sustento, consiguiendo algunos de ellos una notoriedad social que impulsa a otros a seguir sus pasos. Estamos ante la idea de proyectar en el futuro una actividad que, más allá de su carácter formativo y sus beneficios para la salud, es una actividad que abre la posibilidad de acceder al ascensor social y económico. Irresistible.

8. Conclusiones.

En este trabajo hemos sondeado el origen de la implantación del fútbol en Cataluña, en pos de averiguar el origen del fútbol, llamado de base o formativo, discriminando éste por sus características adaptadas a la edad de los participantes y en la búsqueda del origen de la intención de formar a los jóvenes jugadores para el futuro. Queda suficientemente acreditado que la constitución de equipos de niños, bandos infantiles eran llamados, es una práctica casi inherente a la creación de cualquier club. Más aun, podemos afirmar que es en el ámbito escolar dónde se dan los primeros pasos del caminar del fútbol en nuestro país y en el resto de zonas del Estado. Los torneos específicos para niños, con diferentes limitaciones existen desde muy al principio de la llegada del foot-ball a nuestro entorno. Nuestras hipótesis iniciales han sido sometidas a la información recogida, a resultas de la cual podemos confirmar o refutar cada una de ellas. La primera, la de proteger a los niños del poderío físico de los mayores es más que dudoso. Si esa hubiese sido la inquietud, y aun aceptando que la limitación de edad en torneos, llamado de “bandos infantiles” sugiere una preocupación por la integridad de los más pequeños, no es menos cierto que los rangos de edad exigidos, de 8 a 16 en algún caso, o menores de 17 años, en otros casos, pone de manifiesto que dicha preocupación era más limitada al ámbito de la equidad entre bandos que la preocupación por su integridad física. La segunda hipótesis, la que nos llevaba a plantearnos que algunos de los pioneros pensaban en el futuro del deporte y que, trabajaban para el futuro de su club, gestando para ello jugadores es también harto discutible, si no de todo punto improbable, ya que la bisoñez del deporte no invitaba a mirar a horizontes lejanos en el tiempo, como se comprueba al ver las innumerables fusiones, escisiones y extinciones de clubes, especialmente en la primera década del s. XX. Nuestra tercera hipótesis, la de un cierto orden natural de los equipos, que hiciera que los más jóvenes acabaran engrosando las filas de los segundos o terceros bandos y por destilación de la edad, acabasen cumpliendo las normas para poder disputar torneos infantiles, parece la más sólida de las tres, sin ser tampoco la razón última de nuestra búsqueda. Todo ello hasta la llegada del profesionalismo o un periodo inmediatamente anterior a ese punto, cuando las clases sociales menos pudientes encontraron en el fútbol una manera de ingresar más dinero o un trabajo mejor. Podemos concluir que la idea de la formación de futbolistas, pensando en un futuro, como medio para dotar de buenos jugadores a los primeros equipos es una idea más moderna, que quizás tuvo su embrión en el modelo de un club vasco, no catalán, el Athletic de Bilbao (y es una hipótesis que habrá que sondear en profundidad en otros trabajos).

Al menos no hemos encontrado documentación o testimonio que así lo indique.

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Manel Delgado Cañada

TA3 Grado superior Fútbol, Curso 2012-13

Institut del CAR de Sant Cugat del Vallés.


[1] Para saber más sobre la Institución Libre de Enseñanza seguir el enlace

https://www.almendron.com/artehistoria/historia-de-espana/edad-contemporanea/la-institucion-libre-de-ensenanza/

[1] El vermeil o plata sobredorada, un tipo especial de productos enchapados en oro, consiste en una base de plata fina que está revestida o enchapada en oro.

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