Creación de la UEFA (Unión europea del fútbol asociación)

Resumen

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Recuperamos un artículo clásico de nuestro Presidente de Honor en el que se narra el proceso que llevó a la creación de la UEFA
Abstract

Keywords: UEFA, Europe, Spain, Football, History

We release a classic article of our President of Honour that explains the process that led to the creation of UEFA.

Artículo
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Los actos humanos obedecen, frecuentemente, a extraños designios de los dioses. Así, al dios Cronos le avisaron Urano y la Tierra, de que un hijo suyo le destronaría. Por ello, a medida que iban naciendo los iba devorando. Excepto Júpiter, el último, a quien su madre Rea salvó yéndose a parir a Creta, lejos de Cronos, y dio a Cronos, como fruto de su parto, una piedra envuelta en pañales que él devoró con presteza. Rea ocultó a Júpiter en casa de los hermanos Curetes, uno de los cuales, Hércules, se ocupó especialmente de aquél que iba a ser rey de reyes del Olimpo; fue protegido hasta que llegó la hora de su destino. Mató a Cronos, su padre, como habían predicho, y se enseñoreó del Olimpo. A Hércules le otorgó la gracia que le pidió: unos juegos atléticos en honor del propio dios de dioses, cuyo premio sería una rama de olivo.

Quizá este proemio pueda parecer algo inútil. ¿Pero hay algo más hermoso, más decisivo, más fundamental que lo inútil?

La idea de una conjunción de las Federaciones de las naciones europeas surgió de la mente del señor Henri Delaunay, secretario de la Federación francesa, en el año 1950. Fue durante el transcurso de la IV Copa del Mundo, en Brasil. Pronto contó con el apoyo del secretario, y más tarde presidente, de la Federación italiana señor Ottorino Barassi; posteriormente con el secretario de la Federación belga, señor José Crahay. Finalmente, ya los tres conjuntamente, se beneficiaron con la adhesión del secretario inglés señor Rous, la del presidente suizo, Ernst Thommen y la del también presidente de la alemana doctor Peco Bauwens. Hay que consignar que todos ellos eran profesionales en su dedicación a las instituciones deportivas.

La primera reunión de los señores Delaunay, Barassi y Crahay tuvo lugar en Zúrich el día 27 de mayo de 1952. Conversaciones que siguieron en Helsinki, en ese mismo año, y en París al año siguiente, 1953. Ponían como ejemplo el antecedente que significaba la AFSUD o asociación del fútbol de las naciones de Suramérica, creada el 9 de julio de 1916 y cuya actividad más relevante era la organización de la Copa de América del Sur[1].

Tenían, ante la FIFA, el que ésta, en su Congreso extraordinario de París en 1953, ya había previsto el ir creando Uniones Federativas a nivel continental. El desarrollo del fútbol iba rebosando las posibilidades de la propia FIFA, por simple ley de crecimiento; las Federaciones nacionales habían tenido un aumento de actividad que, en determinadas esferas y decisiones, era volcado sobre la secretaría del máximo organismo en unos trámites que amenazaban ahogar la fluidez operativa de la misma; los clubs habían crecido en número e importancia; a su vez habían ido surgiendo capas inferiores al profesionalismo estelar: secciones de amateurs, juveniles e infantiles que dichas Federaciones habían regulado y reglamentado…

Cincuenta años después…

El V Campeonato del Mundo, celebrado en Suiza, concentró en Basilea –para la sesión convocada por la FIFA el día 15 de junio de 1954– a los miembros del máximo organismo futbolístico mundial y a muchos de los presidentes de las Federaciones del mundo. Allí quedó decidida la fundación de la Unión de Federaciones Europeas. A los cincuenta años justos de haberse fundado la FIFA. Un período de tiempo muy significativo…

En la primera sesión oficial, que tuvo lugar en Basilea, ese 15 de junio de 1954, se formó un Comité –que tomó el nombre de Entente– al que quedaron adscritos los señores Henri Delaunay, José Crahay, Ebbe Schwartz (Dinamarca), Josef Gero (Austria), George Graham (Escocia) y Gustav Sebes (Hungría).

A la semana siguiente tuvo lugar la primera reunión de la Entente en Berna. La presidió el señor Schwartz, con vicepresidencia del señor Gero y la secretaría del señor Henri Delaunay. De allí salió un proyecto de Estatutos que fue enviado a 29 Federaciones europeas con el fin de que lo estudiaran. A la par se citaba a los representantes de esas Federaciones en Viena, el día 2 de marzo de 1955, con el fin de celebrar el I Congreso de la UEFA.

Resulta de interés reproducir el artículo de uno de los ideadores de la UEFA, quizá el hombre germinal, Henri Delaunay en el que, bajo el título de “¿Es posible construir una Europa Futbolística?”, daba las claves de su pensamiento acerca de lo que a su juicio –matizado por las conversaciones con los otros fundadores– podía ser el proyecto de la organización europea y sus inmediatas realizaciones. Decía lo siguiente:

Posible o no, el futuro nos lo dirá, pero algunos pioneros se han aplicado a esta tarea tan ingrata, debida al gran número de países pequeños y grandes, en superficie, en densidad y en calidad, considerados desde el punto de vista del fútbol que componen este viejo mosaico que se llama Europa.

El Comité Ejecutivo de la UEFA, nombrado en Basilea el pasado junio, se ha reunido el jueves y viernes últimos en Copenhague, bajo la presidencia del doctor Schwartz, para elaborar un proyecto de nuevos estatutos que será sometido a la próxima Asamblea general de Federaciones europeas, que debe tener lugar en Viena y cuya fecha ha sido fijada en el 2 y 3 del próximo marzo.

Estos estatutos ofrecen una construcción bastante ligera que permitirá, sin duda, a todas las Federaciones poder cambiar ideas y acercar puntos de vista bastante alejados. Se suministrarán a todos los países informaciones muy interesantes y útiles sobre problemas de actualidad, como la televisión y las quinielas. Pero es el proyecto de una competición abierta a todas las Federaciones europeas lo que deberla retener, principalmente, su atención. Una comisión de tres miembros ha sido encargada de estudiar este difícil problema, cuya realización no debería multiplicar hasta el infinito los partidos internacionales, ahogar la Copa del Mundo, ni forzar a los participantes a encontrar siempre a los mismos adversarios en un mismo grupo. Para aligerar los sistemas que se presenten a la opinión de los investigadores, se trata también de encarar una Copa de Europa que sería una competición de calificación para los Campeonatos del Mundo. De tal suerte que las dos pruebas se complementen sin estorbarse; se desarrollarían la una y la otra cada cuatro años y dejarían a las Federaciones, en el intervalo, la posibilidad de tomar parte en el torneo de los Juegos Olímpicos y de enfrentarse con adversarios de su elección, incluso si son de otros continentes.

Primer comité ejecutivo

En tal Congreso vienés quedó formado el primer Comité Directivo de la UEFA del siguiente modo:

Presidente: Ebbe Schwartz (Dinamarca).

Vicepresidente: Gustav Sebes (Hungría).

Secretario General: Henri Delaunay (Francia).

Vocales: José Crahay (Bélgica), George Graham (Escocia), Peco Bauwens (Alemania Federal), Alfred Frey (Austria; que ocupaba la plaza del recién fallecido Josef Gero) y Constantin Constantaras (Grecia).

Pese a los apremios del diario deportivo francés L’Equipe y a la brillante ponencia en tal sentido del señor Crahay, no se tomó el acuerdo de iniciar en esa temporada la prevista Copa de Europa de Clubs campeones, que llevaban ya un tiempo conformando los más importantes equipos europeos, espoleados tenazmente por el rotativo deportivo parisién. Al contrario de la aspiración primera de la FIFA, hecha con vocación de un torneo mundial, la UEFA, quizá teniendo a la vista la historia de la propia FIFA, esperó primero a definirse y consolidarse. Todo quedó en la organización, en Belfast, de un encuentro “Selección Británica contra Selección del Resto de Europa” para conmemorar el 75 aniversario de la Federación de Irlanda del Norte.

Pero ya quedaban puestos los cimientos para dos competiciones europeas: Copa de Europa de Clubs Campeones –empeño del ya enfermo de muerte señor Henri Delaunay, se le había diagnosticado un cáncer– y Copa Ciudades en Feria, proyecto del vicepresidente de la FIFA, el suizo señor Ernst Thommen, a quien apoyaban en su idea los señores Stanley Rous y Ottorino Barassi.

Pero la historia de estos torneos –que comenzaron su marcha el 4 y el 18 de septiembre de 1955, respectivamente– es otra historia… Lo importante era que la UEFA estaba en pie y comenzaba a marchar.

Ganó Europa

El partido entre Gran Bretaña y Resto de Europa no tenía solamente un fin honorífico, sino también otro crematístico: recaudar fondos para el organismo recién nacido, que no tenía fortuna que heredar.

La responsabilidad de formar el equipo europeo recayó sobre el señor Crahay, quien se vio y se deseó para levantar un once de calidad habida cuenta de la fecha veraniega en que iba a celebrarse. La mayoría de los países europeos no habían empezado la temporada, ni siquiera los entrenamientos, por lo que las Federaciones no se atrevieron a enviar los jugadores precisos; incluso hubo dos países, Hungría y la República Federal Alemana, que rechazaron la invitación. Así pues el señor Crahay se vio forzado a aceptar el generoso ofrecimiento de la Federación francesa que puso a su disposición cuantos jugadores necesitara. Ello marca la presencia de tres jugadores franceses; de no aceptarlos no hubiera podido formar el equipo; aun así fue a Irlanda del Norte con los once justos.

El encuentro se resume en los siguientes datos:

Gran Bretaña – Resto de Europa: 1-4

Fecha: 13 de agosto de 1955

Lugar: Belfast (Irlanda del Norte)

Campo: Windsor Park

Arbitro: Bronkhorst (Holanda)

G. BRETAÑA: Kelsey (Gales); Sillet (Inglaterra), McDonald (Escocia); D. Blanchflower (Irlanda Norte), J. Charles (Gales), Peacock (Irlanda Norte); Matthews (Inglaterra), R. Johnstone (Escocia), Bentley (Inglaterra), Mc Ilroy (Irlanda Norte), Liddell (Escocia).

Seleccionador: Walter Winterbottom (Inglaterra).

R. EUROPA: Buffon (Italia); Gustavsson (Suecia), Jonquet (Francia), Van Brandt (Bélgica); Ocwirk (Austria), Boskov (Yugoslavia); Sorensen (Dinamarca), Vukas (Yugoslavia), Kopa (Francia), Travagos (Portugal), Vincent (Francia).

Seleccionador: José Crahay (Bélgica)

Goleadores: 1-0: Johnstone (25′); 1-1: Vincent (27′); 1-2: Vukas (77′); 1-3: Vukas (87′); 1-4: Vukas (penalty; 88′).

Desde el punto de vista español hay que retener dos nombres en la Selección de Europa: Kopa, quien casi inmediatamente ficharla por el Real Madrid, y Boskov, quien un cuarto de siglo después vendría a España como entrenador; primero del Real Zaragoza, luego del Real Madrid y, finalmente, del Real Sporting de Gijón.

Trasfondo fundamental

La citada reunión de Viena no quedó reducida a lo dicho, que fue lo que subrayaron preferentemente los periódicos deportivos de toda Europa. Hubo otro Acuerdo de Viena de no menor importancia para el futuro: la presencia de la televisión en el mundo de las transmisiones de los partidos, que ya tenía una importancia capital. Se quería proteger al fútbol del empuje creciente de la televisión, que se estaba llevando la parte del león.

El señor José Crahay dejó escrito el siguiente testimonio de esa génesis de la UEFA:

Con motivo de un partido Bélgica- Italia, a principios de 1952, mi amigo Ottorino Barassi, antiguo secretario general de la Federación italiana y que luego la presidió, me declaró su convencimiento de la necesidad de agrupar las Federaciones europeas en una Confederación al modo como se había hecho en América del Sur.

Tal Confederación a crear se reuniría periódicamente para tratar los temas que interesaran a sus miembros europeos y estudiarla el orden del dia de cada Asamblea General de la FIFA para adoptar una actitud común sobre los puntos importantes.

Esta Confederación elegiría un Comité encargado de resolver los problemas urgentes y de preparar las Asambleas Generales.

Mi amigo Barassi propuso que se añadiera a nuestro empeño a Henri Delaunay, secretario general de la Federación francesa, quien compartía desde hacía mucho tiempo esas mismas ideas. Quedamos inmediatamente de acuerdo. Sin ninguna ambición personal, no veíamos en aquel momento la necesidad de nombrar un secretario general, ni tan siquiera en la creación de las Copas. El poco dinero de que disponíamos no nos permitía ni siquiera alquilar, cuando menos comprar, un local para nuestro uso.

Por otra parte, no estábamos a las órdenes de nadie. Nuestro fin era únicamente el defender los intereses de Europa. Si habíamos dudado de que estos últimos estaban amenazados o podían estarlo, tuvimos la prueba en el Congreso de la FIFA en Helsinki, que se celebraba precisamente el mismo año en que tenían lugar los Juegos Olímpicos.

Como entonces no se disponía de traducción simultánea, se perdió muchísimo tiempo en discutir ásperamente todos los puntos. Finalmente no se tomó ninguna decisión porque sobre cada tema, un delegado de América del Sur, no siempre el mismo, tomó la palabra a fin de discutir la política general. Se notaba perfectamente que cada punto habla sido estudiado y que los delegados habían sido elegidos cuidadosamente para defender un punto de vista que rara vez era el del Comité Ejecutivo de la FIFA. El secretario general de la época, Gassmann, se defendió lo mejor que pudo, lo que le permitió dilatar todas las decisiones importantes hasta el Congreso siguiente. Sin embargo, votando de forma dispersa y sin acuerdos preestablecidos, irremediablemente los federativos europeos cometieron errores irreparables. Debemos insistir en el hecho de que nuestro fin no ha sido nunca ni jamás lo será el de oprimir a nadie, sino únicamente defendernos.

Por ello, llevados por la convicción que nos animaba, trabajamos durante dos años, reuniéndonos en distintas ciudades a medida que nuestras obligaciones profesionales nos lo permitían, esforzándonos en redactar unos Estatutos que pudieran ser aceptados por el conjunto de las Federaciones europeas.

Decir que recogimos de golpe un éxito extraordinario, seria traicionar la verdad. Yo me acuerdo de una reunión que habíamos convocado en Zúrich y que reunió a duras penas a 14 Federaciones y en la que las Federaciones británicas se abstuvieron de participar; el único resultado tangible de esa reunión fue que nos cargaron con la revisión de numerosos artículos de los Estatutos. Finalmente, estos fueron aceptados en el curso de la Asamblea de Viena que, esta vez, comprendía el conjunto de las Federaciones.

Fue nombrado un Comité provisional de seis miembros. El señor Barassi no tomó parte en él porque se le había prometido el nombramiento para la FIFA y en los primeros Estatutos se declaraba incompatible pertenecer simultáneamente al Comité Ejecutivo de la FIFA y de la UEFA. No teníamos locales propios. ¿Cómo podíamos tenerlos ya que no disponíamos, en principio, de ningún medio de financiación? De aquí que la sede de nuestra Asociación fue fijada en París, en la Federación francesa.

Los recuerdos de Sir Stanley Rous

Por otra parte, Sir Stanley Rous también ha dado su versión sobre el nacimiento de la UEFA en los siguientes términos:

Las grandes cadenas nacen de un pequeño eslabón… Nada ilustra mejor este dicho que el crecimiento de la UEFA. Por ello evoco con placer, en tanto en cuanto miembro fundador, algunos recuerdos de mis lazos con la Unión.

José Crahay y yo somos los únicos fundadores que estamos todavía asociados activamente a los trabajos de la UEFA. Éramos los dos secretarios de nuestras Federaciones respectivas y cuando en 1953, Henri Delaunay, secretario de la Federación francesa, lanzó una invitación a todas las Asociaciones europeas para reunirnos en París. Apenas una veintena de representantes, la mayoría de ellos secretarios generales, nos encontramos allí. Y fue el doctor Ottorino Barassi, presidente de la Federación italiana, quien fue encargado de dirigir los debates, en tanto que Henri Delaunay funcionó a la vez como secretario y como intérprete. Fue en el curso de las discusiones, sin orden ni concierto, cuando se acordó que fuéramos pensando en encarar la posibilidad de constituir una Confederación europea.

Un año más tarde, Ernst Thoimnen, entonces presidente de la Federación suiza invitó a Basilea a todos los presidentes y secretarios generales de las Federaciones europeas, la mayor parte de los cuales respondieron a la llamada. El doctor Barassi fue elegido presidente de nuevo, ayudado por Henri Delaunay y José Crahay como secretarios intérpretes. La reunión tuvo lugar sin ayuda de intérpretes profesionales. Fue preciso determinar, en un primer paso, si uno de los delegados checoslovacos podía representar a Polonia, ausente en esta ocasión. El delegado checo presentó un telegrama pidiendo que esta representación fuera aprobada. Bien que el recurso a disfrutar de un voto fuera poco probable, se empeñó un debate que me incitó a proponer la aceptación de la solicitud polaca, a condición inexcusable de que el señor Mears (Inglaterra) fuera autorizado a representar al País de Gales, también ausente. “¿Dónde está la prueba de que el País de Gales ha solicitado que se le represente?”, me preguntaron. “Solamente he tenido instrucciones por teléfono”, repliqué. Finalmente, para poner fin a las palabras inútiles que el presidente se esforzaba vanamente en refrenar, obtuve de nuevo la palabra para presentar una propuesta con dos puntos. Propuse: 1) que la reunión decidiera formalmente constituir una Confederación de Federaciones europeas de fútbol. Y 2) que se formara un Comité interino encargado de redactar los Estatutos y Reglamentos para llevarlos a la primera Asamblea general ordinaria.

Las dos propuestas fueron aceptadas. Y se me rogó, entonces, que sugiriera la composición de tal Comité. Yo había hablado previamente de este tema con algunos porque se sabía que algunos miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA contaban con ser elegidos. Pero la mayor parte de nosotros estimaba poco oportuno la acumulación de funciones y consideraba que Europa tenía necesidad de sus propios cuadros, por lo que la cuestión de los lazos con la FIFA debían ser regulados posteriormente. Yo avancé los nombres de las personalidades que no estaban en el seno del Comité Ejecutivo de la FIFA, es decir, por Austria, el doctor Joseph Geró, padre del Dr. Heinz Geró; por la República Federal Alemana, el Dr. Peco Bauwens; por Escocia, Sir George Graham; luego Ebbe Schwartz por Dinamarca, José Crahay por Bélgica y Gustav Sebes por Hungría. El doctor Bauwens pensaba entrar en el Comité Ejecutivo de la FIFA y retiró inmediatamente su candidatura. Abandonó la sala colérico, creyendo equivocadamente que yo había intentado aniquilar sus esperanzas. En compensación, todos los demás aceptaron.

El 2 de marzo de 1955 todos los delegados se volvieron a encontrar en Viena. El Dr Joseph Geró acababa de morir y Henri Delaunay se había quedado en Francia retenido por una grave enfermedad. La reunión de Viena adoptó los Estatutos y Reglamentos de la UEFA que habían sido redactados en cuatro idiomas. Alfred Frey tomó el mando de Austria, en tanto que Pierre Delaunay –el hijo de Henri– asumió el puesto de secretario general. Finalmente el doctor Bauwens consintió en unirse al Comité de la UEFA, así como Constantin Constantaras por Grecia. Entonces, Ebbe Schwartz fue nombrado presidente. De hecho todos sus colegas, a excepción de Sir George Graham, tenían el título de doctor y el señor Schwartz fue conocido en seguida como “doctor Schwartz”, ¡salvo en Dinamarca, claro!

La candidatura de Turquía dio lugar a un debate sin fin para establecer si este país pertenecía a Europa o a Asia. En un momento dado, el delegado austríaco lanzó a su colega suizo, cuyas protestas eran particularmente acerbas, la siguiente pregunta: “¿Conoce usted el inmenso cementerio que separa el aeropuerto de la ciudad?”. “Ciertamente”, respondió el suizo asombrado. “Pues bien, siguió el austríaco, existe la costumbre aquí, en Viena, de decir que nuestro cementerio es casi tan grande como el de Zurich, pero que es dos veces más alegre”. La hilaridad provocada por esta “boutade” fue tal que puso fin a la discusión. La afiliación de Turquía exigió de todas formas un razonable retraso. La Federación turca llegó a ser miembro de pleno derecho únicamente tras un acuerdo establecido entre la FIFA y la UEFA.

En lo que a mí concierne, yo llegué a ser miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA cuando el Congreso de Estocolmo de 1958 y en esta misma ciudad, el Congreso de 1976, me confirió el título de miembro de honor. En 1960 llegué a ser vicepresidente, mandato que no ejercí más que una breve temporada puesto que fui elegido presidente de la FIFA al año siguiente.

Seguía después el relato de Sir Stanley Rous describiendo hechos anecdóticos y personajes con los que había compartido su estancia en la UEFA. Por ser la mayoría de ellos desconocidos para los aficionados al fútbol de hoy, o simplemente ajenos al mundo del fútbol, no es menester el seguir su texto. Salvo en las anécdotas referidas a tres personajes de relieve en el fútbol internacional: los señores Ottorino Barassi, Agustín Pujol y Hans Bangerter. Los tres tuvieron el honor de unos párrafos humorísticos en la mejor línea del humor inglés.

Cuando representaba a la Federación italiana, Ottorino Barassi estaba siempre presto a las bromas. Gran comedor, se le ‘veía en la mesa cargar su plato con una pirámide de spaghetti, recogerse con las manos juntas y murmurar guiñando un ojo: “Ayudadme Señor a salir sin daño de este nuevo sacrificio”. Su broma preferida consistía en afirmar que los hinchas jamás estarían satisfechos hasta que no se hubiera modificado el reglamento de tal suerte que los dos equipos en liza pudieran ser declarados vencedores.

Agustín Pujol tuvo plaza en el Comité Ejecutivo desde 1956 a 1964. Se le reconocía por el perfume refinado de su loción capilar. El Dr. Barassi, pasando un día detrás de Pujol, se inclinó ostensiblemente sobre su cráneo y dijo en voz alta: “¡Agua bendita! El español Pujol, muy popular entre los fumadores de puros, a quienes aprovisionaba generosamente de Partagás, nunca se enfadaba.

Mi primer encuentro con Hans Bangerter se remonta a un curso de árbitros, organizado en 1950 en Macolin, donde él trabajaba en el departamento de prensa y publicaciones. Le volví a encontrar poco después en Bournemouth, en donde él seguía un curso de idiomas, lo que le permitió asistir a una reunión de la Asociación de árbitros organizada en esta población. Reparé, de entre los asistentes, en un joven que seguía mis explicaciones con enorme atención. Cuando Kurt Gassmann, a la sazón secretario general, tuvo necesidad de un adjunto, le recomendé a Hans Bangerter que fue nombrado en 1953, tras una entrevista. Y cuando en 1959, el puesto de secretario general quedó vacante en la UEFA, la elección de Hans Bangerter se impuso con toda claridad. Ebbe Schwartz le designó sin vacilar. Gozaba del apoyo de todos y aportó rápidamente la prueba de que nuestra confianza había estado bien situada. Emprendedor, lleno de ideas en cuanto al desarrollo futuro de nuestro deporte, ha contribuido ampliamente desde entonces a erigir este imperio que representa hoy el fútbol europeo. Otro rasgo que me ha impresionado ampliamente en él es el espíritu de equipo que ha sabido insuflar a su personal. Habiéndose iniciado bajo la presidencia tan humana y cálida de Ebbe Schwartz, llegó a ser en seguida el guía de los destinos de la Unión bajo la dirección franca y vigorosa de Gusti Wiederkehr, y ahora bajo la mano experta y eficaz del Dr. Artemio Franchi.

Hans Bangerter es un irónico sin esbozar la sonrisa. Con ocasión de su cincuenta cumpleaños, el joven reportero que le entrevistaba concluyó: “Confío en tener el privilegio de encontrarle de nuevo el año que viene”. “Sin duda, le replicó, con el buen aspecto que usted exhibe, debería poder sobrevivir hasta entonces”.

Con ocasión de un banquete, una muchacha, colocada a su lado, le preguntó la razón de su nombramiento como secretario general. Hans le replicó: “En primer lugar, porque yo no hago nunca preguntas indiscretas”.

Para un lector ocasional de estas líneas puede quedar confusa la alusión que hacía Sir Stanley Rous acerca del enfado del Dr. Peco Bauwens en la reunión en la que el propio señor Rous avanzó su opinión sobre la formación del Comité Ejecutivo. Pero la cuestión quedará aclarada si se añade que ya se habían adelantado a la FIFA los siguientes extremos:

• Que la UEFA debía situarse en el seno de la FIFA del modo como lo había hecho la Confederación Sudamericana de Fútbol.

• Nadie podría pertenecer simultáneamente al ejecutivo de la FIFA y la UEFA.

• Una Federación nacional no podría tener más que un delegado en el Comité ejecutivo de la UEFA.

• Para ser representante ante la UEFA de una Federación nacional era condición indispensable pertenecer oficialmente como miembro de esa Federación.

El enfado del señor Bauwens fue motivado por estimar que al nombrarle para el Comité ejecutivo de la UEFA, merced al segundo apartado, se le quería apartar de sus aspiraciones de integrarse en la FIFA.

NACIMIENTO DE LA COPA DE EUROPA DE CLUBS

La historia volvía a repetirse…

En dos aspectos. Por un lado –ya lo había dejado por escrito el señor Delaunay– la aspiración de la UEFA de organizar su propio torneo o torneos. De aquí que no se pueda hablar de la fundación de la UEFA sin describir el detonante más eficaz para su floración, cual fue la Copa de Europa de Campeones. Por otro…

En diciembre de 1954 el Honved, el grande, campeón de Hungría, y el Spartak de Moscú, campeón de la URSS pasaron en su impás invernal por Inglaterra. El Wolverhampton Wanderers, campeón de Inglaterra 1953-54, les venció. Al Honved por 3-2 y al Spartak por 4-0. Ello motivó un artículo en el Daily Mail cuyo titular iba de lado a lado de la página de deportes: “El Wolverhampton, campeón del mundo”.

Tal afirmación llevó consigo una fulminante réplica en L’Equipe por medio del director del rotativo deportivo francés, señor Gabriel Hanot, quien ya llevaba tiempo hablando de un Campeonato de Europa de clubs, precisamente para que nadie se adornara con pieles de un oso que no había cazado. El titular del Daily Mail abrió las compuertas no solo a la prosa del señor Hanot sino a sus actividades ya iniciadas, aunque de forma tibia. En su contestación afirmaba que para esa proclamación hacía falta la devolución de visita y además contar con el Madrid que sumaba por victorias sus encuentros internacionales e intercontinentales. (Afirmación un tanto exagerada en aquellos momentos; acaso profética, pero… Lo que sí indicaba era el afecto, rayano en la adoración, que en aquellos años existía en el seno de los responsables de L’Equipe por el Madrid y su presidente D. Santiago Bernabéu). Y tomó la decisión de ir en derechura al tema. Y al día siguiente, esto es el 16 de diciembre de 1954, la plana mayor del diario deportivo francés sacó sus más gruesas baterías por pluma del propio señor Hanot y del jefe de sus páginas de fútbol, señor Jacques de Ryswick. El esquema fundamental de su teoría era: partidos de ida y vuelta jugados entre semana, nocturnos, patrocinados por la televisión de cada país participante, e intervención, para arrancar, de catorce equipos a razón de uno por país.

Las reacciones, salvo la inglesa, que siempre se ha distinguido por la espera cautelosa, fueron muy alentadoras. Incluso con sugerencias, como la austriaca, que añadía que debía ser en forma de eliminatorias de Copa, por ser la fórmula más breve y sencilla. Que era lo que se buscaba para no armar demasiado ruido, de cara a la FIFA, y no entorpecer o recargar en demasía los calendarios de las Federaciones nacionales o de los propios clubs.

Como ya se ha dicho en páginas inmediatamente anteriores, la UEFA estaba terminando de perfilarse. Tenía su Congreso constituyente en Viena el día 2 de marzo de ese 1955 y allá fueron los directivos de L’Équipe para hacerles una exposición de la idea general del torneo, de los pasos que habían dado y, sobre todo significarles que el periódico no tenía más propósito que el del lanzamiento y no el de la organización ni la explotación comercial. Existía, flotando en el ambiente deportivo europeo, el precedente de la Vuelta a Francia, cuyo nacimiento, organización y explotación había corrido durante muchos años a cargo de L’Auto, padre periodístico de L’Équipe. Los señores Schwartz, Sebes, Graham y Delaunay guardaron un silencio total; solo habló el señor Crahay quien les animó a que terminaran todas sus gestiones.

El silencio no era más que cautela. Porque encontrarse con aquel regalo ya casi empaquetado con lazos de perlas era como para lanzar hurras por su buena suerte. Lo que ocurría, para decir escuetamente que tomaban buena nota del proyecto, era que todavía permanecían en el alambre del funámbulo y aún estaban con los trámites de reconocimiento de la FIFA, que se mostraba renuente por temor a perder influencia en el centro de gravedad del fútbol mundial que, sin duda, era Europa. De aquí que la nota que tomaban llevara una reserva, acaso con el fin de echar todas las culpas a las Federaciones que entraran en la idea, en caso de que la FIFA se sintiera menoscabada.

En vista de tal indiferencia, hubo algunas Federaciones que la interpretaron como una negativa o una incapacidad de un organismo aún sin cuajar. Y como el proyecto les parecía sensacional y en condiciones de poder ponerlo en marcha se acordaron de su vieja Copa Mitropa[2]. A la que se adhirieron las Federaciones que habían sido sus organizadoras y más asiduas participantes; es decir: Austria, Checoslovaquia, Hungría, Italia y Yugoslavia. Se reunieron el día 4 de marzo en Roma y coincidieron en que si el proyecto Hanot no salía adelante de forma inmediata, ellos se volverían a reunir en Florencia, el día 10 de abril, para determinar los clubs participantes, el calendario y el sorteo de partidos.

Por otra parte, en la UEFA, como ya se ha dicho se había promovido la idea de la Copa de Ciudades en Feria, que les parecía un torneo más asequible –a desarrollar en tres años– y sobre todo que se financiaba a sí mismo por los Ayuntamientos de esas ciudades feriales. Para perfilarla se reunieron el 10 de abril en Basilea los señores Stanley Rous, Ottorino Barassi –que, como siempre, jugaba a tres paños, pues estaba apuntado al proyecto de L’Équipe, al de la Copa Mitropa y al de la Copa de Ciudades en Feria– y Thommen. Allí dieron cuenta de sus gestiones y dejaron encima de la mesa las ciudades que se habían apuntado. Que eran: Barcelona, Basilea, Birmingham, Bruselas, Budapest, Estocolmo, Francfort, Lausana, Leipzig, Londres, Milán, Moscú, París, Viena y Zagreb.

Pero eso no detenía a los de L’Équipe

El sábado día 2 de abril de ese 1955 L’Équipe reunió en el hotel Ambassador del Boulevard Haussmann de París a los presidentes de los clubs más importantes de Europa. Allí, el señor Gabriel Hanot expresó su idea tantas veces explicada en los artículos de su periódico. Recibió el apoyo decidido de la mayoría. Entre ellos el de don Santiago Bernabéu, cuyo prestigio en Europa era inmenso –a quien acompañaba don Raimundo Saporta– y que por ello fue nombrado vicepresidente de la Comisión encargada de poner en marcha la competición y presentarla al Comité Ejecutivo de la recién nacida UEFA con el fin de que fuera este organismo el que condujera de forma oficial las riendas de tal empeño.

Don Santiago Bernabéu fue el primero en hablar y dijo escuetamente: “Lo esencial es conseguirlo. Mi club está perfectamente de acuerdo en todo lo que se vaya a decidir aquí”. Estaban cuatro dirigentes franceses: los señores Ernest Bredrignans (vicepresidente de la Liga francesa), Marcel Delisle (federativo), André Dehaye (presidente del Racing de París), Pierre Junqua (secretario general de la Liga francesa) y dirigentes de clubs europeos tales como Sebes (Honved de Budapest, Hungría), Jansen (Rot Weiss Essen, Alemania), Wolf Lyberg (Djurgaardens, Suecia), Battersby (Chelsea, Inglaterra), Keller y Diehl (Saaebrücken, Sarre) y Piazzalunga (Servette de Ginebra, Suiza).

El domingo día 3, aprobados los acuerdos y el reglamento de la competición, se nombró el Comité Ejecutivo de la Copa de Europa de Clubs. Así:

Presidente: D. Ernest Bredrignans.

Vicepresidentes: señores Bernabéu y Sebes.

Vocales: señores Battersby, Keller, Jansen y Piazzalunga.

Recogidas las adhesiones de 16 clubs invitados esbozaron el calendario en su primera jornada y cuyo desarrollo se completaría entre el primero de agosto y el final de octubre de ese año 1955.

En España, esa primera iniciativa, tuvo un abanico de opiniones. El presidente de la Federación Regional Catalana, don Agustín Pujol, el del Barcelona, señor Miró Sans, e incluso editorialmente El Mundo Deportivo lo consideraban inviable y a lo sumo apuntaban su posibilidad como la de un torneo de verano. Y es que el Madrid había sido mencionado por L’Équipe… Más su apuesta por la más asequible Copa de Ciudades en Feria, para la que había presentado la candidatura de la Ciudad Condal.

No era esa la opinión del presidente de la Federación Española. Don Juan Touzón, a nivel personal, afirmaba que España estaba en condiciones, por sus equipos y sus estadios, de recibir a los más significativos equipos europeos. Y apostillaba que había recogido la opinión entusiasta del señor Bernabéu…

Más cauta era la propia Real Federación Española, que en su Boletín publicaba el siguiente artículo editorial:

El Campeonato europeo de Selecciones Nacionales, cuyo estudio fue encomendado a tres prestigiosos miembros de la FIFA –Delaunay, Graham y Crahay–, no parece haber encontrado grandes entusiasmos en los posibles participantes.

Muy distinta acogida ha gozado el Campeonato Europeo de Clubs, propuesto por Gabriel Hanot en L’Équipe, y fundamentado en la necesidad técnica y táctica de contactos internacionales sin los trastornos de un torneo de Selecciones de difícil sincronización con las actividades oficiales de cada país.

Conocidos técnicos de Italia y Portugal defienden el campeonato interclubs, por creer que sería de un interés semejante al de Selecciones, puesto que al valor representativo se uniría la pasión por los puntos o de la eliminación, según la fórmula que se adopte.

Inglaterra, siempre cautelosa ante cualquier novedad futbolística, no tiene inconveniente en reconocer que la idea es digna de ser estudiada a fondo. Austria y Alemania ponen reparos a la fórmula por puntos, por parecerles que puede alargar demasiado la competición.

Yugoslavia y otros países recelan sobre la época de la celebración y dudan si será adecuado jugar partidos de noche, como propuso el iniciador, animado por el éxito de la calefacción urbana con rayos infrarrojos.

España, demasiado absorbida por su torneo de Liga –el tercero de Europa, por afluencia de espectadores– y su Campeonato de Copa, tiene que meditar mucho antes de dar su conformidad al torneo, a pesar de que en todas las listas conocidas figura en lugar de honor un representante español.

Las comunicaciones con España, por su situación geográfica, no son tan directas y rápidas como para desdeñar el quebranto que producirán los viajes al equipo español que participe. Y los viajes han de ser frecuentes, si se quiere alcanzar el éxito económico de un campeonato por puntuación con partidos de ida y vuelta.

Si el momento futbolístico europeo reclama una confrontación internacional interesante y sin finanzas diferidas, España, por su pasada eliminación en el Campeonato del Mundo, ambiciona la oportunidad de reconquistar su categoría histórica.

Por eso, la Federación Española de Fútbol estará atenta a cualquier sugestión en este sentido, porque está convencida del progreso técnico de sus equipos, capaces –como hemos visto– de obtener un mismo día cuatro victorias en cuatro partidos con calificados conjuntos extranjeros.

Es deber de la Real Federación Española de Fútbol defender el prestigio del fútbol español y también procurar que el Club que represente a España no sea víctima dentro de casa por haber sido héroe en el exterior.

Para esta primera experiencia se invitó no a los campeones necesariamente, aunque muchos de ellos lo habían sido, sino a los clubs de Europa más representativos, a los de mayor solera que resultaban los más taquilleros de cada nación.

L’Équipe había hecho la selección el 3 de febrero. Con los clubs siguientes: Rot Weiss Essen (Alemania), Chelsea F.C. (Inglaterra), S.K. Rapid de Viena (Austria), R.S.C. Anderlecht (Bélgica), B.K Copenhague (Dinamarca), Hibernian F.C. (Escocia), Real Madrid C.F. (España), Stade de Reims (Francia), Holland Sport (Holanda), Voros Lobogo (Hungría), A.C. Milán (Italia), Sporting C.P. de Lisboa (Portugal), F.C. Saarbrücken (Sarre), Malmoe F.F. (Suecia), Servette F.C. de Ginebra (Suiza), F.K. Partizan de Belgrado (Yugoslavia).

Estos eran los 16 previstos. Quedaban en reserva, por si había deserciones el Dynamo de Moscú (URSS) y el Spartak de Praga (Checoslovaquia).

Ya queda apuntado que los equipos seleccionados lo eran con un criterio de popularidad a juicio de los mentores de L’Équipe. De hecho eran campeones solamente los siguientes: Rot Weiss Essen, Anderlecht, Madrid, Stade de Reims y Saarbrücken; luego lo serían los sustitutos de Suecia y Dinamarca, esto es, Djurgaardens I.F. de Estocolmo y Aarhus. Pero el Rapid de Viena había sido el tercero de Austria, el campeón fue el Wienner; el Hibernian había sido nada menos que el quinto, porque el título se lo había llevado el Aberdeen F.C.; tercero había quedado el P.S.V. Eindhoven ya que el campeón fue el Willen de Tilburg; frente al campeón Honved, participó el Voros Lobogo; el Sporting de Portugal, en tercera posición, fue preferido al campeón Benfica de Lisboa; nada menos que en sexta posición se había clasificado el Servette, pero participó en lugar del campeón Chaux-de-Fond; casi igual que el Partizan, con un quinto puesto, que jugó en lugar del Hajduk Split.

Pero se sabía que en principio no se podía contar con los soviéticos, porque el presidente de su Federación, señor Granatkin, había advertido que en la URSS el invierno cerraba sus campos y luego en las fechas de verano tenía que amontonar sus competiciones sin resquicios, al menos de momento, para ese torneo.

Todos recibieron la oportuna invitación así como la pregunta de si querían competir. La respuesta fue unánimemente afirmativa excepto por parte del Milán, ex campeón italiano, que, a causa de la inestabilidad política de su país, no se comprometía en firme, pero sí se adhería entusiásticamente.

Todos estos clubs tenían que obtener el permiso de su respectiva Federación para poder participar, pues lógicamente no iban a hacerlo a espaldas de su organización nacional. Pero como era un torneo de incidencia internacional tenían que solventar los problemas inherentes a tal condición. El primero de ellos, el permiso de la FIFA, que en aquellos momentos era, todavía, el único organismo internacional. Y luego, la canalización de su organización y realización.

La FIFA, que pese a estar enterada de todos los pasos del señor Hanot, no había dado muestras de saber nada, en cuanto comprendió que todo estaba cuajando a velocidades supersónicas, se llamó a parte. Su cautela estaba justificada: no quería implicarse en nada que pudiera significar un fracaso. Pero el 7 de mayo, en la reunión del Comité Ejecutivo convocada en Londres con carácter de urgencia, se dio por enterada de las comunicaciones recibidas y aprobó el proyecto siempre y cuando:

• Los clubs participantes contaran con la autorización de las Federaciones nacionales a las que pertenecieran.

• Que la competición fuera organizada y tutelada por la recientísima UEFA.

• Que el nombre propuesto, Copa de Europa, quedara reservado para una posible competición europea entre Selecciones nacionales. Autorizando a que tal torneo se denominara Copa de Clubs Campeones de Europa.

Huelga decir que el Comité organizador aceptó todas las condiciones. Y el presidente de la FIFA, señor Seeldrayers, añadió, a posteriori, que la FIFA no era quién para entrar en la vida de los clubs ni de sus torneos, ya que ella simplemente regulaba las relaciones entre las Selecciones nacionales. Por otra parte, añadía, se congratulaba de que un torneo similar pudiera llevarse a cabo y les deseaba los mejores logros.

El acuerdo de los Comités Ejecutivos de la FIFA y la UEFA, en relación con los pormenores organizativos de esta Copa de Clubs Campeones, se tomó en una reunión celebrada en París el 10 de mayo de ese 1955.

Al menos los logros los estaban intentando. De tal suerte que procedieron a la fijación de fechas (la primera jornada sería en septiembre de 1955, es decir ya al comienzo de la temporada siguiente) y al sorteo de los partidos. Iba a ser la única vez que este torneo se jugara a sorteo puro.

Las bolitas fueron dando los encuentros siguientes:

Chelsea – Djugaardens

Madrid – Servette

Milán – Saarbrücken

Honved – Anderlecht

Stade de Reims – K.B. Copenhague

Rapid Viena – Holland Sport

Partizan – Sporting de Lisboa

En cuanto esto se hizo público, el entusiasmo entre las aficiones de estos países fue auténtica locura. El éxito estaba garantizado.

El 17 de mayo y en el salón Azul del madrileño Hotel Castellana Hilton, el Real Madrid invitó a una reunión del Comité Organizador, con el fin de rematar los pequeños pormenores que quedaban sueltos. Salvo el húngaro Sebes y el sarrense Jensen, que dieron su representación a los señores Bredrignans y Piazzalunga, estuvieron todos, incluida la plana mayor de L’Equipe, los señores Jacques Goddet, Gabriel Hanot, Jacques de Ryswick, Jacques Ferran…

Cuatro días más tarde, el día 21, la UEFA les recibe en París. Todo ha cambiado. La FIFA les ha dado sus bendiciones. No hay miedo. Y el señor Ebbe Schwartz les comunica que la UEFA se hace cargo de todo. El tono molestó no poco al Comité Organizador, porque consideró que todos se habían lavado las manos cuando había que viajar, convencer, predicar en muchos desiertos…, pero cuando el caballo ya estaba a galope no solo querían subirse en él sino empuñar las riendas. Por otro lado era lo que habían ofrecido desde el principio; no era pues el concepto sino la forma. Lo importante era que su criatura estaba en el mundo y con padrinos. La UEFA se comprometió a respetar todo lo hecho, desde equipos hasta calendario. Aun cuando en esto hubo algunos cambios voluntarios. Así, los ingleses retiraron al Chelsea con una disculpa tan tonta que se vio que era la Federación y Sir Stanley Rous quienes, por cautela, le habían hecho renunciar; su puesto lo ocupó, prestamente el polaco Gwardia de Varsovia, cuarto en su campeonato ya que el campeón había sido el C.W. K. Sportowy Legia de Varsovia. El Holland cedió su puesto, por razones económicas a su compatriota P.S.V. Eindhoven y el K.B Copenhague al A.G.F. Aarhus.

Y así, a los nueve meses –tiempo altamente significativo– la Copa de Europa de Clubs daba su primer paso en Lisboa con un Sporting de Lisboa – Partizan de Belgrado.

La efeméride bien merece el recuerdo pormenorizado en su ficha técnica:

Sporting C. de Portugal – Partizan de Belgrado: 3-3

Fecha: 4 de septiembre de 1955

Lugar: Lisboa (Portugal)

Campo: Estadio Nacional

Arbitro: Harzic (Francia)

SPORTING: Carlos Gomes; Caldeira, Passos, Galaz; Barros, Juca; Quim, Vasques, Martins, Travagos, Hugo.

PARTIZAN: Stojanovic; Lazarevic, Zebec, Belin; Pajevic, Borozan; Mihajlovic, Milutinovic, Valok, Bobek, Herceg.

Goleadores: 1-0: Quim (14′); 1-1: Milutinovic (44′); 1-2: Milutinovic (50′); 2-2: Quim (65′); 2-3: Bobek (73′); 3-3: Martins (78’).

El Partizan jugó prácticamente con diez jugadores útiles; en el minuto 12 se lesionó Zebec. Aun cuando permaneció en el campo, lo hizo como extremo más para hacer bulto que como peón eficaz.

Y ya que se está de inauguraciones no estará de sobra consignar la del Real Madrid en este torneo en el que tanto había trabajado –por obra y gracia de los señores Bernabéu y Saporta–, en el que había sido decisivo para su puesta en marcha y en el que iba a asombrar al fútbol europeo consiguiendo de una tacada los cinco primeros títulos de campeón.

Servette F.C. de Ginebra – Real Madrid C.F.: 0-2

Fecha: 8 – septiembre – 1955 Lugar: Ginebra (Suiza)

Campo: Charmilles

Arbitro: Sautel (Francia)

SERVETTE: Rüesch; Gyger, Dutoit, Josephowski; Casali, Kaelin; Nagy, Kunz, Anker, Friedlander, Coutaz.

MADRID: Juan Alonso; Navarro, Oliva, Lesmes II; Muñoz, Zárraga; Molowny, Pérez Payá, Di Stéfano, Rial, Gento.

Goleadores: 0-1: Muñoz (74′); 0-2: Rial (90′).

Arranque difícil

Fue muy difícil el primer año de vida de la UEFA. Su primera Asamblea anual fue celebrada en Lisboa del 8 al 10 de junio de 1956. Y se presentó llena de contrariedades.

El presidente señor Schwartz se encontró sin secretario general. Acababa de fallecer el inestimable señor Henri Delaunay, cuyo padecimiento de cáncer ya le había impedido desarrollar su actividad, tan vital, en los primeros pasos de la UEFA. Afortunadamente, su hijo, señor Pierre Delaunay, había ido ayudando a su padre durante su enfermedad y se había ido haciendo cargo de todos sus trabajos; estaba pues impuesto en todas las tareas del cargo. Por ello, a nadie extrañó que fuera proclamado para el puesto que había dejado su inolvidable padre.

El resto de los cargos a elegir fueron:

• Vicepresidente: Gustav Sebes (Hungría)

• Vocales: Agustín Pujol Sevil (España) y Leszek Rylsky (Polonia)

No menos enojoso en tales momentos fue la elección de los miembros de la UEFA que debían ocupar los puestos reglamentarios en el seno del Comité ejecutivo de la FIFA. Tras sopesar mucho los hombres más adecuados para esa tarea fueron designados:

• Vicepresidente: K. J. J. Lotsy (Holanda)

• Vocales: Ottorino Barassi (Italia), Gunnar Lange (Suecia), Frangois Meert (Bélgica).

Las dificultades de la UEFA se aumentaron al coincidir en Lisboa con el Congreso de la FIFA, que también estaba en un momento muy complicado: el fallecimiento del señor Seeldrayers había dejado al máximo organismo sin presidente. Había muchos candidatos cuyo nombramiento podía afectar al recién constituido Comité de la UEFA. Así, entre los aspirantes se encontraban los señores: Lotsy (Holanda), Barassi (Italia), Bianchi (Chile), Lafarge (Francia) y Drewry (Inglaterra), a la sazón vicepresidente de la propia FIFA y que había ocupado provisionalmente la presidencia en el impás entre el fallecimiento del señor Seeldrayers y el Congreso lisboeta.

Antes de llegar a las votaciones, se retiraron los “uefos” señores Barassi y Lotsy, acompañados por el chileno señor Bianchi. Quedaron pues, cara a cara, los señores Lafarge y Drewry. El vencedor tenía que obtener los dos tercios del total de votos.

La representación española, formada por los señores D. José Luis del Valle Iturriaga, D. Agustín Pujol Sevil y D. Ricardo Cabot Montalt votaron por el francés señor Lafargüe. ¿Gentileza de vecinos? No, simple cálculo pragmático. Si salía elegido el señor Lafargue existía la posibilidad de que su vacante en el Comité ejecutivo fuera ocupada por un español; en cambio, si era elegido el señor Drewry su vacante tenía que ser cubierta, reglamentariamente, por otro británico.

El señor Arthur Drewry obtuvo, en la primera ronda, 38 votos. Suficientes. Fue proclamado presidente de la FIFA.

Así pues, el rodaje de la UEFA se hizo al compás de un nuevo presidente de la FIFA.

La Copa Latina

Sería injusto que, tras haber citado los antecedentes de la Copa de América y de la Copa Mitropa, quedara ensombrecida una iniciativa española que quizá con su ejemplo y su trayectoria fue no solo otro parangón más a aportar en esos precedentes de los torneos de la UEFA, sino un ejercicio para clubs y dirigentes españoles de cara a esos torneos del futuro en los que tan bien supieron moverse. Tal es la Copa Latina.

Fue un torneo ideado por la Real Federación Española. El trofeo fue, también, dado por la Federación Española y premiaba a las Federaciones a las que pertenecieran los clubs ganadores, quienes aportaban sus puntos para el cómputo general en cada ciclo.

Se estructuró en ciclos cuatrianuales. Cada año se celebró en uno de los países participantes.

Primer ciclo: 1949: Celebrada en España: F.C. Barcelona. 1950: Celebrado en Portugal: Benfica de Lisboa 1951: Celebrado en Italia: A.C. Milán 1952: Celebrado en Francia: F.C. Barcelona.

Segundo ciclo: 1953: Celebrado en Portugal: Stade de Reims. 1954: No se celebró por la Copa del Mundo. 1955: Celebrado en Francia: Real Madrid 1956: Celebrado en Italia: A.C. Milán 1957: Celebrado en España: Real Madrid.

La Copa de Clubs Campeones de Europa acabó con ella. Los grandes equipos estaban inmersos en las competiciones creadas por la UEFA, sin posibilidad de atender otros compromisos. Ello no empece para que esta Copa Latina merezca algún recuerdo más amplio en otro momento. Sí decir que ambos ciclos fueron ganados por la Real Federación Española que sumó doce puntos en cada una de ellas. Los equipos españoles participantes fueron: Atlético de Madrid (dos veces), Barcelona (dos veces), Real Madrid (dos veces), Athletic de Bilbao y Valencia F.C. (una vez).

[1]Efectivamente, la Copa América era el más antiguo de los precedentes de confrontaciones entre Selecciones nacionales. Salvo los Juegos Olímpicos no habla ningún torneo más veterano. Y aunque habla tenido un desarrollo un tanto irregular, allí estaba para dar testimonio de su antigüedad y servir de modelo a los iniciadores de la UEFA. Hay que recordar que la FIFA también se montó al socaire de un torneo mundial o al menos internacional. Suelen confundir algunos este Torneo con la llamada Copa Libertadores, pero esta última, nacida en 1960, lo que hizo fue tomar ejemplo de la Copa de Europa de Clubs Campeones. Los imitados se transformaron, después, en imitadores.

[2]La Copa Mitropa fue una idea del tan recordado genio del fútbol austriaco Hugo Meisl. Se organizó un trofeo para los campeones nacionales de Austria como organizadora, Checoslovaquia, Hungría y Yugoslavia. Es decir era una copa del desaparecido imperio austro-húngaro. Sin saber cómo los italianos se filtraron en ella en 1930, aunque ni eran la “Europa central” ni del eximperio de Francisco José… Durante la segunda guerra mundial, lógicamente, se interrumpió. Posteriormente el reparto de Europa en Yalta dejó el ex imperio en manos de otro emperador, el zar Stalin, quien no permitió lo que podía considerarse como una escisión de sus satélites de la órbita moscovita. Solamente, por las gestiones antedichas, se pudo reiniciar esporádicamente en 1951, para volver a interrumpirse otros cuatro años. Participaban los campeones de Copa, ya que los de Liga estaban empeñados en el torneo de L’Équipe ya asumido por la UEFA. En 1958 se interrumpió por mor de la sublevación de alguno de los satélites y la feroz represión a que les sometió el Kremlin. En 1960, ya con la Recopa en marcha, se intentó que fuera entre Selecciones, poniendo en juego unas puntuaciones entre los clubs de cada nación. Fue un fracaso. La verdad es que estaba herida de muerte. Los torneos de Copa de Campeones de Europa, Recopa y Copa de la UEFA la habían dejado agonizando. Se jugó desde 1961 gracias al empeño de Italia. Desde ese instante fue languideciendo por mor de que resultaba un trámite incómodo para los clubs, pero las victorias casi permanentes de los clubs del Este europeo hacia que las autoridades de esos países insistieran en su permanencia. Pero no tenía ya ninguna importancia en el concierto del fútbol europeo y ni siquiera llamaba la atención de los periódicos deportivos de la Europa civilizada. En 1972 se celebró por última vez. Y allí falleció. Huelga decir que a partir de 1960, al consolidarse los torneos de la UEFA, que no eran más que la extensión de la Copa Mitropa a toda Europa, el viejo torneo centroeuropeo se fue adelgazando hasta resultar un trámite incómodo y molesto para los participantes. Resistir doce años fue milagroso…

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