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RESUMEN:

Quizá sorprenda a algunos la distinción que hago entre campos y estadios; actualmente la diferencia entre unos y otros radica en que los estadios son campos con gradas, pero hasta hace unos cincuenta años la diferencia entre ambos estribaba en que el estadio era un recinto deportivo con pistas de atletismo alrededor, independientemente de sus

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Etimología (II): campos y estadios

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Quizá sorprenda a algunos la distinción que hago entre campos y estadios; actualmente la diferencia entre unos y otros radica en que los estadios son campos con gradas, pero hasta hace unos cincuenta años la diferencia entre ambos estribaba en que el estadio era un recinto deportivo con pistas de atletismo alrededor, independientemente de sus gradas. Esa diferencia estaba tan marcada que, antes de la guerra, el campo del Athletic de Madrid no tenía nombre, y era conocido como Stadium (que posteriormente fue llamado Metropolitano), porque era el único que había en Madrid, dado que todos los demás recintos en los que se jugaba al fútbol eran simplemente campos. Fuera como fuera, hoy no mantenemos la diferencia, pero de mantenerla Anoeta sería un estadio y el Bernabeu un campo. En todo caso lo que no debemos hacer nunca es llamar estadios (como se lee y oye en ocasiones) a los primeros lugares en los que se jugó al fútbol, que no eran más que pequeños campos sin pistas de atletismo y sin apenas gradas.

 El español ‘campo’ procede del latín ‘campus’, que parece ser palabra de origen rural, quizá pre latina, cuyo significado original era el de «llanura», y que pronto pasó a designar al campo de batalla. De hecho en español tenemos algunas palabras derivadas de ‘campo’ propias del lenguaje militar, como ‘campear’, que significa «salir el ejército a combatir en campo raso», «estar en campaña militar», «correr o reconocer con tropas el campo para ver si hay en él enemigos» y «tremolar banderas o estandartes». En este mismo sentido, sabemos que el que destaca en la batalla es ‘campeador’, y que cuando una batalla es muy notable, se dice que es ‘campal’. El germánico, por su lado, dio un paso más, y el alemán actual ‘Kampf’ significa «lucha», como escribió Hitler en su célebre Mein Kampf. También tienen que ver con el campo los ‘campeones’, palabra que del latín pasó al germánico, de éste al longobardo (lengua germánica hablada por las tribus que invadieron el norte de Italia en el siglo VI, de los cuales deriva el nombre de Lombardía < *Longobardía), y posteriormente al italiano, lengua de la que la tomó el castellano a principios del siglo XIV.

 Un estadio es por lo tanto un campo con gradas. La palabra es de origen griego (stádion), y era en aquella lengua una medida de longitud equivalente a 600 pies griegos o 625 romanos, unos 192 metros de los nuestros. Aparte de ello, era, claro, el lugar donde se realizaban carreras, e incluso podía llegar a designar a las mismas carreras si la palabra estaba en plural. Aunque no conocemos su etimología, sí es bien conocido su mito originario, que explica todos sus significados, y que entronca directamente con la creación de los Juegos Olímpicos.

Según Pausanias (geógrafo descriptor de Grecia, del siglo II a.C.) y Estrabón (el más célebre geógrafo de la antigüedad, a quien corresponde la gloria de haber sido el primero en describir la península Ibérica como una piel de toro, del siglo I a.C. y d.C.) presentaban como origen de los Juegos Olímpicos el siguiente mito. Los hermanos Dáctilos son los genios a los que Rea encargó proteger a su recién nacido Zeus. Ésta quería así ocultar al niño de la ira de su marido, Crono (el Saturno latino), quien, avisado de que un hijo suyo le destronaría, mató a todos, menos al menor, el que fue ocultado por Rea en la casa de los hermanos Dáctilos (recuérdese el célebre cuadro de Goya, «Saturno devorando a sus hijos»). El caso es que en una ocasión el hermano mayor entre aquellos, Heracles Ideo (que nada tiene que ver con el Heracles-Hércules famoso, hijo de Zeus), decidió entretener al joven Zeus con una carrera, para lo que fue poniendo un pie tras otro hasta llegar a 600, completando la distancia a la que llamaron ‘stádion’. Conservando esa longitud y componiendo un rectángulo de una anchura de la tercera parte, completaron el ‘stádion’ como recinto en el que se disputarían las carreras. La superficie acotada se denominó ‘arena’.

Por terminar con la historia, cuando Zeus fue mayor, destronó y mató a su padre, resucitó a sus hermanos y otorgó a Heracles Ideo la gracia que le solicitó: unos juegos periódicos en honor del dios y cuyo premio fuera una rama de olivo o una hoja de palmera. Ese es el origen de líricas expresiones que a veces se oyen, como «levantó la palma de la victoria» y similares, así como de la palabra ‘palmarés’, que no es sino el conjunto de palmas que ha conseguido un individuo o un equipo.

 Decíamos arriba que la superficie interior de un estadio se denominaba ‘arena’, que resulta ser un tercer modo de designar a los campos de juego, que es utilizado actualmente en inglés y que a través de esa lengua ha sido extendida a otras. Lo encontramos en casos tan célebres como en el modernísimo Amsterdam Arena. Respecto a la palabra, nos resulta una vez más muy oscura. Asumida por el castellano del latín, se le postula un origen etrusco, y su más antigua grafía era con hache y ese, ‘hasena’. La palabra que designaba la misma realidad que en español, se especializó en el lenguaje del circo (recinto en el que se hacían las carreras de cuadrigas), en que designaba el lugar que tenía arena. También se conoció en ocasiones a los gladiadores (que luchaban en el anfiteatro) como ‘arenarius’, que sería nuestro ‘arenero’. Por último las ‘arenae’ en plural podían designar al desierto. En francés actual, donde a la arena la llaman ‘sable’ (del latín ‘sabulum’, «grava»), toman los otros significados, y llaman así ‘arène’ a la palestra, como hacemos en español y al desierto, y ‘arène taurom’ a nuestros castizos ruedos taurinos.

En conclusión, dos de las palabras con las que designamos recintos deportivos en los que jugamos al fútbol, ‘estadio’ y ‘arena’, provienen directamente del ámbito deportivo y en él se han mantenido hasta nuestros días, mientras que el ‘campo’ pasó de la agricultura a la guerra, hasta llegar al deporte. Siempre guerra y deporte…

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Presidente del CIHEFE

Publicado en: General