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RESUMEN:

La utilización del fútbol con fines propagandísticos y políticos es tan antigua como el propio deporte, en el presente artículo tenemos varios ejemplos de ello.

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Manipulaciones con una gira de fondo

De

Durante los años 40, 50 y primera mitad de los 60, en el pasado siglo, los españoles tuvieron ocasión de familiarizarse con la manipulación informativa, hasta el punto de alcanzar un doctorado. No en vano, a la censura bélica impuesta por los dos bandos entre julio de 1936 y la primavera de 1939, sobrevino otra, entre civil y religiosa, destinada no solo a desterrar “malos hábitos, costumbres licenciosas y la abominación roja, carcoma moral de una patria rescatada del caos por el Caudillo”, sino a la implantación de dogmas políticos y canónicos. El nuevo órgano contó con un auténtico ejército de “lectores” anónimos, identificados en sus informes mediante seudónimo, próximos a La Falange, el clero, u organizaciones del espectro victorioso. Hubo, entre ellos, alguna figura de relumbrón, como el más adelante Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela, por más que sobreabundase la grisura intelectual y una visión de la vida entre orejeras. Un simple paseo por los archivos de Alcalá de Henares bastará para sumergirnos en aquel pacato universo.

A la brillante columnista Josefina Carabias le suprimieron de un artículo el vocablo braga, “por obsceno e inmoral”. Otro término prohibido era “carnaval”, pero como la celebración continuara llevándose a cabo con gran fervor en puntos tan inconexos como Cádiz, Tolosa o Santa Cruz de Tenerife, la prensa halló un cómodo sucedáneo con “carnestolendas”, en tanto la cartelería oficial lo rebautizaba como “Fiestas de Invierno”. Cierto intérprete de las normas, sin mucho cacumen, puso serios impedimentos a la publicidad de una compañía zarzuelera que anunciaba “Agua, azucarillos y aguardiente” y “La Gran Vía”, porque “después de la gloriosa victoria en nuestra Cruzada, es público y notorio que la Gran Vía se denomina Avenida de José Antonio”. Tampoco carece de desperdicio el testimonio recogido por Juan Ignacio Luca de Tena en sus memorias periodísticas tituladas “Mis amigos muertos”. El diario “ABC” no pudo referirse a “la vieja España de Alfonso X El Sabio”, porque al funcionario encargado de revisar las galeradas se le antojó “propaganda monárquica”.

Mueve igualmente a hilaridad la esperpéntica suspicacia del censor con quien tropezase Francisco González Ledesma, mucho antes de soñar con el Premio Planeta. Lástima que aquel lectorzuelo forzase un larguísimo paréntesis en su carrera literaria “seria”. Acababan de otorgarle el Premio Internacional de Novela cuando aún no había cumplido las 25 primaveras y, según sus propias palabras, se las prometía muy felices: “Era un galardón prestigioso, con nada menos que Sumerset Maugham presidiendo el jurado. Me creía un hombrecito, desconocedor aún de que hacerse hombre no es tarea fácil. La censura se encargó de enseñármelo, al prohibir la publicación por obra roja y pornógrafa. Roja puede, pensé. Al fin y al cabo me había criado en un enclave obrero, muy reivindicativo. ¿Pero pornógrafa? Cuando pedí cuentas al censor, luego de agenciarme su identidad, me señaló una página: Mire, aquí dice que el chico pone una mano en la rodilla de ella. Impertérrito, aduje: Bueno, así es; no me parece algo tan grave, siendo novios. Y él contraatacó de inmediato: Pudiera no serlo, pero es que del texto se desprende la intención de subir esa mano.

Luis García Berlanga, referente del celuloide hispano, también fue testigo de un solemne dislate mientras rodaba una de sus películas. “Me pusieron una especie de censor espiritual, Grau creo que se apellidaba. Como debíamos pasar muchas horas juntos, un día va y me dice: Si usted cree que soy un retrógrado, uno de esos que van con el trabuco bajo el brazo, se equivoca. Aquí, donde me ve, he sido uno de los curas más modernos de España, uno de los más perseguidos por la jerarquía católica. Aquí, donde me ve, he pasado años dificilísimos. Él insistía en su aquí donde me ve, pero no lo aclaraba. Hasta que por fin me confiesa: Aquí donde me ve, señor Berlanga, fui el primer sacerdote español en llevar reloj de pulsera”.

La censura no sólo estuvo obsesionada con el Sexto Mandamiento. Aunque al encargado de visar la publicidad de este film se le antojase muy provocativo el pecho de la protagonista.

La censura no sólo estuvo obsesionada con el Sexto Mandamiento. Aunque al encargado de visar la publicidad de este film se le antojase muy provocativo el pecho de la protagonista.

Pese a tanto despropósito, la censura resultó blanda para no pocos devotos del régimen. El Padre Félix García se expresaba de este modo en una de sus críticas literarias aparecidas en “Ecclesia”: “No se trata de restablecer la Inquisición -aunque no estaría mal, para poner muchas cosas en su punto-, ni de abatir cimas líricas o vuelos universales por el campo sin fronteras de todos los saberes. Se trata, sencillamente, de apuntar unas observaciones que quizá puedan servir de voz de alerta para las gentes de buena fe”.

Aquel sacerdote pudiera no constituir excepción. Y es que cuando ciertos mitrados de la Iglesia decidían blandir brocha o tijeras, había motivos para echarse a temblar. Sucedió con Monseñor Pildáin, ultramontano del sexo donde los haya, a raíz de que el Frente de Juventudes construyera en Las Palmas de Gran Canaria el Estadio de la Juventud. Para engrandecerlo, se habían colocado varias estatuas de atletas, reproducción de esculturas clásicas, como el Discóbolo. Aquel obispo, entendiendo gravemente atentatoria contra la moral semejante exhibición, exigió la retirada de las mismas, o en su defecto que se las vistiera. Su protesta llegó hasta el Consejo de Ministros, sirviéndose del entonces responsable de Educación, Joaquín Ruiz Giménez, conforme habría de atestiguar el delegado nacional del Frente de Juventudes, José Antonio Elola Olaso. Gracias al propio Elola también sabemos que luego de una demostración del Frente de Juventudes en Toledo, el cardenal Pla y Daniel manifestó su disgusto porque el pantalón corto de “flechas” y “cadetes” podía excitar a las chicas adolescentes.

La censura impedía dar publicidad a los frecuentas accidentes ferroviarios, fruto del lamentable estado de la red, exigió se empleara el vocablo “senos” como sustitutivo del pecho femenino, o apareciese “ensaladilla rusa” en el menú de los restaurantes, sugiriendo como alternativa “ensaladilla zarina”. Y por supuesto, ciertas cosas no ocurrían en nuestro suelo. La homosexualidad, muy perseguida, jamás hallaba eco en nuestra prensa, lo mismo que el abuso de menores, tanto si tenía lugar en el ámbito docente como en sacristías. Cualquier folleto, hojita o pasquín, debía llevar identificación del impresor. Incluso el programa festivo de los núcleos más recónditos, puesto que toda ofensa, atentado a los buenos usos y costumbres, o asomo anticlerical, se sustanciaba en multas, si la infracción revestía carácter leve, o incluso en cerrojazo temporal de actividades, para casos más graves. Hasta que en marzo de 1966 Manual Fraga Iribarne, sustituto del ultracatólico Gabriel Arias Salgado en el Ministerio de Información y Turismo, promulgase la “Ley de Prensa e Imprenta”, todos nuestros diarios eran objeto de censura previa, circunstancia que promovía, indefectiblemente, otra autocensura no menos estricta. Con respecto a la publicación de libros, tras la lectura y devolución del original a su autor, si éste decidía ponerse al mundo por montera, no ajustándose a la imposición censora, podía ver secuestrada toda la edición como al funcionario le diese por comprobar, a posteriori, si lo tachado figuraba en el texto definitivo. Las “entrevistas” radiofónicas, cuando tocaban asuntos delicados, como religión, o actualidad, tenían que pasar censura previa, resultando así puro teatrillo, cuando no pantomima. Ni que decir tiene que la política jamás asomaba por las ondas, como no fuese en los Diarios Hablados de Radio Nacional, cuya conexión resultaba obligatoria para todos los centros emisores y el vulgo había bautizado como “El Parte”. Aquellos informativos, por cierto, se iniciaban con un rimbombante y triunfal “¡Sin Novedad en la paz española!”.

La obsesión de nuestros padres y abuelos por cuanto se les hurtaba, dio pie al anecdotario más chusco. Había quienes contaban los besos que el tijeretazo censor parecía haber cortado en las películas. Y no faltaron espectadores que tras el controvertido estreno de “Gilda” aseguraban saber de buena tinta, porque cierto amigo pudo ver el film en Francia o Inglaterra, que Rita Hayworth acababa desnudándose en la escena del guante; un supuesto “striptease” convertido en baile insinuante por censores con sotana. Algo de todo punto imposible, habida cuenta de las férreas normas morales autoimpuestas por los estudios de Hollywood en tiempos del “Star System”.

El lápiz y las tijeras, en fin, no sólo cortaban o prohibían. A menudo manipulaban hábilmente. Sirvan los siguientes párrafos como aleatorio cajón de sastre, con subrayado sobre cuanto tachó el lápiz rojo.

*- En un artículo sobre la mujer:

“En ocasiones, y aunque los médicos opinen lo contrario, lo mejor para el pecho no es un jarabe, sino un sostén”.

*- Declaraciones de Perico Chicote, el más popular de los “barmen” españoles, acerca del bigote:

“A las mujeres tampoco les hace gracia, pues siempre las he oído decir que al besar parece que besan a un cepillo”

*- En otro reportaje sobre el astrónomo Gabril Tikov:

“Una noticia de Londres señala un importante descubrimiento (…). Su observatorio es uno de los mayores de la URSS: el de Pulkovo, cerca de Leningrado (…). Las conclusiones del astrónomo ruso van a editarse en un libro que se publicará bajo los auspicios de la Academia de Ciencias de Kazakstán.

Soberbio ejercicio de falsear la realidad este último, sin añadir ninguna mentira. Basta releerlo omitiendo esas podas para concluir que, proviniendo la noticia de Inglaterra, su protagonista es británico en vez de soviético, al igual que la Academia de Ciencias. Ingenio digno de mejor causa.

Todo este preámbulo ha de entenderse como ambientación de cuanto había venido ocurriendo hasta finales de abril de 1964, cuando el Guadalajara, flamante campeón de liga mexicano, cruzó el océano en una gira destinada a fortalecer sus arcas.

Tras presentarse en el Camp Nou el 30 de Abril ante el Barcelona, con empate a 2, se enfrentó al Gijón el 3 de mayo, en choque homenaje a Ortiz, jugador rojiblanco durante tantos años (otra igualada a 1), y tres días más tarde salía derrotado ante el Sevilla por un apretado 3-2. Nada destacable en ese trío de comparecencias, como no fuese la alineación de equipos festivos, por parte española, con abundancia de suplentes, o la monumental tangana organizada en Sevilla, a la que habrían de sumarse los suplentes aztecas, y hasta su masajista, transformado de repente en un vendaval humano.

Nada que justificase el titular en primera plana y con tipografía de gran cuerpo, aparecido en el semanario mexicano “Opinión Pública”:

La absurda mentira del periódico mexicano encendió los ánimos en una prensa del Movimiento acostumbrada a tergiversar informaciones y obedecer directrices.

La absurda mentira del periódico mexicano encendió los ánimos en una prensa del Movimiento acostumbrada a tergiversar informaciones y obedecer directrices.

EL GUADALAJARA TRATADO A PATADAS EN ESPAÑA. “Soldados vestidos de paisano invadieron las canchas para agredir a los aztecas por órdenes de Franco”.

Dicho medio, miembro de la Sociedad Nacional de Periodistas y Escritores Mexicanos, recogía en su interior que “el Guadalajara fue agredido en todos los lugares que jugó en España por porras volantes de soldados vestidos de civil, siguiendo órdenes directas del general Francisco Franco”. Algo del todo insostenible, cuando otras cabeceras de Jalisco y el Distrito Federal ya habían reconocido que los incidentes sevillanos tuvieron como protagonistas destacados al dúo mexicano Peña y Sepúlveda. La misma Televisión Mexicana, en su reportaje documental sobre el arranque de aquella gira, supo reconocer lo realmente acontecido, sin ningún empacho.

Por nuestros pagos, donde supuestamente jamás se mentía, ocultaba y manipulaba mediante letra impresa o informativos hablados, las malas artes de “Opinión Pública” sentaron como un cólico.

El madrileño diario “Marca”, erigiéndose en adalid del mancillado honor patrio, habría de responder en su número del 20 de mayo con notable contundencia: “No sólo se refiere al encuentro de Sevilla, en donde se organizaron los incidentes futbolísticos a donde deriva a veces un partido competido, y más si éste se juega por un equipo hispanoamericano, que desde Río Grande a Patagonia son propicios a que se les caliente la sangre. Equipos del Norte y del Sur de América han armado sus buenos líos en el mundo. En fin, por algo allí juegan entre rejas o salvaguardados por fosos insalvables”. Y luego de comparar al medio americano con un borrico, útil tan sólo para sacudir coces, concluía: “Servida va la opinión pública de México, cuando existen para su información órganos de tal jaez. Les acompañamos en el sentimiento…”

Aquel enojo de “Marca”, justificado, reconozcámoslo, se contagió a la prensa regional de las tres áreas visitadas por el Guadalajara, como no podía ser menos. En la capital hispalense, por si alguien lo hubiese olvidado, volverían a reproducirse crónicas del día de autos, poniendo el foco en aquellos incidentes: “A los dos minutos se lesionó Luque, por caer en mala postura, siendo retirado en camilla. A los veinte es Chaires, el defensa mejicano, quien abandona el terreno en brazos de las asistencias, al recibir un golpe fortuito en la cabeza. A los sesenta y cinco minutos se lesiona Agüero y le sustituye Cardo, y a los sesenta y nueve sobrevienen los incidentes antes citados, que degeneraron en batalla campal, pues los veintidós jugadores, los suplentes y hasta el masajista del Guadalajara tomaron parte muy activa. Fueron expulsados Campanal y Reyes”.

Sirva como nota aclaratoria que Luque, primer lesionado, y Agüero, el último, eran sevillistas, lo mismo que el buen defensa Campanal. Y que esa tarde los andaluces pusieron sobre el césped a varios elementos no muy habituales, como Bancalero, Cardo, o Rebellón. ¿Tanto habían escocido al otro lado del océano unos resultados mediocres para su campeón? ¿O se ajustaban mediante el fútbol viejas cuentas políticas? México seguía sin reconocer otro régimen español que el de la República derrotada. Había dado asilo a muchos intelectuales, sin nada bueno que esperar del bando triunfador. Pero pese a todo, a los desaires que en su día desplegase el presidente Lázaro Cárdenas, a la influencia económica de ciertas casas y colonias regionales instaladas en el D.F., ambos países lograban entenderse civilizadamente en materia económica, comercial, y de consumo masivo. Jorge Negrete, por ejemplo, fue ídolo incontestable de millones de españolas durante los duros años de posguerra. Más adelante, en tiempo de boleros, docenas de tríos con sombrero ancho y bordados de plata llenaron nuestros escenarios. Toreros de uno y otro lado cruzaban caminos cada temporada, para gozo de los tendidos. Y Mario Moreno, “Cantinflas” seguía siendo tanto o más taquillero en nuestras salas de cine, que Marlon Brando, Charlton Heston, Henry Fonda, Jerry Lewis, Burt Lancaster, Bette Davis o Catherine Hepburn. La sangre no podía, ni debía llegar al río.

Y no llegó, claro.

Hubo redacciones con suficiente sentido común como para ver las cosas por el lado más amable. El de la caballerosidad que exhibiese el presidente del Guadalajara cuando, en el mismo vestuario hispalense, entregase al del Sevilla una magnífica bandeja de plata repujada, con sentida dedicatoria. O rememorando la salida al campo de ambos equipos, sosteniendo cada uno la bandera nacional del otro.

Entre tanto, el Guadalajara proseguía su gira por Francia, Bélgica, Alemania y Checoslovaquia, cosechando victorias ante el Lille y Standard de Lieja, con el mismo resultado de 0-1, sufriendo dos derrotas ante Werder Bremen (2-1) y Slovan de Bratislava (1-0), y firmando sendos empates contra Angers (2-2) y Rouen (1-1). El 27 de mayo, nuevamente en nuestro suelo, saldrían derrotados 2-1 ante un combinado del Mestalla y Valencia C. F., formando entre los “chés” el guardameta Valero, el defensa Escudero, los centrocampistas Blanes y Sendra, o el atacante Navarro, todos ellos jóvenes del filial, entre los que casi cabría incluir a Totó, puesto que aún se hallaba acaparando méritos. Cuarenta y ocho horas después y ya en Madrid, a punto de poner rumbo a Guadalajara desde Barajas, el presidente del club mexicano, Jorge Agnesi, y los directivos que apuntalaban la gira, tuvieron el buen gesto de visitar la redacción de “Marca”, “con el exclusivo fin de poner los puntos sobre las íes”, según habría de recoger el deportivo, “y poner públicamente un bozal a ese semanario mejicano que, como en la fábula de Esopo, desempeñó recientemente el papel de asno…”

En modo alguno hubiera podido mostrarse más conciliador el máximo mandatario de los campeones aztecas. “Ante todo -declaró-, quiero hacer constar que somos nosotros los más indignados por el cúmulo de falsedades publicadas en cierta prensa mexicana, o pasquines sin otra pretensión que enturbiar las relaciones deportivas y de amistad que unen a España y México. Así se lo expresamos a ustedes, para que todo el mundo se entere, y así lo repetiremos al llegar a nuestro país, donde se siente profundo respeto y gran simpatía por todo lo español”. Sirviéndose igualmente de las páginas de “Marca”, quiso mostrarse agradecido por “todas las atenciones que hemos recibido en España, desde el primero hasta el último día, empezando por el delegado de Educación Física y Deporte, señor Elola, y siguiendo por los directivos del Barcelona, Gijón, Sevilla y Valencia. Todos se han desvivido materialmente por nosotros, así como los aficionados y representantes de la prensa, radio y televisión españolas”. Con humildad, además, esparció piropos: “Vinimos viendo en Europa una escuela y pensando aprender (…) El fútbol mexicano está mal situado geográficamente; entre Estados Unidos, donde casi no se practica, y Centroamérica, donde tampoco tiene gran fuerza. Por eso queríamos abrir el mercado europeo al fútbol mexicano, cosa que hemos podido lograr gracias al señor Osés, organizador de este gran viaje, del que nos llevamos excelentes recuerdos”.

Bien mirado, al mandatario jalisciense no le faltaban motivos para estar feliz. Todos los partidos de su gira habían sido emitidos por la televisión mexicana, cosechando entre 12 y 14 millones de espectadores. El primer empate ante todo un Barcelona sería celebrado al otro lado del océano como un triunfo: “Recibimos telegramas de miles de aficionados, felicitándonos. Incluso uno del Presidente del Estado”. Quizás por ello, al preguntársele qué fútbol le había impresionado más, su cortesía pecó de exceso: “El español. Es el más fuerte y aguerrido de todos, por su profundidad. Aunque sinceramente, esperábamos que los delanteros españoles tirasen más a gol, y desde todos los ángulos. Sobre todo desde fuera del área”. Como despedida, y luego de asegurar su intención de volver en el futuro, derramaría nuevas dosis de diplomacia: “El fútbol español es el que más interesa en nuestro país, entre todos los del extranjero. Los resultados de su campeonato se conocen allí al mismo tiempo que los nuestros. Y los periódicos mexicanos, a veces, priorizan la información de ciertos partidos españoles, en nuestro detrimento. Todo esto sin contar el interés que despierta la Liga Española de México, en la que actúan muchos jóvenes dirigidos por veteranos españoles como Vantolrá, Gaspar Rubio, Regueiro y otros”.

Esa Liga Española se constituyó en territorio azteca el año 1954, a raíz de que desapareciesen del fútbol profesional los clubes España y Asturias. Los Centros Españoles distribuidos por el inmenso país resultarían determinantes para la culminación del proyecto, muy en especial hasta que comenzó a rodar por sí solo. Durante las primeras ediciones únicamente podían participar españoles o sus descendientes. Luego, poquito a poco, se iría abriendo la mano, hasta conformarse equipos representativos de centros sociales, empresas con cierta notoriedad, instituciones gubernamentales y hasta hijuelas de clubes instalados en el profesionalismo. Pese a su carácter amateur, han sido varias las estrellas que de allí salieron. Cuathemoc Blanco, el internacional con más de 80 entorchados que se dejó ver durante dos temporadas por el Real Valladolid, fue uno de ellos. Otro, tras colgar las botas llegó infinitamente más lejos; nada menos que a la presidencia del país.

Puesto a compararse con alguien, el Sr. Agnesi no lo dudó: “Nuestro equipo es en México algo así como el Atlético de Bilbao. Todos los jugadores son de Jalisco”.

Casi todos, mejor. Porque para la gira en cuestión se habían reforzado con las cesiones de Munguía y “Chato” Ortín (Necaxa), Del Muro (Atlas), y Chávez (Monterrey).

Finalizando Agosto, cuando nuestros clubes ultimaban su preparación con vistas al ejercicio 1964-65, el Guadalajara volvería a ser noticia, para su desgracia. La CONCACAF había decidido suspenderlo por tres años, al negarse a jugar contra el Racing de Haití en la final del torneo para clubes campeones; traduciéndolo a Román Paladino, la Copa de Norteamérica, América Central y Territorios del Caribe. Igualmente se le condenaba a indemnizar a los haitianos por el perjuicio económico derivado de su incomparecencia. Tremendo varapalo, puesto que aun en el supuesto de revalidar su título mexicano, iba a quedar fuera del equivalente a nuestra Copa de Europa durante un trienio. Desde México se vio en la sanción un atropello, entendiendo que a su paladín se le notificó esa fecha demasiado tarde, y cuando propuso otra desde Haití la rehusaron, sin que la Confederación se diese por aludida. Nuestro diario “Marca”, curiosamente, se limitó a reproducir una escueta nota de “Alfil”, sin el más mínimo comentario.

El medio que tanto se quejara de la manipulación exterior, no tuvo ningún empacho en ejercer como pregonero durante la visita del padre Peyton. En la imagen su comparecencia en Melbourne, con llenazo.

El medio que tanto se quejara de la manipulación exterior, no tuvo ningún empacho en ejercer como pregonero durante la visita del padre Peyton. En la imagen su comparecencia en Melbourne, con llenazo.

Había hecho gala de mucha más implicación durante el mes de mayo, justo cuando las huestes del Guadalajara viajaban por Europa y llegaba desde la otra orilla el libelo de “Opinión Pública”. Porque mientras en la redacción de “Marca” velaban armas con la bayoneta bien calada, en su número del 21 de mayo titularon: “Los famosos del fútbol apoyan la cruzada del rosario familiar”.

Esos famosos eran Alfredo Di Stéfano y José Emilio Santamaría. Sólo dos. Número mínimo para justificar el plural. Ambos entrevistados por el padre Quinn, organizador de la Cruzada del Rosario en Familia, al término de un entrenamiento en el Estadio Santiago Bernabéu. “Verdaderamente es una cosa muy interesante -puso en boca de don Alfredo, el reverendo-. Espero que todos los deportistas y futbolistas acudan a la gran concentración”. “¿Tendremos su presencia en ella el día 31 de mayo, si no tiene partido de fútbol?”, servía el presbítero. Y Di Stéfano, como buen ariete, remataba a placer: “Sí, con mucho gusto puede contar con mi presencia. Si no tengo partido voy a ser uno de los que asistan”. Santamaría, por su parte, se descolgó con otra declaración de manual, tan anodina como forzada e insulsa: “Pienso que es un apostolado muy interesante, y lo conozco por otros países. Creo que será un éxito y aconsejo a todos los deportistas y entusiastas del mundo que vayan a ella”.

El propio diario “Marca” aprovechaba aquel breve espacio para dar cuenta del programa previsto: “La Virgen de la Almudena presidirá este grandioso acto, que será amenizado y solemnizado durante hora y cuarto antes de su comienzo por cinco coros y las bandas de música Municipal, de la Cruz Roja, Marina, Ejército y Policía Armada. Funcionarán trenes especiales desde El Escorial, Aranjuez, Segovia y Alcalá de Henares. Además, autobuses, tranvías y las líneas de Metro, circularán constantemente con rutas especiales durante cinco horas antes de la concentración”.

En verdad, y aun en tiempos de nacional-catolicismo, con tanta sotana ejerciendo influencias y un caudillo bajo palio, ¿cabían sueltos de tal índole en un medio deportivo? ¿No se estaba manipulando, también, a la opinión pública? ¿Acaso no hubiera sido más honesto titular “Dos”, y no “Los”, refiriéndose a los ases balompédicos con intención de asistir al maratón místico?

Pues por si no hubiera habido bastante, tres días después el mismo medio volvía a las andadas: “El Padre Peyton, atleta de la religión”, tituló otro recuadro, al que seguía un texto justificativo, en negrita, henchido de aroma a estampa:

“El Padre Peyton puede ser llamado con todo derecho un atleta, por su fuerza, su coordinación y su disciplina. Su fuerza deriva de su inmensa fe en el mensaje que trae. Que tiene coordinación es evidente, por sus éxitos en organizar concentraciones del Rosario en Familia, una y otra vez. Prueba bien ser hombre disciplinado, dedicándose totalmente a un objetivo: unir a la familia por la oración. No es una sorpresa, por tanto, que el mensaje al cual el padre Peyton nos llama, tenga un particular atractivo para todos los atletas de Madrid, católicos y no católicos. El domingo 31 de mayo estamos llamados a presenciar una de las más grandes concentraciones de que esta provincia ha podido ser testigo. ¿El propósito de esta concentración? Permitir a nuestra Bendita Madre conocer nuestro intenso deseo de paz familiar”.

Decididamente, no sólo en México se confundía lo informativo con la manipulación y el alarde propagandístico.

Propaganda pura a través del deporte y los deportistas. Otra forma pretendidamente más sofisticada de manipular.

Propaganda pura a través del deporte y los deportistas. Otra forma pretendidamente más sofisticada de manipular.

Al irlandés Patrick Peyton se esforzaron en presentarlo desde todos los medios nacionales como santo en vida, recuperado de una tuberculosis por intervención divina, siendo seminarista. Del hombre de negocios oculto bajo aquella sotana, ni palabra. Lo cierto era que tras emigrar a los Estados Unidos durante su primera juventud, estuvo ejerciendo de sacristán, por más que anhelara convertirse en sacerdote. Una vez ordenado, hizo suya, mediante distintas emisiones radiofónicas, la vieja fórmula consistente en mezclar populismo, prédicas fundamentalistas y movilización de masas, sin desdeñar cuanta tecnología pudiera servirle de altavoz. Apoyándose en varias estrellas de Hollywood, en 1947 fundó la “Family Theater Productions”, destinada a introducir en el cine los valores cristianos. Al mismo tiempo seguía empleando como púlpito distintas emisoras de radio. Seiscientos programas hablados, nada menos, llegaron a salir a las ondas desde su productora. A partir de 1958 pareció enfrascarse en una acumulación de récords, congregando multitudes bajo el lema “La familia que reza unida, permanece unida”. 220.000 personas en Saint Paul, Minnesota. 550.000 en San Francisco de California, el año 1961. Casi dos millones en Sao Paulo durante 1964… Cada récord no hacía sino estimular la competitividad de las grandes urbes a donde llegaba en gira apostólica. La concentración madrileña, empero, resultaría decepcionante, al quedar lejos, muy lejos, de las 800.000 almas estimadas cuando compareció en Barcelona, justo un año después. Claro que pese a todo, tampoco parece que España le dejase mal sabor de boca. Lo desmiente el hecho de haber filmado en nuestro suelo “Los misterios del rosario” (1958).

El humor al servicio del Referéndum. Orbegozo, viñetista de cabecera en “Marca”, también puso su granito de arena.

El humor al servicio del Referéndum. Orbegozo, viñetista de cabecera en “Marca”, también puso su granito de arena.

Transcurridos dos años desde que el padre Peyton y los futbolistas mexicanos diesen quehacer a los redactores de “Marca”, mientras el Guadalajara seguía purgando su sanción en el estado de Jalisco, Franco, tan refractario a las urnas, convocó un referéndum para el 14 de diciembre de 1966. Prensa, radio y televisión, martillearon a todos los españoles con la necesidad de un “Sí”, aunque no explicasen qué había detrás de la aceptación y por qué debía otorgarse el pláceme. Ni que decir tiene, ni una sola voz puso expresar públicamente la conveniencia de un hipotético “No”. El diario “Marca”, como cualquier otro adscrito al Movimiento, se unió a la alharaca. En su caso a través de una sección diaria titulada “El español que hay en cada deportista”, donde figuras nacionales del deporte justificaban su “Sí” con letras mayúsculas. El pertiguista bilbaíno Ignacio Sola, el jinete Francisco Goyoaga, la tenista Mª del Carmen Hernández Coronado, Manuel Santana, hombre que introdujo los conceptos “drive”, “set” o “match-ball” en las salas de estar, entre capítulos de “Bonanza”, “Los Intocables” o “Embrujada”; el jugador de baloncesto Carlos Sevillano, e ídolos del balón como Luis Aragonés, Adelardo Rodríguez, Ferenc Puskas, Enrique Collar, Pedro Eugenio De Felipe o Jorge Mendonça, entre otros muchos, irían asomando. Sus respuestas, repasadas con 50 años de distancia, proporcionan un curioso panorama sociológico.

“- En la votación del referéndum, ¿será espectador también?

– ¡Vamos hombre; ni hablar! Ese es un deber de español y yo me siento tan español como el primero. Claro que votaré, y por supuesto para poner un “Sí” en la papeleta”. (Luis Aragonés)

“- ¿Qué votará usted?

– Qué cosas, hombre. Eso no tiene vuelta de hoja. Yo, que soy de los que han pasado por la guerra, estoy con Franco y estaré con él toda la vida. Por si fuera poco todo lo que él ha hecho, ahora incluye una libertad política que dice mucho en su favor. Veintisiete años de tranquilidad bien merecen un “Sí”. (Francisco Goyoaga)

 “Yo no he vivido los veintisiete años de paz, pero sí los 9 que llevo aquí, en santa paz, con mi familia. Mis cuatro hijos son madrileños y la paz de ellos, por si fuera poco también la mía, bien merecen un “Sí” rotundo”. (Jorge Mendonça, portugués nacionalizado español)

“Un “Sí”. Un Firme “Sí”, porque estoy plenamente convencido de que la política que se ha seguido y se está siguiendo, es la más conveniente para todos”. (Enrique Collar)

“Diré que “Sí”, porque desde que pisé España no he tenido motivo para votar lo contrario. Mi familia y yo vivimos en un país en paz, que nos acogió hospitalario. Sólo por continuar con la paz que aquí se vive, merece la pena poner un “Sí”. Sin dudarlo”. (Ferenc Puskas)

“Francamente, no he leído la Ley Orgánica, pero por los comentarios que siempre se hacen, estoy convencido de que votar “Sí” es lo más conveniente para todos”. (Adelardo)

“Estoy convencido de que todos coincidiremos en la respuesta. Y que, por tanto, no habrá problema. La respuesta es “Sí”, claro…” (Manuel Santana)

El relativamente modesto Alfredo Rebellón, entonces en el Sevilla C. F., estuvo más cerca de poner el dedo en la llaga, al afirmar: “Pienso que muchas personas van a estar faltas de una detallada información. Porque es cierto que se habla mucho del Referéndum, pero no se explica en lenguaje vulgar los que significa esa Ley. Eso pienso yo, claro, con la vista puesta en muchos otros”. Aunque inmediatamente añadiera, consciente de dónde estaba: “Por lo demás “Sí” cuantas veces hiciera falta”.

Por cierto que bajo las breves entrevistas a Santana, Adelardo y De Felipe, con declaración de sus “síes”, aparecía esta sentencia atribuida al diario barcelonés “Tele-Express”:

“Si usted se abstiene en el próximo Referéndum hará el juego a aquellos con los que ningún español puede estar de acuerdo, sean cuales fueren su ideología y posición hacia el régimen”.

Franco también votó en “su” Referéndum, como atestigua este certificado. Lo tomaría de recuerdo, pues nadie iba a demandárselo en su dependencia o lugar de trabajo.

Franco también votó en “su” Referéndum, como atestigua este certificado. Lo tomaría de recuerdo, pues nadie iba a demandárselo en su dependencia o lugar de trabajo.

Parece obvio que las manipulaciones no eran sólo patrimonio mexicano, con o sin una gira futbolística de por medio.

Y es que siempre ha sido más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio.

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