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RESUMEN:

En la liga que finalizará en unas semanas, iniciada allá por agosto del pasado año, el Sevilla, Barcelona, Elche, Real Madrid, Atlético de Madrid y Getafe no comenzaron la primera jornada tal como estaba previsto. Precedentes de esta índole, únicamente se habían producido en tres ocasiones en la historia del Campeonato de Liga desde que

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La pandemia y los partidos aplazados

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En la liga que finalizará en unas semanas, iniciada allá por agosto del pasado año, el Sevilla, Barcelona, Elche, Real Madrid, Atlético de Madrid y Getafe no comenzaron la primera jornada tal como estaba previsto. Precedentes de esta índole, únicamente se habían producido en tres ocasiones en la historia del Campeonato de Liga desde que se disputó la primera jornada en 1929.

En la temporada 1949-50, el encuentro entre el Valladolid y Atlético de Madrid debía haberse jugado el 4 de septiembre. Sin embargo, no se celebró hasta el 27 de noviembre.

El aplazamiento fue motivado por el accidente ferroviario que sufrió el equipo vallisoletano a su regreso de Pamplona, tras celebrar un encuentro amistoso que habían jugado la tarde del día 29 de agosto ante el Osasuna, ganando los castellanos por tres goles a cero materializados por Coque (dos) y Revuelta.

Cuando regresaban de Pamplona, pretendían pasar la noche en Vitoria, pero la reserva del hotel debió extraviarse y al llegar a su lugar de descanso se encontraron con que no había habitaciones disponibles para toda la expedición, así que, tras cenar, el equipo emprendió el viaje de vuelta a Valladolid.

A la una de la madrugada de la noche del 29 al 30 de agosto el autocar en el que viajaba el equipo vallisoletano fue arrollado por un tren de mercancías en un paso a nivel que tenía la barrera levantada en su trayecto por la localidad burgalesa de Villafría. A consecuencia del impacto, el autobús fue arrastrado por el tren durante ciento cincuenta metros. Gracias a la suerte y a la pericia del maquinista, que no pudo esquivar el encontronazo pero sí reducir al menos la velocidad del tren, se evitó lo que podría haber sido una tragedia en el fútbol. Al parecer, el autocar quedó enganchado en los topes de la máquina y eso impidió que el autocar volcara. Con excepción de los jugadores Rafa y Ortega, que salieron ilesos, diecinueve de los integrantes de la expedición resultaron heridos en mayor o menor consideración, siendo atendidos de contusiones, magulladuras y demás heridas en la clínica de la Cruz Roja de Burgos para ser posteriormente trasladados en ambulancias a Valladolid. El peor parado en el accidente fue el masajista del equipo Eugenio Ayala con subluxación de rótula.

El guardabarreras huyó al ver el accidente. A la mañana siguiente fue detenido por la Guardia Civil que lo encontró escondido en un pinar cercano a la estación del tren.

Los ecos del accidente corrieron como la pólvora por Valladolid temiéndose lo peor, pues todo el paisanaje tenía aún muy presente la tragedia que se había producido cinco meses antes con el avión que transportaba al Torino italiano que se estrelló en Superga.

El nerviosismo fue tal que los ofrecimientos de ayuda llegaron de todas partes. Los toreros Marcial Lalanda, Luis Miguel Dominguín y Pepe Luis Vázquez se pusieron a disposición del club para torear un festival a beneficio de los damnificados por el accidente. De igual manera, llegaron a la sede del club telegramas de numerosos lugares de España. También se ofrecieron, para jugar con el equipo otros jugadores, como el defensa canario Martel; desde el Racing de Santander se ofreció un delantero centro y un extremo; el Club deportivo Málaga también ofreció jugadores. Incluso un ex internacional húngaro, José Korein, que había llegado a España para estudiar la táctica del fútbol español, remitió un telegrama al club ofreciéndose, si fuera necesario, para entrenar gratuitamente al Valladolid.

Por su parte, el presidente de la Federación burgalesa, Sr. Rodríguez, y el del Burgos Club de Fútbol, Sr. Martínez de Simón, se ofrecieron incondicionalmente a prestar ayuda a los viajeros. De hecho, los heridos leves regresaron a casa en el coche del club burgalés.

El día cuatro, cuando debía haberse jugado el encuentro, se celebró una misa en acción de gracias por haberse salvado del accidente. El acto se celebró en la catedral ante la imagen de la Patrona de Valladolid, Nuestra Señora de San Lorenzo. El templo estuvo abarrotado de público, asistiendo la mayoría de la plantilla y directivos del club, a quienes acompañaba el fiscal superior de la Vivienda, Sr. Sierra y el Gobernador Civil de la provincia Sr. Alonso Villalobos.

Aquella temporada, el equipo finalizó en la novena posición de la liga tras haber realizado una más que aceptable primera vuelta, mostrándose en la Copa del Generalísimo como la revelación del torneo, llegando a la final tras eliminar a la Real Sociedad, al Sevilla F. C. y al Real Madrid. El 28 de mayo de 1950 se jugó dicha final en el madrileño estadio de Chamartín contra el Athletic de Bilbao. Al término del tiempo reglamentario se llegó con empate a uno, con goles de Zarra para los bilbaínos y Coque para los pucelanos; en la prórroga el delantero centro Telmo Zarra anotó tres goles más que acabaron por hundir al Valladolid, concluyendo el encuentro 4-1.

El encuentro finalmente se celebró el 27 de noviembre de 1949, a las 3:45 de la tarde, en el estadio Zorrilla.

El Valladolid, entrenado por Antonio Barrios, formó con Saso, Lesmes I, Lesmes II, Babot, Ortega, Lasala, Rafa Junta, Coque, Revuelta, Vaquero y Aldecoa. Por su parte, el Atlético de Madrid, con Helenio Herrera como responsable, presentó a Marcel Domingo, Tinte, Riera, Lozano, Mencía, Silva, Miguel, Carlsson, Mújica, Candía y Escudero.

Arbitrado por el colegiado Azón, el partido lo ganaron los madrileños por un gol a cero, anotado por el sueco Carlssson a los 48 minutos.

La liga la ganó el Atlético de Madrid con 33 puntos, 15 encuentros ganados, 3 empatados y 8 perdidos, con 71 goles a favor y 51 en contra. Fue campeón en la última jornada empatando en casa contra el Valencia (4-4). El Deportivo de La Coruña quedó en segundo lugar de la clasificación con un punto menos.

Unos años más tarde, en la temporada 1957-58 el partido que debía jugarse el 15 de septiembre entre en el Barcelona y el Sevilla, fue aplazado para dar prioridad a la inauguración oficial del Nuevo Estadio del Fútbol Club Barcelona (más tarde conocido como “Camp Nou”) con un encuentro amistoso frente a un combinado de jugadores de Varsovia (Polonia).

Dicha inauguración tuvo lugar el 24 de septiembre, alineando los catalanes en el primer tiempo este equipo: Ramallets, Olivella, Brugué, Segarra, Vergés, Gensana, Basora, Villaverde, Martínez, Evaristo y Tejada. En la segunda parte saltaron los siguientes jugadores: Ramallets, Segarra, Brugué, Gracia, Flotats, Bosch, Hermes, González, Sampedro, Martínez (sustituido por Evaristo), Evaristo (sustituido a su vez por Rivelles) y Tejada. El equipo polaco formó con Simkorik, Florenky, Cepaski, Vorniak, Jansi, Lienstein, Nonak, Brich, Jankviski, Zimborsky y Basquienvicz.

El resultado, cuatro a dos favorable al Barcelona, con esta secuencia: 1-0 gol de Martínez a los 10 minutos; al minuto siguiente empataron los polacos por mediación de Zimborsky; y en la segunda parte, otro gol polaco y tres goles azulgranas marcados por Tejada, Sampedro y Evaristo, establecieron el resultado final. Como curiosidad, el partido tuvo que ser suspendido nueve minutos antes del final del tiempo reglamentario por falta de visibilidad.

En un principio, se comentó que el estadio quedaba muy distante de la ciudad y resultaba incómodo para los periodistas que cubrían el evento.

Fue inaugurado por el Ministro Secretario General del Movimiento, Sr. Solís, con el siguiente discurso:

“En esta fecha tan señalada para el deporte catalán, me complace dirigir unas palabras de saludo a cuantos lo cultivan o le prestan su cálida asistencia en esta tierra ilustre de Cataluña, exponente de las más preclaras tradiciones de nuestra cultura. El deporte es un fenómeno social que goza de las más amplias resonancias populares, y a través de él, ha conseguido Cataluña para España laureles sin precio, a los que ahora une la imponente realidad del gran Estadio, orgullo de las instalaciones deportivas del país. 

El deporte es un medio para la formación del hombre en su entidad total, tal como nosotros, a partir de los principios permanentes del Movimiento lo concebimos. No es sólo un ejercicio físico, ideal para la salud del cuerpo: es también un hábito indispensable para acumular energías morales y dotar de consistencia al espíritu cívico. Enseña algo tan importante en la vida española como es el trabajo en equipo y la moral de la victoria; esa moral que educa para no decaer en el esfuerzo y para no capitular ante la adversidad.

Al Movimiento Nacional hay que atribuir, en justicia, el hecho decisivo de haber planteado y encauzado la necesidad de atender a la formación deportiva del pueblo. Al Movimiento se debe un esfuerzo sin precedentes para atender a la educación deportiva de la juventud. Y al Movimiento ha de deberse también la empresa, a la que estamos dando el mayor impulso, de hacer accesibles todas las prácticas deportivas a los hombres del trabajo, a los productores que, encuadrados en las estructuras potentes de su Organización Sindical y de la Obra Educación y Descanso, van a encontrar un medio de dignificación espiritual de la existencia. Una gran olimpiada de productores será próximamente la llamada general a esta grandiosa empresa. Y es menester decir que esta obra no ha de ser solo compartida por el Estado y por las Organizaciones del Movimiento. Yo espero mucho de la asistencia de las grandes entidades deportivas, que pueden aplicar alguna parte de sus medios cuantiosos a la popularización de las prácticas deportivas, a las instalaciones atléticas al servicio de los trabajadores españoles, en la seguridad de que, incluso para sus propios fines, es esa una inversión inmejorable.

Que el nuevo y grandioso Estadio depare a España y al Club de Futbol Barcelona ocasión reiterada de los mejores éxitos deportivos”.

Previo al encuentro aplazado ante el Sevilla, el 6 de octubre se jugó en el nuevo estadio, el partido entre el Barcelona y el Jaén. La duda era si se llenaría el aforo con capacidad para cien mil espectadores. Asistieron noventa mil, según la prensa, venciendo el club azulgrana por seis goles a uno. El saque de honor corrió a cargo de Eduardo Admetlla, submarinista que el 30 de septiembre había logrado el récord mundial de inmersión (100 metros de profundidad) en la base naval de Cartagena con escafandra autónoma. Para el recuerdo queda la alineación del equipo local con Ramallets, Segarra, Brugué, Gracia, Vergés, Gensana, Basora, Villaverde, Martínez, Kubala y Tejada.

Cuatro días más tarde, 10 de octubre, jueves, se celebró el partido aplazado ante el Sevilla. Ganó el equipo local por tres goles a uno, marcados por Tejada –dos- y Villaverde, remontando el gol que había marcado el sevillista Pauet a los pocos minutos de comenzado el duelo.

El Barcelona, entrenado por Balmanya, que tenía de baja a Basora, Gensana y Olivella, formó con Ramallets, Segarra, Brugué, Gracia, Vergés, Bosch, Tejada, Villaverde, Martínez, Evaristo y Kubala. Por su parte, los andaluces jugaron con Busto, Romero, Campanal, Herrera II, Ramoní, Ruiz-Sosa, Antoniet, Arzá, Pepillo, Peín y Pauet. Arbitró el colegiado González Echevarría.

Como curiosidades, el primer punto que perdió el Barça en su nueva casa fue en la jornada decimosegunda contra el Atlético de Madrid (empate a dos) el 8 de diciembre de 1957, produciéndose la primera derrota en la jornada número veinte el 2 de febrero de 1958 frente al Real Madrid (cero a dos). Por otra parte, el primer título se celebró el 1 de mayo de 1958 al ganar en el partido de vuelta de la final de la Copa de Ferias contra la Selección de Londres por seis goles a cero.

Ya en la temporada 1983-84, el encuentro que debía celebrarse entre el Athletic de Bilbao y el Cádiz el 4 de septiembre, no llegó motivado por las inundaciones que el 26 de agosto padeció el País Vasco. Según informaciones de aquellos años, cayeron 600 litros por metro cuadrado, quedando afectadas más de un centenar de localidades vascas, siendo declarada zona catastrófica.

Con el fin de resarcir de los daños al pueblo vasco, el Sporting de Gijón se ofreció a jugar un partido a beneficio de los damnificados. También se recibió  una llamada del presidente de un club británico, que se ofreció a hacer gestiones para que el Manchester United o el West Bronwich Albion (entrenado por Ronnie Allen) jugaran en Bilbao con idéntica pretensión.

Por otra parte, el Presidente del Athletic, D. Pedro Aurteneche, manifestó que San Mamés estaba en condiciones y que no había ningún  problema para la celebración del partido. El inconveniente podría surgir por el viaje del Cádiz a la capital vizcaína y el temor por las dificultades de acceso o comunicaciones a llevar a cabo. Por lo demás, en ningún caso se pensó en la posibilidad de jugar en Cádiz.  

El 31 de agosto, a instancia del Ayuntamiento de Bilbao, el Athletic remitió una nota a los medios informativos comunicando la suspensión del encuentro previsto. Posteriormente, por aquello de los dimes y diretes, se envió otra en la que se aclaraba que la suspensión no había partido del Gobierno Civil, sino del Ayuntamiento de Bilbao, cuyo alcalde había hecho ver al club bilbaíno los posibles trastornos que podría suponer la celebración del partido dado que el acceso de excesivo número de espectadores podría entorpecer los trabajos de protección civil que se venían efectuando desde las trágicas inundaciones.

El lado positivo de retrasar este encuentro (si es que hubo alguno) era que el Athletic no podía contar con los lesionados Dani De Andrés y Noriega, lo que en principio, favorecía el aplazamiento.

Por fin, el Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol, autorizó la suspensión del partido, celebrándose el 17 de diciembre, más de tres meses de después de la fecha establecida en un principio.

Los vascos, entrenados por Javier Clemente, jugaron con Zubizarreta, Urquiaga, Liceranzu, Goicoechea (sustituido por Sola), De la Fuente, Gallego, De Andrés, Urtubi, Noriega, Sarabia (sustituido por Endica) y Argote. El Cádiz, con Escartí como preparador, formó con Claudio, Chano, Amarillo, Vojinovic, Do Santos, Manolito, Vilches, Benito (sustituido por Escobar), Mejías II (sustituido por López), González y Mejías I.

Arbitró García de Loza, ganando el Athletic por tres goles a uno marcados por Noriega (a los 3 y 64 minutos), Amarillo en propia puerta a los 38 minutos, correspondiendo el gol del honor gaditano a González, de penalti, a los 81 minutos.

Aquel Campeonato lo ganó el equipo vasco con 49 puntos, igualado con el Real Madrid, si bien el goal average favoreció al Athletic dado que en San Mamés habían ganado a los blancos por 2-1, empatando en el Bernabéu a cero.

Estos tres encuentros relatados anteriormente, se produjeron sin llegar a iniciarse en la fecha que en principio le correspondía, es decir, fueron aplazados en su totalidad. Pero hay un caso especial de la Liga de 1963-64. Se trata del encuentro de la primera jornada jugado entre el Valencia y el Barcelona el 14 de septiembre. El partido llegó a iniciarse, pero fue suspendido a los veintinueve minutos, con empate a cero en el marcador, a causa de una fuerte tormenta que dejó el terreno de juego de Mestalla totalmente inundado provocándose además una avería eléctrica en el sistema de iluminación del estadio. Según los viejos del lugar, la cortina de agua que caía sobre el feudo valencianista dificultaba la visión de lo que sucedía en el terreno de juego. Sólo alumbraban los relámpagos que se sucedían de manera constante. Aquello recordó a la “final del agua” entre el Español y el Real Madrid de 1929, pero esa es otra historia. En un principio, el árbitro López Zaballa, se negó a suspender el partido, pero viendo la imposibilidad de que el balón rodara con normalidad debido a las lagunas que se habían formado sobre el césped, accedió a su suspensión.

El entrenador del Barcelona, César, alineó a Pesudo, Foncho, Olivella, Eladio, Gensana, Segarra, Goywaerts (fue su partido de presentación), Pereda, Zaldúa, Re y Fusté. Por parte valenciana, con Pasieguito al frente del equipo, jugaron Ñito, Piquer, Quincoces, Arnal, Paquito, Sastre, Núñez, Sánchez-Lage, Waldo, Guillot y Suco.

La ocasión más clara la tuvo Suco a los veinte minutos pero el balón frenado por el agua no pudo traspasar la línea de gol de la portería visitante.

En el acta arbitral se reflejó lo siguiente:

“A los 29 minutos del encuentro se marchó el fluido eléctrico y tras unos breves instantes, supliqué a los jugadores abandonaran el terreno de juego. Una vez en mi vestuario y persistiendo la causa indicada, la falta de luz, rogué a los capitanes y delegados de ambos clubs que me indicaran las causas que habían motivado dicho percance. El delegado del Valencia, Vicente Peris, manifestó que se habían fundido los fusibles de la instalación y que era imposible subsanar en un tiempo prudencial, por existir un cierre en la instalación. Ante tal manifestación, y estando de acuerdo capitanes y delegados de ambos clubs, decreté la suspensión del encuentro por causas de fuerza mayor, ya que de no haber existido este contratiempo el partido igualmente hubiera sido suspendido por estar el terreno de juego impracticable. Firmado: López Zaballa”.

Este partido se comenzó a jugar a las 10:45 de la noche, pero las inclemencias del tiempo no auguraban nada bueno; de hecho, por la tarde, la corrida del Montepío de Valencia, había sido suspendida al finalizar la faena al segundo toro debido a la lluvia que inundó el ruedo. Solamente dio tiempo a que Antonio Bienvenida y Gregorio Sánchez dieran cuenta de la lidia de sus toros, quedando El Cordobés, pese a sus deseos, sin iniciar la faena del tercero, dado que la Presidencia suspendió el festejo.

En fin, el encuentro se jugó de nuevo, íntegramente, desde el primer minuto, el trece de noviembre, a las 20 horas. Lleno en Mestalla, que recibió a su equipo con protestas por su derrota la jornada anterior en Córdoba por uno a cero. Arbitró de nuevo López Zaballa. Por parte azulgrana, Montesinos no pudo jugar dado que en la primera jornada no pertenecía oficialmente al Barcelona, quedando las formaciones de ambos equipos así: por parte valencianista, Zamora, Piquer, Quincoces, Mestre, Sastre, Roberto, Mañó, Ribelles, Waldo, Núñez y Suco; los azulgranas, con Pesudo, Segarra, Olivella, Eladio, Vergés, Gensana, Zaballa, Pereda, Re, Kocsis y Fusté. Vencieron los catalanes por cero goles a dos, marcados por Pereda a los 45 minutos y Fusté cuatro minutos más tarde. Con este triunfo el Barcelona se colocó de líder de la clasificación, si bien la liga la ganó el Real Madrid con cuatro puntos de diferencia con los culés.

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