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RESUMEN:

El Bayern de Múnich de Pep Guardiola se convirtió en uno de los conjuntos más interesantes desde el punto de vista táctico en Europa. Pese a su dominio de la Bundesliga, la escuadra bávara chocó en tres semiEl finales con equipos españoles que, en circunstancias diferentes, lograron impedir una Champions que habría modificado la percepción popular del proyecto del técnico Sampedor. El presente artículo focaliza en la naturaleza de ese triunvirato de eliminatorias.

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La maldición de las semis: el Bayern de Guardiola en Champions

De

Un nuevo comienzo

Tras un año sabático, Pep Guardiola (Sampedor, 1971) volvía a los banquillos europeos. Las expectativas por conocer su nueva escuadra alimentaron los titulares por toda Europa, especialmente por sus provechosos cuatro años al frente del Fútbol Club Barcelona. Sin mayor experiencia previa que haber entrenado al filial azulgrana, Guardiola, quien había sido un jugador de referencia en el Dream Team de Johan Cruyff, abanderó un proyecto deportivo que generó unas expectativas y novedades que no se veían desde los revolucionarios planteamientos de Arrigo Sacchi con el AC Milan.

Su elección no era otra que un club tan histórico como el Bayern de Múnich. Martí Perarnau, uno de los periodistas más próximos al personaje, recordaría en su monografía sobre su debut muniqués las ansias de llegar a Säbener Strasse para ejercitarse con su nuevo equipo. Pese a que el Bayern había apostado por él para aplicar los conceptos que traía de la Masía, el listón de rendimiento estaría muy alto: Jupp Heynckes, su predecesor, logró un triplete en la campaña 2012/13 que no permitiría ningún fallo para evitar comparaciones.

La renovación del staff técnico del campeón de Europa incluía a miembros de entera confianza de Guardiola: Carles Planchart, responsable de estudio de los adversarios, y Lorenzo Buenaventura, preparador físico. En retrospectiva, la gran diferencia radicaba en la ausencia de Tito Vilanova, su exitoso segundo en el Barcelona, quien había fallecido trágicamente el 25 de abril de 2014.

Uli Hoeness, mítico exfutbolista de Bayern, daría la bienvenida al nuevo entrenador en verano de ese mismo año. Aparentemente, la fórmula parecía infalible: el Bayern era el vigente campeón de todo y Guardiola tenía el aval de 14 títulos conquistados en apenas cuatro años en la Ciudad Condal. Karl-Heinz Rummenigge, director deportivo, declararía que estaba ansioso por ver los cambios tácticos que iba a traer la reciente incorporación a la institución. El modelo del club de Múnich se basaba en confiar puestos de suma importancia a antiguos iconos de la entidad que brillaron sobre el césped.

Perarnau, entre otros, han subrayado que la apuesta de contratar los servicios del técnico español iba más allá de los títulos. El Bayern quería reproducir, sin perder sus señas de identidad, el modelo de fútbol de toque que tantos éxitos recientes había dado al Barcelona y a la selección española. Especialmente, en el Mundial de Sudáfrica, Joachim Löw felicitó públicamente a los pupilos de Vicente del Bosque tras batirles en semifinales. Frente a décadas con un modelo propio basado en la potencia física, uno de los clubes claves de la Bundesliga apostaba por incorporar elementos inéditos en su cultura futbolística.

Rummennigge concedió pronto una de las primeras peticiones para lograr esa transformación: Thiago Alcántara, un talento hispano-brasileño que había debutado con el propio Guardiola en 2009. Por plazo de cuatro temporadas, era una de las opciones más atractivas del mercado, el tipo de centrocampista más que familiarizado con el estilo vistoso que pregonaba su técnico. Asimismo, Javi Martínez, quien fue adquirido por el Bayern en 2012, sería uno de los miembros de la plantilla que más trabajaría personalmente con Guardiola. El ex jugador del Athletic Club de Bilbao fue convencido para readaptarse a la posición de central, con constantes entrenamientos y vídeos. De igual forma, se animó a Martínez a compartir toda la experiencia e información sobre la metodología de Marcelo Bielsa, su míster durante la época bilbaína.

Favoritos a todo

La ciudad de Praga fue testigo del primer gran test de la andadura de Guardiola con el Bayern. De hecho, en la Supercopa doméstica, frente al Borussia Dortmund de Jürgen Klopp, vino la primera decepción relativa a la supuesta aura de invencibilidad de los vigentes dueños de la Bundesliga. En la capital de la República Checa, Manuel Neuer evitó complicaciones al detener el lanzamiento de Lukaku. El duelo entre el campeón de Champions frente al de la Europa League (Chelsea F. C.) deparó un encuentro emocionante saldado en la tanda de penaltis. La satisfacción era doble: en Múnich se tomaban la revancha de su derrota en final continental ante el club londinense (2012) y Guardiola batía a uno de sus grandes rivales en los banquillos: José Mourinho, con quien mantuvo importantes duelos de pizarra y ante los micrófonos cuando el entrenador luso dirigía al Real Madrid.

Tras la pretemporada y el revés ya citado en la DFL-Supercup, el Bayern de Guardiola tardó muy poco en mostrarse intratable en el campeonato doméstico. Destacaba el fichaje estrella del pasado verano, Martio Götze, uno de los jóvenes talentos de Alemania, protagonista de un magnífico rendimiento a las órdenes de Jürgen Klopp. Precisamente el Borussia Dortmund sufriría en su propio feudo a su antiguo pupilo, en el choque del 23 de noviembre de 2013, donde los muniqueses se impusieron por 0-3 en el Signal Iduna Park. Los medios se mostraron muy elogiosos con los ajustes desarrollados por Guardiola durante el duelo, el cual permitió al Bayern poner en fecha temprana un colchón de 7 puntos de distancia con respecto al otro gran aspirante de la Bundesliga.

Con todo, el gran punto de presión que aficionados y prensa colocaban en el vistoso conjunto era en Champions League. Dentro del grupo D, el Bayern consiguió la primera plaza, pero obteniéndola solamente a través de la diferencia de goal average contra el Manchester City de Manuel Pellegrini.

Ya en octavos de final, Guardiola se encontró con un viejo conocido: el Arsenal de Arsène Wenger. Ambos técnicos habían vivido duelos importantes en el pasado cuando el primero se sentaba en el banquillo del Barcelona. La ida disputada en el Emirates Stadium fue resumida con un dato estadístico proporcionado por Phil McNulty: Toni Kroos, uno de los jugadores predilectos de Guardiola, completó correctamente el mismo número de pases ejecutados que doce jugadores del Arsenal combinados.

Sea como fuere, ese abuso de la posesión no privó a los locales de buenas ocasiones. El diario The Guardian subrayó un cambio de moméntum tras el penalti detenido por Manuel Neuer a la estrella turco-alemana Mesut Özil. Kroos y Müller lograron sendos goles en el segundo tiempo, con críticas al cuerpo arbitral por parte de Wenger tras la expulsión de Szczesny por una entrada a la estrella holandesa Arjen Robben. Seguidamente, el 1-1 en el Allianz Arena certificó el acceso a cuartos de final por parte de los bávaros. 

Hasta ese momento, la campaña en Múnich se desarrolló dentro de los parámetros normales y previsibles. Dueño de su liga, clasificado en Copa y pasando rondas en Champions. El primer revés importante llegaría con el gol de Evra en el Allianz que colocó un inquietante 0-1 que dejó durante varios minutos a los favoritos a todo fuera de Europa. Tras varios compases de ataque frenético, con Robben emulando la posición de falso 9 que Guardiola creó para Messi en el Barcelona, los muniqueses certificaron su pase por 3-1.

Un viejo conocido

El Real Madrid también sufrió, tras una Champions sin sobresaltos, su primer reto en la vuelta de cuartos de final. Ante un Borussia Dortmund con bajas importantes y un marcador de 3-0 favorable en la capital española, el Iduna Park vivió una noche de ataque vertical y creativo del conjunto amarillo, el cual colocó un 2-0 más que amenazador. El conjunto español, dirigido por el técnico italiano Carlo Ancelotti, tuvo como pieza más destacada a un joven de perfil claramente de pivote defensivo, Carlos Casemiro, además de las intervenciones de su meta Iker Casillas, reflejo de los momentos de agobio que llegaron a sufrir antes de alcanzar las semifinales.

Bayern y Madrid mantenían una rivalidad histórica que se traducía en eliminatorias apasionantes. Asimismo, diversos medios y analistas subrayaban que el vencedor de ese duelo solía tener altas probabilidades de terminar alzando la Champions. Para la visita al Santiago Bernabéu, ningún otro entrenador mostraba los registros de Guardiola, imbatido en el mismo y con exhibiciones tan históricas como el 2-6, un duelo liguero donde sacrificó a su nueve de referencia, Samuel Eto´o, para causar estragos en la zaga blanca a través de la libertad de movimientos de Messi.

Los españoles se encontraban en una temporada plagada de irregularidades. Frente a un sólido Atlético de Madrid dirigido por Simeone, los blancos sufrirían varias malas rachas que les terminarían alejando del torneo de la regularidad. De igual forma, Ancelotti tenía varios problemas heredados desde la marcha de José Mourinho del banquillo madridista, destacando el debate alrededor de la portería entre Diego López e Iker Casillas.

De igual forma, el técnico italiano disponía de una plantilla muy completa y versátil, ideal para eliminatorias, algo que explicaba su excelente rendimiento en Copa del Rey y la propia Champions. Cristiano Ronaldo estaba en uno de sus mejores momentos goleadores y sin rubor por parte de staff técnico, la escuadra merengue podía replegarse ante determinados rivales y aprovechar de forma demoledora las contras. Con Mourinho alcanzaron tres semifinales consecutivas europeas y poseían gran experiencia en los pequeños detalles que decidían esos partidos igualados.

Justo eso ocurrió en un duelo donde el Bayern poseyó el balón en más del 70% de las ocasiones. El empleo de las paredes llegó a resultar excesivo cuando los visitantes rondaban el área defendida por Casillas, de una forma casi obsesiva por filtrar el último paso antes que rematar. De igual forma, resultaba inédito en aquella Champions que algún contrincante tuviese tanto tiempo encerrado a un oponente que se caracterizaba por ser demoledor en su estadio.

Todo cambiaría pasado el primer cuarto de hora. Isco y Danilo aprovecharían los espacios que estaba generando el lateral derecho Rafinha para confeccionar una contra que terminó con un excelente cabezazo del delantero francés Karim Benzema. Esto provocó un aumento de la confianza local, además de pérdidas de precisión a cargo del Bayern. Tanto Cristiano como el argentino Di María pusieron a prueba los guantes de Neuer. Después del descanso, no se modificaría el libreto ni de Ancelotti ni de Guardiola.

La única alteración reseñable consistió en la sustitución de Rafinha por Javi Martínez, lo cual movió a Philip Lahm, uno de los jugadores más incombustibles de los teutones, del mediocentro a una posición más natural para él. En el último tramo, Guardiola incorporaría a Götze y Müller. El primero tuvo un disparo frontal delante de Casillas y el segundo dio bastante más mordiente de la hasta entonces exhibida por los visitantes, incluso reclamando ásperamente un agarrón sufrido en el área madridista durante el tiempo añadido.

Franz Beckenbauer, icono del mítico Bayern de Múnich de los 70, copó varios titulares de la prensa y medios alemanes por sus reproches al estilo de juego exhibido por su club en el Santiago Bernabéu. A juicio del Káiser, el Real Madrid había sido mucho más peligroso que ellos y con menos necesidad de elaboración. Ello provocó un pequeño cisma dentro del organigrama del club.

De igual forma, Karl-Heinz Rummenigge quiso hacer guerra psicológica a su rival, recordando amargas experiencias previas del conjunto madrileño en sus visitas al feudo del campeón alemán. Se prometía un “incendio” que les sobrepasaría, generando un estado de excitación que, posteriormente, sería contraproducente para sus intereses. El Borussia Dortmund cimentó su intento de remontada de forma sigilosa, mientras que en Múnich se estaba poniendo en alerta a un adversario de gran bagaje a la hora de cerrar eliminatorias.

Paul Breitner, emblema del Bayern y la selección alemana de los 70, también ex jugador del Real Madrid, señalaba hacía apenas unos meses que el siglo XXI estaba exigiendo un nuevo esquema al club muniqués: ya fuera un 4-1-4-1 o un 4-2-4, él mismo veía pocas alteraciones entre los sistemas de sus antiguos técnicos y sus sucesores. Ahora, desde su despacho en Säbener Strasse, el antiguo futbolista consideraba que la institución debía lograr la alquimia de incorporar los elementos del Barcelona de Guardiola, una nueva fase que iba a exigir más tiempo del que querría la hinchada.

Ancelotti llevó con mucha calma y sensatez su planteamiento de vuelta, incluso pese a tener bajas de contención importantes como el portugués Pepe, mientras que el Bayern parecía obligado a hacer una tremenda exhibición futbolística. En realidad, los de Guardiola no necesitaban hacer ninguna hazaña para llevar el partido a la prórroga: apenas un gol igualaría el tanto conseguido por Benzema. No obstante, el clima previo parecía forzar a los locales a tomar un rumbo arriesgado en aras de un temprano gol.

Dos hombres resultarían clave en la elaboración y excelente gestión del esférico por parte de los blancos: Luka Modric y Xabi Alonso. El Madrid no buscaría ser contemplativo, planteando un choque donde penalizaría cualquier error, además de tener muy trabajada su pizarra a balón parado. La velocidad de jugadores de perfil ofensivo como Di María, Gareth Bale o Cristiano Ronaldo podría ser muy propicia ante marcadores más estáticos como Dante o Boateng. Mandzukic, la referencia ofensiva como delantero centro, era un jugador de gran entrega, pero estático en exceso para los propósitos que necesitaba el Bayern dicho día.

Apenas sobrepasado el primer cuarto de hora, los de Ancelotti encontraron una de las soluciones que más satisfacciones les darían aquel curso: jugadas de estrategia para buscar los cabezazos de Sergio Ramos. El 0-1 era un resultado inquietante para los alemanes, pero todavía entraba dentro de la remontada factible con mucho encuentro por disputarse en el Allianz. Sin embargo, el juego de pases que exhibieron en aquellas semifinales sería criticado por mostrar más tendencia a asegurar antes que a buscar abrir espacios. De una falta lateral, los blancos volvieron a golpear con Ramos. En apenas dos minutos. Ello solamente redundaría en redoblar las confianzas visitantes y hundir a los locales. Cristiano Ronaldo certificaría la exhibición con el 0-3 antes del descanso.

El único aspecto negativo para Ancelotti fue perder a Xabi Alonso cara a la futurible final de Lisboa, tras ser amonestado con amarilla. En el segundo tiempo, Guardiola sacó al español Javi Martínez por su delantero centro. El público abandonaría el Allianz diez minutos antes del final en un desenlace ya poco emocionante, donde Cristiano Ronaldo volvería a golpear en el minuto 89. Paul Breitner había advertido, ya en la época de Louis van Gaal, que la afición del Bayern no se sentía satisfecha fácilmente con el fútbol de posesión: “Era un juego correcto, pero muy previsible”. Evitando caer en las simplificaciones, Breitner, elogioso con ese sistema en el Barcelona y la selección española, recalcaba que el inconveniente radicaba en que los jugadores del club alemán podían poner todo ello en práctica, pero les faltaba ese ritmo que daba el cultivarlo desde la cantera cómo sí se hacía en la Masía o las categorías inferiores del Ajax de Ámsterdam. 

Se trataba de una de las peores derrotas jamás sufridas por el Bayern. De igual forma, Guardiola sufría un revés ante el Real Madrid que podía ser visto como una revancha deportiva a los anteriores años de dominio del Barcelona dirigido por él mismo. Ante los medios de comunicación, el técnico se refirió a la plantilla de Ancelotti como “grandes atletas”, cuestión que fue vista como una velada crítica o falta de reconocimiento al vencedor.

César Luis Menotti, célebre técnico argentino que se sentó en el banquillo de la albiceleste en el título mundialista de 1978, revelaría tiempo después que Guardiola, amigo suyo personal, le reconoció que cometió graves errores de pizarra en ese encuentro. Particularmente juzgaba errada su utilización de Mandzukic para la vuelta. El ariete croata, quien firmaría en el futuro una excelente vuelta en 2018 ante el Madrid vistiendo la elástica de la Juve (1-3 con dos goles suyos y rozando la remontada del 0-3 sufrido en Delle Alpi), fijaba demasiado el juego coral que pretendía establecer su entrenador.  

Un difícil puzle

A simple vista, costaría catalogar como fracaso deportivo el primer año de Guardiola en el Bayern: la campaña terminó con un doblete doméstico que se complementaba a la Supercopa Europea y el Mundial de Clubes. Sin embargo, la dolorosa humillación sufrida en el Allianz Arena puso en tela de juicio algunos de sus planteamientos. Una de las críticas que oscilaban era lo arriesgado de su sistema ante rivales de élite; nadie dudaba de la calidad del holandés Arjen Robben, pero ni siquiera con él podía abrir defensas cerradas de la forma en que podía hacerlo en aquel Barcelona que contaba con Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Lionel Messi en su plenitud.

De la misma forma, ante el atractivo esquema (un inédito 3-7-0, calificado por Jorge Giner como “el arte de vivir sin delanteros”) que había mostrado su Barcelona para ganar el Mundial de clubes ante el Santos de Neymar, el triunfo del Bayern por 2-0 ante el Raja Casablanca parecía un acto protocolario. 

Sea como fuere, en Múnich existían motivos sobrados para imaginar un segundo año todavía más prolífico en lo continental. Desde el pasado invierno, Rummennigge desarrolló la operación que desembocó en la llegada de otra gran estrella del Borussia Dortmund: Robert Lewandowski, goleador polaco. Con su incorporación, cobraba sentido el traspaso de Mandzukic al Atlético de Madrid.

De la misma forma, el verano confirmó la larga y estudiada transformación del fútbol alemán. Joachim Löw apuntilló los últimos pasos para la Die Mannschaft, en un proceso que estudiosos como Axel Torres remontan a los días de Jürgen Klinsmann como seleccionador, ganando la Copa del Mundo de Brasil ante la Argentina de Lionel Messi, dejando antes un histórico 7-1 a la anfitriona Brasil.

Nuevamente, Paul Breitner es uno de los analistas más precisos y desapasionados para ver el momento exacto en el que se encontraba el Bayern y sus propósitos con Guardiola. En sus entrevistas con Perarnau, consideraba que van Gaal logró con éxito implantar un mayor cuidado del balón y porcentaje de acierto en los pases, no dependiendo tanto de la exuberancia física. Así se logró el subcampeonato en la Champions de 2010 ante el Inter de Milán de Mourinho. Seguidamente, Heynckes mantuvo esas premisas y logró, en una apuesta por dos años, impulsar un ritmo más vertiginoso y que, ahora sí, se asemejara realmente al dominio de España y el Barcelona, haciendo que esa superioridad con la pelota viniera acompañada de cambios de ritmo y ubicación entre jugadores, aboliendo las posiciones fijas.

Ahora, Guardiola contaba con muchos integrantes que estaban trabajando con Low ese modelo (Neuer, Götze, Schweinsteiger, etc.), aunque una de las noticias del mercado de fichajes de aquel verano de 2014 fue el traspaso de Toni Kroos al Real Madrid. El Bayern tardaría poco en responder al iniciarse la campaña futbolística, haciéndose con los servicios del madridista Xabi Alonso, jugador muy del gusto del por entonces técnico del club muniqués.  

Kroos tenía andadura muy particular con Guardiola. Apodado “Toni, el de los centros al área”, fue uno de los posibles traspasos que se barajaron en verano de 2013, pero el catalán cortó por completo esa operación, convencido de que iba a ser una de sus piezas clave. Al lado de Schweinsteiger, el centrocampista fue el alma del polémico rombo 4-2-4 que presentó el Bayern para su intentona de doblegar al Real Madrid en el Allianz.

Pese a la marcha de Kroos, cundía el optimismo alrededor del segundo año con el sistema del entrenador catalán más asentado. Pese a ello, el Bayern volvió a ser sorprendido en la Supercopa por el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp. Al igual que Ancelotti en semifinales, Klopp mostraba una gran habilidad de análisis para diseñar mortíferas contras ante los riesgos asumidos por un adversario que podía llegar a monopolizar el esférico.

Sin embargo, esa apuesta clara por un estilo concreto, amparada por una entidad capaz de reforzarse cada año (en este caso, con Juan Bernat o Pepe Reina como suplente de garantías para Neuer), la Bundesliga fue dominada de forma incontestable por los pupilos de Pep Guardiola. La baja de Lewandowski en los torneos largos era un hándicap para Klopp, quien no podría impedir que ya en abril de 2015 se produjera el alirón de su rival deportivo. Se trataba del vigésimo quinto campeonato para el Bayern.

No pudo lograrse el doblete, puesto que en la DFB Pokal, el Borussia Dortmund lograría apear en semifinales al Bayern. Los aurinegros de Klopp se impusieron en los penaltis, aunque, irónicamente, tras superar a su némesis no consiguieron alzar el título, obtenido por el Wolfsburgo.

Aunque la caída en Copa fue algo inesperado, nuevamente, la Champions League marcaría el listón a la hora de evaluar el grado de éxito.

Retorno al Nou Camp

El segundo intento en la máxima competición continental de Guardiola en Alemania tuvo menos sobresaltos en la fase de grupos, donde el Bayern fue primero a considerable distancia del Manchester City. Las primeras voces críticas surgieron en Múnich tras empatar a cero en el feudo del Shakhtar en el choque de ida de octavos de final. De cualquier modo, la vuelta sería un resultado histórico: 7-0 para el Bayern. En aquella ocasión, Guardiola dejó a uno de sus hombres de confianza, Bastian Schweinsteiger, como único estabilizador defensivo en el centro del campo, apostando por un fútbol absolutamente ofensivo.

La siguiente ronda tampoco resultaría fácil y volvió a poner en tela de juicio la eficacia de los sistemas del staff técnico de Guardiola sin contar con la generación más celebrada de la cantera azulgrana. Los dragôes de Oporto se impusieron 3-1 en Portugal. Entrenado por Julen Lopetegui, el Porto logró sembrar de dudas a un favorito que podía dar exhibiciones en fase de grupos (1-7 en Roma) y luego protagonizar actuaciones por debajo de lo esperado.

Con todo, el duelo en el Allianz fue uno de los momentos donde sí se logró alcanzar aquella tercera fase pregonada por Breitner: finura y voracidad, a juicio del cronista Cayeyano Ros. El Bayern salió buscando intimidar con su ocupación de espacios, mostrando que la velocidad ya sí acompañaba a la posesión, con el tridente Müller-Alonso-Thiago adueñándose de la medular. Rafinha y Lahm compartieron funciones en el ala derecha, mientras que la izquierda correspondió a Bernat y Götze. El 7-1 final hacía justicia al planteamiento, incluyendo el quinto tanto finalizado por Lewandowski tras 27 toques sin fallo de los muniqueses.

Todo el terreno parecía abonado para un retorno de Guardiola a su antigua casa: el Camp Nou. No obstante, varios contratiempos físicos fueron minando el potencial de un Bayern que parecía más consciente de los riesgos de un formato como la Champions. Tras su intento de reaparición a finales de abril, Robben sufrió una rotura muscular en la pantorrilla izquierda en el duelo de semifinales que los suyos perdieron ante el Borussia Dortmund de Klopp. El duelo por las finales coperas fue realmente físico, algo que se reflejó en las fracturas de mandíbula superior y nariz de Robert Lewandowski, retirado del duelo con conmoción cerebral.

Eran sendos problemas que se unían a la anterior baja de David Alaba (rodilla izquierda) a comienzos de abril, junto con una complicación que la plantilla muniquesa arrastraba desde su duelo ante el Shakhtar: unos problemas de tobillo derecho de Franck Ribéry. El atacante francés era uno de los más desequilibrantes de Europa; pese al secretismo del cuerpo médico del Bayern, finalmente se confirmó su ausencia para toda la temporada.

En frente, el Barcelona, por aquel entonces comandado por Luis Enrique, se hallaba en proceso inverso. Tras un inicio titubeante en Liga, los blaugranas habían logrado su mejor estado de forma en los momentos decisivos. Aunque seguían con el modelo de dominar la posesión, el entrenador asturiano incorporó elementos más verticales sin renunciar a los contrataques ante determinados tipos de rivales. Arriba, la combinación de Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar era una de las más vistosas del Viejo Continente, capaces de romper eliminatorias ante campeones ligueros como Manchester City o PSG.

Pese a las bajas con las que partía, el técnico visitante se arriesgó con apenas tres defensas, en una solución que bebía claramente del modelo de su mentor Cruyff. La presión a la salida de balón fue alta por parte de ambos bandos, además de algunas medidas que podían ser arriesgadas para los visitantes: todos los integrantes de la amenazante delantera sudamericana del Barcelona tenían marcajes individuales, sin sistemas de ayuda.

Obligado a usar máscara por precaución, Robert Lewandowski acarició pronto una ocasión de gol que no pudo empujar a la red por cuestión de centímetros. Tras apenas quince minutos, Guardiola propuso una interesante variación de su esquema de juego. Francesc Aguilar, corresponsal del diario Mundo Deportivo, recordaría cómo los alemanes aplicaron un 4-3-1-2 con Rafinha saliendo del medio campo y ocupando la posición de lateral derecho.

Lionel Messi supo dosificar sus esfuerzos a lo largo de todo el encuentro para aprovechar el último acto de la segunda parte. En una gran acción defensiva, Dani Alves logró recuperar un balón que terminó sirviendo para el jugador argentino, quien sacó un potente disparo de rosca que no pudo ser detenido por Neuer en las postrimerías del minuto 76. De repente, el choque que parecía abocado un 0-0 entró en un tempo diferente que sería perfectamente aprovechado por el rosarino.

Apenas dos minutos después, aprovechando el aturdimiento de los visitantes, Ivan Rakitic mandó un pase en profundidad que Messi convirtió en un mano a mano frente a Neuer tras quebrar a Boateng con un habilidoso regate. Con una sutil vaselina, el atacante azulgrana colocaría un 2-0 que empezaba a amenazar con romper la eliminatoria.

Forzados a buscar un tanto que permitiera mayores opciones en el Allianz, tras una pelota bien disputada por Luis Suarez, Messi aprovecharía los riesgos del Bayern para filtrar un pase a Neymar que logró resolver con habilidad y colocar el 3-0 en el electrónico. Una gran ventaja que era fruto de poco más de quince minutos de descontrol que fueron perfectamente manejados por el dorsal 10 blaugrana.

Nuevamente, el Allianz Arena debía servir al Bayern para intentar alcanzar la remontada. A diferencia de lo ocurrido ante el Madrid, los teutones apenas necesitaron cinco minutos para lograr un gol a través de la cabeza de Benatia. Con una afición volcada, el Barcelona sufrió en estos primeros compases. Ocho minutos después, Lionel Messi logró encontrar un imaginativo pase que permitió a Luis Suárez avanzar hacia Neuer, sorprendiendo con una asistencia para que Neymar rematase a placer.

Paradójicamente, la vuelta fue una metáfora de los aspectos que el Barcelona supo manejar en aquella ocasión y luego le faltarían en futuros duelos europeos ante Roma y Liverpool. Es decir, importantes rentas en el Camp Nou que se ponían en peligro por la atmósfera enaltecida de los feudos rivales tras goles tempranos que espoleaban la posible remontada. Muchas de las variables que manejarían romanos e ingleses estuvieron aquel día en el Allianz; de hecho, el Bayern terminó imponiéndose 3-2. De cualquier modo, los de Luis Enrique supieron aguantar esos impulsos y Messi halló en Neymar la velocidad perfecta para aprovechar la atenta vigilancia que Guardiola impuso sobre él en aquella ocasión.

La 2014/15 fue una temporada infructuosa para el gigante de Múnich. Pese a la nueva Bundesliga, los reveses en Copa y Champions ponían en tela de juicio en los sectores más exigentes de prensa y afición. Con todo, las numerosas bajas parecían explicar la eliminación ante el Barcelona, haciéndola menos dolorosa que la sufrida en el Allianz ante el Real Madrid.

Letze Möglichkeit (Última oportunidad)

La debacle parecía haberse cernido sobre el Allianz. La afición alemana asistió sorprendida a cómo la Juventus de Turín se colocaba 0-2 durante el primer tiempo del segundo choque correspondiente a los octavos de final de la Champions. Massimiliano Allegri no cumplió los pronósticos de que llevaría al campo a una Vecchia Signora defensiva. Aunque el Bayern de Pep Guardiola avanzaba a paso firme por su tercera Bundesliga, aquel 16 de marzo de 2016 parecía que iba a sufrir una eliminación prematura que cuestionaría todo su año.

Después del paso por los vestuarios, el técnico apostó por sacar a Kingsley Coman, un joven e interesante refuerzo para los bávaros que venía cedido precisamente por la Juve.

El planteamiento del staff técnico del Bayern apuesta por cargar el juego por los costados, algo que multiplicará las opciones de Thomas Müller y Lewandowski. Ribéry, Douglas Costa y el propio Coman se muestran más cómodos en esa lid, generando mucha más inquietud a la, hasta entonces, cómoda zaga transalpina.

Indudablemente, el choque se convierte en uno de los mejores del torneo para esa edición. La remontada culmina, en la prórroga, con un gol de Coman por velocidad para aprovechar los espacios generados por una Juventus a la desesperada. El 4-2 certifica a los muniqueses como la escuadra más goleadora de Europa hasta ese momento.

Dominadores absolutos del grupo F, con distancia de puntos sobre el Arsenal, el Bayern de Pep Guardiola firmaría en este tercer intento una de sus mejores campañas continentales. Aunque se mantendrían los riesgos defensivos, es una versión con más contundencia en la ofensiva. Así, en los cuartos de final, el equipo no se pondría nervioso ante el gol del mexicano Raúl Jiménez para igualar en el Estádio da Luz el marcador del Allianz. Con tantos de Vidal y Müller, el técnico se ahorró futuribles polémicas, especialmente porque su decisión de sentar en el banquillo a la estrella polaca Lewandowski volvía a mostrar que priorizaba la posesión de balón sobre el poderío.

Se trataba del quinto pase consecutivo del Bayern a las semifinales. De cualquier modo, el rival volvería a proceder de la liga española, cuyos representantes parecían el antídoto a la soñada final de San Siro, el momento que culminaría la andadura del entrenador cuyo gran lunar estaba siendo precisamente esa instancia.

En esta ocasión, el obstáculo se personificaría en el Atlético de Madrid. Tras años muy inciertos de rumbo institucional y deportivo, el equipo del Manzanares había tomado un rumbo firme a las órdenes de Diego Pablo Simeone, ex jugador del club, quien conformó un staff técnico sólido con las sobresalientes presencias de Germán “El Mono” Burgos y Óscar “El Profe” Ortega. Campeones de liga en 2014, finalistas en Lisboa, los rojiblancos eran un proyecto sólido, curtido en competiciones europeas con sobresalientes rendimientos tanto en Champions como la Europa League.

De la misma forma, Pep Guardiola había anunciado a finales de 2015 que no continuaría en Múnich, pese a que incluso voces como Beckenbauer alabaron que su entendimiento con la plantilla estaba en su mejor momento. En aquella tercera campaña, el fichaje más destacado fue el chileno Arturo Vidal, finalista de Champions con la Juventus de Turín el anterior curso, centrocampista aguerrido y con experiencia en la Bundesliga tras su etapa en Leverkusen. Pese a que era un deportista más físico antes que técnico, Guardiola destacó su incorporación y señaló que el nuevo fichaje tenía más calidad con la pelota de la que le presuponían sus detractores.  

La Supercopa de Alemania perdida en los penaltis ante el Wolfsburgo volvió a mostrar lo traicionero de los campeonatos a partido único, algo a lo que estaban expuestos incluso los proyectos más faraónicos del continente. En Bundesliga, el arranque en el tercer año de Guardiola fue brillante: diez triunfos sin fallo, sobresaliendo su entendimiento con Xabi Alonso, uno de sus mejores intérpretes sobre el campo.

El 27 de abril de 2016 se volvía a dar un duelo que tenía resabios de final: Atlético de Madrid-Bayern de Múnich. El gol agónico de Schwarzenbeck todavía era un recuerdo fijo en el imaginario popular colchonero por haber impedido su primera Copa de Europa en 1974. En aquella ocasión, el resultado sería diferente para los intereses de la grada del Vicente Calderón.

Desde el punto de vista táctico, se esperaba un planteamiento controlado y pausado del Atlético, atento a las contras que surgieran de presionar bien la salida del Bayern. De la misma forma, se presuponía que los visitantes controlarían la mayor parte del tiempo la posesión del balón.

Todo ello sería dinamitado en el minuto 10 por una brillante acción individual de Saúl Ñíguez, quien iba siendo seguido por Thiago, regateó a Xabi Alonso para posteriormente superar a Bernat. Ante la llegada de Alaba para la ayuda, ya internado en el área defendida por Neuer, sacó un colocado disparo con la pierna izquierda que abrió el marcador de las semifinales.

A partir de entonces, el duelo fue bastante táctico. Alaba tuvo en sus botas cambiar el curso del duelo, un disparo lejano que superó a Oblak y únicamente pudo ser repelido por el larguero. De igual forma, Fernando Torres disparó a la madera una excelente contra colchonera donde superó al propio Alaba y Javi Martínez.

La tormenta perfecta

El tanto de Saúl permitía un moderado optimismo en el entorno rojiblanco. El reciente recuerdo de cómo el Real Madrid había aprovechado los espacios que provocaban los ataques del Bayern invitaba a imaginar que el staff técnico de Simeone podría inspirarse en ese modelo para enfocar su visita al Allianz. Sin embargo, probablemente la vuelta fue el mejor partido disputado por los muniqueses durante el periplo de Pep Guardiola, especialmente por la entidad y calidad de la defensa rival.

Lejos de caer en una posesión pausada que buscase generar espacios, aquel 3 de mayo de 2016 pudo apreciarse lo más próximo a ese ideal que resultaba esquivo y generaba debates entre escuelas: el gusto por el toque más la verticalidad endiablada. En lugar de permitir pensar a los colchoneros, el planteamiento táctico del staff muniqués buscó ir superando en cada combate individual a los visitantes. Recientemente, Albert Morén ha brindado un minucioso análisis del vendaval generado en aquella primera parte por los locales.

Xabi Alonso fue una de las columnas vertebrales de un arranque que parecía beber del concepto de la blitzkrieg o guerra relámpago. Thomas Müller fue uno de los hombres clave del planteamiento, logrando aprovechar los espacios que generaría Philip Lahm, quien se colocaría a las espaldas de Koke, logrando captar la atención de Filipe Luis, cuyas subidas en ayuda generarían más espacios para los frenéticos movimientos del Bayern.

Ribéry, Douglas Costa y Alaba hacían movimientos sorpresivos, mientras que Guardiola colocó al chileno Arturo Vidal para ser una molestia constante en la elaboración del conjunto español. Los centros al área se realizaban habiendo asegurado previamente crear muchos movimientos entre líneas que alejasen a Diego Godín, alma de la zaga de Simeone y excelente cabeceador, de Lewandowski, el poderoso delantero polaco con gran repertorio de remates.

Las cifras son concluyentes: en apenas media hora, el Bayern disparó muchas veces de forma clara y con peligro a la meta defendida por Jan Oblak. El meta esloveno brindó una actuación excelente, empezando por su forma de desviar un peligroso lanzamiento de Lewandowski, fruto de una triangulación entre Boateng-Müller y el polaco. Incluso analistas como Marco López, minuciosos estudiosos de la pizarra de Diego Pablo Simeone, admitieron que fue, hasta la fecha, el momento de mayor apuro táctico para el estratega argentino.

A la media hora, Xabi Alonso lanzó una falta que el uruguayo Giménez desvió de forma accidental para desorientar a su guardameta, logrando el 1-0. Fueron los instantes de mayor desconcierto rojiblanco. Particularmente Giménez se mostró visiblemente afectado por a situación, protagonizando un agarrón sobre Javi Martínez donde protestó ásperamente al cuerpo arbitral. Thomas Müller tuvo en sus botas al 2-0, si bien el cancerbero esloveno logró una parada que luego ratificó al frenar el rebote de Xabi Alonso.

En aquel momento, los doce lanzamientos a puerta del Bayern apabullaban los dos del Atlético. Simeone vivía con nervios esos instantes, estando a punto de iniciar un altercado con el propio banquillo muniqués, siendo oportunamente frenado por Ribéry. La posesión local llegó a rozar el 80% tras 45 minutos que bien podrían ser catalogados de los más vistosos hasta ese momento en la Champions.

Con todo, el Atlético era una de las escuadras con mayor resiliencia continental. Pese a las situaciones de agobio sufridas, poseía una moral que no se vería mermada por ese primer tiempo, especialmente tras el penalti atajado por Oblak. Al poco del inicio, Antoine Griezmann conectó un preciso cabezazo que Fernando Torres le devolvió con un sutil toque que dejó al ariete francés en un mano a mano ante Neuer. El 1-1 cambiaba absolutamente la panorámica de la semifinal.

En las repeticiones televisivas, se revelaría que la brillante combinación entre Torres y el delantero francés venía precedida de un fuera de juego. Posteriormente, ello habría podido subsanarse con la tecnología del VAR, pero en aquellos momentos el 1-1 parecía alejar todas las esperanzas del conjunto de Guardiola, casi abocado a la tercera eliminación consecutiva ante adversarios españoles.

En comparativa con los dos episodios anteriores, aquel Bayern exhibió mayor entereza anímica. No solamente siguió trenzando su juego, también añadió una combatividad que venía azuzada por jugadores como Vidal, quien aprovechó un certero centro desde el ala izquierda de los atacantes para dejar el balón a Lewandowski, quien logró un cabezazo en el área chica que garantizaba un desenlace agónico para ambos contendientes. Solamente un gol separaba al Bayern de intentar volver a medirse con el Real Madrid en San Siro

Todos esos augurios parecieron diluirse con el derribo de Javi Martínez a Fernando Torres. En un error de apreciación del colegiado Cüneyt Çakir, la falta fuera del área se convirtió en una pena máxima. No obstante, en un curioso paralelismo a la inversa con la primera parte, Neuer detuvo el lanzamiento en el minuto 84. Eso pareció redoblar las energías del Bayern, destacando un nuevo remate de Lewandowski y los reflejos de Oblak ante un peligroso disparo de Alaba que fue desviado por su propia defensa.

En el minuto 91, Simeone dio un golpe en el hombro del asistente Pedro Pablo Matesanz ante el retraso en el cambio que el estratega argentino quería para perder tiempo: Koke por Savic.

Con unos datos de posesión del esférico que superaban el 70%, en esta ocasión, la prensa bávara fue, en línea generales, más suave en su análisis de virtudes y defectos del favorito teutón tras ver frustrada por tercera vez su anhelada final. El diario Bild se refirió a “La victoria más amarga de Pep”, resaltando que, en aquella ocasión, el triplete muniqués había sido una más que alta probabilidad.

Uli Hesse, uno de los grandes especialistas en la historia del fútbol alemán, lo resumía de esta manera en su monografía sobre el Bayern de Múnich: “Ejecutó el juego de posesión a la perfección. O, al menos, lo más cercano a la perfección”.

Un legado en perspectiva

La andadura de Pep Guardiola en el Bayern de Múnich batió varios registros notables: superó el récord de Jupp Heynckes a la hora de cantar el alirón más temprano de la Bundesliga en la campaña 2013/14, así como la racha de imbatibilidad del torneo. A nivel metodológico, el Bayern logró varios fundamentos que su política deportiva ambicionaba. Van Gaal supuso una reorientación del anterior modelo del Bayern, basado en un gran poderío físico y contundencia (no exento de jugadores de gran talento a lo largo de su dilatada historia).

De igual forma, Heynckes trabajó dos años en imprimir una mayor velocidad a dicha posesión. Si bien la última imagen de mítico ex jugador del Borussia Mönchengladbach fue un triplete histórico, conviene recordar que el veterano técnico ya había decidido renunciar a la estresante posición para la campaña siguiente. Paradójicamente, al reservarle en su año sabático en New York el puesto, el Bayern se aseguró “morir” de éxito: era altamente improbable que se pudiera repetir de inmediato una temporada perfecta.

Con todo, el técnico catalán y su staff fueron logrando consolidar su idea. Exhibiciones importantes en Europa se alternan con reveses tan contundentes como el infligido por el Real Madrid en el Allianz Arena (2014) o la gran actuación de Messi en 2015. De cualquier modo, incluso jugadores como Thomas Müller reconocieron la influencia que dejaron aquellos años en ellos, admitiendo hasta paralelismos con la actual y soberbia etapa de Hans-Dieter Flick.

Los muniqueses comprendieron que debían incorporar elementos de las fórmulas de Holanda (fundamentalmente, Ajax), Fútbol Club Barcelona y la selección española, aunque sin renunciar a su esencia. De hecho, entre el Bayern de 2014 y el que firmó la gran vuelta ante el Atlético de Madrid hay mayores concesiones de la pizarra de Guardiola a rasgos típicos del mejor fútbol alemán clásico: gusto por los centros, presión física en el centro del campo, etc.

La andadura mostró asimismo algunos de los inconvenientes que el entrenador de Sampedor también tuvo en la Ciudad Condal. El ritmo de precisión y atención al detalle terminaría por ir agotando a los integrantes de la plantilla, confirmándole como un gestor técnico que debía marcharse tras etapas de tres o cuatro años, salvo que se confeccionase un roster complemente diferente al que estaba trabajando con él.

El siguiente destino de Guardiola sería el Manchester City, renovándose su interesante rivalidad con Jürgen Klopp, quien se encargaría de revolucionar a uno de los históricos de la Premier League: el Liverpool. Ambas pizarras tendrían altísimas puntuaciones en la búsqueda liguera, además de duelos en la Champions League.

Antes de marchar a Londres, Guardiola dejaría un mensaje en la pizarra a su sucesor, Carlo Ancelotti, el responsable táctico de su más dolorosa derrota en el Allianz: “Con mucha estima, ¡que tengas mucha suerte, Carlo!”, fue el mensaje escrito en italiano para su sucesor.

Referencias

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