RESUMEN:

Los viejos cronistas de fútbol – y hablo de allá por principios de los años 20- encontraron muy apropiado el calificativo que se les daba a las islas Canarias de “Islas Afortunadas” … porque lo eran también para el “foot-ball”.   Negociantes, navegantes o simples turistas que, a su vez, eran aficionados al fútbol llevaron

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De Padrón a Valerón

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Los viejos cronistas de fútbol – y hablo de allá por principios de los años 20- encontraron muy apropiado el calificativo que se les daba a las islas Canarias de “Islas Afortunadas” … porque lo eran también para el “foot-ball”.  

Negociantes, navegantes o simples turistas que, a su vez, eran aficionados al fútbol llevaron su vicio hasta los campos canarios y se quedaron un tanto sorprendidos de la calidad de aquellos muchachos que pateaban el balón con una destreza igual o mejor que la de los mejores y más empenachados ases de los clubes más en candelero de la época. Hablaban del Club Victoria… del Marino… del Gran Canaria… del Athletic de Las Palmas…  Todo un mundo nuevo para los peninsulares acostumbrados a pensar que el fútbol se acababa en Miranda de Ebro, porque de ahí para abajo era reino de la tauromaquia.

Era como un cuento de hadas que necesitaba comprobación. Y allá fue, en junio de 1924, el Natación de Alicante convenientemente reforzado con jugadores de la talla de Zamora, Samitier, Pasarín, Félix Pérez, etc. A ver si era verdad esa magia canaria o simples espejismos de marineros llenos de ron.

Los canarios vapulearon a las estrellas.

Al margen de que luego el Victoria fue invitado a jugar en Sevilla, Barcelona, Valencia, Madrid… los avispados “patrones de pesca” de los clubes, con talonarios bien respaldados, se aventuraron a lanzar sus redes en lo que parecía un óptimo caladero. Desde entonces la cantera canaria ha demostrado ser de las más ubérrimas de España. Aun cuando hubo una época –entre los años 30 y 50- en que los equipos punteros acumulaban “joyas” canarias de una forma que, por lo reducido de nuestro fútbol, parecían ser los dominadores del fútbol español. Acaso actualmente haya más canarios repartidos por clubes del resto de España que hubo entonces, pero la dilatación de los mercados y de las competiciones los difumina casi totalmente. Aun se les nota, por supuesto.

Los internacionales absolutos grancanarios, que es lo que me ocupa ahora, han sido quince. Gracias a Dios, salvo a Padrón, he visto jugar a todos. Haría falta posiblemente un folleto para esbozar lo que el recuerdo me ha dejado de cada uno de ellos. Y para no hacer clasificación subjetiva, voy a esbozar esos recuerdos por orden alfabético. 

Betancort – Antonio Betancort Barrera, Las Palmas 13.3.1937- era un portero alto y macizo. Hasta poco tiempo antes y pese al antecedente de Zamora, los aficionados españoles preferían los porteros de mediana estatura y de agilidad contrastada. Pensaban quizá que les era más fácil llegar al suelo que a los gigantones, porque los goles, como afirmaba Hernández Coronado se lograban tirando fuerte, raso y colocado… Acaso también jugara el subconsciente del españolito más bien retaquete que se identificaba con los de su medida. Fue un portero sólido, seguro y que sabía salir. Ser portero del Real Madrid nunca ha sido fácil y él lo fue de forma brillante. Fue internacional en dos ocasiones, pero estuvo de suplente en otros once partidos, lo que indica su permanencia en el carné del seleccionador.

Campos – Francisco Campos Salamanca, Las Palmas 8.3.1916- fue la gran estrella de la posguerra. Posiblemente el responsable de que aquel Athletic-Aviación ganara las dos primeras Ligas de la reiniciación del fútbol español. Parecía bailar cuando llevaba el balón, iba como cayéndose en sus zancadas amplias, pero llevaba la cabeza alta para dibujar el pase letal o para soltar su pierna izquierda de forma inapelable. En mi recuerdo hay un especial cariño para su figura larguirucha y desgalichada. Fue internacional seis veces. Quizá mereció serlo más.

Castellano – Francisco Castellano Rodríguez, Arucas, 17.11.1944- era un defensa contundente en su fondo pero de los elegantes en su forma. De tipo Santamaría; defensor que salía jugando frente a lo habitual entonces del patadón hacia fuera. Imprimía su personalidad en el área sin que se le notara, que es lo más personal en un defensa de clase. Él lo fue. Dos veces internacional y otras tres seleccionado.

Germán – Germán Dévora Cevallos, Las Palmas 26.11.1943- fue un centrocampista que desmentía la fama de intermitentes y desmadejados que solían tener los jugadores isleños. Era un todo terreno peleón y corajudo. Y con clase. Sabía llegar a la portería y golpear con fuerza. Sin ser un estilista, sabía jugar bien el balón y distribuirlo con criterio. Fue cinco veces internacional y otros dos estuvo en el banquillo de los seleccionados. 

Guedes – Juan Guedes Rodríguez. Las Palmas 2.10.1942- era el capitán del equipo cuando un cáncer intestinal segó su vida a los 33 años. Era el típico jugador canario, estilo Campos, longuilíneo, elegante en su juego, arquitecto para armar el equipo y darle personalidad. Desde juvenil se había hecho notar en el fútbol español y fue dejando su rastro de clase en las distintas selecciones “menores”. Fue internacional absoluto en dos ocasiones y otras dos estuvo seleccionado.

Hilario –que no se llamaba Hilario, sino Juan Marrero Pérez, Las Palmas, 8.12.1905- fue un jugador digno de esta época por su carácter de estrella mediática. Rechoncho, macizo, recio. Lo pescó el Deportivo de La Coruña en 1928 y cuenta la leyenda que cuando lo fichó el Madrid tuvo que salir de Galicia vestido de mujer para que sus fanáticos partidarios no le impidieran la marcha. Era un jugador de clase y chutador, pero peleón y marrullero como pocos. Su talón de Aquiles era la intermitencia. Parecía jugar con desgana, como a disgusto, ajeno al juego. De él dijo el presidente del Madrid, Sánchez Guerra, que “si pusiera tanto entusiasmo en el fútbol como jugando al dominó hubiera acabado con el cuadro”. Hilario, cuando le apetecía, acababa con el cuadro. Fue dos veces internacional y en otra ocasión estuvo entre los seleccionados.

Juanito –Juan Francisco Rodríguez Herrera, Arucas 10. 5. 1965-, defensa central que se mantuvo en el candelero de la Primera División lo que su contundencia y colocación merecían. Defensa expeditivo y seguro. Iba muy bien de cabeza y constituía un candado de garantía. Fue cinco veces internacional.

Machín – Francisco Machín Domínguez, Las Palmas 9. 2.1917- fue otro de los famosos campeones del Athletic-Aviación del arranque de los años 40. Con Gabilondo y Germán formó la gran línea media de la posguerra. De su reciedumbre baste decir que en el Aviación Nacional, equipo de guerra, sus compañeros le trocaron el apellido en Machorro. Lo dicho, el holandés Davis hubiera resultado un perrito de aguas a su lado. Si había muescas en el poste es que él lo había mordido.  Fue una vez internacional.

Manuel Pablo – Manuel Pablo García Díaz, Bañaderos 25.1.1976- de los jugadores que están en activo no es menester explicar mucho a los aficionados. Defensa corpulento, contundente, pero con una velocidad pasmosa que le hace ser lo que los cronistas al uso llaman “carrilero”, por su capacidad para internarse rápidamente hasta la puerta contraria. Trece partidos internacionales.

Paco –Francisco Jémez Martín, Las Palmas 18. 4.1970- alarde unas portentosas facultades que le hicieron uno de los defensas más competentes de su reciente época de estrella. Lo fue. Veintiún entorchados internacionales y siete suplencias dan fe de ello.

Padrón – José Padrón Martín, Las Palmas 5.5.1906- fue el primer internacional grancanario de la historia de la Selección española. El invento del seleccionador José María Mateos de llevar bloques en vez de individualidades le abrió un portillo que aprovechó en cinco ocasiones. Jugador de enorme clase y conflictivo por su carácter peleón y díscolo.

Silva –Alfonso Silva Placeres -Las Palmas, 19.3.1926- fue otro de los canarios de tanta clase como intermitencia, de polivalencia total. Cuando Silva jugaba, sólo jugaba él en el partido; los demás, miraban. En la famosa “delantera de seda” del Atlético de Madrid, la seda la ponía él. Cinco veces internacional y siete más seleccionado.

Tonono –Antonio Alfonso Moreno, Arucas, 25.8.1943- de él no sólo hay que recordar su muerte, casi en horas, por una afección hepática que, al parecer, le invadió por una rozadura en un entrenamiento. Era un jugador recio, de clase, que sabía cómo y dónde colocarse para armar el equipo desde atrás. Fue fiel a su club, pese a las ofertas infinitas que le llegaron de los llamados “grandes”. Y fue el segundo grancanario en internacionalidades; nada menos que veintidós y seis presencias en el banquillo.

Valerón – Juan Carlos Valerón Santana, Arguineguín, 17.6.1975- gracias a Dios para recreo de quienes gustamos del fútbol de alta escuela. Cuarenta y seis veces internacional.

Valle –Luis Valle Benítez, Las Palmas, 18.6.1907- fue medio centro, de clase, de escuadra y cartabón, pero en el Madrid de la preguerra no cuajó posiblemente porque aquel era un equipo en el que construía magistralmente era Luis Regueiro y el resto era un equipo de rompe y rasga, de velocidad y rabia. Mal asiento para un científico al que le llegó la oportunidad para un sitio inadecuado y a una edad tardía.

Y esta es la historia[i] de unos hombres que sobresalieron por encima de un nutrido grupo de jugadores grancanarios que fueron excelentes jugadores de club, aunque el dedo del seleccionador de turno no les ungiera para la gloria internacional.

[i] Artículo de Félix Martialay Martín-Sánchez (1925-2009), escrito en 2002.

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