RESUMEN:

Artículo de investigación histórica sobre la participación española en el Mundial de fútbol juvenil disputado en Japón en 1979.

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España en los mundiales sub’20: Japón 1979

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A pesar de todas las dificultades y dudas surgidas en torno a la creación de los campeonatos mundiales juveniles, para cuando el balón dejó de rodar en Túnez casi todo el mundo había asumido ya que el proyecto de Havelange era, en general, una buena idea. Así lo demuestra el hecho de que la FIFA tenía entonces sobre la mesa nada menos que seis candidaturas para albergar la edición de 1979: las de Estados Unidos, Irán, Australia, Japón, Uruguay y Países Bajos. El caso del país europeo era especialmente significativo, ya que la federación neerlandesa era una de las que había respondido negativamente a la invitación inicial que la FIFA había hecho a sus miembros para participar en la primera edición. Dos años después, Países Bajos no sólo quería jugar el torneo, sino que pretendía organizarlo. Su candidatura, sin embargo, tenía poco que hacer en esa carrera, porque la FIFA pretendía seguir llevando su torneo juvenil a países donde el fútbol estuviera prácticamente en pañales.

Eso sí: esta vez también se querían evitar los problemas sufridos en Túnez, así que las propuestas de Japón, Australia y Estados Unidos parecían partir con cierta ventaja, pues eran países desarrollados, con buenas infraestructuras deportivas y hoteleras y capaces de captar más patrocinadores y televisiones para la causa. Finalmente, el 14 de enero de 1978, un día antes del sorteo de la fase de grupos del Mundial de Argentina, el Comité Ejecutivo de la FIFA eligió a Japón como sede del segundo “Torneo Mundial de Juveniles por la Copa Coca-Cola”, que además ampliaba su rango de edad y se abría a jugadores menores de 20 años (se permitió la participación de futbolistas nacidos a partir del 1 de agosto de 1959). Entonces era difícil adivinarlo pero, tras el experimento sub’19 de Túnez 1977, aquel campeonato se acabaría convirtiendo en el espaldarazo definitivo que consagraría a los Mundiales juveniles como un torneo de referencia en todo el planeta.

Y todo porque el país del Sol Naciente alumbró el nacimiento de la que sería la estrella más brillante del firmamento futbolístico durante los siguientes quince años: un pibe argentino que, con el 10 a la espalda, quiso sacarse la espinita de no haber sido incluido en la escuadra definitiva para el Mundial absoluto del año anterior. Sin haber cumplido los diecinueve y con el mismísimo César Luis Menotti en el banquillo, Diego Armando Maradona Franco hizo y deshizo a su antojo para decirle al mundo (y al Flaco) que no había nadie mejor que él. Y el mundo lo vio y tomó nota y, desde entonces, los mundiales juveniles se convirtieron en una especie de dorada California de 1849 a la que aficionados y clubes comenzaron a acudir en masa para intentar descubrir al nuevo crack del futuro. El tiempo acabaría por confirmar que el oro puro suele escasear, pero no resulta descabellado afirmar que, con su deslumbrante actuación en Japón, Maradona hizo más por la promoción de estos campeonatos que Joao Havelange, Harry Cavan, Joseph Blatter (que en 1979 proseguía su meteórica ascensión y ya era secretario del comité organizador del torneo) y el resto de ejecutivos de la FIFA juntos.

Y, aunque su presencia en aquella edición no acabara pasando a la historia como la del “Pelusa”, España también estuvo allí. Tras cumplir el expediente ante Malta, a la que se derrotó por 2-0 tanto en la ida como en la vuelta de la eliminatoria previa, en mayo de 1978 la selección española juvenil disputó en Polonia la fase final del “Torneo de Naciones” de la UEFA (o Campeonato de Europa sub’18, como sería conocido a partir de 1981), que ponía en juego las seis plazas europeas para el Mundial sub’20 de Japón 1979. Encuadrada en el grupo D junto a la selección anfitriona, Inglaterra y Turquía, España debutó en la ciudad de Chorzow enfrentándose precisamente a Polonia, a la que venció por 1-2. El pase a semifinales, reservado únicamente al líder del grupo, parecía bien encarrilado tras superar al rival teóricamente más fuerte, aunque la posterior derrota por 1-0 a manos de una Inglaterra rocosa pero de paupérrimo nivel futbolístico dejó todo abierto para la última jornada.

En ella, los de Chus Pereda no pudieron pasar del empate a uno ante Turquía, en un duelo marcado según las crónicas por una actuación arbitral que parecía buscar un tropiezo hispano que favoreciera al equipo anfitrión. Hubiera o no esa intención, lo cierto es que finalmente fue Polonia quien encabezó el grupo y accedió a la siguiente ronda. España quedaba eliminada pero, al ser una de las mejores segundas, se ganaba el billete para el Mundial juvenil del año siguiente. También lograron plaza la URSS, que ganó el torneo, Yugoslavia (como subcampeón) y Polonia (por su tercera posición final). Hungría, como mejor segunda de los cuatro grupos, y Portugal, que se benefició de la renuncia de Escocia (que había acabado el torneo en cuarta posición), completarían la representación europea en Japón.

Entre ese “Torneo de Naciones” y el Mundial juvenil se produjo una importante novedad en la estructura de la Federación Española que marcaría el futuro más inmediato del fútbol patrio: tras el Mundial de Argentina 1978, José Emilio Santamaría, que a finales de los sesenta ya había sido seleccionador juvenil, se reincorporó a la federación que presidía Pablo Porta como coordinador de las selecciones nacionales. Su misión, además de entrenar puntualmente a la sub’21 (categoría recuperada por la UEFA en 1976), era supervisar tanto a Ladislao Kubala, seleccionador absoluto, como a Chus Pereda, encargado de la selección juvenil, con el objetivo de coordinar su trabajo con vistas a formar un bloque competitivo para el Mundial 82. En el aspecto formativo, la idea de Santamaría era renovar casi por completo las estructuras del fútbol base nacional, para lo cual se rodeó de un comité técnico integrado por Luis Molowny, Vicente Miera, Miguel Muñoz, José Luis García Traid o Koldo Aguirre, entre otros entrenadores de prestigio, que servirían de enlace entre la Federación y los clubes españoles.

Sin embargo, las funciones de este nuevo cargo no fueron muy bien entendidas ni por prensa ni, en ocasiones, por los propios seleccionadores. Aunque Santamaría intentaba desligarse de las cuestiones puramente técnicas y de todo lo relacionado con la absoluta, su constante presencia como responsable superior del seleccionador de turno (ya fuera acompañando a los equipos, participando en los entrenamientos, encargándose de las ruedas de prensa o, incluso, asumiendo en ocasiones la dirección desde el banquillo) despertaba siempre la duda sobre quién tomaba realmente las decisiones. La situación se resolvería en 1980, cuando Santamaría sustituyó a Kubala al frente de la absoluta y todo el mundo tuvo claro quién mandaba a partir de ese momento, pero la bicefalia dio pie a más de un momento engorroso durante el Mundial juvenil de 1979, como cuando un molesto Pereda, teórico seleccionador, le comentó al enviado especial de El Mundo Deportivo que las preguntas sobre la alineación se las hiciera al hispano-uruguayo, jefe de la delegación española.

En cualquier caso, la labor de dirección de Santamaría sí se notó claramente (y para bien) en la preparación de los equipos de base. Desde su llegada al cargo se multiplicaron las concentraciones, amistosos y participaciones en torneos en todas las categorías con respecto a años anteriores y, aunque luego no siempre se lograra el objetivo de clasificación para las fases finales, sí se notaba una planificación más cuidada. En el caso que nos ocupa, el tándem Pereda-Santamaría pudo reunir a los jugadores con los que contaba para la cita nipona con cierta asiduidad durante la temporada 78/79, organizando varios encuentros entre las selecciones juvenil y sub’21 y disputando además tres amistosos: uno en marzo, en Pamplona, frente a la URSS (0-1), otro en mayo, en Cáceres, contra Portugal (1-0) y un último en junio, en Cádiz, frente a la República Federal de Alemania (0-4). Si bien los resultados no acompañaron del todo, al menos se realizó un importante trabajo de cohesión del grupo y se hicieron pruebas con los candidatos a formar parte del equipo.

Las diferencias con respecto a la preparación específica realizada de cara al Mundial juvenil de Túnez también fueron más que notables. El torneo de Japón arrancaba a finales de agosto de 1979, de modo que los chavales se incorporarían a la disciplina de la selección tras casi dos meses de vacaciones, ya que las fechas previstas para iniciar la concentración coincidían con el arranque de la pretemporada de muchos equipos. Antes de decidir la lista definitiva de convocados los técnicos se ocuparon, por ejemplo, de conocer la disponibilidad de los futbolistas en relación al servicio militar: no querían que la preparación se viera enturbiada por problemas con los permisos que impidieran a algún jugador acudir a los entrenamientos u obligaran a llamar a sustitutos fuera de forma. Así, esta vez nadie que estuviera realizando la “mili” fue llamado a filas por la selección juvenil. El 18 de julio se dio a conocer la convocatoria y el 7 de agosto, tras un par de sesiones de entrenamiento en Madrid, los jugadores viajaron a Barcelona, cuyo clima estival se asemejaba bastante, en cuanto a calor y humedad, al que probablemente se encontraría el equipo en Japón, y donde no habría dificultades para concertar amistosos contra clubes que estuvieran realizando su propia pretemporada.

Detalle de la portada del diario “Marca” del día 7 de agosto de 1979.

Detalle de la portada del diario “Marca” del día 7 de agosto de 1979.

En apenas una semana, entre entrenamiento y entrenamiento, la selección juvenil se enfrentó al Barcelona Atlético (con derrota por 3-1), al primer equipo del Barcelona (derrota también por 3-1 en partido disputado en el Camp Nou a la atípica hora de las nueve y media de la mañana), al Terrasa (0-0) y al primer equipo del Español (2-2). Nuevamente las comparaciones con la preparación para Túnez 1977, cuando en doce días sólo se había podido jugar un amistoso contra el Rayo Vallecano, eran más que positivas. La concentración fue altamente satisfactoria y la selección dejó Cataluña con buen sabor de boca: no se habían producido bajas, la progresión física y táctica de los juveniles era clara y el buen nivel del equipo sorprendió a sus rivales profesionales, por lo que aumentó el optimismo sobre el papel que España podría hacer en el Mundial.

Como anécdota, cabe señalar el itinerario elegido por España para viajar a Japón, especialmente extraño visto con ojos de hoy aunque justificado entonces por las restricciones del espacio aéreo soviético. Para llegar al lejano oriente la expedición española tuvo que poner primero rumbo al norte, luego al sur y después al oeste: de Madrid a Ámsterdam, de Ámsterdam a Anchorage (Alaska) atravesando el polo norte, y de Anchorage a Tokio para llegar por fin a tierras niponas el 20 de agosto. Más de veinticuatro horas de viaje, entre vuelo y escalas, convertidas en casi cuarenta y ocho por haber cruzado durante el largo periplo la línea internacional de cambio de fecha. Por fortuna, los cinco días que faltaban para el primer partido fueron suficientes para que los jugadores se recuperaran de la fatiga del viaje.

Estos fueron los futbolistas elegidos por Santamaría y Pereda para disputar el campeonato juvenil de Japón 1979:

Pos.

Nombre Fecha Nac. Club

1

P

AGUSTÍN Rodríguez Santiago 10/09/1959 Real Madrid

2

DF

Arseni COMAS Juliá 28/06/1961 Barcelona

3

DF

Miguel TENDILLO Belenguer 01/02/1961 Valencia

4

DF

José Manuel Martínez Toral, “MANOLO 29/10/1960 Barcelona

5

DF

Francisco Manuel García Padial, “FRANCIS 09/02/1960 Granada

6

MC

Agustín CAMACHO Bayo 19/03/1960 Almería

7

MC

Antonio Vargas Quijada, “BIRI 14/09/1959 Algeciras

8

DF

Francisco Enrique MUÑOZ PÉREZ 12/05/1960 Málaga

9

MC

Antonio Pérez Ayllón, “MARCELINO 10/04/1960 Barcelona

10

MC

Manuel ZÚÑIGA Fernández 19/06/1960 Calvo Sotelo

11

MC

Manuel Jesús ZAMBRANO Díaz 08/03/1960 Recreativo de Huelva

12

MC

Luis Miguel GAIL Martín 23/02/1961 Valladolid

13

P

Andoni CEDRÚN Ibarra 05/06/1960 Athletic de Bilbao

14

MC

Luis Enrique MARIÁN Díez 19/12/1959 Rayo Vallecano

15

DL

José JOAQUÍN Pichardo Fernández 12/08/1959 Sevilla

16

DL

MARCOS Alonso Peña 01/10/1959 Racing de Santander

17

DL

Juan Carlos Pérez ROJO 17/11/1959 Barcelona

18

DL

MODESTO Pérez Moreno 07/11/1959 Getafe

Muchos habían sido habituales en Segunda durante la campaña anterior y algunos, como Marcos o Marián, lo eran ya en Primera (de hecho Marcos Alonso ficharía por el Atlético durante aquel mes de agosto), categoría en la que también habían debutado Tendillo, Zambrano o Manolo. Casi todos los convocados tendrían luego una larga carrera profesional en estas dos categorías, aunque sólo Tendillo (Valencia, Murcia, Real Madrid, Burgos) y Marcos Alonso (Racing, Atlético de Madrid, Barcelona) llegarían a debutar con la selección absoluta. Junto a ellos, también se mantuvieron muchos años al más alto nivel los porteros Agustín Rodríguez (Real Madrid, Tenerife) y Andoni Cedrún (Athletic, Cádiz, Zaragoza, Logroñés), los defensas Manolo (Barcelona, Murcia) y Muñoz Pérez (Málaga, Valencia, Real Madrid) o los centrocampistas Manolo Zúñiga (Español, Sevilla, Sabadell), Luis Miguel Gail (Valladolid, Betis), Manolo Zambrano (Recreativo, Sevilla, Málaga, Celta, Murcia) y Luis Enrique Marián (Rayo, Atlético de Madrid, Celta), aunque no todos con la misma trascendencia. Otros, como Camacho (Almería, Elche), Biri (Algeciras, Sevilla, Cartagena) o Francis (Granada, Betis) disfrutarían de menos oportunidades en la élite.

La Federación Española no era la única que había tomado nota de los fallos cometidos dos años antes. Corrigiendo parte de los errores de Túnez, en el Mundial sub’20 de Japón 1979 la FIFA mantuvo los cuatro grupos de cuatro equipos (repartidos en cuatro sedes) pero incluyó una ronda de cuartos de final, para la que se clasificarían los dos primeros de cada grupo. Así se intentaba que la emoción se prolongara a lo largo de las tres jornadas de la primera fase; sin embargo, la duración del campeonato no se alteró, de modo que la inclusión de esa ronda extra también hizo que el calendario se comprimiera, reduciéndose al mínimo el tiempo de descanso entre partidos: en la primera fase los equipos jugaban en días alternos y lo mismo ocurrió, tras un receso de cuarenta y ocho horas antes de los cuartos de final, durante las eliminatorias.

Tal vez por esa circunstancia, la FIFA mantuvo la duración de los encuentros en los ochenta minutos (con prórrogas de veinte en la fase eliminatoria) a pesar de que la mayoría de futbolistas ya estaban acostumbrados a jugar partidos de noventa minutos. En cualquier caso, varios entrenadores y jugadores se quejaron de la excesiva acumulación de partidos, pero el frenético formato se mantendría durante varias ediciones más. Y tampoco se modificaron los horarios para que los duelos de la tercera jornada se disputaran a la vez: a pesar de que ya habían ocurrido incidentes similares en torneos anteriores, tanto absolutos como juveniles, habría que esperar al vergonzoso Alemania-Austria de España’82 para que la FIFA cambiara por fin su obtusa mentalidad.

En cuanto a los equipos participantes, seis habían estado ya en Túnez 1977: España, la URSS, Hungría, Uruguay, Paraguay y México, aunque únicamente repetían presencia mundialista dos jugadores uruguayos: el portero Fernando Alvez y el atacante Rubén Paz. Del resto de selecciones destacaban especialmente las presencias de Canadá, Guinea e Indonesia, equipo este último invitado por la FIFA y la Confederación Asiática tras la renuncia por razones políticas primero de Irak (campeón juvenil asiático de 1978, en trofeo compartido con la República de Corea) y luego de Kuwait y la República Democrática Popular de Corea (esa Corea que no es república, ni democrática, ni popular), que habían acabado en tercera y cuarta posición de su campeonato continental. Por el contrario, Brasil fue la gran ausente en Japón: tras aquel fiasco, la canarinha no volvería a faltar a un Mundial juvenil hasta el de Turquía 2013.

Además, cada país participante aportaba un árbitro a la competición (salvo Guinea, cuyo colegiado no pudo acudir por razones de salud), completando el numeroso equipo arbitral seis trencillas de otras naciones y cinco asistentes nipones. Por parte española viajó a Japón el pacense, aunque criado en Madrid, Augusto Lamo Castillo, que acabaría dirigiendo dos partidos, entre ellos la semifinal que enfrentó a Argentina y Uruguay.

Este fue el resultado del sorteo de la primera fase:

GRUPO A (Tokio)

GRUPO B (Omiya)

GRUPO C (Kobe)

GRUPO D (Yokohama)

Japón

Polonia

Portugal

URSS

España

Yugoslavia

República de Corea

Hungría

México

Argentina

Paraguay

Uruguay

Argelia

Indonesia

Canadá

Guinea

Las ciudades de Omiya, actualmente integrada en Saitama, y Yokohama se encuentran situadas muy próximas a la capital nipona, de modo que los organizadores pudieron alojar en un mismo hotel de Tokio a los doce equipos que jugarían en esas sedes. Esto provocó más de un problema a la hora de coordinar los desplazamientos hasta los distintos campos de entrenamiento, debido al intenso tráfico de la megaurbe tokiota, aunque los partidos no se vieron afectados. En los primeros días, como en Túnez dos años antes, también hubo algún desajuste con las comidas, pero la atención fue exquisita, como corresponde a la cultura local, y el lujoso hotel Príncipe Takanawa dejó a todos más que satisfechos: la Argentina de Menotti, que se presentó en Japón alardeando de profesionalidad extrema y llegó a avisar de que se retiraría del torneo si la organización no respondía a sus exigentes expectativas, no tuvo motivos para cumplir su amenaza. En la sede de Kobe tampoco hubo incidencias reseñables.

Además, las instalaciones deportivas eran de primer nivel, incluyendo campos de césped artificial en varios centros de entrenamiento (campos que, de todas formas, no fueron del agrado de todos los combinados). Las televisiones ofrecieron los partidos para todo el mundo y, aunque la lluvia vació algún estadio, el público nipón acudió de forma muy numerosa a contemplar las evoluciones de los jóvenes protagonistas: los datos oficiales, bastante más creíbles que los registrados en Túnez, hablan de más de 300.000 espectadores en las gradas a lo largo de todo el campeonato. El torneo fue, en resumen, un enorme éxito organizativo.

EL CAMPEONATO

Alineación de España en el Mundial juvenil de Japón 1979, extraída del Informe Técnico oficial del torneo.

Alineación de España en el Mundial juvenil de Japón 1979, extraída del Informe Técnico oficial del torneo.

Como en Túnez, España había quedado encuadrada en el grupo A junto a la selección anfitriona y a México, completando esta vez la nómina de rivales la selección de Argelia. Del primer rival, Japón, se sabía que llevaba año y medio preparándose intensivamente para la cita y que se encontraba en una línea claramente ascendente: antes del verano había disputado un amistoso en Portugal en el que había derrotado sorprendentemente a la selección juvenil lusa, también mundialista. De modo que, aunque se sabían superiores, Pereda y Santamaría temían que la velocidad y el entusiasmo de los jóvenes nipones, apoyados por su público, pudieran poner en serios apuros a España.

Y lo cierto es que aquel 25 de agosto Japón salió con brío y durante los primeros compases de partido rondó con peligro la meta de Agustín, pero tras esos breves momentos de apuro la defensa hispana ganó en firmeza y poco a poco el duelo se fue equilibrando. Solventado el arreón inicial de los japoneses, España tuvo un par de oportunidades que amedrentaron a su rival, y al descanso se llegó con el marcador inalterado. El comienzo de la segunda parte fue calcado al del primer tiempo, con Japón volcándose sobre el área de España, pero los de Pereda ya habían aprendido a controlar los veloces ataques de los locales y pronto los centrocampistas españoles empezaron a imponer su mayor calidad técnica. Así, cumplido el cuarto de hora de la reanudación, una buena combinación entre Biri y Marcos Alonso acabó con un balón despejado por el portero nipón que Zúñiga, muy atento, envió a la red. El gol desactivó buena parte de la presión japonesa y España controló sin problemas el resto del partido, firmando su primera victoria del campeonato.

25/08/1979

Primera jornada del Grupo A.

JAPÓN

(0)

Yasuhito Suzuki; Yanagishita, Koshida, Nakamoto, Okimune; Tanaka, Ozaki, Kazama, Hashiratani (-70, Jun Suzuki); Mizunuma, Takahashi.

ESPAÑA

(1)

Agustín; Comas, Francis, Tendillo, Manolo; Camacho (-65, Marcelino), Biri, Zúñiga; Joaquín, Marcos, Rojo.

Goles

0-1 Zúñiga (ESP, min. 57).

Árbitro

Marjan Raus (YUG).

Tarjetas

Camacho (ESP, min. 5).

Estadio

Estadio Nacional (Tokio). 30.000 espectadores.

Nuevamente México aparecía en el camino español en la segunda jornada de un Mundial juvenil, pero esta vez las circunstancias eran muy distintas a las que rodearon el partido disputado en Túnez dos años antes. Si entonces ambos equipos llegaban con dos puntos y se jugaban el liderato del grupo, en Japón los mexicanos habían tropezado en la primera jornada con Argelia (1-1) y afrontaban el partido sabiendo que debían puntuar y esperar al resultado del otro choque del grupo para saber qué opciones reales de clasificación tendrían en la última jornada. Esta vez, además de la ventaja en la tabla, los españoles conocían mejor a la selección azteca: en su preparación se había enfrentado dos veces al Hércules, que realizaba una gira por tierras mexicanas, y el club alicantino había proporcionado informes de sus dos partidos.

El primero de ellos, saldado con victoria de los juveniles por 3-0, ya había puesto sobre aviso a los técnicos de la federación española, pero el bajón físico y futbolístico de México con respecto a aquel partido facilitó mucho las cosas. Después de más de cuarenta encuentros de preparación, la selección azteca llegó fundida a Tokio y acusó aún más que la española el calor, la humedad y la falta de descanso entre jornadas. Bien plantada sobre el campo con un 4-5-1 que devenía rápidamente en un 4-3-3 en ataque, España se adelantó pronto en el marcador gracias a un testarazo de Joaquín a la salida de un córner y dominó claramente hasta el descanso. Luego las fuerzas se igualaron, el centro del campo español perdió fuelle y México logró la igualada por medio de Mario Díaz, pero un libre directo magistralmente transformado por el vallisoletano Gail a quince minutos del final colocó el 2-1 que sería definitivo. La sólida defensa de España hizo el resto y, aunque México lo intentó, no se pasaron apuros para amarrar una victoria que clasificaba matemáticamente a los de Pereda y Santamaría para cuartos de final.

27/08/1979

Segunda jornada del Grupo A.

ESPAÑA

(2)

Agustín; Comas, Francis, Tendillo, Manolo; Camacho (-41, Marcelino), Biri, Zúñiga (-59, Gail); Joaquín, Marcos, Rojo.

MÉXICO

(1)

Aguilar; Pablo Luna, Guzmán, Trejo, Mora; Romero, Esquivel (-53, Hernández), Trujillo, Juan Antonio Luna; Mendiburu, Díaz.

Goles

1-0 Joaquín (ESP, min. 7); 1-1 Díaz (MEX, min. 55); 2-1 Gail (ESP, min. 66).

Árbitro

Jose Roberto Ramiz Wright (BRA).

Tarjetas

Zúñiga (ESP, min. desconocido); Romero (MEX, min. desconocido).

Estadio

Estadio Nacional (Tokio). 28.000 espectadores.

Con la clasificación ya en el bolsillo, los técnicos españoles introdujeron varias novedades en el once titular del tercer partido, todas de centro del campo hacia adelante, las líneas más irregulares durante los partidos anteriores y también las más castigadas físicamente por los esfuerzos realizados en el bochornoso estío japonés. Enfrente, una Argelia que sorprendía a propios y extraños con un juego ofensivo y atrevido que acabaría dándole réditos a nivel absoluto en los siguientes años (aunque ninguno de los componentes de esta selección juvenil que disputó el Mundial sub’20 de Japón 1979 fue después convocado para los Mundiales absolutos de 1982 y 1986). Con dos empates en dos jornadas, la selección norteafricana dependía de sí misma para alcanzar los cuartos de final y esa motivación extra fue clave en el devenir del encuentro.

En la primera parte sólo la defensa española rindió al nivel acostumbrado, que era altísimo, aunque nada pudo hacer ante el gran disparo con el que Bendjaballah sorprendió a Agustín al cuarto de hora. Los cambios de Pereda y Santamaría no aportaban la frescura deseada en el juego y Argelia contenía bien los deshilachados ataques de España, para disgusto de un público local que confiaba en una victoria hispana que diera opciones de clasificación a Japón. El panorama cambió tras el paso por los vestuarios y en la segunda parte los jugadores españoles sumaron una ocasión tras otra, pero todas ellas acabaron siendo malgastadas por la tripleta atacante. El juego era bueno pero el empate, que se veía cada vez más cercano, no acababa de llegar. Ya en el descuento, Gail fue claramente derribado dentro del área argelina y entonces, cuando todo el estadio pensaba que el árbitro indonesio había señalado la pena máxima, el colegiado recogió el balón y dio por finalizado el partido ante la incredulidad de todos los presentes. La actuación de Kosasih Kartadiredja, muy errática durante todo el encuentro y con el polémico remate del penalti no señalado, fue muy protestada por la delegación española, pero el resultado era ya inamovible.

29/08/1979

Tercera jornada del Grupo A.

ESPAÑA

(0)

Agustín; Comas, Francis, Tendillo, Manolo; Marcelino, Biri, Gail; Marián, Modesto, Zambrano.

ARGELIA

(1)

Rahmani; Chaibi, Belagoun, Djenadi, Chaib; Sebbar, Benameur, Menad, Kheloufi; Yahi, Bendjaballah.

Goles

0-1 Bendjaballah (ALG, min. 15).

Árbitro

Kosasih Kartadiredja (INA).

Tarjetas

Belagoun (ALG, min. desconocido).

Estadio

Estadio Nacional (Tokio). 20.000 espectadores.

La sorprendente y polémica victoria argelina dejaba el grupo resuelto, puesto que ni Japón ni México, que se enfrentaban a continuación, podrían llegar ya a los cuatro puntos que sumaban España y Argelia. Sin embargo, no todo estaba decidido, porque el marcador de 0-1 hacía que los dos clasificados estuvieran empatados también a goles anotados y encajados (tres a favor y dos en contra). Ante esa situación, el reglamento del torneo estipulaba la celebración de un sorteo para definir qué selección pasaría a cuartos de final como primera de grupo y cuál lo haría como segunda. En el horizonte, el cruce contra los dos primeros equipos del grupo B, Argentina y Polonia, que habían arrollado a la débil Indonesia y tampoco habían sufrido en exceso para derrotar a la subcampeona de Europa sub’18, Yugoslavia, una de las decepciones del torneo.

La albiceleste, probablemente la selección más fuerte del Mundial juvenil a tenor de lo visto hasta ese momento, era superior y había acabado liderando el grupo tras golear a los polacos en la tercera jornada, pero aún así muchos componentes de la expedición española querían que el azar les emparejara con Argentina. Había ganas de demostrar el verdadero nivel del equipo español en un enfrentamiento contra el mejor jugador del momento, Maradona, y el resto de sus compañeros, aunque en ese valiente deseo también subyacía la idea de que una derrota frente a los sudamericanos entraría dentro de lo previsible y, por tanto, nadie criticaría caer en cuartos ante los argentinos. Pero el sorteo, celebrado en la mañana del día 1 de septiembre, determinó que al día siguiente España debería jugar como líder del grupo A contra Polonia.

Se preveía por tanto un choque muy igualado y en el que el precedente más cercano, el del Europeo sub’18 del año pasado, era favorable a España, por lo que las expectativas de pasar a semifinales eran más elevadas. Por desgracia, no se cumplieron. Y eso a pesar de que las crónicas coinciden en señalar que aquella tarde España desplegó el mejor fútbol visto en todo el campeonato, mejor incluso que el realizado por Argentina, y que los chavales de Pereda y Santamaría protagonizaron el partido más brillante de una selección juvenil española en muchísimos años. Una auténtica exhibición que, por desgracia, adoleció de lo más importante: pegada.

Tras unos primeros minutos muy parejos, en los que Agustín tuvo que salvar su marco en alguna ocasión, España se hizo con el control del balón y comenzó a hilvanar numerosas jugadas de peligro. La tripleta ofensiva formada por Rojo, Marcos y Joaquín superaba una y otra vez a los defensas polacos y los centrocampistas españoles tampoco hallaban demasiada resistencia en sus pares. El juego desplegado por el conjunto hispano fue de mucha calidad y los enviados especiales de los diarios deportivos españoles apuntaron no menos de quince oportunidades claras de gol en sus libretas, pero los postes, la mala puntería y la extraordinaria actuación del portero Kazimierski, muy errático en otros partidos, evitaron que se anotara el más que merecido tanto de la victoria.

Se llegó así al tiempo extra, en el que España bajó algo el pistón pero aún tuvo alguna ocasión para desnivelar la balanza. Tampoco hubo fortuna en esos veinte minutos de prórroga y todo se decidió en los lanzamientos desde los once metros. Joaquín marró el primer penalti español y Polonia llegó con ventaja hasta el cuarto turno de disparo, cuando Agustín acertó a despejar el intento de Plasz y Zúñiga restableció la igualada. Por desgracia para España, Skrobowski transformó el quinto lanzamiento polaco y Tendillo, principal baluarte de la zaga y uno de los jugadores españoles más destacados del campeonato, se topó con Kazimierski, que atajó su centrado tiro y certificó el pase de Polonia a las semifinales.

02/09/1979

Cuartos de final.

ESPAÑA

(0)

Agustín; Comas, Francis, Tendillo, Manolo; Camacho (-41, Gail), Biri, Zúñiga; Joaquín, Marcos, Rojo.

POLONIA

(0)

Kazimierski; Jarosz, Gruzska, Krol, Skrobowski; Buncol, Buda (-75, Bajrys), Frankowski; Nowicki, Baran (-53, Chojnacki), Plasz.

Goles

—-

Tanda de penaltis

(3-4 POL)

0-1 Chojnacki (POL), 0-1 Joaquín (ESP), para Kazimierski; 0-2 Buncol (POL), 1-2 Gail (ESP); 1-3 Jarosz (POL), 2-3 Manolo (ESP); 2-3 Plasz (POL), para Agustín, 3-3 Zúñiga (ESP); 3-4 Skrobowski (POL), 3-4 Tendillo (ESP), para Kazimierski.

Árbitro

Jose Roberto Ramiz Wright (BRA).

Tarjetas

Frankowski (POL, min. 4 ET).

Estadio

Omiya Stadium (Omiya). 10.000 espectadores.

Repitiendo la consabida cantinela del “jugamos como nunca y perdimos como siempre” emprendía el largo regreso a casa una selección juvenil que mejoró el rendimiento y la imagen ofrecidos por sus predecesores en Túnez 1977 pero que volvió a dejar la amarga impresión de que tenía mimbres para, con algo más de trabajo y planificación, haber hecho algo más en el torneo. Al fin y al cabo, y pese a las mejoras introducidas por Santamaría, casi todas las demás selecciones habían tenido mucho más tiempo para preparar el torneo. Pero en realidad no era sólo una cuestión de tiempo de entrenamiento. A finales de los años setenta, también en el fútbol necesitaba España reformar sus estructuras y métodos de trabajo y por eso durante aquel verano la Federación había aprobado una nueva norma que obligaba a los equipos de Segunda, Segunda B y Tercera a alinear a dos jugadores sub’20 en cada partido.

Por desgracia, y como bien explicó D. José Ignacio Corcuera en su imprescindible artículo “La esperpéntica norma sub-20 de 1979”, publicado en el número 40 de estos Cuadernos de Fútbol, para cuando la selección juvenil aterrizó en nuestro país, recién comenzada la liga, ya se habían producido los primeros casos de incumplimiento que demostraban el nulo acierto de una medida que apenas sobreviviría un par de campañas. Y es que el problema tampoco estaba en ese último salto a los equipos profesionales (a pesar de que incluso Menotti dijera durante el torneo japonés que sí), sino que radicaba en toda la estructura formativa y en la implicación de clubes y Federación en el trabajo de cantera. Todavía harían falta varios años de tumbos y batacazos hasta dar con la senda adecuada.

Ya sin España, el campeonato del mundo juvenil de Japón 1979 prosiguió sin sorpresas reseñables: en los otros duelos de cuartos de final, Argentina aplastó a Argelia (5-0), la URSS superó a la correosa Paraguay en los penaltis tras igualar a dos tantos y Uruguay se deshizo por la mínima de Portugal en el tiempo extra. En unas semifinales de gran rivalidad y marcadas por la intensa lluvia, la URSS derrotó a Polonia por 1-0 y Argentina doblegó a Uruguay por 2-0, llegándose así a la final esperada por casi todos. El 7 de septiembre, pese a que la ordenada selección soviética se adelantó en el marcador al inicio de la segunda parte con un gran cabezazo de Ponomarev, la dupla formada por Diego Armando Maradona y Ramón Díaz tomó el mando de las operaciones y, con tres goles en el último cuarto de hora, Argentina remontó el partido para conseguir su primer título mundial juvenil.

Con veinte goles a favor y sólo dos en contra en seis partidos, la albiceleste reafirmaba en Japón su supremacía balompédica tan solo un año después de alzar la Copa del Mundo absoluta, y el país se echó a la calle aquella mañana casi como hiciera catorce meses atrás. En aquel equipo argentino figuraban hombres como Gabriel Humberto Calderón, de recordado paso por el Betis como jugador y entrenador, o Juan Alberto Barbas (Zaragoza), que fueron unos secundarios de lujo en el espectáculo ofensivo que coprotagonizaron estelarmente Maradona y Díaz. Diego recibió, cómo no, el Balón de Oro al mejor jugador del campeonato, con Ramón en tercera posición (el paraguayo Julio César Romero, “Romerito”, bien conocido por los aficionados barcelonistas, fue nombrado segundo mejor jugador). Además, el delantero de River Plate se llevó la Bota de Oro como máximo goleador gracias a sus ocho dianas, dos más que las conseguidas por la emergente estrella de Argentinos Juniors. Aparte de estos galardones, cortesía de Adidas, para la pareja argentina, en Japón se dio otro premio individual: la firma japonesa Seiko entregó un reloj de oro al soviético Yaroslav Dumanski por haber marcado el gol más madrugador del torneo, tanto conseguido a los dos minutos y veinte segundos del partido de cuartos de final contra Paraguay.

Fuente: www.vivadiego.com

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Pero es imposible cerrar un artículo sobre Japón 1979 sin detenerse una vez más en la figura de Maradona. Regates imposibles, arrancadas imparables, libres directos magistrales… Diego dejó para el recuerdo innumerables acciones espectaculares y definitivas, pero no sólo eso: el 10 de la albiceleste aparecía por todo el ancho del campo, muchas veces bajando incluso a recibir por delante de la defensa, para ordenar el juego de su equipo y desordenar, de paso, las defensas rivales, haciendo gala de una calidad técnica y una madurez futbolística impropias de su edad. Hacía ya un par de años que destacaba en Argentina, era internacional absoluto y su nombre sonaba con cierta fuerza también en Europa, pero aquel campeonato mundial televisado para todo el planeta fue la confirmación definitiva de que estábamos ante un verdadero fuera de serie.

A quien quiera ver con sus propios ojos el despliegue futbolístico de este talento sin par no le costará encontrar vídeos en Youtube con alguna de sus perlas en el campeonato; quien además quiera acercarse un poco más al torneo en sí puede repasar el programa “Conexión Vintage” de Televisión Española que, en diciembre de 2012, recuperó un documental sobre este Mundial sub’20 de Japón 1979 para ensalzar, cómo no, la actuación de Diego Armando Maradona: el genio que necesitaban los mundiales juveniles para terminar de convencer a los escépticos sobre su futuro.

http://blog.rtve.es/vintage/2012/12/episodio-7-mundial-sub20-de-jap%C3%B3n-1979.html

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Fuentes consultadas:

Martialay, Félix: “Todo sobre todas las selecciones” (2007), Ed. Librerías Deportivas Esteban Sanz.

www.fifa.com

www.bdfutbol.com

www.youtube.com

Hemerotecas y archivos digitales de los diarios ABC, El Mundo Deportivo, El País, Marca.

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