RESUMEN:

Tercera entrega de nuestro exhaustivo informe sobre la introducción y primeros pasos del fútbol en Asturias. La incipiente rivalidad entre los equipos y las repetidas confrontaciones, unido a la disputa por premios y trofeos de valor, desatan la polémica.

ETIQUETAS:

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ABSTRACT:

Keywords: Asturias, Football, Sunday Rest Law, Rivalry, Controversy, Prizes, Competition

Third installment of our comprehensive report about the introduction and first stages of football in Asturias. The incipient rivalry among teams confronting each other repeatedly, as well as the competition for valuable prizes and trophies, stir up controversy.

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La llegada del foot-ball a Asturias (III). La creciente rivalidad desata las primeras polémicas.

De
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Indudablemente los encuentros futbolísticos que los tres clubes asturianos habían protagonizado a lo largo de 1903 dejaron su impronta en la región. Considerados como auténticos espectáculos donde, como ya se ha indicado, acudía la flor y nata de la sociedad, no dejaron indiferente a las clases medias ni aún a las menos pudientes. Cuando el 20 de marzo de 1904 se enfrentaron en Gijón, en la explanada del Bibio, el cuadro local y el Foot-ball Club Ovetense el campo se hallaba abarrotado, dándose cita en el mismo todos los estratos sociales. La crónica del choque publicada en el diario El Comercio dejaba patente esta situación:

«El público constituido por lo más granado de la culta sociedad gijonesa ocupaba todas las sillas, rindiendo con ello el justo homenaje de simpatía que ha sabido despertar en nuestra villa la Sociedad organizadora del festejo. Las clases populares ocupaban todos los espacios que quedaron libres y aún los últimos sitios del espacioso campo se hallaban invadidos por curiosos, que presenciaban con verdadero entusiasmo los incidentes del juego«.         El novedoso sport había prendido en todas las capas sociales, sobre todo entre los más jóvenes, encantados de poder volcar sus energías en una actividad que les permitía competir entre ellos, organizarse, retar a sus rivales… Los grupos y pandillas empezarían a dirimir sus diferencias con un balón en lugar de a pedradas, algo habitual en aquellos tiempos. En la prensa gijonesa de ese mismo año encontramos divertidas anécdotas.

Equipo del Gijón Sport-Club que se impuso al team ovetense en el choque  inaugural de  la temporada futbolística en 1904. De pie: Manuel Hartasánchez, Eduardo Prendes y Adolfo Suárez Sánchez. Sentados: Gabriel Malet, Juan Alvargonzález, y Miguel González. En el suelo: Vicente Palacio, Vicente Sánchez, José Moré, Antonio de la Riva y Vicente Oliva.

Equipo del Gijón Sport-Club que se impuso al team ovetense en el choque inaugural de
la temporada futbolística en 1904. De pie: Manuel Hartasánchez, Eduardo Prendes y Adolfo Suárez Sánchez. Sentados: Gabriel Malet, Juan Alvargonzález, y Miguel González. En el suelo: Vicente Palacio, Vicente Sánchez, José Moré, Antonio de la Riva y Vicente Oliva.

En El Publicador se insertaba el siguiente suelto:

«¿También los chicos?

Pues señor, una partida de muchachos se propusieron jugar ayer tarde un match de foot ball en la calle de Jovellanos, pero se llegó un guardia municipal y haciéndose cargo del balón interrumpió el juego.

La pelota fue depositada en la inspección y aquí se presentaron los rapaces reclamándola; más en vista de que no se la daban, uno de los jugadores exclamó en tono de amenaza: «Dar no la darán, pero lo que es mañana se habla de ello en la sesión».

Y puede que tenga razón el chico. Tal vez haya algún concejal que esté dispuesto a reclamar la pelota».

Por su parte, El Comercio se hacía eco de otra peripecia:

«Esos chicos…

Cuando no en el foot ball, se entretienen en jugar a pedradas. Ello es que ya no se puede transitar tranquilamente por las calles más céntricas de la villa, pues se corre el riesgo de recibir o una patada de un footballista o una pedrada de un guerrillero.

(…) Poco después, otra cuadrilla de chicos, frente al edificio de telégrafos armó una partida de foot ball, que era una delicia para ellos y la desesperación de más de un transeúnte que se vio atropellado.»

Con toda seguridad en las principales ciudades de la región empezaban a darse situaciones similares. La práctica del juego por niños y adolescentes no tardó en impulsar la formación de nuevos conjuntos en la villa de Jovellanos. Así, Gijón Sport-Club creó una sección infantil de su equipo de fútbol, surgiendo al menos otras dos entidades: La Amistad y el Thunder-Sportive. También en la villa del Adelantado los alevines de futbolistas contaron con sus primeros equipos organizados. Al igual que su homólogo gijonés el Avilés Sport-Club formó su cuadro de chicos al tiempo que otra novel formación, la Sportiva Avilesina, daba sus primeros pasos. En la capital, como ya quedó indicado, los alumnos de primer y segundo curso de instituto constituían el once benjamín del Football Club Ovetense. En todos los casos sus integrantes, qué duda cabe, serían retoños de las familias más acomodadas, la alta burguesía y una incipiente clase media. Todavía faltaba algún tiempo (no demasiado) para que los hijos de las clases trabajadoras participaran en los mismos, aunque es seguro que en las playas, los prados y en las propias barriadas objetos más o menos esféricos corrían entre los pies, no siempre calzados, de la chavalería más humilde.

La subsistencia de muchas familias obligaba al trabajo de sus miembros más jóvenes.          Guajes en una galería de Mina Peña (The Oviedo Mercury Mines Ltd.), Mieres, 1910.        Fotografía de Rómulo Álvarez.  Colección del Muséu del Pueblu d’Asturies.

La subsistencia de muchas familias obligaba al trabajo de sus miembros más jóvenes.
Guajes en una galería de Mina Peña (The Oviedo Mercury Mines Ltd.), Mieres, 1910.
Fotografía de Rómulo Álvarez. Colección del Muséu del Pueblu d’Asturies.

Una circunstancia coyuntural vendría a impulsar de manera definitiva el fomento del sport entre las clases populares. La Ley del descanso dominical, aprobada por el Congreso de los Diputados el 3 de marzo de 1904, proporcionaría un tiempo de ocio semanal a las masas trabajadoras. Frente al «aburrimiento» generalizado que algunos, interesadamente, pronosticaban para la ciudadanía, esta conquista social, que recuperaba el «día del Señor» como reposo civil obligatorio, supuso un aliciente para la mayoría de la población. Cierto es que hubo quienes, faltos de inquietudes o expectativas, se vieron incapaces de gestionar la nueva situación volcando su tiempo en tascas y tabernas, pero a otros muchos esta licencia les permitió disfrutar de actividades recreativas de toda índole[1].

El deporte del balón iba extendiéndose a otros puntos de la geografía asturiana vehiculado siempre a través de las aulas, fundamentalmente a través de internados y centros educativos privados aunque la fecunda labor realizada por la extensión universitaria, con las colonias veraniegas para niños desfavorecidos en la playa de Salinas (Avilés) desde 1894, a las que acudían alumnos de las escuelas públicas de Oviedo, y en Laviana a partir de 1901, con escolares de dicho partido judicial además de los de Langreo y San Martín del Rey Aurelio, acercara la higiene física a los niños más “endebles, delicados y menesterosos” (de hecho se tomaban las medidas antropométricas de los «colonos» al comienzo y final de las mismas para comprobar la evolución corporal conseguida con el ejercicio y una buena alimentación). Los juegos de pelota debieron formar parte de las actividades recreativas ya desde principios del siglo XX.

Entre los centros de estudios privados cabe destacar al Seminario menor de Valdediós, el Colegio San Luis de Pravia, o el de la Inmaculada de Gijón. El patio del colegio de los Jesuitas se convertiría en uno de los puntos neurálgicos del fútbol en la ciudad, y ya en 1906 la prensa da cuenta de partidos formales disputados en dicho recinto. Los alumnos de estos y otros centros colaborarían decisivamente en la expansión del fútbol al regresar a sus lugares de origen durante las vacaciones de verano llevando consigo la semilla del balón. Reseñar como ejemplo lo consignado por Juan Martín Merino, «Juanele», en su Historia del Fútbol Asturiano referente a la introducción de este deporte en Laviana (con las salvedades de rigor con respecto a las fechas, siempre inciertas cuando se bucea en los recuerdos[2]):

La primera vez que se jugó al fútbol en Laviana, y posiblemente en Asturias, fue en el verano de 1900. Bernardo Zapico Menéndez-Valdés se encontraba estudiando el Bachillerato en el Colegio de los P.P. Jesuitas, en Gijón, y en junio, cuando comenzaron a regresar los estudiantes que se hallaban fuera de la Pola en colegios de enseñanza, el estudiante Bernardo llegó a la Pola con una novedad: los jesuitas habían traído unos balones de un juego que se practicaba en Inglaterra, pero que en España aún no se conocía, y a este estudiante se le ocurrió comprar un balón y traerlo para Laviana. Pronto se reunió con su amigo Luciano García Jove, que también había regresado de vacaciones a Laviana, pues se encontraba estudiando el Bachillerato en el Colegio de Valdediós. Le llevó a su casa para enseñárselo y contarle en qué consistía el juego ya que, en resumen, todo se reducía a intentar unos meter el balón por el espacio de una portería y otros en impedirlo, ganando el que lograra hacer pasar más balones. Comenzaron a llegar los estudiantes y, con algunos de la villa, se logró reunir a doce. En una vega, donde se hallaban unos Llerones[3], se reunían todas las tardes para jugar. Mucha gente iba a Los Llerones para ver cómo era el nuevo juego y, sobre todo, acudían muchos chiquillos. Para las fiestas de la Virgen de Otero se le solicitó al Alcalde que, en el programa de festejos que se preparaba, figurase un partido de fútbol. El Alcalde, por complacerlos, aceptó la propuesta y se fijó la fecha el 15 de agosto en Los Llerones de D. Bernardín Zapico, quien los cedió generosamente. Llegado ese día, la gente de la Pola comenzó a desplazarse al improvisado campo, ya que ansiaban presenciar un espectáculo que no conocían. El Sr. Alcalde felicitó a los dos equipos y para que al terminar fuesen a celebrar el festejo les entregó veinticinco pesetas terminado el juego. El público marchó muy satisfecho de aquel nuevo juego. Los dos equipos resolvieron, al terminar la fiesta, ir a merendar a La Chalana, a un merendero de un tal Colás, recién venido de Cuba. Se encargaron tortillas de patata, sidra abundante y el pan correspondiente. Terminada la merienda se pidió la cuenta y había un superávit de tres perronas (treinta céntimos). Como en aquel tiempo todavía no se había establecido la costumbre de dar propina decidieron darlo a los pobres. Así fue el primer partido de balón que se jugó en Asturias en el año 1900 por los antepasados del Titánico«[4].

El primero de mayo de 1904 se produjo el primer partido entre los dos Sport-Clubs. Avilesinos y gijoneses se habían medido con sus correligionarios de la capital pero aún no se habían enfrentado entre ellos. El escenario fue el campo de El Carnero, en la villa del Adelantado, que se inauguraba oficialmente para la ocasión. A las órdenes de Enrique Pérez Panizo, miembro de la entidad local, los equipos presentaron las siguientes formaciones:

Avilés Sport-Club: Javier Bustelo; Alas, Kopp; «Ralla», Manolo Revuelta, José García; Mario Maribona, Jesús Gutiérrez, Sabas Villamil, Pepín Quevedo, Policarpo Hevia (c.).

Gijón Sport-Club: Eduardo Prendes; Hartasánchez, A. Sánchez; Miguel González, Juan Alvargonzález, Malet; Riva, Vicente Oliva, Busquet, José Moré, Vicente Sánchez (c.).

El choque fue muy disputado, como casi todos los jugados en esta primera época, obteniendo los visitantes la victoria por la mínima diferencia merced a un tanto de José Moré.

Si hasta ahora diversas circunstancias (entre las que primó la climatología adversa) habían impedido que se vieran las caras con anterioridad, ambos conjuntos recuperarían con creces el tiempo perdido. Antes de finalizar el mes volvieron a encontrarse de nuevo, celebrando sendos partidos benéficos, uno en Avilés y el otro en Gijón, que resultaron todo un éxito. Si el 22 de mayo, en El Carnero, hubo una gran asistencia pese al mal tiempo con el fin de recaudar fondos para la Escuela-Asilo de niños desamparados, una semana después una multitud hacía lo propio en El Bibio con el fin de engrosar las arcas de la Cruz Roja. Más de siete mil personas se dieron cita en las 60 tribunas levantadas al efecto. Al descanso de ambos encuentros, como ya era costumbre, señoritas de las familias más distinguidas galardonaron a los contendientes con los habituales lazos de seda conmemorativos.

Una formación del cuadro avilesino en 1904. De arriba a abajo y de izquierda a derecha son: José Ibarra, Ramón Fernández-Arenas «Ralla», y Kopp. José García, Javier Bustelo y Manuel Revuelta. Sabas Villamil, Policarpo Hevia, Jesús Gutiérrez, José Quevedo y Enrique Pérez Panizo.

Una formación del cuadro avilesino en 1904. De arriba a abajo y de izquierda a derecha son: José
Ibarra, Ramón Fernández-Arenas «Ralla», y Kopp. José García, Javier Bustelo y Manuel Revuelta.
Sabas Villamil, Policarpo Hevia, Jesús Gutiérrez, José Quevedo y Enrique Pérez Panizo.

El fútbol, recién llegado y ya asentado como espectáculo de masas en la región, parecía discurrir por unos derroteros de sana deportividad, imperando la caballerosidad y las mejores intenciones. Al menos en cuanto a amistosos y partidos benéficos se refiere… porque desde el mismo momento en que se empezó a competir por premios o trofeos de cierto valor la crispación se adueñó del ambiente.

Serían principalmente autoridades y elementos de la realeza o la nobleza los primeros mecenas del sport, y en Asturias la prensa ofrece testimonios desde épocas muy tempranas. Ya en El Noroeste del 7 de junio de 1903 se había informado de la entrega de un valioso obsequio a dos componentes del F.C. Ovetense[5]:

Los Sres. D. Luis de Peón y D. Arturo Bernardo han recibido de Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias un precioso reloj de sobremesa y sport, que servirá de premio para los vencedores del match de Foot-Ball que se celebrará por San Mateo”.

Como ya reflejamos en el artículo anterior, dicho encuentro enfrentó a los equipos de Oviedo y Gijón finalizando con empate a cero, por lo que ninguno de los dos estrenaría su palmarés. El trofeo no volvió a ponerse en juego y hubo que esperar a mayo de 1904 para que, de nuevo, ovetenses y gijoneses pugnaran por otro galardón, nada menos que once medallas de oro donadas por los marqueses de Argüelles, auténticos impulsores de los sports en la época con este tipo de mecenazgos. El partido fue anunciado con profusión de detalles en la prensa. Tomamos como ejemplo lo consignado en El Noroeste de Gijón:

Para el día 15 del actual se anuncia un interesantísimo match de foot-ball que se verificará en Oviedo. A este fin, el presidente de la Sociedad Club Ovetense, señor Navia Osorio, ha invitado en atenta carta dirigida al Presidente del Sport Club de Gijón, a los jugadores de esta villa.

El match tiene, aparte el interés supremo que determina el amor propio, otro atractivo. En aquél se disputarán once medallas de oro que regalan los señores Marqueses de Argüelles. Dichas medallas contendrán grabada una alegoría del Sport de la que se hacen grandes elogios.

Los jugadores del Foot ball Club Ovetense son los señores siguientes:

Santiago, Rubín, Ramos Ovidio, Ceballos, Navia Osorio (A. y M.), Bernardo, Lorenzo, Campa, Victorero y Meana.

Los del Gijón Sport Club son los señores E. Prendes, A. Suárez, M. Harta-Sánchez, J. Alvargonzález, G. Malet, A. Riva, V. Sánchez (capitán), J. Moré, F. Busquet y V. Oliva”.

El desarrollo del choque pondría a prueba las relaciones entre ambos clubes ya que iba a provocar la primera polémica futbolística entre Oviedo y Gijón. Como es natural las versiones de lo sucedido difieren según quién lo cuente y en los periódicos de ambas ciudades las crónicas, enviadas por los propios “protagonistas”, mostraban los hechos de forma muy distinta.

Así se contaba en El Popular, diario gijonés, lo sucedido:

«(…) cuando llegaron al campo el capitán del team ovetense comunicó al de Gijón que no se podían jugar las 11 medallas a causa de que faltaban cinco jugadores del primer equipo.»

Esto no satisfizo al capitán gijonés, el cual viendo que sólo faltaban a los ovetenses los señores Ovidio y Ceballos, y no cinco como decían, protestó enérgicamente retirando su gente del campo; pero por intervención del presidente del foot-ball de Gijón, se acordó volver para jugar el match por cortesía y para corresponder a la visita que se debía a los ovetenses.

Empezó éste a las 6 y a los pocos momentos centró un goal el señor Rubín magistralmente parado por el goal-keeper señor Prendes. Como es natural, los gijoneses que se hallaban presentes aplaudieron la jugada, y tal vez molestado por esto el señor Rubín se permitió hacer ademanes un tanto impropios, lo cual originó nuevas protestas, y como consecuencia el capitán gijonés retira sus jugadores definitivamente«.

La versión ofrecida por El Carbayón, rotativo ovetense, era muy otra:

«El Sr. Rubín, de Oviedo, que tanto se distingue en el «foot-ball», trabajó desde los primeros momentos con gran ardor, mereciendo los aplausos del público, lo que fue recibido con muestras de desagrado por algunos que trocaban los aplausos en silbidos. Esto disgustó no poco a los de Oviedo, manteniéndose, sin embargo, en una actitud prudente.

Llegó un tanto en el que el Sr. Rubín se distinguió muchísimo, logrando, tras no pocos esfuerzos, una jugada magnífica, cuando uno de la parte contraria cogió el «balón», estropeando, por lo tanto, el éxito de dicho Sr. Rubín. Tras esto siguió una pita al vencedor, que indignado dio enseguida muestras de su enojo.

La forma con que lo demostró exasperó a sus contrarios, saliendo uno de la «parte de afuera» a pedir explicaciones al Sr. Rubín, en formas algún tanto descompuestas. En este momento los de Oviedo rodearon al Sr. Rubín, que en forma correctísima daba toda clase de satisfacciones a los ofendidos, suplicándoles que continuase el juego interrumpido.

Se armó entonces una gran confusión, de la que resultó que se marchasen los de Gijón y siguiesen jugando los de Oviedo.

Éste es el incidente, relatado, como dijimos, sin apasionamiento ninguno«.

La polémica rebasó las fronteras regionales, siendo la primera vez que un partido entre dos conjuntos asturianos tenía semejante eco en las páginas de uno de los principales semanarios deportivos de la nación. En la madrileña revista Arte y Sport hubo réplicas y contrarréplicas que abundaban en las versiones reflejadas con anterioridad, y que nos resultan muy útiles para profundizar en las rivalidades existentes entre los tres equipos del Principado.

En la primera crónica, enviada desde Gijón, y publicada apenas unos días más tarde del choque, se constataba este hecho al señalar el “plumilla”:

“(…) Debemos advertir que las relaciones entre ambos Clubs no vienen siendo muy cordiales ni amistosas, sin que de estas diferencias pueda corresponder culpa alguna al Club gijonés, que ha hecho todo lo posible por atraer al ovetense, sin lograr nunca la avenencia deseada.

Con estos precedentes, y teniendo en cuenta que en otros partidos la suerte fue siempre favorable al team Gijonés, era de esperar que el día 15 asistiríamos a una lucha reñida y no exenta de incidentes, como así sucedió (…).

Lamentamos el incidente, viendo en él reminiscencias de antiguas rivalidades locales, que no tienen razón de ser y que deseamos solucionen satisfactoriamente en bien de todos (…)”.

Una de las crónicas aparecidas en las páginas de la revista Arte y Sport

Una de las crónicas aparecidas en las páginas de la revista Arte y Sport

La respuesta por parte ovetense llegó en el número del 20 de junio para corregir el artículo insertado en mayo “en el cual se deslizaban muchas erratas que necesitan rectificación, para que las cosas queden en su punto”. En la misma, además de precisar que al conjunto carbayón le faltaban dos jugadores, no cinco como señalaban los gijoneses, indicaban que éstos debieron ser sustituidos por elementos del team infantil, y en esas condiciones no era natural jugarse las medallas como “a todo trance” querían los de Gijón, porque sería lo mismo que regalárselas. Y exponían:

“¿Jugarían el match los de Gijón, si se les hubiera dicho que estaban inutilizados dos jugadores del team, pero que estos eran substituidos por otros dos, mucho mejores jugadores?

Creo que no; que pondrían mil reparos y que ellos mismos hubieran dicho que se aplazaría para otro día, pues prisa no la había (…)

Concluía el escrito, que firmaba Luis de Peón en nombre de la Sociedad F. C. Ovetense, indicando:

Respecto a que los de Gijón y Avilés no quieren jugar con los de Oviedo, les diré que hay de todo… «rivalidades de pueblo, miedo insuperable y circunstancias agravantes».

¿Quieren los de Gijón, o los de Avilés, disputarse el reloj de los Príncipes de Asturias y las medallas de los Sres. Marqueses de Argüelles? ¿Qué sí? Pues siempre Oviedo está dispuesto. ¿Qué no? Pues tan contentos, y aquí paz y después na”.

Un mes más tarde las palabras de Luis de Peón tendrían cumplida réplica por parte del vicepresidente de la entidad gijonesa, Alejandro de Iriarte. De la misma extraemos los párrafos más relevantes, que nos dan cuenta de la crispación existente:

“(…) No he de contestar al Sr. Peón respecto al incidente promovido por la irascibilidad del Sr. Rubín, y que produjo, como consecuencia lógica, la retirada del team gijonés (…)

Rotundamente niego que ninguno, entiéndalo bien el señor Peón, ninguno de los once jugadores gijoneses «fuera por las calles de la ciudad dando gritos y pronunciando palabras mal parecidas»; y lo niego bajo mi honrada palabra; los once se ausentaron en el acto, y si alguien se extralimitó, no fue ciertamente ningún socio del Gijón-Sport-Club (…)

¡Hablar de miedo insuperable! ¿Piensa usted bien los que dice? ¡Miedo! ¿A quién? ¿A qué?  Oviedo y Gijón lucharon tres veces, de ellas, en dos se decidió la victoria por los gijoneses, y en otra empataron, con la agravante (y aquí sí que encaja la palabreja) de que el team gijonés llevaba tres jugadores «que no habían pisado nunca un campo de Foot-Ball, ni sabían lo que era este juego»; pero Gijón «había adquirido un compromiso y fue a cumplirlo», en la creencia de que perdería, pero con la tranquilidad del deber cumplido.

¡Miedo! ¿Cuándo nos hemos negado a jugar con nadie? ¡Miedo!, en los momentos actuales, en que estamos ultimando los detalles para un gran match con el Athletic-Club-Portugalete (Bilbao), uno de los team más fuertes de España!

Ya está acordada la fecha del 31 de Agosto próximo, y a dicho match queda usted invitado y lo quedan sus compañeros de Club y todos los entusiastas que deseen presenciarlo.

 Para terminar este incidente, no hay que buscar su origen en las rivalidades de pueblo; somos ajenos a estas rivalidades, y nuestra actitud debe ser indiferente a ellas.

Sépalo, pues, el Sr. Peón, y sépanlo los socios del F.C.O.; Gijón-Sport-Club jugará las once medallas cuando quieran, y en condiciones convenientes para ambos Clubs. Será nuestro mayor deseo”.

Se había producido una importante fractura en el fútbol asturiano y se hacía necesario reconducir la situación, lo que se logró gracias a los llamamientos en favor de la reconciliación desde la prensa regional y a la intervención del tercer equipo en liza, que  actuó de mediador invitando a sus compañeros a olvidar rencillas y disputarse en el campo de El Carnero las medallas en cuestión.

Aunque siempre había quien sacaba punta a lo sucedido y quizá en El Popular ponían el dedo en la llaga cuando exclamaban: «Pero, ¿de verdad que son de oro las medallas, colega?«

Una instantánea del campo del Carnero a principios del siglo XX

Una instantánea del campo del Carnero a principios del siglo XX

Finalmente, las aguas volverían a su cauce, momentáneamente al menos, y el 9 de julio en Oviedo se repetía el encuentro entre ambos equipos. El empate a cero final dejaba las espadas en todo lo alto y en el aire el lugar y la fecha del definitivo desquite. Si bien desde las filas gijonesas se deslizaba que, ya que el primer partido se había disputado en la capital, lo justo era que el próximo tuviera lugar en la villa marinera.

Mientras tanto el Gijón Sport Club se preparaba para lo que debía convertirse en el gran evento del verano, el encuentro frente al Athletic de Portugalete. Para la primera confrontación con un club de fuera de Asturias el ayuntamiento había donado una copa de plata. La expectación era máxima y el choque también trascendió las fronteras regionales. En el vespertino madrileño La Correspondencia de España del 30 de agosto podía leerse:

Hoy ha salido de Bilbao a bordo del vapor Regina[6] el «Team» que durante las próximas fiestas que se celebrarán en Gijón disputará el premio que ofrece el Ayuntamiento de esta población con el «Team» del Club Gijonés (…)

El Ayuntamiento de Gijón y la sociedad Vasco Navarra, allí establecida, levantarán bonitas tribunas con objeto de presenciar el partido.

El presidente de esta Sociedad ha escrito al Club de Portugalete invitándole a asistir a los salones de la misma, donde después del partido se celebrará un baile en obsequio a los jugadores.

Son muchos los aficionados que asistirán de Bilbao a presenciar el partido”.

En La Gaceta del Norte glosaban de esta forma la partida del cuadro bilbaíno:

“Al salir el Blas se dispararon muchos cohetes y desde las terrazas de los hoteles de Portugalete se tributó a los excursionistas cariñosa despedida.

En el puente del barco iba izada la bandera de la Sociedad.

Los foot balment van animados del mayor entusiasmo, pero se teme que no puedan jugar, por hallarse cansados del viaje.

¡Lástima que no lo hayan verificado con más anticipación!

Desgraciadamente, el temporal reinante en el Cantábrico impediría a los vizcaínos proseguir viaje por mar tras recalar en Santander, desde donde cursaron un telegrama informando de su intención de emprender el regreso a Bilbao. En Gijón la noticia causó una gran decepción y no poco descontento, censurándose la actitud del cuadro portugalujo al preferir volver al punto de partida antes que continuar viaje de cualquier otra forma[7]. Las excelentes relaciones entre los dos Sport Club se pondrían una vez más de manifiesto ya que los gijoneses invitaron a sus homólogos avilesinos a disputarse el premio al día siguiente, 1 de septiembre, aceptando estos sin vacilar. El conjunto local se haría con el triunfo por cuatro tantos a uno, destacando Luis Adaro en la faceta anotadora con tres dianas. Los avilesinos fueron cumplimentados y muy aplaudidos por la galantería mostrada al aceptar la invitación, máxime si se tiene en cuenta que debieron viajar el mismo día del encuentro, llegando a Gijón apenas dos horas antes del comienzo del mismo.

Finalmente, el 23 de septiembre se resolvería la disputa por las medallas de oro de los marqueses de Argüelles. El ovetense Campo de Maniobras fue nuevamente el escenario del choque, alineándose ambos conjuntos a las órdenes del avilesino José Ibarra. El resultado en esta ocasión no dejaría lugar a dudas pues los gijoneses se impusieron por un concluyente 0-3, con goles de Marino Díaz, Romualdo Alvargonzález y Luis Adaro o José Moré (tres periódicos se decantaban por el primero y otros dos señalaban al segundo como el autor del tercer tanto). La rivalidad entre Oviedo y Gijón tendría su epílogo en octubre, cuando los dos equipos se enfrentaron en el campo de El Bibio a beneficio de la asociación Trata de Blancas. La victoria volvió a sonreír a los gijoneses en lo que supuso la última confrontación entre ambos clubes.

El Gijón Sport-Club posando como team campeón tras imponerse a los ovetenses en la disputa por las medallas de oro. De izquierda a derecha en la fila superior forman: José Suárez Sánchez (presidente), Manolo Hartasánchez, Eduardo Prendes, Adolfo Suárez y Pedro Sánchez Gómez (directivo). Fila central: Antonio de la Riva, Vicente Sánchez y Miguel González. Fila inferior: Marino Díaz, José Moré, Luis Adaro (sosteniendo el balón con la fecha del encuentro), Romualdo Alvargonzález y José Luis Alvargonzález.

El Gijón Sport-Club posando como team campeón tras imponerse a los ovetenses en la disputa por las medallas de oro. De izquierda a derecha en la fila superior forman: José Suárez Sánchez (presidente), Manolo Hartasánchez, Eduardo Prendes, Adolfo Suárez y Pedro Sánchez Gómez (directivo). Fila central: Antonio de la Riva, Vicente Sánchez y Miguel González. Fila inferior: Marino Díaz, José Moré, Luis Adaro (sosteniendo el balón con la fecha del encuentro), Romualdo Alvargonzález y José Luis Alvargonzález.

En 1905 el número de encuentros disputados descendería notablemente con respecto al año anterior, y ello pese a la aparición de nuevas sociedades en el panorama futbolístico regional, buena culpa de ello lo tuvo la inclemente meteorología, con abundantes lluvias durante los primeros meses del año (aunque también obligaría a suspender partidos durante la época estival). Sin embargo, la polémica no desmerecería en absoluto, esta vez con carbayones y avilesinos como protagonistas.

En efecto, ya el 18 de junio se habían enfrentado el Football Club Ovetense y los de la villa de Pedro Menéndez en el campo del Carnero, que inauguraba un velódromo para la ocasión (lo que no hacía sino poner de manifiesto el auge y las dotes organizativas del Sport Club local), celebrándose un festival ciclista como colofón al evento. Una semana más tarde, el día 25, el cuadro de Avilés se desplazó a la capital para medirse a la Unión Escolar Ovetense en el Campo de Maniobras, testigo nuevamente de una agria y enconada disputa entre los contendientes.

La crónica de El Carbayón pasó de puntillas por los incidentes, pero nos sirve para tener una visión general del choque y, sobre todo, para comprobar la curiosísima forma de describir las acciones del juego por parte de algunos «plumillas» de la época:

Comenzó el partido a las seis en punto correspondiendo en suerte a los ovetenses la elección de campo y a los avilesinos la salida. Debutan García y Jove con una breve combinación de pases. Avilés emprende una enérgica ofensiva y entra en el campo ovetense llegando a amenazar un tanto muy severamente, evitado por el portero ovetense.

Responde Oviedo con una réplica rotunda, combinación García, Rubín, Jove y Merás que amagaron un shoot errado por falta de dirección, Después el juego languidece por falta de buena combinación por ambas partes, notándose en este tiempo alguna superioridad del «team» avilesino, que mantuvo el balón en el campo de Oviedo salvo breves ataques infructuosos de los ovetenses que consiguieron únicamente en esta mitad marcar tres «shoots» evitados o errados.

Avilés marcó dos amagos, brevemente rechazados por el goal-repper García Cuervo. Y se concluyó la primera parte sin apuntar goal alguno a ningún bando.

Tras breve descanso de cinco minutos se reanudó el partido notándose mayor ardor por ambas partes y señalándose Oviedo por una incontrarrestable energía.

Rubín y García arrancaron generales aclamaciones por los alardes de destreza realizados por el decidido empeño con que Avilés se resistía.

A los treinta minutos de lucha Rubín se apodera del balón, lo saca de su campo y perseguido de cerca consigue llegar a donde Merás le prueba eficaz ayuda. Combinaron ambos y esperando a a que García gane terreno le hace Merás el pase, centrando con gran exactitud y éste remata con un «shoots» a ocho metros logrando atravesar el goal. El público aclama, los jugadores discuten sobre ciertas formalidades, se entabla una discusión que acaba retirándose el «team» avilesino (…)

En resumen, una tarde deliciosa, un entretenimiento varonil y sano y nuevo estímulo a ambos «teams» para proseguir en el camino de la victoria”.

La respuesta no se hizo esperar, y dos días después el Diario de Avilés publicaba un extenso artículo rubricado por «el referee de Arganda» que resulta de gran interés porque, más allá de las consideraciones sobre los hechos acaecidos (favorables al conjunto avilesino, como se verá), supone la primera crónica en la región en la que se da cuenta de aspectos reglamentarios utilizando términos específicos de las reglas del juego (si bien con cierta confusión en cuanto al significado de los anglicismos).

Con el fin de presenciar el match de foot ball, anunciado para el domingo, me trasladé a la ciudad de Fruela.

Lo primero que hice, así que llegué, fue inspeccionar el campo de juego. No se me ocultaron  las pésimas condiciones que éste reunía.

Lo mismo notaron los jugadores avilesinos al encontrarse en el campo de maniobras. El capitán del team avilesino advirtió de las deficiencias de aquél al capitán del team ovetense.

No se encontraban con las formalidades que el reglamento señala, pues la circunferencia de la línea de los forwards no tenía más que cuatro metros en vez de 9,14; faltaban por señalar las áreas del goal y del penalty, cosas necesarias y de mucha importancia para el juego”.

Pese a estas irregularidades se acordó jugar el partido, alineándose los de Oviedo de blanco con: García Cuervo; R. Morán, Buylla; C. Morán, Navia Osorio, Meana; Pico Merás, García, Rubín, Pumariega y Jove. Los avilesinos, de azul, formaron así: Arenas; Álvarez, Alonso Kopp; Casariego, Hevia, Gendín; Villamil, Maribona, Gutiérrez, Aguirre y Panizo. Tras narrar algunos pormenores del choque, el cronista pronto se centró en los asuntos escabrosos:

Nuevamente, la llevan los delanteros avilesinos hasta cerca de la puerta ovetense y en este momento un back hizo hands dentro del área de penal, sin que por esto el referee pronunciase el penalty kick a favor de los avilesinos, como era natural (Primer abuso).

Momentos después, viendo los ovetenses lo imposible que era el jugar con la agilidad y limpieza que los avilesinos, se propusieron deshacer las combinaciones de éstos por medio de los tripping (cargas de salto y por la espalda[8]) (Nuevos abusos) estorbando al capitán avilesino Sr. Gutiérrez, que lo acometían cuatro carbayones, cuando se dirigía a rematar un goal centrado por Panizo.

Suena el pito y descanso.

A las 18.35 comenzó la segunda parte y nuevamente se encargan los avilesinos de llevar la pelota hasta el campo contrario. Nuevamente se ven las combinaciones de los azules, que con gran valentía luchaban en esta segunda parte.

Al ver esto los ovetenses, reanudan la serie de tripping (cargas de salto, etc.), holding (zancadillas). [9]

Faltan para terminar el juego veinticinco minutos. Lograron los ovetenses traer la pelota hasta el campo avilesino. ¡Foul! Grita el capitán ovetense sr. Rubín; el referee se dispone a tocar el pito pero el forward’s ovetense Enrique García, viendo que la pelota estaba a tres metros y medio, poco más o menos del goal avilesino, dispara un shoot que logra entrar.

¡Goal! ¡Goal! Grita el público entre silbidos y aplausos.

¿Qué pasó? Pues que el portero avilesino Sr. Arenas, que estaba preparado para recibir la pelota, al oír pronunciar al capitán ovetense la referida falta y disponerse el referee para tocar, se cruzó de brazos esperando que se diera la patada de castigo hacia el campo ovetense.[10]

Preguntado el referee si había sido goal, declaró que sí.

Entonces los avilesinos abandonan el campo entre grandes silbidos.

Tal fue el resultado del match celebrado el domingo en la capital, y no como lo relatan los periódicos de Oviedo.

Sin pasión de ningún género lo digo”.

Por si quedaba alguna duda sobre la imparcialidad del autor, el escrito finalizaba con una sugerente propuesta:

Para terminar. Me autorizan para preguntarles si desean jugar con los mismos «teams» en campo que no sea ni en Oviedo ni en Avilés y con «referee» neutral, un nuevo «match». ¡Mil pesetas se apuestan!

¿Aceptan los ovetenses?

Queda hecho el desafío”.

Un texto muy similar, aún más detallado, fue insertado en el diario gijonés El Popular, en donde consideraron “de suma importancia lo que en dichas cuartillas se manifiesta y por eso las damos a las «cajas» íntegras de que (sic) no se nos pueda tachar de… cualquier cosa”.

Tras la exposición del escrito remitido por “los jóvenes del Sport-Club-Avilesino”, el firmante del artículo, Sportman, hacía las siguientes consideraciones:

Hasta aquí lo que dicen los avilesinos.

Nosotros, es claro qué hemos de decir. Que veríamos con mucho gusto que el tal «match» se celebrase, y como había de ser un campo neutro, les ofrecemos desde luego el nuestro.

Conque allá veremos la contestación que da el «team» ovetense al tal reto”.

Sportman, cronista de El Popular, censuró lo sucedido.

Sportman, cronista de El Popular, censuró lo sucedido.

El 29 de junio, a través del Diario de Avilés, la directiva del Sport Club fijaba las condiciones del desafío en una carta remitida al presidente de la Unión Escolar. Un día más tarde se hacía pública la esperada respuesta desde las filas de Oviedo. En las páginas de El Carbayón aparecía una carta, enviada también a El Popular, por parte de Emilio Conde (presidente de la Unión Escolar), Pedro Rubín (hijo) y Ovidio González Pelayo (el colegiado del encuentro). En la misma se rebatía con acritud la crónica enviada desde Avilés, dejando entrever la tensión existente.

Empieza el firmante «Referee de Arganda» por tomar un pseudónimo que no cuadra a su modo de ser; mejor sería que se titulase «Referee de Coria».

Dice que inspeccionó el campo y que estaba en malas condiciones. ¡Pobrecito! Si no sabe dónde tiene la mano derecha y ya quiere meterse en cosas de foot-ball, para las cuales hay que tener el sexto sentido, el sentido común, cosa que usted no posee «Referee de Coria… digo de Arganda»”.[11]

Reconocían, no obstante,  que las medidas del círculo central del terreno de juego no eran las reglamentarias, aunque negaban que el resto de las demarcaciones estuvieran mal trazadas. De la extensa misiva entresacamos los siguientes párrafos:

No desconocemos nosotros que los avilesinos juegan al foot-ball muy bien; en cambio nosotros, que no jugamos nada, de cinco desafíos que hemos tenido con ellos, cuatro les hemos ganado indiscutiblemente (dos veces en su campo) y la otra hemos empatado, por no ser ¡¡reglamentario!! el campo (hay que advertir que era el de Avilés). Sin embargo de esto, no somos nosotros tan cobardes que vamos a la estación inmediata a gritar desaforadamente contra los que hacen demasiado en invitarnos galantemente a jugar.

Y ahora vamos con lo de las faltas. En primer lugar felicitamos efusivamente al Referee de Coria o de Arganda (ambos pueblos deben de ser limítrofes), por la erudición que demuestra en las palabras inglesas que emplea en su artículo.

¿Podría el señor firmante decirnos qué jugador ovetense dio mano en sitio punible con golpe de castigo? Nosotros, a fuerza de nobles, declaramos que no lo hemos visto, si no seríamos los primeros en castigarlos; sin embargo, nosotros hemos visto al Sr. Aguirre dar cinco manos intencionadas, tanto que el referee Sr. Pelayo le llamó la atención al capitán de Avilés y siempre condescendientemente no le expulsó del campo, como era su deber (…)

Y ahora vamos con el goal. Mientras el referee no toque el pito, está la pelota en el juego, y por lo tanto el goal fue perfectamente limpio. El portero no se cruza de brazos, sino que estando en un extremo opuesto a que se encontraba (sic).

Tampoco el goal fue tirado a tres metros, sino a una distancia superior de ocho metros. El Sr. Rubín, sí, gritó falta; pero se refería a una carga por la espalda dada en el campo ovetense, cinco minutos antes de haberse hecho el goal;  y no habiendo sido vista por el referee (entienda bien esto el reglamentario Sr. Arenas) no la vio; con esto se prueba que el referee de inclinarse a alguien fue a los avilesinos.

Luego de identificar a quien suponían autor de la crónica (Ramón Fernández-Arenas García, «Ralla», era uno de los principales elementos del cuadro avilesino), señalaban que al no ser profesionales no podían aceptar un reto en el que se estipulase una cantidad económica. No obstante, estaban dispuestos a hacer frente al desafío con las siguientes condiciones:

1ª. Tienen los avilesinos que venir a jugar los 17 minutos que han dejado el otro día.

2ª. No aceptamos las mil pesetas; pero tenemos un reloj de plata regalo de los Príncipes de Asturias que no tenemos inconveniente en jugar contra otro objeto de igual valor que presenten los avilesinos.

3ª. Se jugará en campo neutral, que no sea Avilés, Oviedo ni Gijón.

4ª. Se nombrará un referee con ocho días de antelación por los capitanes; y recaerá este nombramiento en persona extraña a los clubs de foot-ball que existan en Asturias.

5ª. Se nombrará un jurado que decidirá en última instancia, compuesto de cinco personas, dos nombradas por la Unión Escolar Ovetense, dos por el Sport Club Avilesino y el referee.

6ª. El desafío constará de dos partidos; y el club que se apunte mayor número de goals será el vencedor.

7ª. En caso de empate en el último partido, continuará éste, hasta que uno de los dos equipos quede vencedor”.

Continuaron los dimes y diretes sobre el tema en las páginas de los periódicos[12] hasta que finalmente el 5 de julio, en el Diario de Avilés, aparecía una carta con la que la directiva del Sport Club daba el asunto por zanjado. En la misma se informaba a la Unión Escolar de la decisión adoptada por la junta del Sport Club, con el visto bueno del secretario, Pedro Hevia, y del presidente, Alberto Solís:

1º. No acceder a la continuación del partido, pues para ello sería preciso anular el goal apuntado, y el seguirlo en otro campo que no fuera el de Oviedo.

2º. Insistir en la apuesta de las 1.000 pesetas, por predominar el criterio de no jugar con ese team por mero pasatiempo.

3º. Que parece natural que el campo neutral sea el de Gijón, pues un match en despoblado tendría más aspecto de duelo que de culto deporte.

4º. Y último. Como supone la Junta que estas condiciones no serán aceptadas en su totalidad, se da por terminada la actual cuestión”.

El tono empleado muestra a las claras la crispación reinante en el mundillo futbolístico del Principado que, lejos de amainar, no haría sino acrecentarse con el inicio inminente de los primeros «Campeonatos de Asturias», torneos de categoría infantil generalmente, que organizarían durante el período estival los distintos clubes a falta de un organismo federativo regional. La polémica se convertiría en la tónica dominante en los años venideros, dando inicio a un nuevo período en el fútbol astur, el de la expansión y consolidación de un deporte que empezaba a desbordar pasiones.

 “Agradecimientos”

El autor desea agradecer a Víctor Martínez Patón, Luis Javier Bravo Mayor y Juan Luis Franco sus valiosas aportaciones sobre los primeros años del fútbol asturiano en la prensa nacional.

 “Referencias”

– Benito García, Luis (2013, 30 de septiembre). Lugares de la memoria (IV): Los espacios educativos en Laviana. La Nueva España. Obtenido de:

http://www.lne.es/cuencas/2013/09/30/lugares-memoria-iv-espacios-educativos/1476068.html

– Campos Marín, Ricardo (1997). Alcoholismo, medicina y sociedad en España (1876-1923). Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid.

– Cuesta, Carlos (2011, 14 de julio). El Real Titánico, la honra de Laviana. La Nueva España. Obtenido de:

http://www.lne.es/cuencas/2011/07/14/real-titanico-honra-laviana/1102380.html

– Fernández Riera, Macrino (2010). Deporte y Educación Física en Asturias. De los inicios a la Guerra Civil. Gijón. Instituto Rosario de Acuña y Zahorí ediciones.

– López Ahumada, José Redondo (2004). Orígenes y formación del derecho al descanso dominical. Universidad de Alcalá. Servicio de Publicaciones. Obtenido de:

http://www2.uah.es/adtss/files/estudios_doctrinales/origenesyformaciondelderechoaldescansosemanal.pdf

– Fandiño y Pérez, Juan Antonio (1904). La Colonia Escolar de Oviedo. Colonias Escolares. Anales de la Universidad de Oviedo. Tomo III. 1903-1905, (pág. 211-216). Oviedo, 1905. Establecimiento tipográfico de Adolfo Brid.

– Fernández Villaverde, Adolfo (1904). Colonia Escolar de Laviana. Colonias Escolares. Anales de la Universidad de Oviedo. Tomo III. 1903-1905, (pág. 216-302). Oviedo, 1905. Establecimiento tipográfico de Adolfo Brid.

– Martín Merino, Juan “Juanele” (1993). Historia del Fútbol Asturiano. Tomo 2. Autor-editor. Gijón.

– Rendueles, Alberto y Valverde, Jorge (1995). Avilés y su Fútbol. Un Siglo de Historia. Editorial JVAR. Avilés.

– Sánchez Barral, María Jesús y González Espina, Carlos (2015). La dura infancia. Fotografía y trabajo infantil en Asturias (1885-1971). Catálogo de la Exposición. Muséu del Pueblu d’Asturies. Gijón. Obtenido de:

http://museos.gijon.es/multimedia_objects/download?object_type=document&object_id=183328

– Sarmiento Birba, Manuel et al. (2001). Un Siglo del Sporting. La Nueva España. Editorial Prensa Ibérica. Oviedo.

BOE

Gaceta de Madrid núm. 64, de 04/03/1904, página 909. Obtenido de:

 https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1904/064/A00909-00909.pdf

–  Boletín Oficial de la Provincia de Oviedo. Obtenido de:

http://prensahistorica.mcu.es/es/publicaciones/numeros_por_mes.cmd?anyo=1904&idPublicacion=6148

Prensa

Arte y Sport.  Madrid.

Diario de Avilés. Avilés.

El Carbayón. Oviedo.

El Comercio. Gijón.

El Correo de Asturias. Oviedo.

La Correspondencia de España. Madrid.

El Heraldo de Madrid. Madrid.

El Liberal. Madrid.

El Noroeste. Gijón.

El Progreso de Asturias. Oviedo.

La Nueva España. Oviedo.

 


[1] Cabe señalar que la entrada en vigor de la ley se produjo el domingo 11 de septiembre de 1904. El reglamento definitivo para la aplicación de la misma se publicó el 19 de abril de 1905 mediante Real Decreto. En el mismo se estipulaba que las tabernas no se incluían entre las excepciones a la ley, al contrario que las casas de comidas, lo que condujo a muchos establecimientos a intentar sortear la normativa haciéndose pasar por éstas o incluso por tiendas de ultramarinos para poder abrir los domingos.

[2] En este caso los del sacerdote Luciano López y García-Jove (Pola de Laviana 1885-Oviedo 1992), cuya larga y fecunda experiencia vital (profesor en los seminarios de Valdediós y Oviedo, licenciado en derecho por la universidad de la capital asturiana, procurador del obispado, así como autor de numerosas obras de temática histórica y religiosa), fue reconocida con el nombramiento de Hijo Adoptivo de la Ciudad de Oviedo en 1989, en cuya casa sacerdotal pasó sus últimos años.

[3] Un llerón es un terreno de piedras sueltas. Un pedrero o pedregal.

[4] Una versión similar la recogía el periodista Carlos Cuesta en La Nueva España: “El sacerdote Don Luciano López y García-Jove me comentó en más de una ocasión todo el acontecer futbolero en la Pola, y en los encuentros disputados en las proximidades del río Nalón, los llerones de Don Bernadín Zapico, actualmente zona de Fontoria, donde Don Luciano jugaba de portero, se dirimía la cantidad monetaria de 25 pesetas. El equipo que perdía pagaba la consumición que se celebraba con gran camaradería en una vinotería de la Chalana -Casa Valeriano- entre buenas viandas, truchas especialmente, y abundante vino y sidra doméstica. En esta ocasión por tratarse de un encuentro con motivo de las fiestas patronales de Agosto, fue el alcalde Segundo Álvarez quién donó los cinco duros para disfrute de los jóvenes pioneros del balompié. Tras la merienda hubo un superávit de tres perronas, treinta céntimos, y en vez de propina -en aquellos tiempos de 1900 no se estilaba ese detalle- fue destinado a los pobres de la parroquia“. La presencia de Segundo Álvarez en la alcaldía de Laviana durante la primera década del S. XX, bien al frente de la misma (1900-1903/1906-07) bien como teniente de alcalde, no permite acotar la fecha de ese primer partido, dado que no figura en los programas de los festejos de la época (al menos de forma oficial). Por otro lado, se sabe que el colegio de la Inmaculada contaba con equipos de fútbol, de distintas categorías, al menos desde el curso escolar 1905-06; aunque con toda seguridad los primeros balones llegaron algunos años antes. Resulta cuando menos curioso que de haberse celebrado dicho encuentro en una fecha tan temprana el primer equipo representativo de la localidad, el Titanic de Laviana, no viera la luz hasta 1912. Aunque esta circunstancia también la explicaba Don Luciano al señalar: “Anteriormente ya existía El Arenas, un conjunto local que se enfrentaba a equipos formados por mozos del concejo con algún apaño de gente de otros lugares e incluso con la novedad de algunos ingleses o escoceses -trabajadores en el puerto gijonés o de vacaciones- que se dejaron caer por estos entornos del alto Nalón”.

[5] Hecho que fue recogido en la prensa nacional, como en El Heraldo de Madrid o en El Liberal, también de la capital.

[6] Según La Gaceta del Norte el buque fletado por el Athletic Club de Portugalete fue el Blas.

[7] El 3 de septiembre en El Popular se daba cuenta de la visita de un socio del Athletic de Portugalete para dar explicaciones al Sport Club por lo sucedido: “Según dicho expedicionario el haber regresado los sportmans (sic) desde Santander a punto de su procedencia fue debido a que tres de los jugadores, ingleses de naturaleza por más señas (ingleses habían de ser), desaparecieron de la capital montañesa, sin decir nada a sus colegas, marchando a Bilbao por ferrocarril. Ya en Portugalete manifestaron que habían desistido de su viaje por temor al temporal (…)

[8] En realidad el significado de tripping era zancadillear a un adversario o intentar derribarlo haciendo uso de las piernas.

[9] Holding hacía referencia a la obstrucción de un rival con la mano o cualquier parte del brazo.

[10] En caso de que se reclamara cualquier supuesta infracción de las reglas el balón se consideraba en juego hasta que el referee tomara una decisión. En todo caso el tiro libre hubiera sido a favor del cuadro ovetense.

[11] En clara alusión al «bobo de Coria», personaje legendario y proverbial, símbolo de la tontería y de la estupidez según recoge el diccionario de la RAE.

[12] El Referee de Arganda contestaría a sus críticos en un extenso escrito fechado el 2 de julio y publicado en El Popular dos días después, en el que afirmaba no tener nada que ver con el Sport-Club Avilesino ya que no era socio de la entidad. Explicaba que se había dedicado a estudiar el «juego de foot-ball» desde hacía tres años y sostenía punto por punto lo descrito en su crónica, llegando a incluir varios artículos del reglamento en inglés, junto a su traducción al castellano, para defender sus tesis.

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