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RESUMEN:

Crítica y análisis de la serie de Netflix The English Game (Un juego de caballeros), drama deportivo sobre los orígenes del fútbol y sus implicaciones en la lucha de clases en la Inglaterra Victoriana.

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Un juego de caballeros: homenaje al nacimiento del fútbol moderno.

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Un juego de Caballeros (nombre original: The English Game), es una serie emitida en la plataforma televisiva Netflix que, más que un relato histórico, es un homenaje al nacimiento del fútbol moderno. Centrado y dirigido para los amantes del fútbol, el argumento se hila y se teje con otras historias transversales para mantener el interés de un público más amplio. Para que el texto mantenga un desarrollo compacto, el guionista Julian Fellowes, ha retorcido los hechos verídicos y los ha hecho encajar en esos seis capítulos de los que consta. Insisto en que no hay que exigirle un rigor histórico porque no es un documental. Es Literatura, y como tal, recurre a unas fuentes originales como punto de inspiración, lo cual no impide que la ficción se apodere del texto.

La serie alcanza dos objetivos con muy buena nota. Por un lado, la ambientación histórica es excelente ya que maneja con respeto el espíritu de la documentación a la que tuvo acceso. Y por el otro, resalta el papel del fútbol en la personalidad de sus protagonistas, sus valores éticos, morales, así como la función que este deporte acaba asumiendo dentro de una conflictiva sociedad industrial.

Todo gira en torno a la llegada del profesionalismo al fútbol y el efecto demoledor que provoca en un juego diseñado en el seno de las universidades de élite inglesas. La aparición del primer jugador que vive de la práctica de este deporte convulsiona todo el entramado, desde el concepto de lealtad a los compañeros  y al equipo hasta el reglamento de las competiciones.

El deporte profesional nace a partir de las apuestas, cuando los protagonistas participan del dinero que se mueve por esta causa. Es un hecho fácil de entender: intervienen promotores, público y deportistas un todo girando en torno al resultado. Detrás de cada apuesta hay una amalgama de intenciones: simpatías, conocimiento del juego, intuición personal, visión premonitoria, búsqueda de un dinero rápido… Una práctica tan antigua como el deporte mismo.

El competidor profesional fue fácil de encontrar en los deportes individuales como el atletismo o el boxeo. Al principio como meras atracciones en ferias. En esa fase se ajustaba a un modelo parecido al de las apuestas en las carreras de caballos, o bien, al cara o cruz de un duelo. En España también eran habituales las apuestas en las partidas de pelotas. Pío Baroja así lo refleja en su novela Zalacaín el aventurero. Allí no solo se cruzan las apuestas entre aldeanos y forasteros sino también simpatías políticas entre liberales y carlistas.

También hay constancia de que las apuestas repercutiesen en los deportes de equipo. En 1719 un partido de cricket entre las representaciones de Londres y Kent saltó a la prensa por la importante suma de dinero que se recaudó en apuestas.

Y es en el cricket inglés donde encontramos el antecedente más directo: en 1806 se organizaron una serie de partidos entre Gentlemen y Players, es decir, entre amateurs y profesionales o, desde la óptica de clase social, clase media-alta frente a clase trabajadora. Los primeros practicaban el juego por entretenimiento mientras que los otros cobraban bien de las apuestas o bien de cantidades pactadas previamente. Pronto se pudo ver cómo se impondría la superioridad de los profesionales.

La aparición y auge del fútbol en la sociedad inglesa acabó asumiendo esa dualidad entre amateur y profesional, acentuada por factores sociales y culturales que en un principio fueron ajenos al cricket: la industrialización y la identificación del colectivo con los colores de un club. La industrialización acrecentó las diferencias, especialmente en las condiciones de vida, entre las clases trabajadoras y las más acomodadas. El proletariado, mal pagado y explotado, apenas ganaba para malvivir, a veces sin cubrir las necesidades más elementales. Bajo esas premisas el fútbol se fusionó con la gente de tal manera que, aunque no solucionaba sus verdaderos problemas, sí extendía por todos los rincones de la población un sentimiento unitario y una identificación en un mismo objetivo: el equipo representativo de la ciudad o del barrio. Era así que el éxito deportivo de los jugadores era motivo de alegría de todos, aliviando la penosa realidad en que vivían.

Fueron los propietarios de las fábricas, también contagiados de esos sentimientos, los que empezaron a dar cierto trato de favor a sus obreros-jugadores y con la aparición de los sindicatos, el profesionalismo fue un hecho consumado ya que gracias a las cuotas se podía liberar a los compañeros para que entrenasen y se preparasen mejor para el próximo partido. Así nació el fútbol profesional. Las compensaciones económicas no tardaron en dar un nivel de vida superior al que les correspondía como obreros y tanto la cotización como el prestigio de los deportistas trajo como consecuencia los traspasos y sentimientos encontrados: traición al club de origen, aspiraciones de mejorar y triunfar en la vida.

Frente a todo esto estaban los adinerados sureños de la zona de Londres. Procedentes del seno de las importantes universidades inglesas fundaron la Football Association en 1863. Consiguieron popularizar sus reglas siendo en 1872 cuando se jugó la primera final de la hoy prestigiosa FA Cup. Entonces se inscribieron 15 clubs, todos de la zona sur –Londres y alrededores, con la excepción de Queens Park de Glasgow-. La competición fue creciendo en el número de participantes y extendiéndose geográficamente. En la edición 1873/74 ya entró el Sheffield FC –el club de fútbol en activo más antiguo de la historia-. Y en la 1877/78 compitieron equipos de la zona industrial de Lancashire tales como el Manchester RC y Darwen FC, el equipo representante de una pequeña ciudad próxima a Blackpool. Estas incorporaciones darían el espaldarazo definitivo al fútbol en su disputa con el rugby por ganar la supremacía deportiva en Inglaterra.

La entonces elitista Football Association se consideraba dueña del fútbol y lo definía como un deporte de caballeros, en una combinación de fuerza, inteligencia y táctica junto a la nobleza que exigía la deportividad. El profesionalismo aparecía como una grave amenaza para estos valores, tomando el ejemplo de lo sucedido con el cricket, donde el dinero desequilibraba el potencial de los participantes y corrompía el espíritu de la competición al repartir beneficios materiales cuando el objetivo era la satisfacción moral de la victoria.

Es en la temporada 1878/79 cuando empieza Un juego de Caballeros, justo en las vísperas de la eliminatoria entre el Old Etonians FC –un club formado por antiguos alumnos del Eton College- y el Darwen FC, cuyos jugadores son obreros de una fábrica de tejidos local acuciada por la caída del precio del algodón. Para la población es todo un acontecimiento la marcha del conjunto pues ha alcanzado la quinta ronda de la FA Cup, tras eliminar a Eagley FC de la norteña Bolton y a los londinenses del Remnants FC.

James Walsh, propietario de la fábrica y presidente del club, ha tenido una brillante idea: contratar a dos jugadores del equipo escocés Partick FC de la zona de Glasgow, club que había recorrido la región de Lancashire un año antes jugando partidos de exhibición. Fergus Suter y Jimmy Love se incorporan al Darwen FC y se convierten en los verdaderos héroes tras jugar dos partidos a muerte contra los favoritos, encuentros no faltos de polémica ya que los amateurs aplicaban el reglamento a su conveniencia. Eliminado el Darwen FC, en esa edición de la FA Cup se proclamaría campeón el Old Etonians, capitaneado por Arthur Kinnaird, quien años después sería presidente de la Football Association.

Las consecuencias de ese partido sostienen la trama de la serie que refleja las aspiraciones individuales de cada personaje y las de la comunidad, con sus dilemas éticos y morales. Con la intención de no desvelar más detalles del argumento de la serie, por si algún lector desea verla, solo señalaremos que a partir de ese momento Fergus Suter, movido por su pasión por el fútbol, tendrá como principal objetivo en su vida ganar la FA Cup, así como para el resto de su gente recibir un reconocimiento, ganarse el respeto y hacerse un sitio en el mundo de este deporte.

(Continuar leyendo si se ha visto la serie completa)

ENTRE LA FICCIÓN Y LA REALIDAD

Como ya hemos dicho, la ficción solo aspira a ser verosímil y no tiene que ajustarse estrechamente a unos hechos concretos. Los guionistas son libres para recurrir a cualquier licencia porque su objetivo es entretener, además de transmitir un mensaje. Y aquí lo consiguen. Demos, pues, un repaso a la verdadera historia, a los hechos documentados que no dejan de ser atractivos. Llegado el caso, haremos alguna referencia del episodio en que se refleja en la serie.

En efecto, Fergus Suter (21 de noviembre de 1857 – 31 de julio de 1916) es considerado como el primer futbolista profesional de la historia. Se ganaba la vida como albañil en su natal Glasgow. Allí jugó entre 1876 y 1878 en el Partick FC, un club de segunda línea muy inferior al Queens Park, Vale Of Leven o Rangers, conjuntos que aportaban a sus mejores jugadores a la selección escocesa. El historiador Andy Mitchell resalta que uno de los fundadores del Partick FC en 1875, era William Kirkham, originario de Darwen y especializado en tintes dentro de la industria textil. De ahí que muy pronto el Partick FC organizara sus excursiones por el norte de Inglaterra.

Por entonces, el fútbol escocés había desarrollado el pase y ajustado la táctica a esta innovación técnica sobre el terreno de juego. Era un recurso desconocido para los ingleses que movían más sus piezas en bloque de una forma más parecida al rugby. Gracias a esta novedad Escocia llevaba derrotando a Inglaterra durante tres años consecutivos:

04/03/1876    Glasgow        Escocia – Inglaterra  3-0

03/03/1877    Londres        Inglaterra – Escocia  1-3

02/03/1878    Glasgow        Escocia – Inglaterra  7-2

El Partick FC, como ya hemos dicho, se convirtió en un visitante asiduo por Lancashire entre 1876 y 1879, mostrándose muy superior a los equipos locales. Entre otros resultados destacan dos partidos:

1 enero 1879: Darwen, 0; Partick, 7.
2 enero 1879: Blackburn Rovers, 2; Partick, 4.

Muy probablemente esos partidos sirvieron de escaparate para que se gestase en la mente de James Walsh, el presidente del Darwen, la idea de contratar a uno de los jugadores más destacados del Partick, máxime cuando su equipo estaba a punto de enfrentarse a uno de los favoritos para ganar la FA Cup.

Hay que señalar que el Darwen Cricket and Football Club ya contaba con jugadores profesionales de cricket que, al uso de la época, también practicaban el fútbol, aunque como amateurs. Entre ellos figuraba Tommy Marshall–en la serie pasa cedido al Blackburn como sustituto del lesionado Jimmy Love-, quien era además destacado atleta en los circuitos profesionales del país. En 1880 Marshall tuvo el honor de formar en la selección inglesa.

Por lo tanto la oferta de Walsh a Suter no era tan original como parece. Solo se estaba proyectando sobre el fútbol la fórmula que funcionaba en el cricket. Fergus Suter aceptó la propuesta, muy probablemente alentado porque otros compañeros del Partick ya se habían trasladado a Darwen, entre ellos Jimmy Love, posiblemente por unas mejores condiciones laborales que ofrecía la industria textil. Aprovechamos para señalar que el papel de Jimmy Love en la serie es totalmente ficticio porque ni pasó al Blackburn ni se tiene noticias del motivo exacto por el cual dejó el fútbol –más abajo explicamos los que se sabe del histórico Jimmy Love-.

El debut de Suter con el Darwen fue, ya reseñado, contra el Old Etonians. En el primer partido se produjo un épico 5-5, pues el equipo de trabajadores llegó a igualar un 5-1 adverso con el que se había llegado al descanso. Jimmy Love marcó dos goles en ese partido. El desempate, omitido en la serie acabó en tablas 2-2, por lo que fue necesario un tercer partido donde ya el Old Etonians se impuso por 6-2. El juego al estilo escocés desconcertó al Old Etonians, mejor conjuntado y preparado. Eso les obligó a emplearse a fondo para derrotar al sorprendente equipo de Lancashire. En la ficción el capitán del Old Etonians, introduciendo modificaciones tácticas, decide marcar de cerca, sin renunciar a jugadas violentas, a Suter para que no pueda hacer su juego. Esa derrota no impidió que el pueblo de Darwen festejase como un éxito el haber complicado tanto el triunfo al mejor conjunto inglés del momento.

Era la primera vez que un equipo de trabajadores comprometía la supervivencia de un club de la elite. Este hecho se ofrece en el serial como el choque entre el fútbol primitivo y el fútbol moderno. Los partidarios del amateurismo esconden bajo los valores de la honestidad y la deportividad su temor a perder el control sobre el juego y cederlo a manos de gente capaz de venderse por dinero. No contemplan que ese dinero procede de las ilusiones de una clase trabajadora oprimida, que aúna ilusiones en un equipo con el que comparte la alegría del triunfo.

En realidad esa eliminatoria entre el Old Etonians y el Darwen fue un hito, no solo por la presencia de un jugador que cobraba, sino que se confirmaba que el fútbol se empezaba a descentralizar. Porque el Darwen además era un miembro destacado de la recién constituida Lancashire Football Association, nacida en el seno de una sociedad que vivía y pensaba bajo las difíciles condiciones de la industrialización del s. XIX.

Aprovechando la gran popularidad del fútbol fue en Blackpool donde se consolidó la idea de formar por primera vez un equipo plenamente profesional financiado a partir de la venta de entradas. Un trato de favor para los jugadores que eran remunerados muy por encima del salario que hubiesen percibido como obreros.

En verano de 1880 Fergus Suter no se resistió ante la propuesta del Blackburn Rovers –en la serie Blackburn FC- y aceptó cambiar de equipo. Los periódicos de la época se hicieron eco del primer traspaso compensado entre clubs por un jugador, así como de la repercusión social que tuvo, pues en Darwen no le perdonaron tal traición. Estos hechos quedan reflejados en el serial donde además de un juego violento –en este capítulo se produce la ya comentada grave lesión de Jimmy Love- también se apunta una rivalidad entre los partidarios de uno y otro equipo que acaba en una pelea campal en las gradas.

Estos incidentes no pasaron desapercibidos, tanto la facilidad de cambio de club por parte de los jugadores como la violencia de sus seguidores, lo que llevó a una reunión polémica de la directiva de la Football Association que decidió la suspensión de los equipos profesionales. Esta decisión fue revocada ya que no tenía base en su reglamento: propiamente no se hacía mención al profesionalismo y, por lo tanto no estaba prohibido expresamente, y, además, los incidentes no se habían producido en un partido oficial de la FA Cup, por lo que se escapaban de su jurisdicción. En la serie se focaliza todo en torno al Blackburn FC al que a vísperas de la final se le sanciona por aquellos actos violentos, pero se revoca la decisión, (entre medio en el relato televisivo Suter y Kinnaird mantienen una ficticia conversación de jugador a jugador en la que se exponen los ideales del vejo fútbol amateur y el fútbol moderno con su inevitable profesionalismo) ante el plante que presentaron los equipos del norte industrial ya bajo el paraguas de la Lancashire FA. El profesionalismo era imposible de detener y la Football Association acabaría reconociéndolo oficialmente en 1885.

A partir de aquí el guion de televisión despacha la historia en un solo capítulo y en un solo partido, la final de la FA Cup entre el Old Etonians y el Blackburn FC –bajo este nombre aglutina en uno al Blackburn Olympic y al Blackburn Rovers, clubs totalmente independientes-, lo que en realidad aconteció en cuatro temporadas y varios equipos más. Un peaje pagado para hacer más comercial el producto que posiblemente no convenza al historiador, que hubiese preferido un relato más fidedigno.

Lo que en verdad sucedió fue que en la FA Cup de la temporada 1980/81 el Blackburn Rovers cayó eliminado en la segunda ronda por el Sheffield Wednesday mientras que el Darwen, ya sin Suter, hizo una excelente campaña: 8-0 al Brigg Town, 5-1 al Sheffield FC, 5-2 al Sheffield Wednesday, 15-0 al Romford para caer 4-1 en semifinales ante el Old Carthusians, equipo que acabaría proclamándose vencedor de la FA Cup al derrotar 1-0 en la final al Old Etonians. El Darwen contaba con tres jugadores internacionales con Inglaterra: Thomas Brindle y Tot Rostron junto al ya reseñado Tommy Marshall.

En la edición 1881/82 el Blackburn Rovers llegó a la final pero cayó derrotado por el Old Etonians por 1-0. Fergus Suter jugó de left back, defensa izquierdo.

Un año después, finalmente, un equipo del norte logró imponerse. Fue el Blackburn Olympic, que derrotó al Old Etonians por 2-1 en la prórroga. En este partido se inspiró el guionista para dar punto final a la historia, aunque Suter no marcó ninguno de los dos goles por la sencilla razón de que no era jugador del Blackburn Olympic y por lo tanto no participó. Desde esta temporada ya nunca más vencería la FA Cup un equipo aficionado.

Pero la historia de Fergus Suter no acabó aquí. Finalmente vio materializado su sueño al año siguiente, en la temporada 1883/84, con un Kennington Oval londinense abarrotado con 12.000 espectadores, cuando el Blackburn Rovers se alzó por primera vez con la FA Cup tras derrotar por 2-1 al Queens Park de Glasgow. Una victoria con muchísimo mérito ya que el conjunto escocés era prácticamente la base de la selección de su país. El Blackburn Rovers revalidó el título en 1885 -2-0 al Queens Park de Glasgow- y 1886 -2-0, tras 0-0 al West Bromwich Albion- siendo Fergus Suter junto con Herby Arthur, Hugh McIntyre, Jimmy Forrest, Jimmy Douglas, James Brown y Joe Sowerbutts los jugadores que alcanzaron el honor de ganar esta competición en tres temporadas consecutivas. Fergus Suter continuaría su carrera como profesional en el Blackburn Rovers hasta la temporada 1888/89, cuando se disputó la primera liga profesional de la historia del fútbol. En esa primera edición de la Liga Suter solo jugó un partido y lo hizo sustituyendo al portero Herby Arthur.

Y hemos dejado a modo de anexo al Jimmy Love histórico y documentado que no tiene que ver mucho con el personaje que actúa en la serie. Simplemente se convierte en un elemento más de apoyo a la narración central para acentuar la nobleza de Suter que es consciente del daño que provoca en Darwen marchándose, la poca comprensión que recibe en un principio, pero que al final se impone la lealtad y la profunda amistad habida entre los dos. La grave lesión de Love –es provocada por una dura entrada en un partido-, como hemos dicho nada documentada, también sirve para mostrar la rivalidad visceral entre los dos equipos y el trato de favor que reciben los nuevos profesionales –el club costea las atenciones médicas del jugador-. Lo que sí sabemos es que Love llegó antes que Suter al Darwen y dejó de jugar por motivos desconocidos en 1879. El historiador británico Andy Mitchell aporta una extraordinaria documentación sobre Jimmy Love tras dejar Darwen: se alistó en 1880 con los Royal Marines. En 1882 fue movilizado a Egipto, donde intervino en varias operaciones militares. Falleció en Ismailía (Egipto) como consecuencia de unas fiebres.

UN JUEGO DE CABALLEROS – ficha técnica

Título: Un juego de caballeros

Título original: The English Game

Reparto:

Edward Holcroft Arthur Kinnaird Capitán del Old Etonians FC
Kevin Guthrie Fergus Suter Jugador profesional
Charlotte Hope Margaret Alma Kinnaird Esposa de Arthur Kinnaird
Niamh Walsh Martha Almond Novia de Fergus Suter
Craig Parkinson James Walsh Presidente del Darwen FC
James Harkness Jimmy Love Compañero de Suter
Ben Batt John Cartwright Presidente del Blackpool FC
Gerard Kearns Tommy Marshall Jugador del Darwen FC
Henry Lloyd-Hughes Alfred Lyttelton Jugador del Old Etonians FC
Kerrie Hayes Doris Platt Esposa de Jimmy Love

 

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